cádiz

Sara García Alonso, astronauta y científica: "En lugar de intentar ser perfectos, vamos a intentar ser valientes"

La investigadora y cosmonauta reserva de la Agencia Espacial Europea defiende en el Blue Zone Forum InnovAzul, de Cádiz, que la curiosidad no entiende de fronteras y explica cómo la tecnología espacial puede contribuir a la investigación contra el cáncer y al desarrollo de la economía azul

  • Sara García Alonso, posando para lavozdelsur.es tras su ponencia. -

El 16 de febrero de 2021, mientras desayunaba y leía el periódico, Sara García Alonso se encontró con un titular que le cambió la vida: "Europa busca mujeres astronautas para viajar a Marte". Entró en la noticia por curiosidad. Descubrió que la Agencia Espacial Europea (ESA, en sus siglas en inglés) había abierto un proceso de selección para incorporar nuevos astronautas y que, contra lo que había imaginado hasta entonces, cumplía los requisitos para presentarse. Tenía más de 30 años, una carrera como investigadora contra el cáncer y ninguna certeza de que pudiera conseguirlo. Pero decidió intentarlo.

Casi cinco años después, la científica y astronauta de reserva de la ESA ha contado esa historia en la jornada inaugural del Blue Zone Forum InnovAzul, en Cádiz, donde ha defendido una idea que atraviesa tanto su trayectoria profesional como su mensaje a los jóvenes: "En lugar de intentar ser perfecta, vamos a intentar ser valientes". 

García Alonso trabaja en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), donde dirige un pequeño grupo de investigación, y ha completado la formación para poder optar a misiones espaciales. Dos ámbitos que podrían parecer alejados, pero que para ella comparten "un mismo motor, un mismo impulso, que es la curiosidad". La misma curiosidad que la llevaba de niña a preguntarse por qué enfermamos y qué ocurre dentro de las células y la que, años después, la empujó a mirar hacia el espacio.

"Eso es lo que siempre me ha definido", explicó, "esas ganas de seguir planteándome preguntas, de buscar esas respuestas que, a su vez, abren nuevas preguntas, nuevos caminos, oportunidades y posibilidades".

Una vocación que no llegó de niña

La primera lección que ha querido compartir con los presentes en el abarrotado auditorio del Palacio de Congresos de Cádiz –muchos de ellos estudiantes–, es que no tener clara una vocación en la infancia o en la adolescencia no significa ir tarde. Ella, señaló, tampoco sabía qué quería ser cuando era pequeña. Sentía interés por la ciencia, y de hecho, escogió la carrera de Biotecnología sin conocer del todo las posibilidades que ofrecía una disciplina que entonces era novedosa en el panorama universitario.

  • García Alonso, durante la ponencia inaugural de Blue Zone Forum InnovAzul.
  • -

Sí tenía claro, indicó, que buscaba una profesión que le permitiera "aprender continuamente", poner a prueba su ingenio y creatividad y aplicar el conocimiento a problemas reales. "Quería utilizar ese conocimiento para cosas útiles, para ayudar a la gente y dejar el mundo un poquito mejor de como me lo encontré".

Durante la carrera decide explorar distintas áreas y probar en laboratorios y empresas. Conoce aplicaciones de la biotecnología verde, vinculadas a la agricultura, y también se acerca a la azul a través de una empresa dedicada a la bioprospección marina. Su trabajo consistía en estudiar microorganismos y compuestos presentes en mares y océanos que pudieran tener aplicaciones industriales, desde cosméticos hasta medicamentos o pesticidas biodegradables.

Aquella experiencia le permitie comprobar las posibilidades que encierra el conocimiento científico cuando se traslada a sectores diferentes. Pero fue al entrar en contacto con la investigación oncológica, "dando pasitos, probando, descubriendo, tratando con múltiples profesionales y compañeros de carrera, cuando descubrí mi vocación" explica. "No la tenía clara cuando era una niña curiosa. La descubrí durante la carrera".

Su trabajo actual busca desarrollar medicamentos para determinados tumores, entre ellos el carcinoma de pulmón y el de páncreas. En su ponencia también ha explicado cómo la investigación puede acabar convertida en tratamientos que mejoren la vida de los pacientes.

