Opinión

Paren la IA que me bajo

Resulta hasta cómica la preocupación de unos señores que hablan de todo esto como si se tratara de una superinteligencia nacida de la nada, natural e incontrolable, contra la que ahora se quieren poner la capa de superhéroe.

  • La creatividad con la que ChatGPT mostró su modelo 5.5.

Llevamos viendo toda la vida películas apocalípticas. Que si el fin del mundo de 2012, que si zombis, que si extraterrestres, que si una guerra nuclear... Las hay de todos los estilos para contarnos la historia de cómo podría acabarse el mundo. También hay predicciones -muy americanas- de lo que podría ser la caída del mundo occidental, siempre a manos de un supuesto gobierno dictatorial. Y libros, como el famosísimo 1984 de Orwell, que asume que, de existir un control absoluto de la historia, el futuro y el día a día de la gente, este vendría dado por un régimen totalitario, nunca por corporaciones privadas.

Sin embargo, lo más cerca que hemos estado este año del fin del mundo -y mira que han pasado cositas- es, sin duda, lo último en torno a la inteligencia artificial. Un extrabajador de Anthropic salta a la palestra para decir que, si no se le pone freno, la IA podría matarnos a todos de aquí a diez años. Se supone que se fue, resumiendo, porque no quería formar parte de algo así, dejando claro que sus palabras hacían alusión a un desarrollo exagerado y descontrolado de las máquinas, pudiéndose estas rebelar contra el ser humano. Y es curioso que un antiguo componente del equipo de la empresa que gestiona Claude diga todo esto sin consecuencias y que, contra todo pronóstico a priori, sean los dueños de las grandes corporaciones del sector los que se hayan puesto de acuerdo en darle la razón. Por supuesto, todo esto, de cara a la galería, ante un intento poco creíble de mostrar su lado humano, consciente de los supuestos peligros de Terminator. Lo que hay por detrás no se sabe, ni se sabrá. Bueno, sí, sabemos que la inteligencia artificial gasta no sé cuántos millones de litros de agua para enfriar sus servidores. De eso, por lo que sea, no han dicho nada.

Tan ambiguas como poco convincentes suenan las palabras de esta gente que habla del negocio multimillonario de la IA como si fuera un proyecto altruista absolutamente al servicio de los ciudadanos. Y es obvio que es un adelanto sin precedentes y que, si no se controla, podría tener consecuencias fatales -o no-. Pero no si se controla. Y ahí está el simple quiz de la cuestión: quien controla la IA, al menos ahora mismo, es el ser humano. Resulta hasta cómica la preocupación de unos señores que hablan de todo esto como si se tratara de una superinteligencia nacida de la nada, natural e incontrolable, contra la que ahora se quieren poner la capa de superhéroe. ¿Qué nos están contando? Aunque tampoco es sorprendente, si es la misma gente que justifica la absoluta desigualdad entre las personas hablando del dinero o el mercado como si fueran leyes naturales de las que es imposible escapar.

Y yo, ciudadano normal y usuario no muy activo de la inteligencia artificial, solo tengo claro que si algo lleva años cargándose el mundo es el capitalismo voraz y la gestión privada de los avances y recursos humanos. Y es que, por muy inteligente y rápida que sea, ni la IA será capaz de escabullirse de las afiladas garras del ultraliberalismo.

Llevamos viendo toda la vida películas apocalípticas. Que si el fin del mundo de 2012, que si zombis, que si extraterrestres, que si una guerra nuclear... Las hay de todos los estilos para contarnos la historia de cómo podría acabarse el mundo. También hay predicciones -muy americanas- de lo que podría ser la caída del mundo occidental, siempre a manos de un supuesto gobierno dictatorial. Y libros, como el famosísimo 1984 de Orwell, que asume que, de existir un control absoluto de la historia, el futuro y el día a día de la gente, este vendría dado por un régimen totalitario, nunca por corporaciones privadas.

Sin embargo, lo más cerca que hemos estado este año del fin del mundo -y mira que han pasado cositas- es, sin duda, lo último en torno a la inteligencia artificial. Un extrabajador de Anthropic salta a la palestra para decir que, si no se le pone freno, la IA podría matarnos a todos de aquí a diez años. Se supone que se fue, resumiendo, porque no quería formar parte de algo así, dejando claro que sus palabras hacían alusión a un desarrollo exagerado y descontrolado de las máquinas, pudiéndose estas rebelar contra el ser humano. Y es curioso que un antiguo componente del equipo de la empresa que gestiona Claude diga todo esto sin consecuencias y que, contra todo pronóstico a priori, sean los dueños de las grandes corporaciones del sector los que se hayan puesto de acuerdo en darle la razón. Por supuesto, todo esto, de cara a la galería, ante un intento poco creíble de mostrar su lado humano, consciente de los supuestos peligros de Terminator. Lo que hay por detrás no se sabe, ni se sabrá. Bueno, sí, sabemos que la inteligencia artificial gasta no sé cuántos millones de litros de agua para enfriar sus servidores. De eso, por lo que sea, no han dicho nada.

Tan ambiguas como poco convincentes suenan las palabras de esta gente que habla del negocio multimillonario de la IA como si fuera un proyecto altruista absolutamente al servicio de los ciudadanos. Y es obvio que es un adelanto sin precedentes y que, si no se controla, podría tener consecuencias fatales -o no-. Pero no si se controla. Y ahí está el simple quiz de la cuestión: quien controla la IA, al menos ahora mismo, es el ser humano. Resulta hasta cómica la preocupación de unos señores que hablan de todo esto como si se tratara de una superinteligencia nacida de la nada, natural e incontrolable, contra la que ahora se quieren poner la capa de superhéroe. ¿Qué nos están contando? Aunque tampoco es sorprendente, si es la misma gente que justifica la absoluta desigualdad entre las personas hablando del dinero o el mercado como si fueran leyes naturales de las que es imposible escapar.

Y yo, ciudadano normal y usuario no muy activo de la inteligencia artificial, solo tengo claro que si algo lleva años cargándose el mundo es el capitalismo voraz y la gestión privada de los avances y recursos humanos. Y es que, por muy inteligente y rápida que sea, ni la IA será capaz de escabullirse de las afiladas garras del ultraliberalismo.

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