Opinión

El ojo del pulpo y la fecha de las elecciones

Por qué Sánchez no adelantará los comicios: solo convoca desde el éxito, nunca desde la derrota

  • Una mesa electoral, la pasada jornada del 17M en Andalucía. -

"En el campo de la observación, el azar solo favorece a los espíritus preparados". L.Pasteur.

 

El Congreso tumbó este viernes los dos decretos de vivienda. Junts sumó su «no» al del PP y Vox, y en cuestión de horas el país se llenó de calendarios. Fuentes del Gobierno daban por hecho, "al 99 %", que el BOE del martes publicaría la disolución de las Cortes para votar el 29 de noviembre. Otras voces del mismo Gobierno lo negaban, porque no se estaba «en esa pantalla». Sánchez se ha retirado el fin de semana a pensar, y Feijóo ya ha dicho que está listo. Mi pronóstico va en sentido contrario: no habrá elecciones anticipadas. No me baso en una corazonada, sino en una idea que viene de la biología evolutiva.

Empecé a entender a Pedro Sánchez cuando comprendí que su núcleo duro no es una ideología, sino un método, y que ese método tiene nombre: adaptacionismo convergente. Eso explica la suerte que se le atribuye y que tanto irrita a la derecha, y que en realidad no es suerte, sino selección. Sánchez no mueve ficha desde la impotencia o la derrota. La mueve desde el éxito. Quien espere de él una reacción de animal acorralado ha elegido mal el modelo.

El concepto lo popularizó el paleontólogo Simon Conway Morris con un ejemplo memorable. El ojo del pulpo y el de los vertebrados son casi idénticos, aunque sus linajes se separaron hace más de quinientos millones de años. Nadie copió a nadie: el repertorio de soluciones que funcionan es mucho más pequeño que el de soluciones imaginables. George McGhee le dio forma geométrica con la noción de morfoespacio teórico. Las formas posibles son infinitas, pero las habitables son pocas, y la vida regresa una y otra vez a los mismos atractores. Esta teoría renuncia a predecir el camino, que depende del azar, pero se atreve con el destino. En política, la regla sería esta: si alguien ha atravesado presiones muy distintas y siempre ha acabado saliendo por la misma puerta, conviene apostar a que volverá a salir por ella.

Veamos el registro fósil. En 2016 prefirió dimitir como secretario general antes que abstenerse ante Rajoy. Un año después recuperó el partido contra su propio aparato, en unas primarias que todos le daban por perdidas. En 2018 ganó una moción de censura que nadie veía posible. En 2019 tituló su libro Manual de resistencia, que más que unas memorias parece una descripción de especie. En 2023 logró una investidura que pasaba por la amnistía. En abril de 2024 se tomó cinco días de reflexión, escribió una carta a la ciudadanía y siguió en su puesto. Los escenarios cambiaron: el partido, el Parlamento, los tribunales, la calle. El punto de llegada fue siempre el mismo, y eso es lo que un convergentista llama atractor.

Hay una objeción seria, y no quiero esquivarla: Sánchez ya adelantó elecciones dos veces. Lo hizo en febrero de 2019, cuando cayeron los presupuestos, y en mayo de 2023, la misma noche del varapalo municipal y autonómico. La objeción solo funciona si se describe mal el atractor. Lo que se repite en su conducta no es resistir a cualquier precio, sino algo más preciso: la fecha nunca la elige el adversario. En 2019 convocó con el PSOE subiendo en las encuestas y con la foto de Colón como enemigo perfecto. En 2023 sorprendió a todos sin una sola filtración, cuando se esperaba un desgaste lento hasta diciembre. Las dos veces el reloj era suyo y el terreno le era favorable. Convocó desde el éxito o para fabricarlo, nunca como quien levanta acta de una derrota.

Apliquemos la regla a esta semana. Convocar el martes sería aceptar un calendario dictado por Junts, el PP y Vox. Sería también confirmar una filtración que ya conocen todas las redacciones y contestar a Feijóo en el terreno que Feijóo ha marcado. En resumen, sería hacer exactamente lo que todo el mundo espera, y eso es incompatible con el atractor. En el ecosistema de Sánchez, una filtración no anuncia una decisión. Es una señal, como los colores de advertencia de ciertos animales. Le recuerda a Junts lo que le costaría precipitar el final, mide el pulso de los barones y comprueba quién se mueve primero. El retiro de fin de semana tampoco presagia una rendición. Desde 2024 sabemos que la reflexión es justamente el hábitat donde Sánchez pone en escena su continuidad.

