Opinión

Escuchamos pero no juzgamos

“Lo primero es no hacer daño”. Y debería ser también lo segundo, lo tercero y así hasta lo decimoquinto. Y oye, qué bien se está cuando se está bien, solo o acompañado.

  • La importancia de escuchar y no juzgar.

Los domingos se están convirtiendo en mi día favorito: no puedes ir a comprar ni a prácticamente nada que puedas hacer entre semana o el sábado. Levantarse de la cama sin más prisa que sacar a los perros es un lujo exclusivamente dominguero, y como mis perros son muy listos, bajan su energía escatológica y duermen plácidamente roncando fuerte y lento. Todo es lento en mis domingos, sobre todo yo.

Esa lentitud a veces hace que, igual que con la ducha, el modo reflexión se active. Ese estado de duermevela previo a la abertura total de ojos, con el ruido blanco de los cánidos ronquidos y la luz entrando suave por la celosía del balcón de mi dormitorio es más que comparable a estar en una playa con agua de coco, palmeras y demás perejiles, y sin equipaje que facturar.

La inspiración llegó en forma de conversación de Whatsapp con mi pareja, al compartir con él lo absolutamente a gusto que estaba. De la obviedad de una mañana sin hacer nada por obligación para variar, aterrizamos en los pros y contras de ser una relación de las llamadas LAT (en inglés Living Apart Together; en español, cada uno en su casita y Dios en la de todos).

Como ya digo que estaba yo reflexiva no me quedé en la superficie y para su mal, porque él si tenía que poner lavadoras, me atreví a cuestionar lo que hoy en día es tan valorado por la gente de mi entorno, sobre todo por la que vive en pareja después de muchísimos años. Y es que vivir en tu casa, con tus modos y costumbres puede ser un placer, pero no es el sumun de la comodidad. No todo es levantarse pasadas las 9 de la mañana un domingo en un pueblo tranquilo del Aljarafe sevillano cuando vives en modo LAT.

Yo creo que me genera reticencias saber que este tipo de relaciones conviene a nivel económico y también social: amamos profundamente la parte que gusta, en la que los problemas, las legañas y demás miserias ya vienen limpitas de casa. Y eso está genial, de hecho tengo amigos que llevan años viviendo así y es justo lo que quieren, y desde luego no se aman menos que otros amigos que llevan casi toda la vida conviviendo. Este tema es digno de un ”Escuchamos pero no juzgamos” de manual.

En las relaciones LAT el amor fluye entre dos IBIs, dos mantenimientos de casas diferentes, dos compras de supermercado a la semana y dos de todo. El individualismo que se respira en el aire no parece serlo tanto cuando hay una relación amorosa y de vez en cuando se toman decisiones conjuntas. Sobre todo para el ocio, claro, que para eso cada uno tiene sus propias cosas desagradables que son la razón de la prosperidad de lo LAT.

Pero claro, inevitablemente somos seres sociales y la reproducción manda, así que hoy en día nos encontramos entre dos escenarios: la necesidad antropológica de relación y el individualismo fomentado por el interés económico. Una contradicción constante que interesa. Y por supuesto, y quizás esta sea la razón más importante, por una mala interpretación de la actualización de los roles masculinos y femeninos.

Como en política, es más fácil y sale más a cuenta buscar enemigos al otro lado que llegar a pactos basados en el bien común. Yo no creo, como he escuchado tantas veces, que la incorporación de la mujer al mercado laboral ha sido una tomadura de pelo; lo que ha sido una verdadera estafa es la poca predisposición a tender puentes para que la igualdad sea real y efectiva, evitando un enfrentamiento que, en muchos casos, sea la razón que justifique la sabia expresión popular “Más vale solo que mal acompañado”.

Dicho y escrito esto, vuelvo a referirme a lo de escuchar y no juzgar; y al “Primum non nocere” latino, que se traduce como “Lo primero es no hacer daño”. Y debería ser también lo segundo, lo tercero y así hasta lo décimo quinto. Y oye, qué bien se está cuando se está bien, solo o acompañado.

