Opinión

Otra vez

La pregunta es por qué otra vez. Aún no se sabe nada, nadie sabe nada, es demasiado pronto, pero un amigo me contaba el otro día que se había llevado dos horas parado en su AVE de vuelta de Madrid, y se quejaba de que habría llegado antes de haber cogido el autobús

  • Imágenes aéreas del accidente ferroviario de Urda, difundidas por la Guardia Civil.

Tenemos un nudo en el estómago. En las pantallas de los móviles de los compañeros que estamos en el departamento, el accidente de tren de Toledo. Cada vez más heridos y más muertos. Fallo humano, estado de las vías o ambos. En mi cabeza, Adamuz, el 11-M, mis amigos de Madrid. Mando un mensaje a cada uno preguntando aunque me da miedo saber, por si acaso. Todos están bien aunque varios tienen familiares o amigos heridos, pero nada importante por lo que parece. Importante a nivel físico, claro; emocionalmente, ya se verá.

Cuando me han contestado todos me relajo un poco más, pero dura poco porque el recuerdo de aquel 11-M, esperando noticias sobre Vanessa, que ya vivía en Madrid, aparece de nuevo. Mi amiga cogía cada mañana el tren masacrado, pero ese día no fue a trabajar. Tengo ganas de llorar al recordar esa angustia sorda.

Siguen las noticias y estamos todos pendientes, muchos de nosotros tenemos gente querida en Madrid. Una amiga en un grupo dice que su nuera iba a coger el AVE pero que no lo hizo porque su abuela está muy malita. Otro “menos mal” que inevitablemente lleva a pensar en los que están preguntando por sus familiares porque no los localizan, porque sí que viajaban en esos trenes.

La pregunta es por qué otra vez. Aún no se sabe nada, nadie sabe nada, es demasiado pronto, pero un amigo me contaba el otro día que se había llevado dos horas parado en su AVE de vuelta de Madrid, y se quejaba de que habría llegado antes de haber cogido el autobús.

Es evidente que queda tela que cortar, ha ocurrido en un momento complicado a nivel social y político. Van a llegar los reproches y el uso de la desgracia para hacer sangre, eso lo sabemos. Una oportunidad probablemente para los que quieran utilizar el dolor como arma arrojadiza, eso lo vemos venir.

Pero mientras, solo cabe estar con los afectados, arrimar el hombro y ayudar en lo que se pueda.

Otra vez.

Tenemos un nudo en el estómago. En las pantallas de los móviles de los compañeros que estamos en el departamento, el accidente de tren de Toledo. Cada vez más heridos y más muertos. Fallo humano, estado de las vías o ambos. En mi cabeza, Adamuz, el 11-M, mis amigos de Madrid. Mando un mensaje a cada uno preguntando aunque me da miedo saber, por si acaso. Todos están bien aunque varios tienen familiares o amigos heridos, pero nada importante por lo que parece. Importante a nivel físico, claro; emocionalmente, ya se verá.

Cuando me han contestado todos me relajo un poco más, pero dura poco porque el recuerdo de aquel 11-M, esperando noticias sobre Vanessa, que ya vivía en Madrid, aparece de nuevo. Mi amiga cogía cada mañana el tren masacrado, pero ese día no fue a trabajar. Tengo ganas de llorar al recordar esa angustia sorda.

Siguen las noticias y estamos todos pendientes, muchos de nosotros tenemos gente querida en Madrid. Una amiga en un grupo dice que su nuera iba a coger el AVE pero que no lo hizo porque su abuela está muy malita. Otro “menos mal” que inevitablemente lleva a pensar en los que están preguntando por sus familiares porque no los localizan, porque sí que viajaban en esos trenes.

La pregunta es por qué otra vez. Aún no se sabe nada, nadie sabe nada, es demasiado pronto, pero un amigo me contaba el otro día que se había llevado dos horas parado en su AVE de vuelta de Madrid, y se quejaba de que habría llegado antes de haber cogido el autobús.

Es evidente que queda tela que cortar, ha ocurrido en un momento complicado a nivel social y político. Van a llegar los reproches y el uso de la desgracia para hacer sangre, eso lo sabemos. Una oportunidad probablemente para los que quieran utilizar el dolor como arma arrojadiza, eso lo vemos venir.

Pero mientras, solo cabe estar con los afectados, arrimar el hombro y ayudar en lo que se pueda.

Otra vez.

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