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Jerez de la Fra acepta el 'órdago' de Vigo

La rivalidad entre ambas ciudades debido a la Navidad alcanza cotas nunca vistas debido a la decisión de la ciudad gallega de colocar expendedores de marisco (como suena) en los aparcamientos públicos

  • Los 7.000 tocinos de cielo en la plaza del Arenal, 7.000 armas para contrarrestar la ofensiva viguesa de los expendedores. -

En el Ayuntamiento de Jerez se las prometían muy felices con la llegada del... del fresco, íbamos a decir del frío, pero como que tampoco. Ese pelete que comenzó a recorrer la calle Consistorio a comienzos de semana hizo recordar a más de un concejal que en un mes está aquí la primera Zambomba, que, de hecho, había una hermandad que el sábado 14 de noviembre tiene pensado dar ya la campanada. El zambombazo.

Esa era la situación hasta que Agustín entró –más bien habría que decir que irrumpió– en el despacho de la alcaldesa Pelayo, que en ese momento revisaba con cierto desdén un montoncito de papeles, del que salieron dos o tres volando por la corriente de aire que se creó. Pelayo miró a su 'Número 2' con esa mirada que significa "ya puede ser gordo" y Agustín, por su parte, bajó unos quince grados la cabeza con un (casi) imperceptible giro a la derecha, mientras ponía ese mohín que significa "ya sabes que lo es".

–"¿Y bien?", dijo en voz alta Pelayo, decidida a poner fin a la telepatía.

–"Hummm... Vigo".

Pelayo se llevó un momento el dedo índice al ojo derecho, mientras que con la mano izquierda jugueteaba con el boli como lo hace un batería de rock sobradillo con la baqueta. Para el lector que no está al cabo de la calle, son ya varios los años en que Jerez y Vigo vienen chocando en el ideario colectivo. Primero fue por las Navidades, a ver quién da más en estas fiestas, y después fue por la sucesión al frente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), cargo que actualmente ostenta Pelayo y que, con anterioridad, durante bastantes años, los suficientes para hacerse un nombre más allá de Porriño y Baiona, fue desempeño del simpar Abel Caballero.

Con todos estos precedentes, hay que decir que las relaciones entre Jerez y Vigo, están muy deterioradas. Un grupo de jerezanos, por ejemplo, se negó el otro día a comer un plato de ostras en La Piedra acompañado con albariño, exigiendo vino de Jerez, que lo más normal allí, en caso de haberlo, es que haya comenzado a desarrollar vida por generación espontánea. Calificarlo solo como remontado es para niños de pecho. En respuesta, semanas después, un grupo de vigueses, al parecer de vacaciones en Conil, fue neutralizado por la Policía Local jerezana en la misma calle Consistorio mientras intentaba unificar la muñeira y la bulería, a la vez que exigían más cream al camarero. Así están las cosas.

Tras este inciso, meramente informativo, continuamos. Pelayo dijo un escueto "y ahora qué", a lo que Agustín carraspeó y dio un buche de una botellita de agua que había por allí. "Que han puesto máquinas de marisco en los aparcamientos", afirmó, dirigiéndose casi al cuello de su camisa.

Pelayo parpadeó varias veces, al borde de hacerse un Marujita Díaz. "¿Máquinas de qué?", espetó a su 'Número 2'.

Agustín esta vez sintió que había llegado el momento de dar más detalles: "sí, máquinas expendedoras de marisco, en los aparcamientos". "¿Pero bogavantes, carabineros?", dijo Pelayo. "Qué va, qué va, he leído en la prensa que son gambas, gambones, cosas así –afirmó Agustín–, casi más de por aquí que de por allí, si me apuras", remató.

Pelayo no daba crédito a lo que oía, pero algo había que hacer... Vigilando el flanco navideño, siempre pendiente del tamaño y la cantidad de bolas que va a desplegar Vigo, la alcaldesa de Jerez pensó que había que dar una respuesta –a ser posible a la jerezana– a esta forma viguesa de poder llevar gambas a última hora a casa. Casi más que por la Navidad, le molestó por la Capital Gastronómica 2026, de la que ya se está despidiendo Jerez. "Llama a Alfredo" (el presidente de Hostelería Jerez y flamante rey mago en ciernes), dijo, pensando todavía en cómo podía responder Jerez, todo Jerez –en 2026 eso equivale al Ayuntamiento y sus hosteleros– mientras por la cabeza se le pasaban cazoletitas de plástico llenas de carrillá, de berza, de sopa de tomate servidas calientes en los escasos quioscos de prensa que van quedando, así, al sol, nada de tapadillo como lo de los aparcamientos. "¿Quinta gama? Y sexta", se dijo Pelayo mientras notaba cómo el flow fluía otra vez en la calle Consistorio...

