la rotonda

Belleza frente al horror y el error de los desmemoriados

Mercedes Ruiz y Santiago Lara en el Villamarta y La Zaranda en Chiclana: la luz que solo el arte sabe encender en otra semana de siniestra y fúnebre oscuridad

  • Mercedes Ruiz y Santiago Lara, en 'Dual', el pasado viernes en Villamarta. -

En filosofía, lo dual describe la coexistencia de dos opuestos o complementarios, o las formas que designan parejas. Ya Heráclito sostenía que de lo discordante nace la más bella armonía, y reprochaba a Hesíodo no haber entendido que el día y la noche, en el fondo, son uno. En una semana en la que otra vez el horror nos reveló la fragilidad de nuestra existencia, el azar que mueve cada paso que damos, la oscuridad funesta y fúnebre solo pudo hallar algo de luz en la cultura y el arte.

El viernes pasado, Mercedes Ruiz y Santiago Lara presentaron en el Teatro Villamarta Dual, un espectáculo que sintetiza de forma sencilla y extraordinaria —o que es extraordinario precisamente por su sencillez— un cuarto de siglo de trabajo en común. Una trayectoria cimentada en carreras separadas que, en el caso de la bailaora, se retrotraen a su presencia infantil en la compañía de Manuel Morao y Gitanos de Jerez, y en el del guitarrista, a sus clases con maestros como José Luis Balao. Genios de otro tiempo que, decíamos ayer, alumbraron el camino y a los que es justo reconocer siempre. Baile y toque, cuerpo y cuerda: dos lenguajes que se completan sin anularse. Eso es, al cabo, lo dual.

El Vito, el zapateado de Sarasate, la seguiriya, la bulería y los adagios de un músico y compositor al que solo el tiempo pondrá a la altura de lo que le corresponde. Y una bailaora que pulsa las cuerdas de la guitarra que hacen vibrar sus pasos desde hace 25 años.

Que este espectáculo no abriera el pasado 30 Festival de Jerez —una edición tan especial que pasó sin pena ni gloria—, o que ni siquiera tuviera hueco en su programación, clama al cielo. Es un caso evidente del declive que han sufrido en los últimos años una institución y un certamen que siempre llevaron en su ADN la preservación de los más grandes artistas que ha dado esta tierra y la sensibilidad hacia ellos.

El caso es que la pareja, artística y en la vida, dos personas de esas que ahora llaman ‘de luz’, decidió que había que hacerlo, y lo hizo: se jugaron sus cuartos para alquilar el teatro de su tierra y ponerlo bocabajo ante un público maravillado por la sutileza de cada número, de cada movimiento de dos artistas de una dimensión descomunal.

Mercedes es una bailaora completísima, de estética clásica pero muy versátil, seguidora de la escuela que invitó a subir al escenario en el fin de fiesta: las maestras Angelita Gómez, Ana María López y Chiqui de Jerez. Tres formas de mantener vivos los eslabones de la escuela jerezana de la danza flamenca, donde, como demostró la maestra de las maestras, doña Angelita Gómez, lo más extraordinario es lo que aparentemente es más sencillo. Lo dejó escrito el moguereño Juan Ramón Jiménez en dos versos sobre la obra que ya no admite retoque: “¡No le toques ya más, / que así es la rosa!”.

Al día siguiente, escapando de tanto dolor y de tanta tragedia sin sentido como la que ha vuelto a atraparnos en un siniestro déjà vu, tratando de encontrar respuestas a tantos interrogantes, huyendo de esa lotería de la muerte en la que se ha convertido un simple viaje en tren en España, acabamos en el Teatro Moderno de Chiclana, alzando el vuelo con los ángeles de La Zaranda.

Días antes de que partan a hacer temporada en Buenos Aires —aplazada del invierno a la primavera austral por la repentina dolencia que sufrió uno de sus fundadores y alma mater, Paco de La Zaranda—, el teatro chiclanero se sobrecogió este pasado sábado con un montaje en el que la compañía baja a los infiernos más sórdidos de unos personajes que, tras vagar por el inframundo, transportados uno a uno por Caronte, en plena noche de Halloween, en la víspera del Día de Todos los Santos, logran alas para elevarse y mantener en el horizonte una luz de esperanza que nos dé fe ante tanta desolación y tragedia. Larvas convertidas en mariposas. Como Dante al cerrar su Infierno, salimos de allí a volver a ver las estrellas.

