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Carolina Marín, la campeona que aprendió a ganar más allá del oro olímpico: "En París me llevé una medalla de cariño, amor y apoyo"

La onubense, que dejó su tierra a los 14 años para triunfar en el bádminton, clausura en Cádiz el Blue Zone Forum InnovAzul con una lección de vida sobre la superación, la fortaleza mental y la importancia de creer en uno mismo

  • Carolina Marín, momentos antes de comenzar su intervención en la clausura del Blue Zone Forum InnovAzul. -

Carolina Marín se había preparado durante años, física y mentalmente, para conquistar su segunda medalla de oro olímpica en los Juegos de París 2024. Había superado dos graves lesiones de rodilla, se había recompuesto tras la muerte de su padre cuatro años antes y había vuelto a entrenar con un objetivo que parecía al alcance de su mano. Pero en aquella semifinal olímpica ante la china He Bing Jiao, cuando solo le separaban once puntos para alcanzar la final, su rodilla volvió a romperse y con ella, su sueño de ser la primera jugadora en ganar dos medallas de oro olímpicas en bádminton.

Sin embargo, de aquella derrota –que nunca llegó a serlo del todo– se llevó algo que hoy considera incluso más valioso que la gloria olímpica. "Yo de París me volví con una medalla, no aquella para la que yo había trabajado y la que quería, sino con una medalla mejor, una en forma de cariño, amor, mucho apoyo y empatía de toda la gente, de toda la sociedad española", relató la campeona mundial, europea y olímpica, y también Premio Princesa de Asturias de los Deportes, que cerró este viernes en el Palacio de Congresos gaditano el Blue Zone Forum InnovAzul.

Ante un auditorio lleno, en el que había numerosos jóvenes, la onubense dio una auténtica lección de vida hablando de sacrificio, salud mental, familia, resiliencia y de la necesidad de aprender a disfrutar del día a día.

Una carrera que comenzó por casualidad

La historia deportiva de Carolina Marín comenzó por casualidad. A los tres años, relató, su madre la había apuntado a clases de flamenco, pero a los ocho una amiga le propuso probar un deporte que apenas conocía. "Yo, que digo que sí a todo, me animé y fui con ella". En aquel polideportivo de Huelva no solo descubrió el bádminton, una raqueta diferente y un volante de plástico, también la oportunidad de compartir juegos con otros niños, siendo ella hija única. "Bendita casualidad", recordó.

Lo cierto es que aquella propuesta de su amiga derivó en una carrera que cambió la historia de este deporte, aún muy minoritario en España. "Una de las cosas de las que más orgullosa me siento es de haber podido poner en boca de todos los españoles lo que es el bádminton y de ver a padres con sus hijos jugando en parques", afirmó.

  • Carolina Marín, campeona olímpica de bádminton, durante su charla en el Blue Zone Forum InnovAzul, de Cádiz.
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Pero para llegar a la cima de este deporte, antes tuvo que tomar decisiones difíciles siendo aún una niña. A los 14 años le ofrecieron trasladarse desde Huelva a Madrid para entrenar en un centro de alto rendimiento. La distancia, la separación reciente de sus padres y las dificultades familiares hicieron que la propuesta no fuera sencilla. Su padre, recordó, no quiso al principio que se marchara a Madrid, pero su insistencia consiguió que al final le dieran esa oportunidad.

De aquella experiencia extrajo una de las lecciones que quiso transmitir a los asistentes, sobre todo a los que son padres, a los que aconsejó "acompañar a sus hijos, no imponerles sus propias aspiraciones", y añadió que "cuando trasladas tus frustraciones a tus hijos y tus hijas no les estáis haciendo felices, les estáis obligando a hacer algo que a lo mejor ellos no quieren". Lo importante, defendió, es que cada niño pueda disfrutar de aquello que elija y encontrar su propio camino.

