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Opinión

Usted tiene mi respeto

Topé recientemente con una entrevista de Juan José Benítez, la cual me dejó cierto poso de amargura. A sus casi 80 años, el periodista navarro confesaba sentir el frío de una crítica literaria y una prensa generalista que, sistemáticamente, lo ha subestimado, cuando no directamente ridiculizado. Resulta desolador que un hombre que ha dedicado más de medio siglo al periodismo de investigación tenga esa percepción. Pero, lamentablemente y por desgracia, no me sorprende. 

Existe una corriente tradicional, casi académica, que dictamina que todo lo tocante a la ufología, lo paranormal y los grandes misterios de la historia, es una suerte de "hermano menor" de la literatura; un objeto de burla fácil para intelectuales de salón que se sienten cómodos en los límites de lo que ya está escrito en libros y legajos. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Los misterios no son anécdotas para programas de medianoche; son los cimientos que han levantado nuestra civilización. El asombro ante lo desconocido, la pregunta sobre qué hay más allá de las estrellas o qué ocurrió realmente en los márgenes de la historia oficial, es lo que ha impulsado al ser humano a investigar, a filosofar y a comprender lo que, a priori, parecía inexplicable.

Por eso y mucho más, J.J. Benítez es, por encima de etiquetas y géneros, un gran contador de historias. Solo por su capacidad para sentar a millones de personas frente a un libro y hacerles cuestionar su realidad, merece el respeto y la distinción de todos, desde el académico más estricto hasta el lector más humilde.

A menudo se olvida un dato que debería silenciar cualquier mofa: J.J. Benítez ha vendido casi diez millones de copias de sus obras. Su saga Caballo de Troya no es solo un fenómeno editorial; es una parte indisoluble de nuestra propia cultura. Ante esta cifra, cabe hacerse una pregunta incómoda: ¿Cuántos de esos críticos que se permiten el lujo de mirar por encima del hombro al bueno de Juanjo serían capaces de vender siquiera el 1% de lo que él ha logrado?

Hay que decir las cosas como son: Juan José Benítez pertenece a una estirpe de periodistas ya obsoleta, y lo digo con una profunda nostalgia. Pertenece a esa clase de reporteros de bota y barro, de los que se suben a una avioneta en mitad de los Andes o se internan en desiertos remotos pertrechados con su cuaderno de campo solo para verificar un simple testimonio. Ya no existen periodistas con ese talante, con ese carisma y, sobre todo, con esa independencia indomable.

Me apena, decía al principio, que llegue a los 80 años con ese sabor agridulce. Pero el ser humano es, muy a menudo, injusto por naturaleza. Tendemos a regatear los elogios en vida y a deshacernos en lisonjas cuando ya es demasiado tarde. Por eso, estas líneas pretenden ser un homenaje sencillo, quizá insuficiente para la magnitud de su trayectoria. El torpe y tosco tributo de un juntaletras de tres al cuarto que reconoce en Benítez a un maestro. Gracias, JJ, por las incontables horas de entretenimiento, pero sobre todo por las horas de aprendizaje.

Usted tiene mi respeto, Juan José. Ojalá que este pequeño gesto sirva para recordarle que su labor no ha sido ni está siendo en vano, y que su legado es mucho más poderoso que cualquier mala crítica.

Gracias por todo. Espero continuar disfrutándole mientras el Padre Azul nos deje.

Topé recientemente con una entrevista de Juan José Benítez, la cual me dejó cierto poso de amargura. A sus casi 80 años, el periodista navarro confesaba sentir el frío de una crítica literaria y una prensa generalista que, sistemáticamente, lo ha subestimado, cuando no directamente ridiculizado. Resulta desolador que un hombre que ha dedicado más de medio siglo al periodismo de investigación tenga esa percepción. Pero, lamentablemente y por desgracia, no me sorprende. 

Existe una corriente tradicional, casi académica, que dictamina que todo lo tocante a la ufología, lo paranormal y los grandes misterios de la historia, es una suerte de "hermano menor" de la literatura; un objeto de burla fácil para intelectuales de salón que se sienten cómodos en los límites de lo que ya está escrito en libros y legajos. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Los misterios no son anécdotas para programas de medianoche; son los cimientos que han levantado nuestra civilización. El asombro ante lo desconocido, la pregunta sobre qué hay más allá de las estrellas o qué ocurrió realmente en los márgenes de la historia oficial, es lo que ha impulsado al ser humano a investigar, a filosofar y a comprender lo que, a priori, parecía inexplicable.

Por eso y mucho más, J.J. Benítez es, por encima de etiquetas y géneros, un gran contador de historias. Solo por su capacidad para sentar a millones de personas frente a un libro y hacerles cuestionar su realidad, merece el respeto y la distinción de todos, desde el académico más estricto hasta el lector más humilde.

A menudo se olvida un dato que debería silenciar cualquier mofa: J.J. Benítez ha vendido casi diez millones de copias de sus obras. Su saga Caballo de Troya no es solo un fenómeno editorial; es una parte indisoluble de nuestra propia cultura. Ante esta cifra, cabe hacerse una pregunta incómoda: ¿Cuántos de esos críticos que se permiten el lujo de mirar por encima del hombro al bueno de Juanjo serían capaces de vender siquiera el 1% de lo que él ha logrado?

Hay que decir las cosas como son: Juan José Benítez pertenece a una estirpe de periodistas ya obsoleta, y lo digo con una profunda nostalgia. Pertenece a esa clase de reporteros de bota y barro, de los que se suben a una avioneta en mitad de los Andes o se internan en desiertos remotos pertrechados con su cuaderno de campo solo para verificar un simple testimonio. Ya no existen periodistas con ese talante, con ese carisma y, sobre todo, con esa independencia indomable.

Me apena, decía al principio, que llegue a los 80 años con ese sabor agridulce. Pero el ser humano es, muy a menudo, injusto por naturaleza. Tendemos a regatear los elogios en vida y a deshacernos en lisonjas cuando ya es demasiado tarde. Por eso, estas líneas pretenden ser un homenaje sencillo, quizá insuficiente para la magnitud de su trayectoria. El torpe y tosco tributo de un juntaletras de tres al cuarto que reconoce en Benítez a un maestro. Gracias, JJ, por las incontables horas de entretenimiento, pero sobre todo por las horas de aprendizaje.

Usted tiene mi respeto, Juan José. Ojalá que este pequeño gesto sirva para recordarle que su labor no ha sido ni está siendo en vano, y que su legado es mucho más poderoso que cualquier mala crítica.

Gracias por todo. Espero continuar disfrutándole mientras el Padre Azul nos deje.

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