Opinión

Progredumbre y licencia poética

Nunca se ha preguntado por el número de víctimas mortales de la represión de los ayatolás sobre su propio pueblo. Declarado feminista, le molesta que Israel sea el país más feminista del mundo, en todos los órdenes, para inclinarse por países en los que la mujer vale menos que una mascota y los homosexuales son colgados de grúas en plazas públicas

  • "Pacifistas que no son pacíficos".

Como nuestro progre se pasa el día dando clases, va siendo hora de que reciba una lección. Ahora vive en un ático con piscina en la zona más cara de la ciudad, pero cuando en su juventud atravesó la frontera de la República Democrática Alemana, nada más pisar el suelo comunista tan bien retratado en la película La vida de los otros, respiró a fondo y con el pecho henchido de orgullo exclamó: ¡Por fin, la libertad! Sus acompañantes le miraron con sorpresa pese a ser, como él, militantes de organizaciones juveniles de izquierda que iban de excursión a la RDA con todos los gastos pagados.

Malraux, en la inmediata posguerra, ya se sorprendía de que si todos habían luchado por igual contra los nazis, los comunistas se creyeran superiores a los socialistas y estos a los socialdemócratas y estos, a su vez, a los liberales y conservadores.

Esa mecánica tan graciosa todavía funciona con nuestro progre, que aún blasona, medio siglo después, de haber fundado una organización juvenil comunista. Al olor de los más de cien millones de muertos que ha dejado atrás esa ideología, es como presumir de haber adquirido precozmente la sífilis y además haber hecho todo lo posible por propagarla.

La ideología es la perversión de las ideas, y en el franquismo, cuando nuestro progre en su plenitud física se permitía ser jugador de rugby, tuvo la idea de marcharse de España. Un desperdicio. Había mucha tela que cortar en plena dictadura.

Eso no impide que hogaño presuma de héroe de la resistencia. Estuvo detenido en la Gavidia. Pive Amador, de su quinta, también lo estuvo pero ofrece otra visión de los hechos: Las novias venían a esperarnos a la puerta y cursábamos de héroes, me contó. Si no había libertades nos las tomábamos, me dijo Pive. Al contrario que ahora, que si no hay censuras nos las imponemos, le contesté yo.

"Lo más fácil del mundo es crear una organización fascista: lo único que hay que hacer es llamarla organización antifascista", dijo en 1933 el senador estadounidense Huey Long, quien naturalmente fue asesinado.

Albert Camus, George Orwell, Simon Weill y Antonio Escohotado son autores de extrema derecha para nuestro progre. De los actuales califica así también a Arcadi Espada, a quien además tacha de "sádico con mala leche" (sic), y a Juan Soto Ivars, a quien califica de "suavón" (?). Cuando se le menciona a Jon Juaristi, solo resopla.

Con una prosa más trabajosa que trabajada, nuestro progre suscribe la idea de Oscar Puente, el de los trenes, de que Pedro Sánchez es "el puto amo". Está convencido de que en la Sauna Adán los finales felices se reducían a masajes cervicales. Si Sánchez no respondió ni en el Congreso (silencio) ni en el Senado ("no me consta") a acusaciones directas de haber financiado su carrera política con dinero procedente de la prostitución, nuestro progre advierte a quien mencione el asunto que puede ser denunciado por injurias.

No llega a tanto cuando defiende la legitimidad de la cátedra de Begoña Gómez. Pero eso tiene más mérito porque él mismo es profesor universitario, motivo por el cual, tal vez, no piensa jubilarse. Para qué si ya estuvo un par de legislaturas o tres disfrutando de un acta de diputado progresista.

De aquel periodo tal vez su conocimiento de un supuesto Plan Ballesta del ejército español para adentrarse en África si Ceuta o Melilla son agredidas. De ese plan no hay rastro administrativo, ni histórico. Pero es que nuestro progre calificó de "bulo de la extrema derecha" las primeras noticias de violaciones de mujeres y menores tras la entrada masiva de 80.000 dizque inmigrantes en Ceuta.

