Ha trascendido a la opinión pública en los últimos días, gracias a una denuncia del sindicato UGT, que en el hospital de la capital gaditana los roedores han demostrado que las listas de espera no va con ellos y campan a sus anchas por el recinto de Medicina Nuclear, que ha tenido que cerrar con el perjuicio que eso supone para los pacientes que esperan a ser diagnosticados, e incluso la más atrevida ha comenzado un tour por algunas habitaciones de la tercera planta bastante alejadas de la planta baja, casi semisótano, en el que se encuentran las dependencias de diagnostico que han sido clausuradas.
Si no fuese por la gravedad de lo que viene ocurriendo con las ratas del Puerta del Mar uno podría tomárselo a risa que es precisamente la reacción que provoca las manifestaciones del máximo responsable de la Sanidad pública andaluza, el vicepresidente y chico para todo Antonio Sanz, que ni corto ni perezoso y tras los reiterados avistamientos de roedores en la citada instalación hospitalaria no se le ha ocurrido otra cosa que decir que son puntuales y que lo único que pretenden las ratas es ocultar su enésimo e increíble anuncio sobre la construcción del nuevo hospital.
Que la presencia de ratas en el hospital no es un hecho puntual sino reiterado desde hace meses es fácil de comprobar atendiendo a las sucesivas denuncias sindicales cosa que el vicepresidente ha venido ignorando sumido como estaba en otras gestas de gobierno. Pero lo que roza el ridículo es atribuir a las ratas la intención de sabotear su penúltimo anuncio sobre la futura, casi eterna, construcción del nuevo hospital a menos que él tenga contrastado que los roedores son agentes encubiertos del sanchismo gobernante en nuestro país.
Y el carrusel de esperpentos que el Partido Popular pone en marcha cada mañana ha hecho también esta semana su parada obligada en la carrera de San Jerónimo sede del Congreso de los Diputados. A poco de comenzar la sesión de control, con la ausencia de Sánchez por sus compromisos en la ONU, llegaba el turno de Ana Vázquez, una vieja conocida de quien esto escribe por cuanto coincidimos en la legislatura que comenzaba a finales de 2011, y que por lo visto ese día y también en otras ocasiones en que he podido verla actuar no ha cambiado un ápice su concepto grotesco y bárbaro de la actividad parlamentaria.
La eterna portavoz de Interior de los populares, a quien muchos de ellos a tenor del incidente que provocó hacían todo los posible por hacernos creer que era inspectora de policía como argumento de autoridad, la lio parda cuando en su perfomance sobre Ceuta sacó a relucir un spray de pimienta que tiene la consideración legal de arma y de acuerdo con el Reglamento del Congreso está terminantemente prohibido introducir en el hemiciclo, hecho este que provocó su expulsión de tan noble lugar a pesar de que afirmaba que el spray estaba vacío, cuestión esta que se ha comprobado de todo punto una tremenda falsedad y cuyo encubrimiento estuvo a punto de provocar un incidente diplomático con Mauritania, cuyos parlamentarios de visita en el Congreso se vieron n afectados por el gas al igual que trabajadores de la cafetería y algunas otras personas, y que provocó que la policía tuviera que a acordonar varias zonas del anexo por los que el gas pimienta de la diputada se había extendido.
Lo realmente ridículo, más allá de la gravedad del derrame del gas pimienta y sus consecuencias sobre la salud de las personas afectadas, es la atribución de la condición de inspectora de policía a quien sólo aprobó las pruebas de ingreso en la Academia y de ahí no pasó. Su relación más conocida con los cuerpos de seguridad es la expulsión a instancia suya y de su marido del comandante de puesto de la Guardia Civil del municipio del que ella fue brevemente alcaldesa y cuyo puesto heredó su marido en tiempos del gobierno de Rajoy y simplemente porque el sargento había denunciado reiteradamente a la señora Vázquez por aparcar donde le daba la gana y negarse a identificarse.
Del desahucio de Maricarmen y la postura vergonzante de Ayuso hablamos la semana próxima una vez se apruebe el decreto anti desahucio que se ha convertido en el decreto de la vergüenza.