Los domingos se están convirtiendo en mi día favorito: no puedes ir a comprar ni a prácticamente nada que puedas hacer entre semana o el sábado. Levantarse de la cama sin más prisa que sacar a los perros es un lujo exclusivamente dominguero, y como mis perros son muy listos, bajan su energía escatológica y duermen plácidamente roncando fuerte y lento. Todo es lento en mis domingos, sobre todo yo.

Esa lentitud a veces hace que, igual que con la ducha, el modo reflexión se active. Ese estado de duermevela previo a la abertura total de ojos, con el ruido blanco de los cánidos ronquidos y la luz entrando suave por la celosía del balcón de mi dormitorio es más que comparable a estar en una playa con agua de coco, palmeras y demás perejiles, y sin equipaje que facturar.

La inspiración llegó en forma de conversación de Whatsapp con mi pareja, al compartir con él lo absolutamente a gusto que estaba. De la obviedad de una mañana sin hacer nada por obligación para variar, aterrizamos en los pros y contras de ser una relación de las llamadas LAT (en inglés Living Apart Together; en español, cada uno en su casita y Dios en la de todos).

Como ya digo que estaba yo reflexiva no me quedé en la superficie y para su mal, porque él si tenía que poner lavadoras, me atreví a cuestionar lo que hoy en día es tan valorado por la gente de mi entorno, sobre todo por la que vive en pareja después de muchísimos años. Y es que vivir en tu casa, con tus modos y costumbres puede ser un placer, pero no es el sumun de la comodidad. No todo es levantarse pasadas las 9 de la mañana un domingo en un pueblo tranquilo del Aljarafe sevillano cuando vives en modo LAT.

Yo creo que me genera reticencias saber que este tipo de relaciones conviene a nivel económico y también social: amamos profundamente la parte que gusta, en la que los problemas, las legañas y demás miserias ya vienen limpitas de casa. Y eso está genial, de hecho tengo amigos que llevan años viviendo así y es justo lo que quieren, y desde luego no se aman menos que otros amigos que llevan casi toda la vida conviviendo. Este tema es digno de un ”Escuchamos pero no juzgamos” de manual.

En las relaciones LAT el amor fluye entre dos IBIs, dos mantenimientos de casas diferentes, dos compras de supermercado a la semana y dos de todo. El individualismo que se respira en el aire no parece serlo tanto cuando hay una relación amorosa y de vez en cuando se toman decisiones conjuntas. Sobre todo para el ocio, claro, que para eso cada uno tiene sus propias cosas desagradables que son la razón de la prosperidad de lo LAT.

Pero claro, inevitablemente somos seres sociales y la reproducción manda, así que hoy en día nos encontramos entre dos escenarios: la necesidad antropológica de relación y el individualismo fomentado por el interés económico. Una contradicción constante que interesa. Y por supuesto, y quizás esta sea la razón más importante, por una mala interpretación de la actualización de los roles masculinos y femeninos.

Como en política, es más fácil y sale más a cuenta buscar enemigos al otro lado que llegar a pactos basados en el bien común. Yo no creo, como he escuchado tantas veces, que la incorporación de la mujer al mercado laboral ha sido una tomadura de pelo; lo que ha sido una verdadera estafa es la poca predisposición a tender puentes para que la igualdad sea real y efectiva, evitando un enfrentamiento que, en muchos casos, sea la razón que justifique la sabia expresión popular “Más vale solo que mal acompañado”.

Dicho y escrito esto, vuelvo a referirme a lo de escuchar y no juzgar; y al “Primum non nocere” latino, que se traduce como “Lo primero es no hacer daño”. Y debería ser también lo segundo, lo tercero y así hasta lo décimo quinto. Y oye, qué bien se está cuando se está bien, solo o acompañado.

Comentarios