  • Sara Alonso, en el inicio de su intervención.
  • -

Uno de los ejemplos que ha expuesto procede de su tesis doctoral y se basa en el uso de anticuerpos capaces de reconocer determinadas células tumorales y transportar hasta ellas agentes que las destruyen. El objetivo es atacar las células cancerosas con mayor precisión y reducir los daños sobre las sanas. Comprender por qué algunos pacientes responden a un tratamiento y otros no permite, además, orientar mejor las decisiones médicas. "Todos los que estamos en esta sala nos vamos a ver afectados, ya sea directa o indirectamente, por las enfermedades oncológicas", ha señalado al auditorio.

De una noticia a la Agencia Espacial Europea

Años más tarde, la posibilidad de convertirse en astronauta apareció casi por casualidad. El titular de prensa que leyó aquel día de febrero de 2021 le hizo descubrir que la ESA buscaba nuevos perfiles profesionales y que no era imprescindible proceder de la ingeniería aeronáutica, la astrofísica o la aviación. La investigación científica también tenía cabida.

"El primer paso que tienes que dar para convertirte en astronauta… Es echar el currículum, como cualquier oferta de trabajo", explicó entre las risas del auditorio. Eso sí, aclaró que la diferencia con cualquier otra oferta laboral es que esa oportunidad pasa aproximadamente cada 15 años.

De esta manera, García Alonso presentó su candidatura junto a casi 23.000 aspirantes de distintos países y profesiones. El proceso de selección se prolongó durante 18 meses e incluyó pruebas de inteligencia, exámenes médicos y entrevistas destinadas a evaluar la capacidad de los candidatos para desenvolverse bajo presión. En cada fase quedaban menos aspirantes y las pruebas no solo buscaban conocimientos especializados, sino también capacidad de concentración, comunicación, resistencia y trabajo en equipo. En noviembre de 2022 se anunció la nueva promoción de astronautas europeos, de la que García Alonso forma parte como astronauta de reserva.

  • La científica y astronauta, en otro momento de su ponencia.
  • -

"Si yo no hubiera sido valiente al intentar perseguir algo que me motivara tanto, no estaría aquí contándoselo", señaló al público presente. Y ha añadido que, incluso si no hubiera resultado seleccionada, el proceso "habría merecido la pena" por las personas que conoció, los retos que afrontó y todo lo que aprendió sobre sí misma.

El mar también puede llevarnos al espacio

La intervención de la científica y astronauta ha conectado la exploración espacial con el asunto central del foro gaditano, esto es, las posibilidades de la economía azul. Porque el espacio también constituye un laboratorio desde el que obtener información útil para la Tierra y desarrollar soluciones aplicables a actividades económicas muy diversas.

García Alonso ha explicado cómo se entrenan los astronautas para trabajar en condiciones de microgravedad. Las grandes piscinas permiten simular algunos movimientos en el espacio, mientras que los vuelos parabólicos generan breves periodos en los que los participantes experimentan la sensación de ingravidez. En esas condiciones, explicó, también se realizan experimentos científicos que imitan los entornos de microgravedad que se viven a 400 kilómetros de la Tierra, en la Estación Espacial Internacional.

Entre los ejemplos que citó figura la posibilidad de mejorar la elaboración de determinados medicamentos oncológicos. En el espacio, explica, la ausencia de gravedad puede facilitar la formación de cristales de proteínas y contribuir al desarrollo de formulaciones que resulten más sencillas de administrar a los pacientes.

  • García Alonso firma un autógrafo tras la finalización de su ponencia.
  • -

Pero las aplicaciones no terminan en la medicina. La investigadora ha destacado el papel de los satélites del programa europeo Copernicus para observar el planeta y obtener información que ayude a gestionar los recursos naturales. Uno de los casos que ha presentado es el seguimiento de proliferaciones de microalgas en las rías gallegas, así como un proyecto relacionado con la navegación marítima y el aprovechamiento de las corrientes marinas para ahorrar tiempo de viaje y consumo de combustible. 

Al terminar su intervención, García Alonso ha vuelto a la niña que fue. Una niña curiosa que quería entender lo más pequeño y descubrir lo más grande, sin saber todavía que acabaría trabajando en la investigación contra el cáncer y preparándose para viajar al espacio.

"Todos los pasos que he dado en la vida no los hice con el objetivo claro de convertirme en investigadora o convertirme en astronauta. Lo hice porque creía en ello, porque era fiel a unos valores y porque me motivaba".