Ha trascendido a la opinión pública en los últimos días, gracias a una denuncia del sindicato UGT, que en el hospital de la capital gaditana los roedores han demostrado que las listas de espera no va con ellos y campan a sus anchas por el recinto de Medicina Nuclear, que ha tenido que cerrar con el perjuicio que eso supone para los pacientes que esperan a ser diagnosticados, e incluso la más atrevida ha comenzado un tour por algunas habitaciones de la tercera planta bastante alejadas de la planta baja, casi semisótano, en el que se encuentran las dependencias de diagnostico que han sido clausuradas.
Si no fuese por la gravedad de lo que viene ocurriendo con las ratas del Puerta del Mar uno podría tomárselo a risa que es precisamente la reacción que provoca las manifestaciones del máximo responsable de la Sanidad pública andaluza, el vicepresidente y chico para todo Antonio Sanz, que ni corto ni perezoso y tras los reiterados avistamientos de roedores en la citada instalación hospitalaria no se le ha ocurrido otra cosa que decir que son puntuales y que lo único que pretenden las ratas es ocultar su enésimo e increíble anuncio sobre la construcción del nuevo hospital.
Que la presencia de ratas en el hospital no es un hecho puntual sino reiterado desde hace meses es fácil de comprobar atendiendo a las sucesivas denuncias sindicales cosa que el vicepresidente ha venido ignorando sumido como estaba en otras gestas de gobierno. Pero lo que roza el ridículo es atribuir a las ratas la intención de sabotear su penúltimo anuncio sobre la futura, casi eterna, construcción del nuevo hospital a menos que él tenga contrastado que los roedores son agentes encubiertos del sanchismo gobernante en nuestro país.
Y el carrusel de esperpentos que el Partido Popular pone en marcha cada mañana ha hecho también esta semana su parada obligada en la carrera de San Jerónimo sede del Congreso de los Diputados. A poco de comenzar la sesión de control, con la ausencia de Sánchez por sus compromisos en la ONU, llegaba el turno de Ana Vázquez, una vieja conocida de quien esto escribe por cuanto coincidimos en la legislatura que comenzaba a finales de 2011, y que por lo visto ese día y también en otras ocasiones en que he podido verla actuar no ha cambiado un ápice su concepto grotesco y bárbaro de la actividad parlamentaria.
La eterna portavoz de Interior de los populares, a quien muchos de ellos a tenor del incidente que provocó hacían todo los posible por hacernos creer que era inspectora de policía como argumento de autoridad, la lio parda cuando en su perfomance sobre Ceuta sacó a relucir un spray de pimienta que tiene la consideración legal de arma y de acuerdo con el Reglamento del Congreso está terminantemente prohibido introducir en el hemiciclo, hecho este que provocó su expulsión de tan noble lugar a pesar de que afirmaba que el spray estaba vacío, cuestión esta que se ha comprobado de todo punto una tremenda falsedad y cuyo encubrimiento estuvo a punto de provocar un incidente diplomático con Mauritania, cuyos parlamentarios de visita en el Congreso se vieron n afectados por el gas al igual que trabajadores de la cafetería y algunas otras personas, y que provocó que la policía tuviera que a acordonar varias zonas del anexo por los que el gas pimienta de la diputada se había extendido.
Lo realmente ridículo, más allá de la gravedad del derrame del gas pimienta y sus consecuencias sobre la salud de las personas afectadas, es la atribución de la condición de inspectora de policía a quien sólo aprobó las pruebas de ingreso en la Academia y de ahí no pasó. Su relación más conocida con los cuerpos de seguridad es la expulsión a instancia suya y de su marido del comandante de puesto de la Guardia Civil del municipio del que ella fue brevemente alcaldesa y cuyo puesto heredó su marido en tiempos del gobierno de Rajoy y simplemente porque el sargento había denunciado reiteradamente a la señora Vázquez por aparcar donde le daba la gana y negarse a identificarse.
Del desahucio de Maricarmen y la postura vergonzante de Ayuso hablamos la semana próxima una vez se apruebe el decreto anti desahucio que se ha convertido en el decreto de la vergüenza.
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