En el Ayuntamiento de Jerez se las prometían muy felices con la llegada del... del fresco, íbamos a decir del frío, pero como que tampoco. Ese pelete que comenzó a recorrer la calle Consistorio a comienzos de semana hizo recordar a más de un concejal que en un mes está aquí la primera Zambomba, que, de hecho, había una hermandad que el sábado 14 de noviembre tiene pensado dar ya la campanada. El zambombazo.

Esa era la situación hasta que Agustín entró –más bien habría que decir que irrumpió– en el despacho de la alcaldesa Pelayo, que en ese momento revisaba con cierto desdén un montoncito de papeles, del que salieron dos o tres volando por la corriente de aire que se creó. Pelayo miró a su 'Número 2' con esa mirada que significa "ya puede ser gordo" y Agustín, por su parte, bajó unos quince grados la cabeza con un (casi) imperceptible giro a la derecha, mientras ponía ese mohín que significa "ya sabes que lo es".

–"¿Y bien?", dijo en voz alta Pelayo, decidida a poner fin a la telepatía.

–"Hummm... Vigo".

Pelayo se llevó un momento el dedo índice al ojo derecho, mientras que con la mano izquierda jugueteaba con el boli como lo hace un batería de rock sobradillo con la baqueta. Para el lector que no está al cabo de la calle, son ya varios los años en que Jerez y Vigo vienen chocando en el ideario colectivo. Primero fue por las Navidades, a ver quién da más en estas fiestas, y después fue por la sucesión al frente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), cargo que actualmente ostenta Pelayo y que, con anterioridad, durante bastantes años, los suficientes para hacerse un nombre más allá de Porriño y Baiona, fue desempeño del simpar Abel Caballero.

Con todos estos precedentes, hay que decir que las relaciones entre Jerez y Vigo, están muy deterioradas. Un grupo de jerezanos, por ejemplo, se negó el otro día a comer un plato de ostras en La Piedra acompañado con albariño, exigiendo vino de Jerez, que lo más normal allí, en caso de haberlo, es que haya comenzado a desarrollar vida por generación espontánea. Calificarlo solo como remontado es para niños de pecho. En respuesta, semanas después, un grupo de vigueses, al parecer de vacaciones en Conil, fue neutralizado por la Policía Local jerezana en la misma calle Consistorio mientras intentaba unificar la muñeira y la bulería, a la vez que exigían más cream al camarero. Así están las cosas.

Tras este inciso, meramente informativo, continuamos. Pelayo dijo un escueto "y ahora qué", a lo que Agustín carraspeó y dio un buche de una botellita de agua que había por allí. "Que han puesto máquinas de marisco en los aparcamientos", afirmó, dirigiéndose casi al cuello de su camisa.

Pelayo parpadeó varias veces, al borde de hacerse un Marujita Díaz. "¿Máquinas de qué?", espetó a su 'Número 2'.

Agustín esta vez sintió que había llegado el momento de dar más detalles: "sí, máquinas expendedoras de marisco, en los aparcamientos". "¿Pero bogavantes, carabineros?", dijo Pelayo. "Qué va, qué va, he leído en la prensa que son gambas, gambones, cosas así –afirmó Agustín–, casi más de por aquí que de por allí, si me apuras", remató.

Pelayo no daba crédito a lo que oía, pero algo había que hacer... Vigilando el flanco navideño, siempre pendiente del tamaño y la cantidad de bolas que va a desplegar Vigo, la alcaldesa de Jerez pensó que había que dar una respuesta –a ser posible a la jerezana– a esta forma viguesa de poder llevar gambas a última hora a casa. Casi más que por la Navidad, le molestó por la Capital Gastronómica 2026, de la que ya se está despidiendo Jerez. "Llama a Alfredo" (el presidente de Hostelería Jerez y flamante rey mago en ciernes), dijo, pensando todavía en cómo podía responder Jerez, todo Jerez –en 2026 eso equivale al Ayuntamiento y sus hosteleros– mientras por la cabeza se le pasaban cazoletitas de plástico llenas de carrillá, de berza, de sopa de tomate servidas calientes en los escasos quioscos de prensa que van quedando, así, al sol, nada de tapadillo como lo de los aparcamientos. "¿Quinta gama? Y sexta", se dijo Pelayo mientras notaba cómo el flow fluía otra vez en la calle Consistorio...

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