Nuestros juicios , pueden herir y destruir a una persona. Tienen el poder de edificar o de destruir.
Hay sectores de la población e individuos que proyectan sus inseguridades , su baja autoestima o envidia al juzgar. Buscan en el que juzgan o en lo que juzgan, una perfección que no poseen ellos mismos. La amargura, el resentimiento y el estrés suelen acompañar a estas personas o grupos.
Cuando juzgamos por lo tanto, no debemos hacerlo de una manera frívola. Por eso es muy importante que nos acerquemos a este tema con un corazón humilde y una mente abierta, porque los seres humanos , tanto los creyentes “dispuestos a ser moldeados por la verdad de Dios”, como los aconfesionales o no creyentes, porque así evitamos no solo el hacer daño, sino también el sufrimiento personal, pues ante la rapidez de juicio podemos equivocarnos.
Juzgar a otros de manera constante deteriora las relaciones interpersonales y aleja a las personas.
Ocurre incluso cuando nos dejamos llevar por la ira o el ego al juzgar, este hecho puede ocasionarnos daño y sufrimiento, tanto física como emocionalmente.
Podrán decir que es solo mi opinión lo que aquí estoy escribiendo por mi condición de cristiana Evangélica, y si, “la palabra de Dios escrita en los Evangelios”, nos da una guía clara sobre cómo debemos juzgar. Pero no me reafirmo solo en esto, hay estudios de psicólogos como los de Adam Grant , basados en experiencias de su profesión, y en su estudio , incluso desde el punto de vista salubre, sobre el juzgar precipitadamente a las personas, sesgo de confirmación, lo define en su libro publicado en 2021 Piénsalo otra vez.
El prestigioso Premio Nobel de Economía y psicólogo, Daniel Kahneman autor del libro, Pensar rápido, pensar despacio valora el juicio de la misma manera, y el no menos brillante psicólogo español Pablo Emilio Gutiérrez , declarando sobre la responsabilidad y los errores al respecto, define : Hacernos responsables , no es solo decir que hemos hecho algo mal , es corregirlo para que no vuelva a pasar.
En resumen, la psicología moderna invita a transformar el hábito de juzgar en un ejercicio de introspección para fomentar el crecimiento personal y mejorar la salud mental.
Jesús se dirigía a personas que se apresuraban a juzgar basándose en tradiciones y reglas externas, sin realmente comprender el corazón de las enseñanzas de Dios.
¿No nos encontramos a veces en situaciones similares?
Es la llamada política del fango, es la sistemática manera de juzgar y condenar escarbando en la vida de los demás, o en los asuntos personales o públicos , sin previo estudio ni seguridad. Nos dejamos llevar por chismes, juzgamos sin certeza y nos atrevemos a comentarlo y divulgarlo , sin además no tener en cuenta algunas reglas .
-Que toda acción tiene efecto boomerang.
-Que debemos juzgar nuestros propios defectos (saquemos la viga de nuestro ojo) antes de criticar las faltas ajenas de los demás (la paja del ojo ajeno) Mateo 7:1-6-.
-Que no debemos dejarlo para “más tarde”, debemos corregir de una vez por todas o “sanar” desde el punto de vista tanto físico como espiritual.
¡No sabemos cuando nuestro tiempo acabará!.
Si trasladamos el como juzgar al ámbito jurídico La Constitución Española proclama en su artículo 24.2 , que “todos tienen derecho a la presunción de inocencia”.
Consiste en el derecho de toda persona acusada de la comisión de un delito, a ser considerada como inocente en tanto no se establezca legalmente su culpabilidad a través de una sentencia firme.
Sin embargo, sí ha variado su percepción social y su aplicación práctica debido a diversos factores modernos, generando tensiones entre su definición jurídica y su realidad sociológica.
La presunción de inocencia es el derecho a que la duda juegue a tu favor, no en tu contra.
Este derecho también es recogido por tratados internacionales como el artículo 6.2 del Convenio Europeo de Derechos Humanos.
