Durante décadas, el nombre de Mercedes Formica (Cádiz, 9 de agosto de 1913-Málaga, 22 de abril de 2002) ha permanecido sepultado bajo el peso de los prejuicios y los silencios de la historia. Sin embargo, pocas personas lucharon tanto por transformar la vida de las españolas en el siglo XX. Jurista, escritora y adelantada a su tiempo, hizo de la igualdad el eje de su trayectoria, impulsando el primer gran cambio legislativo que amplió los derechos de las mujeres casadas y situando, por primera vez, la violencia contra las mujeres en el centro del debate público.
La editorial Renacimiento recupera ahora su legado con la publicación de Pequeña historia de ayer, un volumen que reúne sus tres libros de memorias, Visto y vivido, Escucho el silencio y Espejo roto. Y espejuelos, cumpliendo así el deseo que la autora expresó en vida: ofrecer una visión unitaria de su itinerario personal, intelectual y jurídico.
La vocación jurídica de Mercedes Formica no nació en las aulas, sino en el ámbito más íntimo de su propia familia. Desde la infancia contempló el matrimonio de sus padres marcado por tensiones, humillaciones y una relación profundamente desigual que dejó una huella imborrable en ella. Aquella experiencia terminó de confirmarle, tras el divorcio de sus progenitores en 1933, que las leyes podían convertirse en una prolongación de la injusticia.

- Portada del libro de Formica.
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La Ley del Divorcio aprobada por la II República un año antes, considerada entonces una conquista histórica, mantenía, sin embargo, disposiciones que situaban a la mujer en una posición de clara inferioridad. El artículo 44, en su apartado segundo, conservó el denominado depósito de la mujer casada, una medida que obligaba a la esposa a abandonar el domicilio conyugal, legalmente considerado la casa del marido, y permanecer en el lugar que este determinara o en un convento mientras se resolvía el proceso judicial, un procedimiento que, con las sucesivas apelaciones, podía prolongarse entre siete y nueve años, privada de bienes.
Así ocurrió en la familia Formica. Amalia Hezode abandonó Sevilla, donde la familia se instaló en 1924, junto a sus cuatro hijas para trasladarse a Madrid, en cuya ciudad la abuela materna fue nombrada depositaria por decisión judicial. José Formica-Corsi aceptó esa solución, mientras el único hijo varón del matrimonio era internado en un centro de Gibraltar. Aunque ambos progenitores habían pactado que el niño pasara las vacaciones con cada uno de ellos de forma alterna, la patria potestad recaía sobre el padre y ese acuerdo apenas llegó a cumplirse para la madre. La escasa convivencia con esta parte de la familia, vencida por la ley, dejó una profunda cicatriz.
Aquellas vivencias marcaron el rumbo de Mercedes Formica. Decidida a combatir una legislación que condenaba a tantas mujeres a la indefensión, comenzó los estudios de Derecho en la Universidad de Sevilla, convirtiéndose en la primera alumna de la Facultad y en una de las pioneras andaluzas en cursar esa carrera.
Durante esa etapa universitaria también despertó su interés por la política. Ya instalada en Madrid, se incorporó a Falange Española poco después de la fundación del movimiento, a través de la rama femenina del Sindicato Español Universitario, que ella misma recordaría como el único ámbito en el que era posible debatir sobre la situación de la mujer y sus libertades. Su vinculación duró apenas tres años. El estallido de la Guerra Civil, el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera y, especialmente, el decreto de unificación impuesto por Franco en 1937, al que definió como "una amalgama monstruosa", pusieron fin a aquella etapa y la alejaron definitivamente de cualquier militancia política.
Convertida, a principios de la década de 1950, en una de las tres mujeres dadas de alta en el Colegio de Abogados de Madrid, tras el paréntesis impuesto por la contienda y la posguerra, emprendió una intensa campaña para denunciar el desamparo jurídico de las casadas. En una época en la que los malos tratos permanecían silenciados y la violencia dentro del matrimonio ni siquiera formaba parte del debate público, sus artículos sacaron a la luz una realidad ignorada y cuestionaron un Código Civil construido sobre una profunda distinción entre hombres y mujeres.