Del mismo modo califica de "internacional reaccionaria" un ente que, en su magín, capitanea Israel. Nunca se ha preguntado por el número de víctimas mortales de la represión de los ayatolás sobre su propio pueblo. Declarado feminista, le molesta que Israel sea el país más feminista del mundo, en todos los órdenes, para inclinarse por países en los que la mujer vale menos que una mascota y los homosexuales son colgados de grúas en plazas públicas.

Irán debe capitanear, pues, la "internacional democrática", no en balde nuestro progre se reclama "extremo demócrata", que debe ser algo parecido al resultado de la receta del helado de vainilla asado.

Especialista en Filosofía del Derecho, está igualmente seguro de que los cientos de homenajes a asesinos etarras de los últimos meses están ajustados a Derecho.

Nuestro progre es pacifista pero no pacífico. Una condición moral que le permite, cuando alguien le lleva la contraria, hacer chistes con la procedencia geográfica de la mujer de su oponente. Él lo llama licencia poética. Cuando Pedro Sánchez dice que Cádiz limita con Almería o que Machado nació en Soria, él lo valora igualmente como licencias poéticas.

Parecido efecto al que causaron en la mente de don Quijote las novelas de caballerías, causa en nuestro progre la lectura de revistas científicas, que él sigue como quien va a misa todas las semanas con la ayuda de traductores automáticos. Es un curioso caso de abordar la ciencia desde la fe.

Como el que se cree Napoleón dándole vueltas al patio del cotolengo, se reclama "autoridad climática". El apagón que dejó cinco muertos, otra licencia poética.

Esas lecturas sumada a las relecturas de Lezama Lima y James Joyce -conociéndolo puede que sea verdad que los relee- le hace despreciar a Azorín, Baroja y Pla, en la creencia de que él mismo redacta barrocamente. La sintaxis, cualidad del alma.

Baste añadir que Fernando Simón -el de "uno o dos casos", como mucho- es uno de los científicos que él mismo pone como ejemplo de lo que ha de ser un científico.

Nuestro progre desprecia, por reaccionario, el sentido común. Cierto que el sentido común no es algo científico por más que sea una cualidad que sobrevuela toda la ciencia. Escohotado calificó de "enemigos de la realidad" a quienes hoy conforman la progredumbre. Orwell denunció la aniquilación de lo real y del sentido común. Ya se ha dicho: Otros dos fachas.

Como nuestro progre se pasa el día dando clases, va siendo hora de que reciba una lección. Ahora vive en un ático con piscina en la zona más cara de la ciudad, pero cuando en su juventud atravesó la frontera de la República Democrática Alemana, nada más pisar el suelo comunista tan bien retratado en la película La vida de los otros, respiró a fondo y con el pecho henchido de orgullo exclamó: ¡Por fin, la libertad! Sus acompañantes le miraron con sorpresa pese a ser, como él, militantes de organizaciones juveniles de izquierda que iban de excursión a la RDA con todos los gastos pagados.

Malraux, en la inmediata posguerra, ya se sorprendía de que si todos habían luchado por igual contra los nazis, los comunistas se creyeran superiores a los socialistas y estos a los socialdemócratas y estos, a su vez, a los liberales y conservadores.

Esa mecánica tan graciosa todavía funciona con nuestro progre, que aún blasona, medio siglo después, de haber fundado una organización juvenil comunista. Al olor de los más de cien millones de muertos que ha dejado atrás esa ideología, es como presumir de haber adquirido precozmente la sífilis y además haber hecho todo lo posible por propagarla.

La ideología es la perversión de las ideas, y en el franquismo, cuando nuestro progre en su plenitud física se permitía ser jugador de rugby, tuvo la idea de marcharse de España. Un desperdicio. Había mucha tela que cortar en plena dictadura.

Eso no impide que hogaño presuma de héroe de la resistencia. Estuvo detenido en la Gavidia. Pive Amador, de su quinta, también lo estuvo pero ofrece otra visión de los hechos: Las novias venían a esperarnos a la puerta y cursábamos de héroes, me contó. Si no había libertades nos las tomábamos, me dijo Pive. Al contrario que ahora, que si no hay censuras nos las imponemos, le contesté yo.

