Opinión

Maricarmen, los decretos y dos huevos duros

Las diferencias entre los decretos y las demandas del sindicato son reales, pero no justifican la negativa del sindicato

  • Concentración en Jerez por la vivienda. -

"En política, solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela". Juan de Mairena. Antonio Machado

La ola que ha movilizado el desahucio de Maricarmen ha acabado desbordando todas las expectativas. Miles, millones de personas se han visto impelidas a la acción y obligadas a la indignación. Esta marejada ha cogido a todos fuera de sitio, ha roto el discurso de la invasión y ha arrastrado a los cayetanos al museo de los horrores de la extrema derecha patria. Al final, la realidad social se impone y emerge de una manera u otra: la crisis de la vivienda es una expresión de la crisis de liquidez de un capital cada vez menos productivo y más especulativo. A la postre, la vivienda, como en el principio del capitalismo en el siglo XIX, acaba concentrando todas las contradicciones que nacen en la fábrica; en este caso, en las plataformas digitales ahora.

A la derecha y a la extrema derecha les ha cogido en el norte de África cantando El soldadito español y desfilando con la cabra de la Legión y en el Tercio de Regulares. En las primeras horas no supieron reaccionar y, aparentemente, mostraban cierta compasión con la anciana y señalaban al Gobierno de Sánchez como culpable. Pero esa estrategia se mostró inverosímil, dadas las reiteradas votaciones contra el decreto ley en el Congreso y el escándalo del ático de Ayuso. Pasaron del «yo no he sido» y el dedo acusador hacia Pedro Sánchez a una campaña activa de negación de la vulnerabilidad de la anciana madrileña. Por momentos la han tachado de millonaria, funcionaria rentista, una farsante en manos del Sindicato de Inquilino. Nerviosos porque les descentraba  el foco mediático de la supuesta invasión llegaron  incluso a desempolvar  a María García García de su dorado retiro, pagado con la pólvora del Rey (nunca mejor dicho). Esta señora acusaba a la pobre Maricarmen de ser una llorica.

¿Que quién es María García García y qué pinta en todo este embrollo? Es la amante  emérita también conocida por el nombre artístico de Bárbara Rey (desde luego, el nombre artístico que adoptó estaba doblemente justificado: tenía algo de premonitorio). Nerviosos porque les descentraban el foco mediático de la supuesta invasión, llegaron incluso a desempolvar a María García García de su dorado retiro, pagado con la pólvora del Rey (nunca mejor dicho). Esta señora acusaba a la pobre Maricarmen de ser una llorica. ¿Que quién es María García García y qué pinta en todo este embrollo? Es la prostituta emérita también conocida por el nombre artístico de Bárbara Rey (desde luego, el nombre artístico que adoptó estaba doblemente justificado: tenía algo de premonitorio). Resumiendo: la fachosfera en su estilo reiterado, y  la máquina del fango y la mentira a tope.

El Gobierno de Sánchez, que estuvo lento   y torpe en Ceuta, no ha perdido la oportunidad que la movilización social le ofrecía en bandeja de plata para retomar el decreto ley tumbado por PP, Vox y Junts en el Congreso. En una apuesta estratégica muy inteligente, ha aprobado dos decretos leyes, publicados en el BOE el 30 de septiembre y el 1 de octubre. Los decretos están lejos de la exigencia del Sindicato de Inquilinas, pero suponen una aproximación muy notable hacia lo que pide este. El primero (RDL 26/2026) prorroga dos años, a petición del inquilino, los contratos que vencen antes de 2029, limita al 2 % la subida de las rentas, regula el alquiler de temporada y por habitaciones, protege frente a los desahucios hasta 2030, veta las compras de los fondos y añade incentivos fiscales. El segundo introduce la renovación automática de los contratos. Las diferencias con el sindicato, sin embargo, no son menores. Su «decreto Maricarmen» pedía impedir los desahucios sin alternativa habitacional con independencia del tipo de propietario, mientras que el texto aprobado no hace prevalecer la vulnerabilidad cuando quien demanda es un particular con dos o menos viviendas. Además, el sindicato reclamaba congelar las rentas, rechaza las bonificaciones fiscales por considerar que benefician a los rentistas y critica que las medidas se hayan troceado en dos decretos.

Las diferencias entre los decretos y las demandas del sindicato son reales, pero no justifican su negativa. La política no se mide contra el ideal, sino contra la alternativa posible, y la alternativa, con la actual aritmética parlamentaria, es la nada o, peor, la caída del Gobierno y el advenimiento de la derecha. Sin esta estrategia de dos decretos, que permite a cada grupo votar lo que puede asumir, ninguna medida superaría la convalidación en el Congreso. Y aun así, está por ver qué ocurre el viernes. El sindicato hace bien en mantener la presión, porque sin ella no habría decretos. Pero su apoyo, crítico y vigilante, es hoy la mejor garantía de que el escudo social no vuelva a caer.

Mención aparte merecen algunas actitudes y declaraciones del entorno de Podemos que, definitivamente, en este reparto encarnan el esquema del izquierdismo más rancio y obsoleto, empeñado en ir siempre más allá de la realidad, no para transformarla sino para eludirla. En este sentido, siguen a los clásicos, pero no del pensamiento marxista ni del pensamiento crítico alemán, sino del cine de humor judío; no a don Carlos, sino a don Groucho, con aquello del camarote de los Marx: «y dos huevos duros». Ojalá los huevos duros no se nos atraganten, porque entonces quienes más lo lamentarán serán las miles de Maricarmen que hay en España.

