Opinión

Las mujeres, dique de contención del fascismo

La respuesta conjunta es clara desde el movimiento teórico feminista: contundencia, organización. Una respuesta sostenida, porque si las mujeres ya maternamos el mundo, las mujeres también somos el dique de contención del fascismo

  • Una manifestación feminista.

Las mujeres de mi generación, las millenials, hemos crecido con el juego en la calle, sin pantallas y saltando la comba con canciones machistas.

Hemos crecido con música en cintas de casete que se hacían imposibles de grabar con las interrupciones constantes en la radio y con fábulas a las que no le encontrábamos mucho sentido.

Todavía me pregunto en qué momento dejamos de creer en la palabra por miedo a mostrarnos como somos. En qué momento salimos al mundo hecho un desastre después de haberlo mirado con los ojos de verano.

Esas fábulas toman sentido cuando ese momento llega. Cuando la madurez nos contrae con la misma fuerza que un huracán deja una costa sin arena.

Juan, qué viene el lobo es la fábula que seguro menos entendemos cuando somos niñas, y la que más podría asaltarnos en el escenario político nacional e internacional de la actualidad. Convulso, con tendencias hacia posiciones cada vez más reaccionarias, con un discurso fascistizado donde podemos asistir a la degradación de derechos fundamentales como el voto femenino que este año ha cumplido 95 años desde su conquista.

Nos lo decía Simone de Beauvoir: bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres sean cuestionados. Nunca se dan por adquiridos, permaneced vigilantes toda vuestra vida.

Hay quien presuntamente despolitizado, ser, dicho de paso, del que no debemos fiarnos jamás, como de aquellas personas que no son amantes de las croquetas, nos acusan a los seres políticos de por sí, por nuestro propio nacimiento, de estar haciendo campaña.

Me gustaría decirles que yo no hago campaña a nadie más que a mí misma y a mis hijas.

Me gustaría mirarle a la cara para preguntarle si apoya quizás a aquellos que, lejos de pensar que un derecho adquirido es la capacidad de disfrute de algo reconocido en el ordenamiento jurídico, pretenden que no tengamos la opción de elegir.

Pretenden sin más, que tú y yo no tengamos ese derecho. 

De eso va el fascismo. De prohibir, de no dar opción, de no poder elegir.

En cambio, se alimenta de la democracia para seguir creciendo. Le gusta chupar el tuétano llenándose las manos y la boca de la grasa que suelta sin remedio. Se alimenta de la democracia debilitando su cuerpo mientras esparce odio a la vez que la agarra con fuerza al grito de libertad con la boca llena.

Luego, todo está escrito en la historia.

En Andalucía ya tenemos a la ultraderecha en el gobierno. Los infravaloramos y ahora, un pacto entre PP y Vox propio de una noche de Halloween más que de un indigno 2 de julio de 2026 en el que fue firmado, tiene nuestra tierra boca abajo cogida por las raíces. 

Ni rastro de nosotras.

De nosotras las mujeres.

Ni rastro de las mujeres. 

Ni rastro de igualdad.

Ni rastro del tejido asociativo feminista.

Ni rastro de violencia machista.

Un pacto con una ofensiva antifeminista dirigida a deslegitimar el feminismo y revertir los derechos conquistados. Un proyecto integral conservador con efectos transversales sobre los derechos de las mujeres y las políticas de igualdad.

Las consecuencias, como siempre lo son para nosotras, serán desoladoras.

En esta continuidad formal de transformación política del sentido de la igualdad donde los derechos individuales de las mujeres pasan a la protección de la familia y la maternidad, donde la violencia machista pasa de ser un problema estructural a su desaparición del lenguaje y de las prioridades gubernamentales, el retroceso está pues firmado desde el pasado 2 de julio.

La medida 149 dentro del marco Leyes ideológicas y gasto superfluo se apoya en conceptos amplios como sesgo ideológico, utilidad pública efectiva e ineficiencia. Estos conceptos son fertilizante para el desmantelamiento de las políticas de igualdad, estableciendo el fundamento político para cuestionar la arquitectura institucional de igualdad y la financiación del tejido asociativo feminista.

La ausencia de la violencia machista en el pacto debilita el reconocimiento de una violencia específica y estructural basada en la desigualdad de hombres y mujeres.

La atribución de estas responsabilidades a un partido negacionista es sinónimo de merma hacia las políticas de prevención, protección, atención, reparación y justicia de dicha violencia.

¿Qué tipo de respuesta merece un pacto cuyos objetivos no son otros que la extinción de todos los derechos conquistados que costaron dolor y sangre?

La respuesta conjunta es clara desde el movimiento teórico feminista: contundencia, organización. Una respuesta sostenida, porque si las mujeres ya maternamos el mundo, las mujeres también somos el dique de contención del fascismo.

Alicia Miyares, filósofa referente a nivel nacional de la lucha feminista, es una fiel defensora del pragmatismo de la teoría feminista para hacer realidad las políticas de igualdad. Sin acción, la teoría del movimiento, dice, quedaría tan solo en eso, en teoría.

La acción que hemos determinado en esta ocasión como respuesta a este proyecto integral del gobierno andaluz con la ultraderecha, es un movimiento al que hemos denominado Marea violeta, y que saldrá desde todos los puntos de nuestra Andalucía el próximo 8 de noviembre con destino Sevilla, la capital andaluza. 

Todas las mujeres de Andalucía marcharemos por la igualdad, contra la invisibilidad de las mujeres y la violencia machista que se ha cobrado la vida de 1.385 mujeres según cifras oficiales desde 2003, año en que comenzaron a contabilizarse los datos, 1.677 si hablamos de feminicidios.