Como tal derecho fundamental, este debe emplearse como un pilar básico inspirador de las reglas de juicio y de las reglas de tratamiento por parte de autoridades públicas, por los medios de comunicación y particulares.
Es la barrera que separa la justicia de la venganza.
No debemos basarnos solo en lo que vemos y en la observación superficial, solemos juzgar movidos por las apariencias , emitiendo juicios con poca información.
Cada persona y cada situación merece un conocimiento profundo antes de ser juzgada, tanto a nivel judicial como a nivel personal .
Sin conocer a una persona, tan solo juzgándola por su aspecto o movidos por el ego o la envidia, puede traer destrucción.
Es mi conciencia y experiencia de vida al ser larga ya, la que me impulsa a intentar tanto a mi misma como al resto de seres que habitamos este mundo, a reflexionar sobre ello de forma muy seria, para evitar que nos destruya, y que arrase con todo.
Quiero hacer constar que basada en la realidad de los hechos que a diario nos rodean tanto a nivel personal como a nivel social, no estoy emitiendo juicio contra nadie en concreto ni contra ningún sector en particular.
Resumiendo:
Sesgo de confirmación +Efecto boomerang+Presunción de inocencia =Combo Ganador.
Debemos vernos a nosotros mismos y a los demás con todas nuestras imperfecciones y todos nuestros talentos, aceptándonos y aceptando al otro, de una manera incondicional. Buscando la puerta , que nos lleva al igual y a nosotros mismos hacia la sanación .
Si llegáramos a eso, los graves problemas de violencia que estamos viviendo como humanidad se disiparían .
Son el reflejo de esa sombra que todos llevamos dentro, desprovista de amor y gratitud. Entonces terminaría la envidia, la competencia y la lucha de poderes, así como todas las enfermedades, delitos y excesos provocados por ellos; tendríamos paz.
Ese es el camino que nos lleva de regreso al Paraíso.
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” Juan 14:6
Nuestros juicios , pueden herir y destruir a una persona. Tienen el poder de edificar o de destruir.
Hay sectores de la población e individuos que proyectan sus inseguridades , su baja autoestima o envidia al juzgar. Buscan en el que juzgan o en lo que juzgan, una perfección que no poseen ellos mismos. La amargura, el resentimiento y el estrés suelen acompañar a estas personas o grupos.
Cuando juzgamos por lo tanto, no debemos hacerlo de una manera frívola. Por eso es muy importante que nos acerquemos a este tema con un corazón humilde y una mente abierta, porque los seres humanos , tanto los creyentes “dispuestos a ser moldeados por la verdad de Dios”, como los aconfesionales o no creyentes, porque así evitamos no solo el hacer daño, sino también el sufrimiento personal, pues ante la rapidez de juicio podemos equivocarnos.
Juzgar a otros de manera constante deteriora las relaciones interpersonales y aleja a las personas.
Ocurre incluso cuando nos dejamos llevar por la ira o el ego al juzgar, este hecho puede ocasionarnos daño y sufrimiento, tanto física como emocionalmente.
Podrán decir que es solo mi opinión lo que aquí estoy escribiendo por mi condición de cristiana Evangélica, y si, “la palabra de Dios escrita en los Evangelios”, nos da una guía clara sobre cómo debemos juzgar. Pero no me reafirmo solo en esto, hay estudios de psicólogos como los de Adam Grant , basados en experiencias de su profesión, y en su estudio , incluso desde el punto de vista salubre, sobre el juzgar precipitadamente a las personas, sesgo de confirmación, lo define en su libro publicado en 2021 Piénsalo otra vez.
El prestigioso Premio Nobel de Economía y psicólogo, Daniel Kahneman autor del libro, Pensar rápido, pensar despacio valora el juicio de la misma manera, y el no menos brillante psicólogo español Pablo Emilio Gutiérrez , declarando sobre la responsabilidad y los errores al respecto, define : Hacernos responsables , no es solo decir que hemos hecho algo mal , es corregirlo para que no vuelva a pasar.
