Recuerdo que cuando empecé a trabajar, hace ya muchísimos años, en los primeros veranos que tenía que pasar en la oficina vestía con una camisa de manga corta. Y no se me olvida el comentario de un compañero veterinario que me dijo lo siguiente: “Las camisas de manga corta son de catetos”.
Él es una persona que siempre vestía de manera impecable, con un estilo muy marcado que denotaba que quería dejar claro ante los demás un estatus, por lo menos en la forma de vestir: pantalones, camisas, ropa de marca... Esta persona era de pueblo.
La RAE tiene en su interior diferentes palabras las cuales se pueden referir a aquellas personas que provienen o viven en los pueblos o en el medio rural, algunas de ellas son neutras y otras tienen carácter peyorativo.
Pueblerino, aldeano, campesino, lugareño, cateto, paleto, palurdo... y así podríamos seguir, la mañana ya que la RAE puede sorprendernos cada vez que nos acercamos a ella. (Discúlpeme ustedes si únicamente he utilizado palabras en masculino pero he aprovechado todavía el género no marcado aunque aclaro que en estas palabras están también incluidas todas las personas)
No únicamente este antiguo compañero, sino gran parte de la sociedad en general, tiende a olvidar y rechazar de dónde viene y cuáles son sus orígenes. Nos guste o no, todas las personas venimos de un pueblo, somos catetos, aunque hayamos nacido en la misma puerta del sol, en algún momento alguno de nuestros antepasados tuvo que emigrar de alguna aldea, pueblo, pedanía o diseminado hacia una ciudad más grande en busca de trabajo y una vida diferente y mejor para su familia. Es más, la capital del reino, Madrid, fue en otro tiempo un pueblo.
Durante un periodo tiempo, que quizás aún no ha finalizado, el ser del medio rural y vivir en una ciudad ha sido una lacra, algo peyorativo, de lo que avergonzarse. Quizás por la forma de hablar, por las expresiones o por las relaciones sociales, quizás se ha intentado ocultar o maquillar. No es lo mismo ir de vacaciones al pueblo a casa de los abuelos o los familiares que ir de vacaciones a un apartamento alquilado en primera línea de playa en una zona de moda, o pasar una semana en un complejo hotelero con un paquete ”todo incluido”.
Me parece paradójico que para otras cuestiones sí ensalcemos a los pueblos, ya que siempre nos es grato que alguien cercano nos regale productos de los pueblos, embutidos, miel, dulces, quesos, aceite, productos de la huerta o que nos recomienden un lugar en un determinado pueblo donde se come fantásticamente bien y a muy buen precio. Para eso ssí queremos ser de pueblo.
Y me resulta también curioso que cuando vamos a comer o a visitar a esos pueblos, a las zonas rurales, alabemos la paz que hay en ellos, el aire que se respira, la tranquilidad con la que se pasea, la cercanía de sus habitantes, la humanidad que hay en ellos.
Pues permítanme comentarles que además de proveer a las grandes ciudades de alimento, las gentes de los pueblos, las personas campesinas, hacen muchas más cosas. Esas personas que viven en el medio rural, y que siguen manteniendo relación con él, son gestoras de un patrimonio de valor incalculable.
Me gustaría hacer hincapié en el enorme patrimonio inmaterial que las personas pueblerinas cuidan, conserva y difunden sin el reconocimiento que se merecen. Cada palabra, cada expresión, cada historia propia de cada territorio es algo de lo que no somos conscientes actualmente, y no me quedo ahí, cada receta, cada elaboración, cada labor, cada bordado, remiendo, arreglo, artesanía, u oficio, es un tesoro que no debemos permitir que desaparezca.
Porque supongo que ya conocen que el aire que respiramos, el agua que bebemos, los alimentos que ingerimos, no se producen en una gran ciudad. Es el medio rural quién cuida y trabaja incansablemente para que el resto de la sociedad pueda seguir viviendo.
Bien sea por egoísmo o por generosidad, debemos invertir en nuestro medio rural, aportarle recursos, facilitarle servicios, mantenerlo vivo.
Tengamos la suficiente amplitud de miras sobre nuestro medio rural, y no seamos cortoplacistas; debemos plantear una estrategia que planifique la buena salud de nuestro medio rural y sus gentes de una manera coherente y sensata, no ya pensando en los que estamos aquí, sino en los que vendrán, las generaciones futuras.
P.D.: Por si ustedes tienen curiosidad, sí, mis ancestros vienen de pueblo y hasta donde he podido averiguar tengo parte nazarena, visueña, pancipelada y gata.
Él es una persona que siempre vestía de manera impecable, con un estilo muy marcado que denotaba que quería dejar claro ante los demás un estatus, por lo menos en la forma de vestir: pantalones, camisas, ropa de marca... Esta persona era de pueblo.