Diez peldaños para cumplir ul sueño

En una carrera que la llevó a lo más alto de un deporte dominado históricamente por potencias asiáticas, creer en sí misma fue fundamental, aunque nunca lo consideró suficiente por sí solo. "Quien no arriesga, no gana", recordó. También insistió en lo importante que es saber rodearse de personas "que te crean y te ayuden a seguir adelante" cuando las cosas no marchan como uno quiere.

Y para explicar cómo se alcanza una meta, recurrió a la imagen de una escalera de diez peldaños. El último representa el gran sueño y los anteriores, los objetivos intermedios que permiten acercarse a él –"Para ser campeona olímpica primero tengo que ser campeona de España"–. "Cuando estás en el octavo o en el noveno peldaño y solamente te quedan uno o dos para estar muy cerquita de ese gran sueño, ahí puedes ver y ser consciente de que los objetivos y los sueños se pueden hacer realidad".

  • Carolina Marín, en un momento de su intervención.
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Pero la onubense destacó también que subir esos escalones supone encontrarse con muchos obstáculos. En su caso fueron las lesiones: en enero de 2019, en mayo de 2021 preparándose para los Juegos de Tokio y en 2024 durante la ya mencionada semifinal de París 2024. Y entre medias, otro gran golpe, la muerte de su padre en 2020, en plena pandemia.

De cada caída, señaló Carolina, intentó extraer una enseñanza. La primera lesión le enseñó "a tener paciencia, a frenar y a observar las cosas desde otra perspectiva". La última le obligó a aceptar que no siempre se obtiene la recompensa por la que uno ha trabajado. "Sentí que la vida estaba siendo súper injusta conmigo. Había superado dos lesiones, había superado la pérdida de mi papá y yo decía: ‘Pero ¿por qué yo?’. Creo que más cosas no se pueden superar".

"Puedo porque pienso que puedo"

La fortaleza mental fue otro de los hilos conductores de la charla. Marín explicó que su lema, "puedo porque pienso que puedo", no es un eslogan vacío, sino una manera de entrenar la cabeza igual que se entrena el cuerpo.

Para ilustrarlo, volvió a la final olímpica de Río de Janeiro de 2016. Antes de aquellos Juegos, recordó, fue la única deportista española que dijo abiertamente que había viajado para ganar el oro. En la final, ante la hindú Pusarla Venkata Sindhu, perdió inesperadamente el primer set cuando su rival cambió de táctica. En ese momento "pude haberme dejado llevar por el miedo a perder –o también a ganar–, por la inseguridad o la sensación de haber perdido la oportunidad". En cambio, se concentró en su frase "puedo porque pienso que puedo", ganó el siguiente juego con holgura y en el tercero, más igualado, acabó ganando el oro olímpico.

Pero para alcanzar el éxito, Carolina también reconoció que "hay que saber rodearse de las personas correctas". En su caso un entrenador, fisioterapeutas, preparadores físicos, o una psicóloga, entre otros. Ese consejo lo extendió a los emprendedores y los que trabajan para sacar adelante un proyecto o atraviesan una mala etapa porque, "a veces, cuando uno está solo, quiere tirar la toalla".

  • La onubense, en otro momento de su coloquio.
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De hecho, recordó los días "en los que habría pagado por no entrenar, agotada y con dolores en todo el cuerpo", pero pensar en el objetivo final le ayudaba a levantarse. Y recomendó no dar por perdido un día porque la mañana haya comenzado mal: "Mirar atrás permite descubrir avances y pequeños logros que a veces pasan inadvertidos".

Una nueva vida lejos de las pistas

Marín anunció su retirada a finales de marzo de este año, después de dedicar prácticamente toda su vida al bádminton. A preguntas de los asistentes, explicó que ahora afronta una etapa distinta, aunque no piensa desvincularse del deporte que la convirtió en una figura de primer orden en España.