"En política, solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela". Juan de Mairena. Antonio Machado

La ola que ha movilizado el desahucio de Maricarmen ha acabado desbordando todas las expectativas. Miles, millones de personas se han visto impelidas a la acción y obligadas a la indignación. Esta marejada ha cogido a todos fuera de sitio, ha roto el discurso de la invasión y ha arrastrado a los cayetanos al museo de los horrores de la extrema derecha patria. Al final, la realidad social se impone y emerge de una manera u otra: la crisis de la vivienda es una expresión de la crisis de liquidez de un capital cada vez menos productivo y más especulativo. A la postre, la vivienda, como en el principio del capitalismo en el siglo XIX, acaba concentrando todas las contradicciones que nacen en la fábrica; en este caso, en las plataformas digitales ahora.

A la derecha y a la extrema derecha les ha cogido en el norte de África cantando El soldadito español y desfilando con la cabra de la Legión y en el Tercio de Regulares. En las primeras horas no supieron reaccionar y, aparentemente, mostraban cierta compasión con la anciana y señalaban al Gobierno de Sánchez como culpable. Pero esa estrategia se mostró inverosímil, dadas las reiteradas votaciones contra el decreto ley en el Congreso y el escándalo del ático de Ayuso. Pasaron del «yo no he sido» y el dedo acusador hacia Pedro Sánchez a una campaña activa de negación de la vulnerabilidad de la anciana madrileña. Por momentos la han tachado de millonaria, funcionaria rentista, una farsante en manos del Sindicato de Inquilino. Nerviosos porque les descentraba  el foco mediático de la supuesta invasión llegaron  incluso a desempolvar  a María García García de su dorado retiro, pagado con la pólvora del Rey (nunca mejor dicho). Esta señora acusaba a la pobre Maricarmen de ser una llorica.

¿Que quién es María García García y qué pinta en todo este embrollo? Es la amante  emérita también conocida por el nombre artístico de Bárbara Rey (desde luego, el nombre artístico que adoptó estaba doblemente justificado: tenía algo de premonitorio). Nerviosos porque les descentraban el foco mediático de la supuesta invasión, llegaron incluso a desempolvar a María García García de su dorado retiro, pagado con la pólvora del Rey (nunca mejor dicho). Esta señora acusaba a la pobre Maricarmen de ser una llorica. ¿Que quién es María García García y qué pinta en todo este embrollo? Es la prostituta emérita también conocida por el nombre artístico de Bárbara Rey (desde luego, el nombre artístico que adoptó estaba doblemente justificado: tenía algo de premonitorio). Resumiendo: la fachosfera en su estilo reiterado, y  la máquina del fango y la mentira a tope.

El Gobierno de Sánchez, que estuvo lento   y torpe en Ceuta, no ha perdido la oportunidad que la movilización social le ofrecía en bandeja de plata para retomar el decreto ley tumbado por PP, Vox y Junts en el Congreso. En una apuesta estratégica muy inteligente, ha aprobado dos decretos leyes, publicados en el BOE el 30 de septiembre y el 1 de octubre. Los decretos están lejos de la exigencia del Sindicato de Inquilinas, pero suponen una aproximación muy notable hacia lo que pide este. El primero (RDL 26/2026) prorroga dos años, a petición del inquilino, los contratos que vencen antes de 2029, limita al 2 % la subida de las rentas, regula el alquiler de temporada y por habitaciones, protege frente a los desahucios hasta 2030, veta las compras de los fondos y añade incentivos fiscales. El segundo introduce la renovación automática de los contratos. Las diferencias con el sindicato, sin embargo, no son menores. Su «decreto Maricarmen» pedía impedir los desahucios sin alternativa habitacional con independencia del tipo de propietario, mientras que el texto aprobado no hace prevalecer la vulnerabilidad cuando quien demanda es un particular con dos o menos viviendas. Además, el sindicato reclamaba congelar las rentas, rechaza las bonificaciones fiscales por considerar que benefician a los rentistas y critica que las medidas se hayan troceado en dos decretos.

Las diferencias entre los decretos y las demandas del sindicato son reales, pero no justifican su negativa. La política no se mide contra el ideal, sino contra la alternativa posible, y la alternativa, con la actual aritmética parlamentaria, es la nada o, peor, la caída del Gobierno y el advenimiento de la derecha. Sin esta estrategia de dos decretos, que permite a cada grupo votar lo que puede asumir, ninguna medida superaría la convalidación en el Congreso. Y aun así, está por ver qué ocurre el viernes. El sindicato hace bien en mantener la presión, porque sin ella no habría decretos. Pero su apoyo, crítico y vigilante, es hoy la mejor garantía de que el escudo social no vuelva a caer.

Mención aparte merecen algunas actitudes y declaraciones del entorno de Podemos que, definitivamente, en este reparto encarnan el esquema del izquierdismo más rancio y obsoleto, empeñado en ir siempre más allá de la realidad, no para transformarla sino para eludirla. En este sentido, siguen a los clásicos, pero no del pensamiento marxista ni del pensamiento crítico alemán, sino del cine de humor judío; no a don Carlos, sino a don Groucho, con aquello del camarote de los Marx: «y dos huevos duros». Ojalá los huevos duros no se nos atraganten, porque entonces quienes más lo lamentarán serán las miles de Maricarmen que hay en España.

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