Por eso, su invitación final ha sido a explorar, a mirar más allá de los límites que cada uno se impone y a no esperar a sentirse perfectamente preparado. "Que seáis valientes al explorar, que seáis valientes en ir un poquito más allá", ha pedido a los estudiantes presentes en el acto, cerrando su intervención con una frase que resume el espíritu de su trayectoria: "El cielo ya ni siquiera es el límite".

El 16 de febrero de 2021, mientras desayunaba y leía el periódico, Sara García Alonso se encontró con un titular que le cambió la vida: "Europa busca mujeres astronautas para viajar a Marte". Entró en la noticia por curiosidad. Descubrió que la Agencia Espacial Europea (ESA, en sus siglas en inglés) había abierto un proceso de selección para incorporar nuevos astronautas y que, contra lo que había imaginado hasta entonces, cumplía los requisitos para presentarse. Tenía más de 30 años, una carrera como investigadora contra el cáncer y ninguna certeza de que pudiera conseguirlo. Pero decidió intentarlo.

Casi cinco años después, la científica y astronauta de reserva de la ESA ha contado esa historia en la jornada inaugural del Blue Zone Forum InnovAzul, en Cádiz, donde ha defendido una idea que atraviesa tanto su trayectoria profesional como su mensaje a los jóvenes: "En lugar de intentar ser perfecta, vamos a intentar ser valientes". 

García Alonso trabaja en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), donde dirige un pequeño grupo de investigación, y ha completado la formación para poder optar a misiones espaciales. Dos ámbitos que podrían parecer alejados, pero que para ella comparten "un mismo motor, un mismo impulso, que es la curiosidad". La misma curiosidad que la llevaba de niña a preguntarse por qué enfermamos y qué ocurre dentro de las células y la que, años después, la empujó a mirar hacia el espacio.

"Eso es lo que siempre me ha definido", explicó, "esas ganas de seguir planteándome preguntas, de buscar esas respuestas que, a su vez, abren nuevas preguntas, nuevos caminos, oportunidades y posibilidades".

Una vocación que no llegó de niña

La primera lección que ha querido compartir con los presentes en el abarrotado auditorio del Palacio de Congresos de Cádiz –muchos de ellos estudiantes–, es que no tener clara una vocación en la infancia o en la adolescencia no significa ir tarde. Ella, señaló, tampoco sabía qué quería ser cuando era pequeña. Sentía interés por la ciencia, y de hecho, escogió la carrera de Biotecnología sin conocer del todo las posibilidades que ofrecía una disciplina que entonces era novedosa en el panorama universitario.

  • García Alonso, durante la ponencia inaugural de Blue Zone Forum InnovAzul.
  • -

Sí tenía claro, indicó, que buscaba una profesión que le permitiera "aprender continuamente", poner a prueba su ingenio y creatividad y aplicar el conocimiento a problemas reales. "Quería utilizar ese conocimiento para cosas útiles, para ayudar a la gente y dejar el mundo un poquito mejor de como me lo encontré".

Durante la carrera decide explorar distintas áreas y probar en laboratorios y empresas. Conoce aplicaciones de la biotecnología verde, vinculadas a la agricultura, y también se acerca a la azul a través de una empresa dedicada a la bioprospección marina. Su trabajo consistía en estudiar microorganismos y compuestos presentes en mares y océanos que pudieran tener aplicaciones industriales, desde cosméticos hasta medicamentos o pesticidas biodegradables.

Aquella experiencia le permitie comprobar las posibilidades que encierra el conocimiento científico cuando se traslada a sectores diferentes. Pero fue al entrar en contacto con la investigación oncológica, "dando pasitos, probando, descubriendo, tratando con múltiples profesionales y compañeros de carrera, cuando descubrí mi vocación" explica. "No la tenía clara cuando era una niña curiosa. La descubrí durante la carrera".

Su trabajo actual busca desarrollar medicamentos para determinados tumores, entre ellos el carcinoma de pulmón y el de páncreas. En su ponencia también ha explicado cómo la investigación puede acabar convertida en tratamientos que mejoren la vida de los pacientes.

  • Sara Alonso, en el inicio de su intervención.
  • -

Uno de los ejemplos que ha expuesto procede de su tesis doctoral y se basa en el uso de anticuerpos capaces de reconocer determinadas células tumorales y transportar hasta ellas agentes que las destruyen. El objetivo es atacar las células cancerosas con mayor precisión y reducir los daños sobre las sanas. Comprender por qué algunos pacientes responden a un tratamiento y otros no permite, además, orientar mejor las decisiones médicas. "Todos los que estamos en esta sala nos vamos a ver afectados, ya sea directa o indirectamente, por las enfermedades oncológicas", ha señalado al auditorio.