Su artículo El domicilio conyugal, publicado en ABC el 7 de noviembre de 1953, marcó un punto de inflexión. En él denunciaba el caso de una mujer que agonizaba en un hospital madrileño tras recibir más de una docena de cuchilladas de su marido, de quien no podía separarse. La repercusión fue inmediata y trascendió las fronteras españolas. Medios internacionales se hicieron eco de sus denuncias mientras la presión social abría una grieta en un sistema jurídico que parecía inamovible.

- 'A instancia de parte', de Mercedes Formica.
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El fruto de aquella batalla llegó el 24 de abril de 1958, tras años de intensa labor divulgativa, conferencias y gestiones institucionales, entre ellas la entrevista que mantuvo con Franco el 10 de marzo de 1954 en el Palacio de El Pardo. La reforma de 66 artículos del Código Civil, junto con importantes modificaciones en el Código Penal, el Código de Comercio y la Ley de Enjuiciamiento Civil, supuso el primer gran avance en los derechos civiles de las españolas desde la promulgación del Código Civil de 1889. Aquella modificación, bautizada popularmente como la "reformica", en un ingenioso juego de palabras con el apellido de su impulsora, sentó las bases de las reformas que llegarían en las décadas posteriores.
Su compromiso no se limitó a los tribunales. Encontró en la literatura, en su labor como articulista y en el ensayo otro espacio desde el que cuestionar las injusticias y defender una sociedad más igualitaria. Desde sus novelas, sus escritos y las revistas culturales que dirigió, reivindicó la educación y la independencia de la mujer, además de acercar al público español obras fundamentales del pensamiento feminista europeo, como El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, cuando su difusión encontraba enormes obstáculos, al poco de publicarse en Francia.
Su independencia intelectual la convirtió en una figura incómoda. Recibió críticas desde posiciones muy distintas y terminó siendo una personalidad compleja de encajar en los relatos simplificados de la historia reciente. Durante años, su legado quedó relegado a un segundo plano, pese a haber contribuido de forma decisiva a mejorar la vida de miles de españolas.
Consciente del riesgo de que el paso del tiempo desdibujara los acontecimientos, escribió sus memorias con el propósito de dejar constancia de los hechos para que las generaciones futuras pudieran comprender una vida y una época sin filtros ni caricaturas. La figura de Mercedes Formica continúa despertando interpretaciones encontradas, pero el tiempo ha terminado por poner en su justa medida la dimensión de su legado. Su contribución a la modernización del Derecho español y a la ampliación de los derechos de las mujeres constituye hoy una referencia imprescindible para comprender la evolución de la igualdad jurídica en nuestro país. Por ello, la publicación de Pequeña historia de ayer trasciende el ámbito editorial: recupera el testimonio de una protagonista excepcional del siglo XX y devuelve al primer plano una voz que durante demasiado tiempo permaneció relegada al olvido.
A esta labor de rescate se suma la tercera edición de A instancia de parte, publicada por Renacimiento bajo el cuidado de quien firma este artículo y con prólogo de Laura Freixas. La novela, aparecida originalmente en 1955 bajo el seudónimo de Demetrio Ron, denunciaba la discriminación que sufrían las mujeres ante el delito de adulterio, castigado exclusivamente cuando era cometido por la esposa. Su publicación supuso un desafío a los planteamientos jurídicos de la época y alimentó un debate que resultaría decisivo para la reforma legislativa impulsada por la propia Formica pocos años después.
El proceso de recuperación de su obra no termina aquí. En los próximos meses verán la luz una biografía dedicada a la autora y un amplio conjunto de textos inéditos que contribuirán a completar el retrato de una intelectual comprometida, cuya trayectoria permite encontrar claves para entender la historia social, jurídica y cultural de la España del siglo XX.
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