"Lo más fácil del mundo es crear una organización fascista: lo único que hay que hacer es llamarla organización antifascista", dijo en 1933 el senador estadounidense Huey Long, quien naturalmente fue asesinado.

Albert Camus, George Orwell, Simon Weill y Antonio Escohotado son autores de extrema derecha para nuestro progre. De los actuales califica así también a Arcadi Espada, a quien además tacha de "sádico con mala leche" (sic), y a Juan Soto Ivars, a quien califica de "suavón" (?). Cuando se le menciona a Jon Juaristi, solo resopla.

Con una prosa más trabajosa que trabajada, nuestro progre suscribe la idea de Oscar Puente, el de los trenes, de que Pedro Sánchez es "el puto amo". Está convencido de que en la Sauna Adán los finales felices se reducían a masajes cervicales. Si Sánchez no respondió ni en el Congreso (silencio) ni en el Senado ("no me consta") a acusaciones directas de haber financiado su carrera política con dinero procedente de la prostitución, nuestro progre advierte a quien mencione el asunto que puede ser denunciado por injurias.

No llega a tanto cuando defiende la legitimidad de la cátedra de Begoña Gómez. Pero eso tiene más mérito porque él mismo es profesor universitario, motivo por el cual, tal vez, no piensa jubilarse. Para qué si ya estuvo un par de legislaturas o tres disfrutando de un acta de diputado progresista.

De aquel periodo tal vez su conocimiento de un supuesto Plan Ballesta del ejército español para adentrarse en África si Ceuta o Melilla son agredidas. De ese plan no hay rastro administrativo, ni histórico. Pero es que nuestro progre calificó de "bulo de la extrema derecha" las primeras noticias de violaciones de mujeres y menores tras la entrada masiva de 80.000 dizque inmigrantes en Ceuta.

Del mismo modo califica de "internacional reaccionaria" un ente que, en su magín, capitanea Israel. Nunca se ha preguntado por el número de víctimas mortales de la represión de los ayatolás sobre su propio pueblo. Declarado feminista, le molesta que Israel sea el país más feminista del mundo, en todos los órdenes, para inclinarse por países en los que la mujer vale menos que una mascota y los homosexuales son colgados de grúas en plazas públicas.

Irán debe capitanear, pues, la "internacional democrática", no en balde nuestro progre se reclama "extremo demócrata", que debe ser algo parecido al resultado de la receta del helado de vainilla asado.

Especialista en Filosofía del Derecho, está igualmente seguro de que los cientos de homenajes a asesinos etarras de los últimos meses están ajustados a Derecho.

Nuestro progre es pacifista pero no pacífico. Una condición moral que le permite, cuando alguien le lleva la contraria, hacer chistes con la procedencia geográfica de la mujer de su oponente. Él lo llama licencia poética. Cuando Pedro Sánchez dice que Cádiz limita con Almería o que Machado nació en Soria, él lo valora igualmente como licencias poéticas.

Parecido efecto al que causaron en la mente de don Quijote las novelas de caballerías, causa en nuestro progre la lectura de revistas científicas, que él sigue como quien va a misa todas las semanas con la ayuda de traductores automáticos. Es un curioso caso de abordar la ciencia desde la fe.

Como el que se cree Napoleón dándole vueltas al patio del cotolengo, se reclama "autoridad climática". El apagón que dejó cinco muertos, otra licencia poética.

Esas lecturas sumada a las relecturas de Lezama Lima y James Joyce -conociéndolo puede que sea verdad que los relee- le hace despreciar a Azorín, Baroja y Pla, en la creencia de que él mismo redacta barrocamente. La sintaxis, cualidad del alma.

Baste añadir que Fernando Simón -el de "uno o dos casos", como mucho- es uno de los científicos que él mismo pone como ejemplo de lo que ha de ser un científico.

Nuestro progre desprecia, por reaccionario, el sentido común. Cierto que el sentido común no es algo científico por más que sea una cualidad que sobrevuela toda la ciencia. Escohotado calificó de "enemigos de la realidad" a quienes hoy conforman la progredumbre. Orwell denunció la aniquilación de lo real y del sentido común. Ya se ha dicho: Otros dos fachas.

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