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Jerez vuelve a perder frente a Montilla

La localidad cordobesa se lleva la Ciudad Española del Vino que ansiaba Jerez para dar continuidad a la Capital Gastronómica, una pequeña derrota que trae a la memoria la vieja cuestión del amontillado

  • Imagen de la tradicional Pisa de la Uva frente a la Catedral de Jerez. -

En la planta noble del Consistorio no se lo podían creer: Jerez había perdido contra Montilla. En el Consejo Regulador tampoco se lo creían: Jerez había vuelto a perder contra Montilla. Adiós a la Ciudad Española del Vino 2027.

El gobierno municipal de la muy noble, muy leal y muy vinatera ciudad de Jerez de la Fra pensaba que esto estaba ganado, que para eso Jerez es mucho Jerez, pero no, amigas y amigos, en el mundo actual ya nadie gana sin bajarse del autobús, quiá.

Estaba todo pensado y, por una vez, tenía la lógica de un engranaje suizo: primero la Capital Gastronómica 2026 y luego la Ciudad del Vino 2027. Fácil. Pero ha tenido que interponerse Montilla.

En la Avenida con Paúl, sede del Consejo Regulador, tampoco se lo podían creer. A ver, que tampoco allí es que importara mucho el tema, que está bien, y tal, por supuesto, pero que es más cosa del gobierno municipal de Pelayo… por lo menos hasta la mitad de 2027, que habrá elecciones municipales en mayo y que, al final, nunca se sabe quién gana. O quién gobierna... que todo indica que seguirá Pelayo pero nunca se sabe y entenderse con dos personas distintas en la Alcaldía apetece poco. Lo que sí se recordó es que se trata de una nueva derrota de Jerez, la Todopoderosa, frente a Montilla.

Estamos hablando del amontillado, claro. A ver, nunca hubo un pleito propiamente, pero en distintas ocasiones Jerez ha planteado que ‘amontillado’ –término y elaboración del vino– es cosa propia, tesis que nunca ha comprado ninguna autoridad sectorial. La última vez que se planteó, en alguna de esas periódicas redefiniciones de tipos de vino, la Consejería de Agricultura no se avino a las razones de Jerez.

De aquellas, que puede hacer cerca de veinte años, este cronista recuerda dos frases surgidas de las entrañas del propio Consejo Regulador, una irónica y otra autocrítica. La primera recoge la evidente paradoja de que una denominación de origen haga un vino a ‘su’ propia manera, es decir, que Montilla haga un vino ‘amontillado’. “¿Se puede imaginar alguien que Jerez tuviera un vino que llamara ajerezado?”, se pudo oír en la bodega de San Ginés de la Jara, pongamos por caso. Pues… claro, es una frase que te da que pensar. Y allá va la segunda perla, la autocrítica: “En qué momento se le ocurrió a quien fuera de Jerez llamar amontillado a este tipo de vino”, frase que se coronó, más o menos, con un “vaya gracia” o similar. También tiene razón, con la de palabras que hay, vas y te inventas un neologismo que hace referencia a una denominación rival, al parecer basándose en la similitud cromática, nada más.  

Pues eso. El amontillado, el vino favorito de tanta gente en Jerez, la primera copa, la que riega la plaza, símil taurino al que son tan aficionados los bodegueros, rinde homenaje a la competencia cordobesa… Ad eternam.

Lo mismo Jerez es muy grande

Pero volvamos a la no concesión de la Ciudad del Vino a Jerez. A ver, se trata de un premio de muy reciente creación por parte de Acevin (Asociación Española de Ciudades del Vino) ya que data de 2023 y, hasta ahora, han desempeñado este título Cambados y Requena, a la espera de que lo haga en 2027 Montilla (todas pequeñas ciudades entre 14 y 23.000 habitantes). ¿De estos nombramientos se puede extraer alguna enseñanza? A ver, parece claro que la Asociación opta por la promoción enoturística –que, al final, es de lo que se trata– de localidades mucho menores que Jerez. Nadie puede decir que próximamente no se lo vayan a dar a Jerez o a Logroño, que conserva en su casco urbano algunas bodegas, pero no parece que sea el ánimo del ‘legislador’, se diría, que el reconocimiento vaya para grandes ciudades con medios de promoción de turismo ligado al vino teóricamente muy superiores. De hecho, el perfil parece que iría más en la línea de El Puerto, Sanlúcar, Chiclana o, incluso, por tradición y habitantes Chipiona (sin ánimo de desmerecer a Trebujena), si hablamos del Marco de Jerez.

