En los últimos tiempos, sobre todo en el uso de las redes sociales es muy frecuente ·cancelar· a otra persona. Bloquear a alguien por whatsapp también es una práctica habitual. El que era amigo deja de serlo y la amante pareja puede pasar a ser acérrimo enemigo. En aquellos casos en que estos movimientos digitales se hacen públicos a través de programas televisivos, tenemos el show montado y a veces, cantidades de dinero ingentes por conflictos reales o imaginarios.
Esta cuestión referida a las relaciones interpersonales en poco afectan a la opinión pública, más bien pueden servir de un cierto entretenimiento a los seguidores de programas televisivos y de famos@s y famosill@s.
Un nivel diferente e importante se produce cuando las cancelaciones se refieren a intelectuales, científicos, políticos, periodistas y en este momento social la polarización y la crispación están a la orden del día.
Se produce un acontecimiento importante y ¡los puntos de vistas son tan dispares! ¿Qué es información?, ¿Qué es bulo? Es casi imposible discriminar una cosa de otra. Y en este terreno una forma más sofisticada y activa de cancelar o más bien de descalificar a alguien radica en el insulto fácil y adjetivos varios acabados en cuatro letras: …ISTA.
Estas frases funcionan como obturador de la palabra y se produce la cancelación del interlocutor.
Cancelar proviene latín cancellare, que significaba "poner rejas" (cancelli) Antiguamente, cuando se quería anular un documento o una deuda, se trazaban líneas cruzadas sobre el texto que recordaban a una reja o enrejado.
Descalificar proviene del prefijo latino dis- (separación o inversión) y qualificare (hacer con calidad).
Literalmente es "quitar las cualidades". En el pasado, se usaba para declarar que alguien no era apto para un cargo o título por carecer de las virtudes necesarias.
Hacerle la cruz: el estigma de la protección) surge de la acción de persignarse. Originalmente, se hacía la señal de la cruz frente a algo que se consideraba malvado o peligroso para ahuyentarlo o protegerse de ello.
Con el tiempo, "hacerle la cruz" a una persona pasó a significar que la consideramos "maldita" o indigna de nuestro trato. Es, simbólicamente, poner una barrera espiritual para que esa persona no vuelva a entrar en nuestra vida.
Un ejemplo histórico de descalificación o de cancelación lo encontramos en la literatura: el no-nobel de Jorge Luis Borges quien nunca recibió el Premio Nobel de Literatura debido a una combinación de razones políticas, motivos estéticos y fricciones personales con miembros influyentes de la Academia Sueca.
Las causas políticas es la razón más aceptada por historiadores y el propio entorno de Borges. En 1976, el escritor recibió en Chile un doctorado honoris causa de manos del dictador Augusto Pinochet. Sus elogios públicos al régimen resultaron inaceptables para la sociedad sueca y la Academia. Su cercanía o falta de condena inicial hacia figuras como la Junta Militar en Argentina también dañó su imagen internacional ante el jurado.
Razones Estéticas y Literaria: tras la desclasificación de archivos secretos de 1967 se revelaron argumentos técnicos del comité. Algunos críticos señalan que el jurado tradicionalmente prefería autores de novelas extensas; Borges se especializó casi exclusivamente en cuentos cortos y ensayos.
Artur Lundkvist, un influyente miembro de la Academia y experto en literatura latinoamericana, fue un obstáculo personal clave para Borges. Se dice que criticó y se burló de un poema de Lundkvist durante una cena, sin saber quién era su autor. Lundkvist, de ideología socialista presuntamente bloqueó la candidatura de Borges de forma sistemática
A pesar de ser nominado año tras año desde 1956 hasta su muerte en 1986, Borges solía bromear con la situación diciendo: "No darme el Nobel es ya una tradición escandinava".
Para un amante de la literatura, la carencia del premio no desmerece el valor de la obra de Borges si se acerca a ella desde su propio sentido estético y crítico.
Por el contrario, a nivel político y social, las descalificaciones y cancelaciones varias ante las noticias producen tal confusión en el ciudadano que puede optar por la indiferencia ante hechos muy importantes que le conciernen de forma directa.
A veces tengo la impresión de que una suerte de mano negra con un poder omnímodo como un dios griego sacude las espesas y poco trasparentes aguas de la realidad que nos rodea en los últimos tiempos.
