Jerez

“A mi hija la violaron con 8 y 11 años”

Una madre cuenta los episodios de agresión sexual que ha vivido su pequeña a manos de un vecino y de un profesor de equitación: "He tenido que mandar a mi niña, que es la víctima, fuera de la ciudad"

“Mamá, quiero denunciar”, fueron las palabras de Violeta —nombre ficticio para proteger a la víctima— que dejaron helada a su madre. Su hija, que por aquel entonces tenía tan solo 10 años, dio el paso de contarle los episodios de abusos sexuales que había sufrido a los 8, por parte de un vecino. “Noté que mi hija cambió, empezó a ser muy desordenada, y de sacar sobresalientes comenzó a suspender. Yo lo achacaba a que había empezado una nueva relación sentimental, que era la adaptación de mi niña de ser hija única a comenzar a convivir con otros tres niños, los hijos de quien entonces era mi pareja”, relata la madre. Pero en 2015, fue una de sus hermanastras la que le dijo a Violeta que debía contárselo a su mamá.

“A mi hija la violaron con 8 y 11 años”. Así de cruda es la realidad que han vivido una madre y su hija que han abierto cauces judiciales contra dos hombres que hoy se encuentran en libertad. Uno de ellos, el que presuntamente abusó sexualmente de Violeta mientras este le daba clases de equitación, también tiene una orden de alejamiento de 500 metros de la menor. No obstante, su madre asegura que el presunto acosador de su hija seguía rondando por su centro escolar, por lo que no tuvo más remedio que cambiarla de instituto y mandarla a Madrid, junto a su abuela. “Han sido tantas cosas, tantas injusticias, me he sentido tan desamparada…Te das cuenta de que estás sola…”, se sincera la mamá de Violeta, que desea con vehemencia que los juicios se celebren cuanto antes —el primero de ellos comenzará el próximo 22 de noviembre en la sección octava de la Audiencia Provincial de Cádiz—para que todo termine, “aunque mi hija ha quedado marcada para toda la vida”.

Según su madre, en 2012 Violeta se estuvo quedando a dormir en casa de un vecino de confianza de la familia, junto a su hermanastra. “¿Mami, tú te acuerdas del militar?, me preguntó, y me lo contó todo. Y me dijo que ocurrió más de una vez. Este hombre la cogía dormida y se la acercaba para hacerle tocamientos por sus… —Silencio—. Recuerdo cómo ese sinvergüenza, al día siguiente, me decía que habían estado viendo películas de dibujitos”. Sin embargo, la menor manifestó lo que había sufrido tres años después, por lo que las pruebas forenses no pudieron demostrar la agresión.

“Ella tenía miedo de contarlo, se sentía culpable… Y después se sentía responsable de todo lo que yo estaba pasando. Mi dieron ataques de ansiedad, no podía respirar. Veía la cara de este hombre todo el rato, me despertaba gritando… Estamos las dos muy afectadas”, expresa la madre de la pequeña. “Este hombre le ha descubierto la sexualidad de una manera equivocada, cuando lo tenía que haber descubierto ella misma…”, agrega. La familia denunció al vecino por agresión sexual en 2015, pero al denegarle una orden de alejamiento, dejaron de aparecer por el vecindario para evitar toparse con el presunto agresor de Violeta. Lo que jamás pensó su madre es que en marzo de 2016 volvería a denunciar a otro hombre por, una vez más, violar a su hija.

“Han sido tantas cosas, tantas injusticias, me he sentido tan desamparada…Te das cuenta de que estás sola…”

“La segunda vez me enteré yo ya como madre. La niña no me dice nada, sino que se lo sonsaqué porque tenía la intuición de que estaba pasando algo”, señala. Al parecer, según narra, Violeta le confesó que su profesor de equitación la intentó besar. Su madre entró en cólera y le dijo que se duchase para que se quitara el malestar. “Nadie más se va a aprovechar de nosotras”, le dijo su mamá. Ella, que no sabia la gravedad del asunto, decidió llamar a la Policía. Y cuando Violeta vio que los agentes estaban presentes, contó cómo su profesor la había violado por el ano.

“Es muy triste”, incide la mamá de Violeta con voz queda. La familia acudió a Comía a interponer una denuncia contra el profesor y al día siguiente al médico. Pero antes, en esa misma noche, “yo no quería estar en el campo, y le dije a los policías que me llevasen a otra casa, que no podía estar más tiempo en este sitio”. Los agentes la trasladaron, junto a sus tres hijos, a la Casa de la Mujer de Jerez, donde le dicen que no hay sitio para ella porque es solo para mujeres maltratadas. “A las nueve de la noche me vi sin nada y con mis tres hijos de la mano”. Además, cuando Violeta fue consultada por la fundación encargada de entrevistar a menores, Márgenes y Vínculos, no le dieron credibilidad a su testimonio. “Que la niña se lo estaba inventando todo, decían”, hasta que las pruebas forenses revelaron que había semen en la ropa interior de la pequeña.

La mamá de la menor presuntamente violada denuncia que las ayudas para las mujeres maltratadas “son solo cuando eres mayor de 16 años, si eres menor, no te corresponde nada”, y es que desde que ocurrió todo Violeta va todas las semanas al psicólogo, atención que tiene que costear ella misma. “La psicóloga dice que ahora se pone un escudo para no ver la realidad, pero que luego, con los años, le terminará afectando. Hoy ella lo lleva por dentro. Y ahora, después de cuatro años, le van a hacer revivir otra vez todo. Es para decir, mira, me tomo la justicia por mis manos”, concluye su madre.

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