La RAE tiene en su interior diferentes palabras las cuales se pueden referir a aquellas personas que provienen o viven en los pueblos o en el medio rural, algunas de ellas son neutras y otras tienen carácter peyorativo.
Pueblerino, aldeano, campesino, lugareño, cateto, paleto, palurdo... y así podríamos seguir, la mañana ya que la RAE puede sorprendernos cada vez que nos acercamos a ella. (Discúlpeme ustedes si únicamente he utilizado palabras en masculino pero he aprovechado todavía el género no marcado aunque aclaro que en estas palabras están también incluidas todas las personas)
No únicamente este antiguo compañero, sino gran parte de la sociedad en general, tiende a olvidar y rechazar de dónde viene y cuáles son sus orígenes. Nos guste o no, todas las personas venimos de un pueblo, somos catetos, aunque hayamos nacido en la misma puerta del sol, en algún momento alguno de nuestros antepasados tuvo que emigrar de alguna aldea, pueblo, pedanía o diseminado hacia una ciudad más grande en busca de trabajo y una vida diferente y mejor para su familia. Es más, la capital del reino, Madrid, fue en otro tiempo un pueblo.
Durante un periodo tiempo, que quizás aún no ha finalizado, el ser del medio rural y vivir en una ciudad ha sido una lacra, algo peyorativo, de lo que avergonzarse. Quizás por la forma de hablar, por las expresiones o por las relaciones sociales, quizás se ha intentado ocultar o maquillar. No es lo mismo ir de vacaciones al pueblo a casa de los abuelos o los familiares que ir de vacaciones a un apartamento alquilado en primera línea de playa en una zona de moda, o pasar una semana en un complejo hotelero con un paquete ”todo incluido”.
Me parece paradójico que para otras cuestiones sí ensalcemos a los pueblos, ya que siempre nos es grato que alguien cercano nos regale productos de los pueblos, embutidos, miel, dulces, quesos, aceite, productos de la huerta o que nos recomienden un lugar en un determinado pueblo donde se come fantásticamente bien y a muy buen precio. Para eso ssí queremos ser de pueblo.
Y me resulta también curioso que cuando vamos a comer o a visitar a esos pueblos, a las zonas rurales, alabemos la paz que hay en ellos, el aire que se respira, la tranquilidad con la que se pasea, la cercanía de sus habitantes, la humanidad que hay en ellos.
Pues permítanme comentarles que además de proveer a las grandes ciudades de alimento, las gentes de los pueblos, las personas campesinas, hacen muchas más cosas. Esas personas que viven en el medio rural, y que siguen manteniendo relación con él, son gestoras de un patrimonio de valor incalculable.
Me gustaría hacer hincapié en el enorme patrimonio inmaterial que las personas pueblerinas cuidan, conserva y difunden sin el reconocimiento que se merecen. Cada palabra, cada expresión, cada historia propia de cada territorio es algo de lo que no somos conscientes actualmente, y no me quedo ahí, cada receta, cada elaboración, cada labor, cada bordado, remiendo, arreglo, artesanía, u oficio, es un tesoro que no debemos permitir que desaparezca.
Porque supongo que ya conocen que el aire que respiramos, el agua que bebemos, los alimentos que ingerimos, no se producen en una gran ciudad. Es el medio rural quién cuida y trabaja incansablemente para que el resto de la sociedad pueda seguir viviendo.
Bien sea por egoísmo o por generosidad, debemos invertir en nuestro medio rural, aportarle recursos, facilitarle servicios, mantenerlo vivo.
Tengamos la suficiente amplitud de miras sobre nuestro medio rural, y no seamos cortoplacistas; debemos plantear una estrategia que planifique la buena salud de nuestro medio rural y sus gentes de una manera coherente y sensata, no ya pensando en los que estamos aquí, sino en los que vendrán, las generaciones futuras.
P.D.: Por si ustedes tienen curiosidad, sí, mis ancestros vienen de pueblo y hasta donde he podido averiguar tengo parte nazarena, visueña, pancipelada y gata.
El testimonio de Alba Silva, mujer de Sergio Rico, tras el cuarto asalto a su vivienda: "No sabía si venían a matarnos"
Esto es lo que se sabe sobre la extraña muerte del hombre que murió en plena calle en Sevilla tras robar un cuchillo
Cinco millones de euros para los caminos rurales de la provincia de Sevilla
Trágica caída de dos hermanos a una piscina: muere el pequeño, de 20 meses, y sobrevive el mayor, de tres años
La Granja y la Hermandad de La Exaltación lloran la muerte de Alejandro, el joven fallecido tras perder el control de su moto
Comentarios