En los últimos tiempos, sobre todo en el uso de las redes sociales es muy frecuente ·cancelar· a otra persona. Bloquear a alguien por whatsapp también es una práctica habitual. El que era amigo deja de serlo y la amante pareja puede pasar a ser acérrimo enemigo. En aquellos casos en que estos movimientos digitales se hacen públicos a través de programas televisivos, tenemos el show montado y a veces, cantidades de dinero ingentes por conflictos reales o imaginarios.
Esta cuestión referida a las relaciones interpersonales en poco afectan a la opinión pública, más bien pueden servir de un cierto entretenimiento a los seguidores de programas televisivos y de famos@s y famosill@s.
Un nivel diferente e importante se produce cuando las cancelaciones se refieren a intelectuales, científicos, políticos, periodistas y en este momento social la polarización y la crispación están a la orden del día.
Se produce un acontecimiento importante y ¡los puntos de vistas son tan dispares! ¿Qué es información?, ¿Qué es bulo? Es casi imposible discriminar una cosa de otra. Y en este terreno una forma más sofisticada y activa de cancelar o más bien de descalificar a alguien radica en el insulto fácil y adjetivos varios acabados en cuatro letras: …ISTA.
Estas frases funcionan como obturador de la palabra y se produce la cancelación del interlocutor.
Cancelar proviene latín cancellare, que significaba "poner rejas" (cancelli) Antiguamente, cuando se quería anular un documento o una deuda, se trazaban líneas cruzadas sobre el texto que recordaban a una reja o enrejado.
Descalificar proviene del prefijo latino dis- (separación o inversión) y qualificare (hacer con calidad).
Literalmente es "quitar las cualidades". En el pasado, se usaba para declarar que alguien no era apto para un cargo o título por carecer de las virtudes necesarias.
Hacerle la cruz: el estigma de la protección) surge de la acción de persignarse. Originalmente, se hacía la señal de la cruz frente a algo que se consideraba malvado o peligroso para ahuyentarlo o protegerse de ello.
Con el tiempo, "hacerle la cruz" a una persona pasó a significar que la consideramos "maldita" o indigna de nuestro trato. Es, simbólicamente, poner una barrera espiritual para que esa persona no vuelva a entrar en nuestra vida.
Un ejemplo histórico de descalificación o de cancelación lo encontramos en la literatura: el no-nobel de Jorge Luis Borges quien nunca recibió el Premio Nobel de Literatura debido a una combinación de razones políticas, motivos estéticos y fricciones personales con miembros influyentes de la Academia Sueca.
Las causas políticas es la razón más aceptada por historiadores y el propio entorno de Borges. En 1976, el escritor recibió en Chile un doctorado honoris causa de manos del dictador Augusto Pinochet. Sus elogios públicos al régimen resultaron inaceptables para la sociedad sueca y la Academia. Su cercanía o falta de condena inicial hacia figuras como la Junta Militar en Argentina también dañó su imagen internacional ante el jurado.
Razones Estéticas y Literaria: tras la desclasificación de archivos secretos de 1967 se revelaron argumentos técnicos del comité. Algunos críticos señalan que el jurado tradicionalmente prefería autores de novelas extensas; Borges se especializó casi exclusivamente en cuentos cortos y ensayos.
Artur Lundkvist, un influyente miembro de la Academia y experto en literatura latinoamericana, fue un obstáculo personal clave para Borges. Se dice que criticó y se burló de un poema de Lundkvist durante una cena, sin saber quién era su autor. Lundkvist, de ideología socialista presuntamente bloqueó la candidatura de Borges de forma sistemática
A pesar de ser nominado año tras año desde 1956 hasta su muerte en 1986, Borges solía bromear con la situación diciendo: "No darme el Nobel es ya una tradición escandinava".
Para un amante de la literatura, la carencia del premio no desmerece el valor de la obra de Borges si se acerca a ella desde su propio sentido estético y crítico.
Por el contrario, a nivel político y social, las descalificaciones y cancelaciones varias ante las noticias producen tal confusión en el ciudadano que puede optar por la indiferencia ante hechos muy importantes que le conciernen de forma directa.
A veces tengo la impresión de que una suerte de mano negra con un poder omnímodo como un dios griego sacude las espesas y poco trasparentes aguas de la realidad que nos rodea en los últimos tiempos.
Comentarios