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Opinión

Albero

  • Ana Maria Bohórquez Escribano y Álvaro Domecq Romero, con la Feria al fondo.

El albero es el producto de naturaleza caliza, que le da consistencia y durabilidad al real de nuestra Feria del Caballo, en su incomparable marco del parque González Hontoria.

Su color de oro fino, llena de reflejos y estampas únicas al pasear caballos cartujanos por su albero.

Reflejos de jinetes con caballos enjaezados a la más fiel tradición jerezana que en su grupa les acompañan guapas mujeres vestidas de faralaes, dando color incomparable a la mejor Feria del mundo.

Reflejos de coches de caballos, que trotan por su albero, a la voz y el mando de sus cocheros, algunos enseñados por Paula, el Chorla o Pepe Mata, que ya disfrutan de ese albero celestial.

Desde este año ese reflejo brillará aún más, bajo la sombra de un sombrero de ala ancha jerezano, dos miradas iluminan ese albero jerezano, en el mismo que ellos sintieron su pasión y su vida, entregando todo su corazón por el caballo jerezano ellos están ausentes, pero no muertos, porque ellos seguirán siempre en nuestro albero, las personas no mueren, se ausentan y siempre las llevamos en nuestro corazón.

El poderío con riendas firmes en sus manos ya desde el albero del cielo ha llegado, se siente un coche de caballos, en el pescante una señora, Ana Maria Bohórquez Escribano, las riendas lleva de esos caballos, por el albero del cielo.

Ese Albero celestial, brilla con un reflejo especial cuando Álvaro Domecq Romero, entra a caballo por su puerta principal, el señorío a caballo el albero ha revolucionado con su paso español y piafé, el albero ha iluminado. Y al reflejo del compás de unas bulerías Alvarito, con su caballo las está bailando.

En el albero del cielo, copas de la Janda y Alburejo, Ana Maria y Alvarito alzan, el refejo de ese brindis, dan color a esos caballos jerezanos que por su albero, bailan, bailan, bailan en la Feria del Caballo.

El albero es el producto de naturaleza caliza, que le da consistencia y durabilidad al real de nuestra Feria del Caballo, en su incomparable marco del parque González Hontoria.

Su color de oro fino, llena de reflejos y estampas únicas al pasear caballos cartujanos por su albero.

Reflejos de jinetes con caballos enjaezados a la más fiel tradición jerezana que en su grupa les acompañan guapas mujeres vestidas de faralaes, dando color incomparable a la mejor Feria del mundo.

Reflejos de coches de caballos, que trotan por su albero, a la voz y el mando de sus cocheros, algunos enseñados por Paula, el Chorla o Pepe Mata, que ya disfrutan de ese albero celestial.

Desde este año ese reflejo brillará aún más, bajo la sombra de un sombrero de ala ancha jerezano, dos miradas iluminan ese albero jerezano, en el mismo que ellos sintieron su pasión y su vida, entregando todo su corazón por el caballo jerezano ellos están ausentes, pero no muertos, porque ellos seguirán siempre en nuestro albero, las personas no mueren, se ausentan y siempre las llevamos en nuestro corazón.

El poderío con riendas firmes en sus manos ya desde el albero del cielo ha llegado, se siente un coche de caballos, en el pescante una señora, Ana Maria Bohórquez Escribano, las riendas lleva de esos caballos, por el albero del cielo.

Ese Albero celestial, brilla con un reflejo especial cuando Álvaro Domecq Romero, entra a caballo por su puerta principal, el señorío a caballo el albero ha revolucionado con su paso español y piafé, el albero ha iluminado. Y al reflejo del compás de unas bulerías Alvarito, con su caballo las está bailando.

En el albero del cielo, copas de la Janda y Alburejo, Ana Maria y Alvarito alzan, el refejo de ese brindis, dan color a esos caballos jerezanos que por su albero, bailan, bailan, bailan en la Feria del Caballo.

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