El paisaje adaptativo apunta en la misma dirección. La legislatura termina, como mucho, en el verano de 2027, así que adelantar unos meses aporta poco y arriesga mucho. Las encuestas no muestran ninguna cima clara. El CIS de septiembre daba al PSOE un 31 % frente al 25,5 % del PP, mientras que More in Common invertía el orden, con un 28,7 % para el PP y un 27 % para el PSOE, y situaba a Vox por encima del 20 %. Con una ultraderecha así de alta, el tiempo juega a favor de los socialistas. Cada mes que pasa obliga al PP a mostrar cuánto depende de Vox, como ya ocurre con el pacto de gobierno en Andalucía, y esa dependencia es lo que más moviliza al votante progresista. Además, perder dos decretos no obliga a nada. Un Gobierno acostumbrado a vivir sin mayoría estable puede aprobar otro decreto, negociar una ley o convertir la derrota en eslogan: «la derecha y Junts votaron contra tu alquiler». Para una especie adaptada a la escasez, una derrota parlamentaria es alimento, no veneno.

Me queda una deuda con la filosofía de la ciencia. Gould y Lewontin acusaron al adaptacionismo de fabricar relatos just so, explicaciones a toro pasado capaces de justificar cualquier cosa. Para no incurrir en ese vicio, hago una predicción con fecha y renuncio de antemano a la escapatoria fácil. Si el martes el BOE publica la convocatoria, no diré que en el fondo el tempo era suyo. Diré que describí mal el atractor o que el paisaje había cambiado más de lo que creía, y lo reconoceré en esta misma columna.

Mi apuesta, sin embargo, es otra. El lunes habrá comparecencia y no disolución, habrá nuevas medidas de vivienda y la legislatura seguirá, magullada pero viva, rumbo a 2027. Lo que en otro organismo sería agonía, en este es metabolismo.Esta misma tarde escribí, medio en broma, que «nunca» es un adverbio de tiempo. Lo es, pero de una clase rara, porque no nombra ningún momento, sino el conjunto vacío de todos ellos. Con Sánchez y el calendario electoral sucede algo parecido. Para él, la fecha de las elecciones nunca es algo que le venga impuesto; es algo que decide. Por eso, justo cuando todos dan por hecho que convocará, lo más probable es que no lo haga.

"En el campo de la observación, el azar solo favorece a los espíritus preparados". L.Pasteur.

 

El Congreso tumbó este viernes los dos decretos de vivienda. Junts sumó su «no» al del PP y Vox, y en cuestión de horas el país se llenó de calendarios. Fuentes del Gobierno daban por hecho, "al 99 %", que el BOE del martes publicaría la disolución de las Cortes para votar el 29 de noviembre. Otras voces del mismo Gobierno lo negaban, porque no se estaba «en esa pantalla». Sánchez se ha retirado el fin de semana a pensar, y Feijóo ya ha dicho que está listo. Mi pronóstico va en sentido contrario: no habrá elecciones anticipadas. No me baso en una corazonada, sino en una idea que viene de la biología evolutiva.

Empecé a entender a Pedro Sánchez cuando comprendí que su núcleo duro no es una ideología, sino un método, y que ese método tiene nombre: adaptacionismo convergente. Eso explica la suerte que se le atribuye y que tanto irrita a la derecha, y que en realidad no es suerte, sino selección. Sánchez no mueve ficha desde la impotencia o la derrota. La mueve desde el éxito. Quien espere de él una reacción de animal acorralado ha elegido mal el modelo.

El concepto lo popularizó el paleontólogo Simon Conway Morris con un ejemplo memorable. El ojo del pulpo y el de los vertebrados son casi idénticos, aunque sus linajes se separaron hace más de quinientos millones de años. Nadie copió a nadie: el repertorio de soluciones que funcionan es mucho más pequeño que el de soluciones imaginables. George McGhee le dio forma geométrica con la noción de morfoespacio teórico. Las formas posibles son infinitas, pero las habitables son pocas, y la vida regresa una y otra vez a los mismos atractores. Esta teoría renuncia a predecir el camino, que depende del azar, pero se atreve con el destino. En política, la regla sería esta: si alguien ha atravesado presiones muy distintas y siempre ha acabado saliendo por la misma puerta, conviene apostar a que volverá a salir por ella.