Tragedia es también que una ciudad no reconozca a sus representantes culturales y artísticos más sobresalientes

Como tragedia es también, en una escala evidentemente diferente a las que nos dejan en shock por cobrarse vidas humanas, que una ciudad no reconozca a sus representantes culturales y artísticos más sobresalientes. La Zaranda, Premio Nacional de Teatro y que cumplirá 50 años como compañía en 2028 —cuando se celebrará también un siglo de la construcción y primera inauguración del Villamarta—, es uno de los grupos teatrales más longevos del mundo. Y es de Jerez.

Este último espectáculo, qué cosas, ha sido el primero de su casi veintena de producciones desde finales de los 70 del siglo pasado que no se ha podido ver en su ciudad de origen. Todos los ángeles alzaron el vuelo, una coproducción del Teatro de Rojas de Toledo y el Teatre Romea de Barcelona junto con la compañía jerezana, ha sido programado en más teatros de la provincia de Cádiz que nunca: en el FIT de Cádiz, en San Roque, en El Puerto, en Chiclana, y en diciembre estará en San Fernando. Incluso cuando Jerez no tenía el Villamarta reabierto, Vinagre de Jerez y otras de sus producciones de aquella época pudieron verse en aquel inolvidable e improvisado teatro Garvey, en el Mamelón.

  • Paco de La Zaranda y Eusebio Calonge, con Josep María Pou, hasta ahora director del Teatro Romea, en días pasados tras el cierre del paso de la compañía jerezana por Barcelona con 'Todos los ángeles alzaron el vuelo'.
  • -

Ahora, en cambio, ha sido la primera vez que el gran teatro de Jerez le ha dado la espalda al último trabajo de una compañía que ha pasado con esta obra por Matadero, en Madrid, o, recientemente, por el Romea, en Barcelona. Y aunque poco importe nada, nada es más doloroso que no te permitan ser profeta en tu tierra. Lo advierte el Evangelio de Lucas desde hace casi dos milenios —nemo propheta in patria—, pero que un pueblo se empeñe en darle la razón no deja de ser una forma de aterradora desmemoria.

Pero no hay oscuridad sin luz, ni desesperanza sin esperanza. Lo dual, otra vez: la noche y el día que, para Heráclito, eran uno. Mañana será otro día, pero jamás olvidemos, recuerda el de Éfeso, que "el hombre cuando duerme entra en contacto con muertos; cuando despierta, entra en contacto con los dormidos".

En filosofía, lo dual describe la coexistencia de dos opuestos o complementarios, o las formas que designan parejas. Ya Heráclito sostenía que de lo discordante nace la más bella armonía, y reprochaba a Hesíodo no haber entendido que el día y la noche, en el fondo, son uno. En una semana en la que otra vez el horror nos reveló la fragilidad de nuestra existencia, el azar que mueve cada paso que damos, la oscuridad funesta y fúnebre solo pudo hallar algo de luz en la cultura y el arte.

El viernes pasado, Mercedes Ruiz y Santiago Lara presentaron en el Teatro Villamarta Dual, un espectáculo que sintetiza de forma sencilla y extraordinaria —o que es extraordinario precisamente por su sencillez— un cuarto de siglo de trabajo en común. Una trayectoria cimentada en carreras separadas que, en el caso de la bailaora, se retrotraen a su presencia infantil en la compañía de Manuel Morao y Gitanos de Jerez, y en el del guitarrista, a sus clases con maestros como José Luis Balao. Genios de otro tiempo que, decíamos ayer, alumbraron el camino y a los que es justo reconocer siempre. Baile y toque, cuerpo y cuerda: dos lenguajes que se completan sin anularse. Eso es, al cabo, lo dual.

El Vito, el zapateado de Sarasate, la seguiriya, la bulería y los adagios de un músico y compositor al que solo el tiempo pondrá a la altura de lo que le corresponde. Y una bailaora que pulsa las cuerdas de la guitarra que hacen vibrar sus pasos desde hace 25 años.

Que este espectáculo no abriera el pasado 30 Festival de Jerez —una edición tan especial que pasó sin pena ni gloria—, o que ni siquiera tuviera hueco en su programación, clama al cielo. Es un caso evidente del declive que han sufrido en los últimos años una institución y un certamen que siempre llevaron en su ADN la preservación de los más grandes artistas que ha dado esta tierra y la sensibilidad hacia ellos.