Entre otras cosas, quiere contribuir a que el bádminton siga creciendo en nuestro país y evitar que pierda visibilidad tras su marcha de la competición. Y, como hizo en Cádiz, también pretende compartir sus vivencias en charlas y conferencias para ayudar a otras personas.

Ser un referente para las niñas y los jóvenes es para ella "una responsabilidad muy grande, pero también algo muy bonito". Durante su infancia apenas tuvo referentes femeninos de su deporte en España, por eso se fijaba en Rafa Nadal, a quien admiraba "por su capacidad para luchar cada punto". Ahora aspira a que otras niñas puedan pensar que también ellas tienen posibilidades de llegar lejos.

Igualmente quiso desmontar la imagen de los deportistas como personas invulnerables. "Antes de ser deportistas somos personas con sentimientos, emociones y días difíciles. Muchas veces, cuando veis a los deportistas en televisión, parecemos superhéroes, parece que nos ponemos la capa y podemos con todo. Y luego nosotros somos conscientes de que no podemos con todo. Nadie de los que estamos aquí podemos con todo y no pasa nada, se acepta porque somos humanos".

  • Carolina Marín, en otro momento de su intervención.
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En su nueva vida alejada de la competición, además, ha aprendido a reservar tiempo para los suyos –"soy muy familiar", reconoció–. De hecho, cuando se lesionó en París, se propuso bajar a Huelva al menos una vez al mes para estar con su familia, sus sobrinos y su abuela.

Ahora también vive de otra manera, porque si antes pensaba en el siguiente entrenamiento o la próxima competición, ahora intenta "disfrutar del día a día", de cada momento, sin estar pensando continuamente en lo que vendrá después. "Muchas veces planificamos el mañana, el irnos a tomar una cerveza con nuestros amigos, el irnos de fiesta con nuestra gente, el hacer una barbacoa con nuestra familia, pero sin embargo, a lo mejor el día de mañana nunca llega".

Fue una de las reflexiones finales de una campeona que ha levantado trofeos, ha roto barreras y ha aprendido a convivir con la derrota. Antes de despedirse, dejó un último mensaje a los jóvenes que la escuchaban. "No os rindáis. Sé que la vida a veces pone el camino muy complicado, pero si uno quiere, uno puede".

Carolina Marín se había preparado durante años, física y mentalmente, para conquistar su segunda medalla de oro olímpica en los Juegos de París 2024. Había superado dos graves lesiones de rodilla, se había recompuesto tras la muerte de su padre cuatro años antes y había vuelto a entrenar con un objetivo que parecía al alcance de su mano. Pero en aquella semifinal olímpica ante la china He Bing Jiao, cuando solo le separaban once puntos para alcanzar la final, su rodilla volvió a romperse y con ella, su sueño de ser la primera jugadora en ganar dos medallas de oro olímpicas en bádminton.

Sin embargo, de aquella derrota –que nunca llegó a serlo del todo– se llevó algo que hoy considera incluso más valioso que la gloria olímpica. "Yo de París me volví con una medalla, no aquella para la que yo había trabajado y la que quería, sino con una medalla mejor, una en forma de cariño, amor, mucho apoyo y empatía de toda la gente, de toda la sociedad española", relató la campeona mundial, europea y olímpica, y también Premio Princesa de Asturias de los Deportes, que cerró este viernes en el Palacio de Congresos gaditano el Blue Zone Forum InnovAzul.

Ante un auditorio lleno, en el que había numerosos jóvenes, la onubense dio una auténtica lección de vida hablando de sacrificio, salud mental, familia, resiliencia y de la necesidad de aprender a disfrutar del día a día.

Una carrera que comenzó por casualidad

La historia deportiva de Carolina Marín comenzó por casualidad. A los tres años, relató, su madre la había apuntado a clases de flamenco, pero a los ocho una amiga le propuso probar un deporte que apenas conocía. "Yo, que digo que sí a todo, me animé y fui con ella". En aquel polideportivo de Huelva no solo descubrió el bádminton, una raqueta diferente y un volante de plástico, también la oportunidad de compartir juegos con otros niños, siendo ella hija única. "Bendita casualidad", recordó.