Frente a políticas antifeministas, contundencia.

Frente a políticas antifeministas, organización.

Frente a políticas antifeministas, mujeres unidas a mujeres.

Siempre.

Las mujeres de mi generación, las millenials, hemos crecido con el juego en la calle, sin pantallas y saltando la comba con canciones machistas.

Hemos crecido con música en cintas de casete que se hacían imposibles de grabar con las interrupciones constantes en la radio y con fábulas a las que no le encontrábamos mucho sentido.

Todavía me pregunto en qué momento dejamos de creer en la palabra por miedo a mostrarnos como somos. En qué momento salimos al mundo hecho un desastre después de haberlo mirado con los ojos de verano.

Esas fábulas toman sentido cuando ese momento llega. Cuando la madurez nos contrae con la misma fuerza que un huracán deja una costa sin arena.

Juan, qué viene el lobo es la fábula que seguro menos entendemos cuando somos niñas, y la que más podría asaltarnos en el escenario político nacional e internacional de la actualidad. Convulso, con tendencias hacia posiciones cada vez más reaccionarias, con un discurso fascistizado donde podemos asistir a la degradación de derechos fundamentales como el voto femenino que este año ha cumplido 95 años desde su conquista.

Nos lo decía Simone de Beauvoir: bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres sean cuestionados. Nunca se dan por adquiridos, permaneced vigilantes toda vuestra vida.

Hay quien presuntamente despolitizado, ser, dicho de paso, del que no debemos fiarnos jamás, como de aquellas personas que no son amantes de las croquetas, nos acusan a los seres políticos de por sí, por nuestro propio nacimiento, de estar haciendo campaña.

Me gustaría decirles que yo no hago campaña a nadie más que a mí misma y a mis hijas.

Me gustaría mirarle a la cara para preguntarle si apoya quizás a aquellos que, lejos de pensar que un derecho adquirido es la capacidad de disfrute de algo reconocido en el ordenamiento jurídico, pretenden que no tengamos la opción de elegir.

Pretenden sin más, que tú y yo no tengamos ese derecho. 

De eso va el fascismo. De prohibir, de no dar opción, de no poder elegir.

En cambio, se alimenta de la democracia para seguir creciendo. Le gusta chupar el tuétano llenándose las manos y la boca de la grasa que suelta sin remedio. Se alimenta de la democracia debilitando su cuerpo mientras esparce odio a la vez que la agarra con fuerza al grito de libertad con la boca llena.

Luego, todo está escrito en la historia.

En Andalucía ya tenemos a la ultraderecha en el gobierno. Los infravaloramos y ahora, un pacto entre PP y Vox propio de una noche de Halloween más que de un indigno 2 de julio de 2026 en el que fue firmado, tiene nuestra tierra boca abajo cogida por las raíces. 

Ni rastro de nosotras.

De nosotras las mujeres.

Ni rastro de las mujeres. 

Ni rastro de igualdad.

Ni rastro del tejido asociativo feminista.

Ni rastro de violencia machista.

Un pacto con una ofensiva antifeminista dirigida a deslegitimar el feminismo y revertir los derechos conquistados. Un proyecto integral conservador con efectos transversales sobre los derechos de las mujeres y las políticas de igualdad.

Las consecuencias, como siempre lo son para nosotras, serán desoladoras.

En esta continuidad formal de transformación política del sentido de la igualdad donde los derechos individuales de las mujeres pasan a la protección de la familia y la maternidad, donde la violencia machista pasa de ser un problema estructural a su desaparición del lenguaje y de las prioridades gubernamentales, el retroceso está pues firmado desde el pasado 2 de julio.

La medida 149 dentro del marco Leyes ideológicas y gasto superfluo se apoya en conceptos amplios como sesgo ideológico, utilidad pública efectiva e ineficiencia. Estos conceptos son fertilizante para el desmantelamiento de las políticas de igualdad, estableciendo el fundamento político para cuestionar la arquitectura institucional de igualdad y la financiación del tejido asociativo feminista.

La ausencia de la violencia machista en el pacto debilita el reconocimiento de una violencia específica y estructural basada en la desigualdad de hombres y mujeres.

La atribución de estas responsabilidades a un partido negacionista es sinónimo de merma hacia las políticas de prevención, protección, atención, reparación y justicia de dicha violencia.

¿Qué tipo de respuesta merece un pacto cuyos objetivos no son otros que la extinción de todos los derechos conquistados que costaron dolor y sangre?

La respuesta conjunta es clara desde el movimiento teórico feminista: contundencia, organización. Una respuesta sostenida, porque si las mujeres ya maternamos el mundo, las mujeres también somos el dique de contención del fascismo.

Alicia Miyares, filósofa referente a nivel nacional de la lucha feminista, es una fiel defensora del pragmatismo de la teoría feminista para hacer realidad las políticas de igualdad. Sin acción, la teoría del movimiento, dice, quedaría tan solo en eso, en teoría.

La acción que hemos determinado en esta ocasión como respuesta a este proyecto integral del gobierno andaluz con la ultraderecha, es un movimiento al que hemos denominado Marea violeta, y que saldrá desde todos los puntos de nuestra Andalucía el próximo 8 de noviembre con destino Sevilla, la capital andaluza. 

Todas las mujeres de Andalucía marcharemos por la igualdad, contra la invisibilidad de las mujeres y la violencia machista que se ha cobrado la vida de 1.385 mujeres según cifras oficiales desde 2003, año en que comenzaron a contabilizarse los datos, 1.677 si hablamos de feminicidios.

Frente a políticas antifeministas, contundencia.

Frente a políticas antifeministas, organización.

Frente a políticas antifeministas, mujeres unidas a mujeres.

Siempre.

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