Veamos el registro fósil. En 2016 prefirió dimitir como secretario general antes que abstenerse ante Rajoy. Un año después recuperó el partido contra su propio aparato, en unas primarias que todos le daban por perdidas. En 2018 ganó una moción de censura que nadie veía posible. En 2019 tituló su libro Manual de resistencia, que más que unas memorias parece una descripción de especie. En 2023 logró una investidura que pasaba por la amnistía. En abril de 2024 se tomó cinco días de reflexión, escribió una carta a la ciudadanía y siguió en su puesto. Los escenarios cambiaron: el partido, el Parlamento, los tribunales, la calle. El punto de llegada fue siempre el mismo, y eso es lo que un convergentista llama atractor.

Hay una objeción seria, y no quiero esquivarla: Sánchez ya adelantó elecciones dos veces. Lo hizo en febrero de 2019, cuando cayeron los presupuestos, y en mayo de 2023, la misma noche del varapalo municipal y autonómico. La objeción solo funciona si se describe mal el atractor. Lo que se repite en su conducta no es resistir a cualquier precio, sino algo más preciso: la fecha nunca la elige el adversario. En 2019 convocó con el PSOE subiendo en las encuestas y con la foto de Colón como enemigo perfecto. En 2023 sorprendió a todos sin una sola filtración, cuando se esperaba un desgaste lento hasta diciembre. Las dos veces el reloj era suyo y el terreno le era favorable. Convocó desde el éxito o para fabricarlo, nunca como quien levanta acta de una derrota.

Apliquemos la regla a esta semana. Convocar el martes sería aceptar un calendario dictado por Junts, el PP y Vox. Sería también confirmar una filtración que ya conocen todas las redacciones y contestar a Feijóo en el terreno que Feijóo ha marcado. En resumen, sería hacer exactamente lo que todo el mundo espera, y eso es incompatible con el atractor. En el ecosistema de Sánchez, una filtración no anuncia una decisión. Es una señal, como los colores de advertencia de ciertos animales. Le recuerda a Junts lo que le costaría precipitar el final, mide el pulso de los barones y comprueba quién se mueve primero. El retiro de fin de semana tampoco presagia una rendición. Desde 2024 sabemos que la reflexión es justamente el hábitat donde Sánchez pone en escena su continuidad.

El paisaje adaptativo apunta en la misma dirección. La legislatura termina, como mucho, en el verano de 2027, así que adelantar unos meses aporta poco y arriesga mucho. Las encuestas no muestran ninguna cima clara. El CIS de septiembre daba al PSOE un 31 % frente al 25,5 % del PP, mientras que More in Common invertía el orden, con un 28,7 % para el PP y un 27 % para el PSOE, y situaba a Vox por encima del 20 %. Con una ultraderecha así de alta, el tiempo juega a favor de los socialistas. Cada mes que pasa obliga al PP a mostrar cuánto depende de Vox, como ya ocurre con el pacto de gobierno en Andalucía, y esa dependencia es lo que más moviliza al votante progresista. Además, perder dos decretos no obliga a nada. Un Gobierno acostumbrado a vivir sin mayoría estable puede aprobar otro decreto, negociar una ley o convertir la derrota en eslogan: «la derecha y Junts votaron contra tu alquiler». Para una especie adaptada a la escasez, una derrota parlamentaria es alimento, no veneno.

Me queda una deuda con la filosofía de la ciencia. Gould y Lewontin acusaron al adaptacionismo de fabricar relatos just so, explicaciones a toro pasado capaces de justificar cualquier cosa. Para no incurrir en ese vicio, hago una predicción con fecha y renuncio de antemano a la escapatoria fácil. Si el martes el BOE publica la convocatoria, no diré que en el fondo el tempo era suyo. Diré que describí mal el atractor o que el paisaje había cambiado más de lo que creía, y lo reconoceré en esta misma columna.

Mi apuesta, sin embargo, es otra. El lunes habrá comparecencia y no disolución, habrá nuevas medidas de vivienda y la legislatura seguirá, magullada pero viva, rumbo a 2027. Lo que en otro organismo sería agonía, en este es metabolismo.Esta misma tarde escribí, medio en broma, que «nunca» es un adverbio de tiempo. Lo es, pero de una clase rara, porque no nombra ningún momento, sino el conjunto vacío de todos ellos. Con Sánchez y el calendario electoral sucede algo parecido. Para él, la fecha de las elecciones nunca es algo que le venga impuesto; es algo que decide. Por eso, justo cuando todos dan por hecho que convocará, lo más probable es que no lo haga.

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