Lo cierto es que aquella propuesta de su amiga derivó en una carrera que cambió la historia de este deporte, aún muy minoritario en España. "Una de las cosas de las que más orgullosa me siento es de haber podido poner en boca de todos los españoles lo que es el bádminton y de ver a padres con sus hijos jugando en parques", afirmó.

  • Carolina Marín, campeona olímpica de bádminton, durante su charla en el Blue Zone Forum InnovAzul, de Cádiz.
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Pero para llegar a la cima de este deporte, antes tuvo que tomar decisiones difíciles siendo aún una niña. A los 14 años le ofrecieron trasladarse desde Huelva a Madrid para entrenar en un centro de alto rendimiento. La distancia, la separación reciente de sus padres y las dificultades familiares hicieron que la propuesta no fuera sencilla. Su padre, recordó, no quiso al principio que se marchara a Madrid, pero su insistencia consiguió que al final le dieran esa oportunidad.

De aquella experiencia extrajo una de las lecciones que quiso transmitir a los asistentes, sobre todo a los que son padres, a los que aconsejó "acompañar a sus hijos, no imponerles sus propias aspiraciones", y añadió que "cuando trasladas tus frustraciones a tus hijos y tus hijas no les estáis haciendo felices, les estáis obligando a hacer algo que a lo mejor ellos no quieren". Lo importante, defendió, es que cada niño pueda disfrutar de aquello que elija y encontrar su propio camino.

Diez peldaños para cumplir ul sueño

En una carrera que la llevó a lo más alto de un deporte dominado históricamente por potencias asiáticas, creer en sí misma fue fundamental, aunque nunca lo consideró suficiente por sí solo. "Quien no arriesga, no gana", recordó. También insistió en lo importante que es saber rodearse de personas "que te crean y te ayuden a seguir adelante" cuando las cosas no marchan como uno quiere.

Y para explicar cómo se alcanza una meta, recurrió a la imagen de una escalera de diez peldaños. El último representa el gran sueño y los anteriores, los objetivos intermedios que permiten acercarse a él –"Para ser campeona olímpica primero tengo que ser campeona de España"–. "Cuando estás en el octavo o en el noveno peldaño y solamente te quedan uno o dos para estar muy cerquita de ese gran sueño, ahí puedes ver y ser consciente de que los objetivos y los sueños se pueden hacer realidad".

  • Carolina Marín, en un momento de su intervención.
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Pero la onubense destacó también que subir esos escalones supone encontrarse con muchos obstáculos. En su caso fueron las lesiones: en enero de 2019, en mayo de 2021 preparándose para los Juegos de Tokio y en 2024 durante la ya mencionada semifinal de París 2024. Y entre medias, otro gran golpe, la muerte de su padre en 2020, en plena pandemia.

De cada caída, señaló Carolina, intentó extraer una enseñanza. La primera lesión le enseñó "a tener paciencia, a frenar y a observar las cosas desde otra perspectiva". La última le obligó a aceptar que no siempre se obtiene la recompensa por la que uno ha trabajado. "Sentí que la vida estaba siendo súper injusta conmigo. Había superado dos lesiones, había superado la pérdida de mi papá y yo decía: ‘Pero ¿por qué yo?’. Creo que más cosas no se pueden superar".

"Puedo porque pienso que puedo"

La fortaleza mental fue otro de los hilos conductores de la charla. Marín explicó que su lema, "puedo porque pienso que puedo", no es un eslogan vacío, sino una manera de entrenar la cabeza igual que se entrena el cuerpo.