El caso es que la pareja, artística y en la vida, dos personas de esas que ahora llaman ‘de luz’, decidió que había que hacerlo, y lo hizo: se jugaron sus cuartos para alquilar el teatro de su tierra y ponerlo bocabajo ante un público maravillado por la sutileza de cada número, de cada movimiento de dos artistas de una dimensión descomunal.

Mercedes es una bailaora completísima, de estética clásica pero muy versátil, seguidora de la escuela que invitó a subir al escenario en el fin de fiesta: las maestras Angelita Gómez, Ana María López y Chiqui de Jerez. Tres formas de mantener vivos los eslabones de la escuela jerezana de la danza flamenca, donde, como demostró la maestra de las maestras, doña Angelita Gómez, lo más extraordinario es lo que aparentemente es más sencillo. Lo dejó escrito el moguereño Juan Ramón Jiménez en dos versos sobre la obra que ya no admite retoque: “¡No le toques ya más, / que así es la rosa!”.

Al día siguiente, escapando de tanto dolor y de tanta tragedia sin sentido como la que ha vuelto a atraparnos en un siniestro déjà vu, tratando de encontrar respuestas a tantos interrogantes, huyendo de esa lotería de la muerte en la que se ha convertido un simple viaje en tren en España, acabamos en el Teatro Moderno de Chiclana, alzando el vuelo con los ángeles de La Zaranda.

Días antes de que partan a hacer temporada en Buenos Aires —aplazada del invierno a la primavera austral por la repentina dolencia que sufrió uno de sus fundadores y alma mater, Paco de La Zaranda—, el teatro chiclanero se sobrecogió este pasado sábado con un montaje en el que la compañía baja a los infiernos más sórdidos de unos personajes que, tras vagar por el inframundo, transportados uno a uno por Caronte, en plena noche de Halloween, en la víspera del Día de Todos los Santos, logran alas para elevarse y mantener en el horizonte una luz de esperanza que nos dé fe ante tanta desolación y tragedia. Larvas convertidas en mariposas. Como Dante al cerrar su Infierno, salimos de allí a volver a ver las estrellas.

Tragedia es también que una ciudad no reconozca a sus representantes culturales y artísticos más sobresalientes

Como tragedia es también, en una escala evidentemente diferente a las que nos dejan en shock por cobrarse vidas humanas, que una ciudad no reconozca a sus representantes culturales y artísticos más sobresalientes. La Zaranda, Premio Nacional de Teatro y que cumplirá 50 años como compañía en 2028 —cuando se celebrará también un siglo de la construcción y primera inauguración del Villamarta—, es uno de los grupos teatrales más longevos del mundo. Y es de Jerez.

Este último espectáculo, qué cosas, ha sido el primero de su casi veintena de producciones desde finales de los 70 del siglo pasado que no se ha podido ver en su ciudad de origen. Todos los ángeles alzaron el vuelo, una coproducción del Teatro de Rojas de Toledo y el Teatre Romea de Barcelona junto con la compañía jerezana, ha sido programado en más teatros de la provincia de Cádiz que nunca: en el FIT de Cádiz, en San Roque, en El Puerto, en Chiclana, y en diciembre estará en San Fernando. Incluso cuando Jerez no tenía el Villamarta reabierto, Vinagre de Jerez y otras de sus producciones de aquella época pudieron verse en aquel inolvidable e improvisado teatro Garvey, en el Mamelón.

  • Paco de La Zaranda y Eusebio Calonge, con Josep María Pou, hasta ahora director del Teatro Romea, en días pasados tras el cierre del paso de la compañía jerezana por Barcelona con 'Todos los ángeles alzaron el vuelo'.
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Ahora, en cambio, ha sido la primera vez que el gran teatro de Jerez le ha dado la espalda al último trabajo de una compañía que ha pasado con esta obra por Matadero, en Madrid, o, recientemente, por el Romea, en Barcelona. Y aunque poco importe nada, nada es más doloroso que no te permitan ser profeta en tu tierra. Lo advierte el Evangelio de Lucas desde hace casi dos milenios —nemo propheta in patria—, pero que un pueblo se empeñe en darle la razón no deja de ser una forma de aterradora desmemoria.

Pero no hay oscuridad sin luz, ni desesperanza sin esperanza. Lo dual, otra vez: la noche y el día que, para Heráclito, eran uno. Mañana será otro día, pero jamás olvidemos, recuerda el de Éfeso, que "el hombre cuando duerme entra en contacto con muertos; cuando despierta, entra en contacto con los dormidos".

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