Anda el presidente Moreno Bonilla queriendo asustar al cuerpo electoral andaluz con el estribillo de “yo o el lio”. De tanto insistir en esa disyuntiva está ocurriendo que una parte del electorado se incline cada vez más por el lio porque lo que la gente normal no soporta es que un político en campaña los tome por tonto.
Y son muchas las razones para pensar que el lio es una buena opción, por ejemplo, si nos atenemos a los cuatro años últimos en los que Moreno Bonilla ha gozado de una sólida mayoría absoluta resulta descorazonador observar como el gobierno andaluz ha perdido una ocasión de oro para resolver los graves problemas que padece la ciudadanía andaluza. Para cualquier ser humano y para los andaluces también la prioridad vital de su existencia no es la prioridad nacional de la doctrina ultraderechista asumida por el Partido Popular en Extremadura y Aragón sino la propia salud.
Y a las pruebas me remito la salud de los andaluces y andaluzas se ha deteriorado de manera notable a lo largo de estos cuatro años de gobierno del Partido Popular, un deterioro del que la punta del iceberg ha sido la crisis de los cribados de cáncer de mama pero que una rápida mirada a las salas de urgencias de nuestros hospitales o a las estadísticas de las listas de esperas de las especialidades médicas o quirúrgicas vienen a confirmar con total rotundidad.
Esto sí que es un lio del que Moreno Bonilla y sus tres consejeros y consejeras de Sanidad de la legislatura no han sabido sacar a la población andaluza. Como ese otro lío de la aplicación de la ley de la dependencia que más que lio es un auténtico esperpento en el que miles de personas fallecen sin que se la hayan concedido tras una larga espera y para desesperación de sus familiares impedidos de llevar cabo su desarrollo vital con normalidad. Es esta otra asignatura pendiente del presidente Bonilla y su mayoría absoluta. Y también en el mismo ámbito convendría reconocer el calvario de aquellos andaluces y andaluzas que precisan del reconocimiento de una discapacidad y cuyo periodo de espera supera ya los dos años y medio.
Por estas y otras muchas razones conviene que el presidente Moreno Bonilla no ponga al electorado a andaluz en la tesitura de elegir entre él o el lio porque lo que el cuerpo pide es inclinarse por el lio a la vista de donde nos ha llevado la mayoría absoluta de estos cuatro años.
Y resulta totalmente frívolo y deshonesto hacernos creer que si no le votamos, el mundo tal como lo conocemos, oposiciones, subvenciones a sectores en crisis, ayudas para la recuperación de infraestructuras y otras tantas cosas que son derechos ciudadanos dejaran de existir. Nada más vil que este chantaje subliminal al que pretende someternos Moreno Bonilla que con actitudes como estas no solo desprecia la inteligencia del electorado andaluz,
sino que además muestra un nivel de endiosamiento impropio de un dirigente democrático que todavía no se ha enterado que a la política se viene a arreglar líos y además se viene llorado.
Anda el presidente Moreno Bonilla queriendo asustar al cuerpo electoral andaluz con el estribillo de “yo o el lio”. De tanto insistir en esa disyuntiva está ocurriendo que una parte del electorado se incline cada vez más por el lio porque lo que la gente normal no soporta es que un político en campaña los tome por tonto.
Y son muchas las razones para pensar que el lio es una buena opción, por ejemplo, si nos atenemos a los cuatro años últimos en los que Moreno Bonilla ha gozado de una sólida mayoría absoluta resulta descorazonador observar como el gobierno andaluz ha perdido una ocasión de oro para resolver los graves problemas que padece la ciudadanía andaluza. Para cualquier ser humano y para los andaluces también la prioridad vital de su existencia no es la prioridad nacional de la doctrina ultraderechista asumida por el Partido Popular en Extremadura y Aragón sino la propia salud.
Y a las pruebas me remito la salud de los andaluces y andaluzas se ha deteriorado de manera notable a lo largo de estos cuatro años de gobierno del Partido Popular, un deterioro del que la punta del iceberg ha sido la crisis de los cribados de cáncer de mama pero que una rápida mirada a las salas de urgencias de nuestros hospitales o a las estadísticas de las listas de esperas de las especialidades médicas o quirúrgicas vienen a confirmar con total rotundidad.
Esto sí que es un lio del que Moreno Bonilla y sus tres consejeros y consejeras de Sanidad de la legislatura no han sabido sacar a la población andaluza. Como ese otro lío de la aplicación de la ley de la dependencia que más que lio es un auténtico esperpento en el que miles de personas fallecen sin que se la hayan concedido tras una larga espera y para desesperación de sus familiares impedidos de llevar cabo su desarrollo vital con normalidad. Es esta otra asignatura pendiente del presidente Bonilla y su mayoría absoluta. Y también en el mismo ámbito convendría reconocer el calvario de aquellos andaluces y andaluzas que precisan del reconocimiento de una discapacidad y cuyo periodo de espera supera ya los dos años y medio.
Por estas y otras muchas razones conviene que el presidente Moreno Bonilla no ponga al electorado a andaluz en la tesitura de elegir entre él o el lio porque lo que el cuerpo pide es inclinarse por el lio a la vista de donde nos ha llevado la mayoría absoluta de estos cuatro años.
Y resulta totalmente frívolo y deshonesto hacernos creer que si no le votamos, el mundo tal como lo conocemos, oposiciones, subvenciones a sectores en crisis, ayudas para la recuperación de infraestructuras y otras tantas cosas que son derechos ciudadanos dejaran de existir. Nada más vil que este chantaje subliminal al que pretende someternos Moreno Bonilla que con actitudes como estas no solo desprecia la inteligencia del electorado andaluz,
sino que además muestra un nivel de endiosamiento impropio de un dirigente democrático que todavía no se ha enterado que a la política se viene a arreglar líos y además se viene llorado.
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