Para ilustrarlo, volvió a la final olímpica de Río de Janeiro de 2016. Antes de aquellos Juegos, recordó, fue la única deportista española que dijo abiertamente que había viajado para ganar el oro. En la final, ante la hindú Pusarla Venkata Sindhu, perdió inesperadamente el primer set cuando su rival cambió de táctica. En ese momento "pude haberme dejado llevar por el miedo a perder –o también a ganar–, por la inseguridad o la sensación de haber perdido la oportunidad". En cambio, se concentró en su frase "puedo porque pienso que puedo", ganó el siguiente juego con holgura y en el tercero, más igualado, acabó ganando el oro olímpico.

Pero para alcanzar el éxito, Carolina también reconoció que "hay que saber rodearse de las personas correctas". En su caso un entrenador, fisioterapeutas, preparadores físicos, o una psicóloga, entre otros. Ese consejo lo extendió a los emprendedores y los que trabajan para sacar adelante un proyecto o atraviesan una mala etapa porque, "a veces, cuando uno está solo, quiere tirar la toalla".

  • La onubense, en otro momento de su coloquio.
  • -

De hecho, recordó los días "en los que habría pagado por no entrenar, agotada y con dolores en todo el cuerpo", pero pensar en el objetivo final le ayudaba a levantarse. Y recomendó no dar por perdido un día porque la mañana haya comenzado mal: "Mirar atrás permite descubrir avances y pequeños logros que a veces pasan inadvertidos".

Una nueva vida lejos de las pistas

Marín anunció su retirada a finales de marzo de este año, después de dedicar prácticamente toda su vida al bádminton. A preguntas de los asistentes, explicó que ahora afronta una etapa distinta, aunque no piensa desvincularse del deporte que la convirtió en una figura de primer orden en España.

Entre otras cosas, quiere contribuir a que el bádminton siga creciendo en nuestro país y evitar que pierda visibilidad tras su marcha de la competición. Y, como hizo en Cádiz, también pretende compartir sus vivencias en charlas y conferencias para ayudar a otras personas.

Ser un referente para las niñas y los jóvenes es para ella "una responsabilidad muy grande, pero también algo muy bonito". Durante su infancia apenas tuvo referentes femeninos de su deporte en España, por eso se fijaba en Rafa Nadal, a quien admiraba "por su capacidad para luchar cada punto". Ahora aspira a que otras niñas puedan pensar que también ellas tienen posibilidades de llegar lejos.

Igualmente quiso desmontar la imagen de los deportistas como personas invulnerables. "Antes de ser deportistas somos personas con sentimientos, emociones y días difíciles. Muchas veces, cuando veis a los deportistas en televisión, parecemos superhéroes, parece que nos ponemos la capa y podemos con todo. Y luego nosotros somos conscientes de que no podemos con todo. Nadie de los que estamos aquí podemos con todo y no pasa nada, se acepta porque somos humanos".

  • Carolina Marín, en otro momento de su intervención.
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En su nueva vida alejada de la competición, además, ha aprendido a reservar tiempo para los suyos –"soy muy familiar", reconoció–. De hecho, cuando se lesionó en París, se propuso bajar a Huelva al menos una vez al mes para estar con su familia, sus sobrinos y su abuela.

Ahora también vive de otra manera, porque si antes pensaba en el siguiente entrenamiento o la próxima competición, ahora intenta "disfrutar del día a día", de cada momento, sin estar pensando continuamente en lo que vendrá después. "Muchas veces planificamos el mañana, el irnos a tomar una cerveza con nuestros amigos, el irnos de fiesta con nuestra gente, el hacer una barbacoa con nuestra familia, pero sin embargo, a lo mejor el día de mañana nunca llega".

Fue una de las reflexiones finales de una campeona que ha levantado trofeos, ha roto barreras y ha aprendido a convivir con la derrota. Antes de despedirse, dejó un último mensaje a los jóvenes que la escuchaban. "No os rindáis. Sé que la vida a veces pone el camino muy complicado, pero si uno quiere, uno puede".

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