De una noticia a la Agencia Espacial Europea

Años más tarde, la posibilidad de convertirse en astronauta apareció casi por casualidad. El titular de prensa que leyó aquel día de febrero de 2021 le hizo descubrir que la ESA buscaba nuevos perfiles profesionales y que no era imprescindible proceder de la ingeniería aeronáutica, la astrofísica o la aviación. La investigación científica también tenía cabida.

"El primer paso que tienes que dar para convertirte en astronauta… Es echar el currículum, como cualquier oferta de trabajo", explicó entre las risas del auditorio. Eso sí, aclaró que la diferencia con cualquier otra oferta laboral es que esa oportunidad pasa aproximadamente cada 15 años.

De esta manera, García Alonso presentó su candidatura junto a casi 23.000 aspirantes de distintos países y profesiones. El proceso de selección se prolongó durante 18 meses e incluyó pruebas de inteligencia, exámenes médicos y entrevistas destinadas a evaluar la capacidad de los candidatos para desenvolverse bajo presión. En cada fase quedaban menos aspirantes y las pruebas no solo buscaban conocimientos especializados, sino también capacidad de concentración, comunicación, resistencia y trabajo en equipo. En noviembre de 2022 se anunció la nueva promoción de astronautas europeos, de la que García Alonso forma parte como astronauta de reserva.

  • La científica y astronauta, en otro momento de su ponencia.
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"Si yo no hubiera sido valiente al intentar perseguir algo que me motivara tanto, no estaría aquí contándoselo", señaló al público presente. Y ha añadido que, incluso si no hubiera resultado seleccionada, el proceso "habría merecido la pena" por las personas que conoció, los retos que afrontó y todo lo que aprendió sobre sí misma.

El mar también puede llevarnos al espacio

La intervención de la científica y astronauta ha conectado la exploración espacial con el asunto central del foro gaditano, esto es, las posibilidades de la economía azul. Porque el espacio también constituye un laboratorio desde el que obtener información útil para la Tierra y desarrollar soluciones aplicables a actividades económicas muy diversas.

García Alonso ha explicado cómo se entrenan los astronautas para trabajar en condiciones de microgravedad. Las grandes piscinas permiten simular algunos movimientos en el espacio, mientras que los vuelos parabólicos generan breves periodos en los que los participantes experimentan la sensación de ingravidez. En esas condiciones, explicó, también se realizan experimentos científicos que imitan los entornos de microgravedad que se viven a 400 kilómetros de la Tierra, en la Estación Espacial Internacional.

Entre los ejemplos que citó figura la posibilidad de mejorar la elaboración de determinados medicamentos oncológicos. En el espacio, explica, la ausencia de gravedad puede facilitar la formación de cristales de proteínas y contribuir al desarrollo de formulaciones que resulten más sencillas de administrar a los pacientes.

  • García Alonso firma un autógrafo tras la finalización de su ponencia.
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Pero las aplicaciones no terminan en la medicina. La investigadora ha destacado el papel de los satélites del programa europeo Copernicus para observar el planeta y obtener información que ayude a gestionar los recursos naturales. Uno de los casos que ha presentado es el seguimiento de proliferaciones de microalgas en las rías gallegas, así como un proyecto relacionado con la navegación marítima y el aprovechamiento de las corrientes marinas para ahorrar tiempo de viaje y consumo de combustible. 

Al terminar su intervención, García Alonso ha vuelto a la niña que fue. Una niña curiosa que quería entender lo más pequeño y descubrir lo más grande, sin saber todavía que acabaría trabajando en la investigación contra el cáncer y preparándose para viajar al espacio.

"Todos los pasos que he dado en la vida no los hice con el objetivo claro de convertirme en investigadora o convertirme en astronauta. Lo hice porque creía en ello, porque era fiel a unos valores y porque me motivaba".

Por eso, su invitación final ha sido a explorar, a mirar más allá de los límites que cada uno se impone y a no esperar a sentirse perfectamente preparado. "Que seáis valientes al explorar, que seáis valientes en ir un poquito más allá", ha pedido a los estudiantes presentes en el acto, cerrando su intervención con una frase que resume el espíritu de su trayectoria: "El cielo ya ni siquiera es el límite".

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