En resumen, la psicología moderna invita a transformar el hábito de juzgar en un ejercicio de introspección para fomentar el crecimiento personal y mejorar la salud mental.
Jesús se dirigía a personas que se apresuraban a juzgar basándose en tradiciones y reglas externas, sin realmente comprender el corazón de las enseñanzas de Dios.
¿No nos encontramos a veces en situaciones similares?
Es la llamada política del fango, es la sistemática manera de juzgar y condenar escarbando en la vida de los demás, o en los asuntos personales o públicos , sin previo estudio ni seguridad. Nos dejamos llevar por chismes, juzgamos sin certeza y nos atrevemos a comentarlo y divulgarlo , sin además no tener en cuenta algunas reglas .
-Que toda acción tiene efecto boomerang.
-Que debemos juzgar nuestros propios defectos (saquemos la viga de nuestro ojo) antes de criticar las faltas ajenas de los demás (la paja del ojo ajeno) Mateo 7:1-6-.
-Que no debemos dejarlo para “más tarde”, debemos corregir de una vez por todas o “sanar” desde el punto de vista tanto físico como espiritual.
¡No sabemos cuando nuestro tiempo acabará!.
Si trasladamos el como juzgar al ámbito jurídico La Constitución Española proclama en su artículo 24.2 , que “todos tienen derecho a la presunción de inocencia”.
Consiste en el derecho de toda persona acusada de la comisión de un delito, a ser considerada como inocente en tanto no se establezca legalmente su culpabilidad a través de una sentencia firme.
Sin embargo, sí ha variado su percepción social y su aplicación práctica debido a diversos factores modernos, generando tensiones entre su definición jurídica y su realidad sociológica.
La presunción de inocencia es el derecho a que la duda juegue a tu favor, no en tu contra.
Este derecho también es recogido por tratados internacionales como el artículo 6.2 del Convenio Europeo de Derechos Humanos.
Como tal derecho fundamental, este debe emplearse como un pilar básico inspirador de las reglas de juicio y de las reglas de tratamiento por parte de autoridades públicas, por los medios de comunicación y particulares.
Es la barrera que separa la justicia de la venganza.
No debemos basarnos solo en lo que vemos y en la observación superficial, solemos juzgar movidos por las apariencias , emitiendo juicios con poca información.
Cada persona y cada situación merece un conocimiento profundo antes de ser juzgada, tanto a nivel judicial como a nivel personal .
Sin conocer a una persona, tan solo juzgándola por su aspecto o movidos por el ego o la envidia, puede traer destrucción.
Es mi conciencia y experiencia de vida al ser larga ya, la que me impulsa a intentar tanto a mi misma como al resto de seres que habitamos este mundo, a reflexionar sobre ello de forma muy seria, para evitar que nos destruya, y que arrase con todo.
Quiero hacer constar que basada en la realidad de los hechos que a diario nos rodean tanto a nivel personal como a nivel social, no estoy emitiendo juicio contra nadie en concreto ni contra ningún sector en particular.
Resumiendo:
Sesgo de confirmación +Efecto boomerang+Presunción de inocencia =Combo Ganador.
Debemos vernos a nosotros mismos y a los demás con todas nuestras imperfecciones y todos nuestros talentos, aceptándonos y aceptando al otro, de una manera incondicional. Buscando la puerta , que nos lleva al igual y a nosotros mismos hacia la sanación .
Si llegáramos a eso, los graves problemas de violencia que estamos viviendo como humanidad se disiparían .
Son el reflejo de esa sombra que todos llevamos dentro, desprovista de amor y gratitud. Entonces terminaría la envidia, la competencia y la lucha de poderes, así como todas las enfermedades, delitos y excesos provocados por ellos; tendríamos paz.
Ese es el camino que nos lleva de regreso al Paraíso.
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” Juan 14:6
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