“Las uvas estaban verdes”, bromeó Pelayo, justo antes de preguntarle a Agustín “¿oye... cuándo han dicho que era el eclipse de 2027?”, que esbozó una amplia sonrisa mientras hacía con la cabeza el signo afirmativo…

En la planta noble del Consistorio no se lo podían creer: Jerez había perdido contra Montilla. En el Consejo Regulador tampoco se lo creían: Jerez había vuelto a perder contra Montilla. Adiós a la Ciudad Española del Vino 2027.

El gobierno municipal de la muy noble, muy leal y muy vinatera ciudad de Jerez de la Fra pensaba que esto estaba ganado, que para eso Jerez es mucho Jerez, pero no, amigas y amigos, en el mundo actual ya nadie gana sin bajarse del autobús, quiá.

Estaba todo pensado y, por una vez, tenía la lógica de un engranaje suizo: primero la Capital Gastronómica 2026 y luego la Ciudad del Vino 2027. Fácil. Pero ha tenido que interponerse Montilla.

En la Avenida con Paúl, sede del Consejo Regulador, tampoco se lo podían creer. A ver, que tampoco allí es que importara mucho el tema, que está bien, y tal, por supuesto, pero que es más cosa del gobierno municipal de Pelayo… por lo menos hasta la mitad de 2027, que habrá elecciones municipales en mayo y que, al final, nunca se sabe quién gana. O quién gobierna... que todo indica que seguirá Pelayo pero nunca se sabe y entenderse con dos personas distintas en la Alcaldía apetece poco. Lo que sí se recordó es que se trata de una nueva derrota de Jerez, la Todopoderosa, frente a Montilla.

Estamos hablando del amontillado, claro. A ver, nunca hubo un pleito propiamente, pero en distintas ocasiones Jerez ha planteado que ‘amontillado’ –término y elaboración del vino– es cosa propia, tesis que nunca ha comprado ninguna autoridad sectorial. La última vez que se planteó, en alguna de esas periódicas redefiniciones de tipos de vino, la Consejería de Agricultura no se avino a las razones de Jerez.

De aquellas, que puede hacer cerca de veinte años, este cronista recuerda dos frases surgidas de las entrañas del propio Consejo Regulador, una irónica y otra autocrítica. La primera recoge la evidente paradoja de que una denominación de origen haga un vino a ‘su’ propia manera, es decir, que Montilla haga un vino ‘amontillado’. “¿Se puede imaginar alguien que Jerez tuviera un vino que llamara ajerezado?”, se pudo oír en la bodega de San Ginés de la Jara, pongamos por caso. Pues… claro, es una frase que te da que pensar. Y allá va la segunda perla, la autocrítica: “En qué momento se le ocurrió a quien fuera de Jerez llamar amontillado a este tipo de vino”, frase que se coronó, más o menos, con un “vaya gracia” o similar. También tiene razón, con la de palabras que hay, vas y te inventas un neologismo que hace referencia a una denominación rival, al parecer basándose en la similitud cromática, nada más.  

Pues eso. El amontillado, el vino favorito de tanta gente en Jerez, la primera copa, la que riega la plaza, símil taurino al que son tan aficionados los bodegueros, rinde homenaje a la competencia cordobesa… Ad eternam.

Lo mismo Jerez es muy grande

Pero volvamos a la no concesión de la Ciudad del Vino a Jerez. A ver, se trata de un premio de muy reciente creación por parte de Acevin (Asociación Española de Ciudades del Vino) ya que data de 2023 y, hasta ahora, han desempeñado este título Cambados y Requena, a la espera de que lo haga en 2027 Montilla (todas pequeñas ciudades entre 14 y 23.000 habitantes). ¿De estos nombramientos se puede extraer alguna enseñanza? A ver, parece claro que la Asociación opta por la promoción enoturística –que, al final, es de lo que se trata– de localidades mucho menores que Jerez. Nadie puede decir que próximamente no se lo vayan a dar a Jerez o a Logroño, que conserva en su casco urbano algunas bodegas, pero no parece que sea el ánimo del ‘legislador’, se diría, que el reconocimiento vaya para grandes ciudades con medios de promoción de turismo ligado al vino teóricamente muy superiores. De hecho, el perfil parece que iría más en la línea de El Puerto, Sanlúcar, Chiclana o, incluso, por tradición y habitantes Chipiona (sin ánimo de desmerecer a Trebujena), si hablamos del Marco de Jerez.

“Las uvas estaban verdes”, bromeó Pelayo, justo antes de preguntarle a Agustín “¿oye... cuándo han dicho que era el eclipse de 2027?”, que esbozó una amplia sonrisa mientras hacía con la cabeza el signo afirmativo…

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