Opinión

Elecciones 29N: una buena noticia muy necesaria

Esta convocatoria electoral no va de hacer cábalas, ni de la oportunidad de Pedro Sánchez. Esta importantísima cita con las urnas va de decidir que queremos hacer con nuestra democracia

  • Pedro Sánchez este lunes en Moncloa.

Desde que Pedro Sánchez anunció el pasado viernes que se tomaba el fin de semana para reflexionar, después de la derrota de sus decretos de vivienda y con un país sumido en el más absoluto caos, con una escalada de precios imparable, no he parado de escuchar todo tipo de análisis.

En las tertulias, en los corrillos políticos, entre analistas y expertos, en los medios de comunicación, en la calle… Un joven comentaba esta misma mañana en una copistería de la ciudad, nada más conocer la convocatoria electoral, mientras esperaba sus fotocopias, que no era de extrañar que Pedro Sánchez se estuviera guardando un as en la manga… Lo que todos pensamos.

Después de un fin de semana intentando adivinar qué hará Sánchez, si convocará elecciones, si este es el momento más oportuno, si le beneficia, si, como decía este chico, tiene un as en la manga… Desde primera hora de la mañana ya tenemos la respuesta: habrá elecciones el próximo 29 de noviembre.

La mejor noticia con la que podía levantarse hoy España, si hacemos un recopilatorio de todo lo que hemos visto y que no podemos normalizar en una democracia como la nuestra.

¡Ya era hora!

En este artículo no voy a caer en hacer cábalas cuando hablamos de un presidente que es capaz de recomendarnos una playlist cuando el país atraviesa una de las mayores crisis de Estado. Aún no salgo de mi asombro.

Este fin de semana, y esta misma mañana, en todas las conversaciones me he esforzado en defender lo que me dicta el sentido común, lejos del ruido: no le quedaba más remedio que convocar. España está sumida en un auténtico desgobierno y esto no da más de sí desde hace mucho, mucho tiempo.

¿Es el mejor momento para Sánchez? Probablemente sí. Seguro que no va a encontrar otro igual, teniendo en cuenta todo lo que le queda por venir. Los alcaldes del PSOE estarán dando palmas.

Por eso, hoy no quiero escribir sobre si ha sido una sorpresa. Para sorpresas, las que nos encontramos y con las que nos despertamos cada día, con un presidente que ha traspasado demasiadas líneas rojas de nuestra democracia.

En esta convocatoria el país se juega algo tan importante y trabajado durante la Transición como es nuestra democracia. Y creo que estamos mirando el asunto desde el lugar equivocado.

Esto no va de hacer la quiniela de Sánchez. No va de su oportunidad. Va de poner a los españoles en el centro, defender nuestra democracia y dar soluciones a los problemas, en lugar de generarlos.

Es imposible meterse en la cabeza de una persona como Pedro Sánchez. Ya lo hemos comprobado. Pero tampoco tengo ningún interés en hacerlo.

Quiero meterme en la cabeza de los españoles. Quiero preguntarme qué necesita España. Quiero ejercer el análisis desde la responsabilidad que requiere el momento que vivimos. Y eso pasa por dejar de preguntarnos en las tertulias qué le conviene a Pedro Sánchez y centrarnos en analizar qué necesita España.

Si un Gobierno llega al final de una legislatura sin Presupuestos, con una enorme debilidad parlamentaria y dependiendo permanentemente del chantaje de sus socios, hay un problema de gobernabilidad y también de honestidad.

Si hemos normalizado que la amnistía y los pactos con quienes quisieron romper la integridad territorial de España sean el precio para mantenerse en el poder, hay un problema político y de valores morales de extrema gravedad.

Si los escándalos de corrupción se acumulan, las investigaciones judiciales alcanzan al entorno más próximo del presidente y algunas causas apuntan incluso a la presunta existencia de una organización criminal, ya no estamos solo ante un problema de confianza. Estamos ante un problema de principios, de honestidad, de credibilidad y, por supuesto, de respeto a las instituciones.

Si tenemos un problema de vivienda que sigue sin resolverse y una escalada de precios que afecta a las familias, necesitamos soluciones, no utilizar la vivienda como arma política.

Si Ceuta está sometida a una situación de extrema gravedad que afecta a nuestras fronteras, nuestra seguridad y nuestra integridad territorial, estamos ante una cuestión de Estado.

Y si la sociedad está cada vez más enfrentada, necesitamos menos polarización y más soluciones.

Lo que mal empieza, mal acaba

Esta legislatura comenzó con el chantaje de los independentistas para sacar adelante una ley de amnistía. A partir de ahí, hemos ido normalizando anomalías impropias de una democracia.

Escuchaba también esta mañana decir que, desgraciadamente, la corrupción ya no pasa factura en unas elecciones. No me resigno a que sea así. Por eso, es tan importante informar con rigor cuando se habla de corrupción y defender a los periodistas de investigación en lugar de atacarlos.

Es de un escándalo mayúsculo que la jueza Beatriz Biedma, que instruyó la causa contra el hermano del presidente, haya sido objeto presuntamente de una presión y una persecución imposible de asumir en un Estado de Derecho, hasta el punto de que se han denunciado métodos que recuerdan a una persecución al más puro estilo mafioso.

Cada día nos levantamos con una noticia peor. Y lo verdaderamente preocupante es que nos estamos acostumbrando. No hay que olvidar como empezó todo para entender la urgencia de unas elecciones: Pedro Sánchez llegó al Gobierno en 2018 mediante una moción de censura a Mariano Rajoy para combatir precisamente la corrupción. Quien defendió aquella moción fue su ministro José Luis Ábalos. Hoy en la cárcel.

Esta legislatura se estaba convirtiendo en un auténtico calvario. Por eso, es una buena noticia que los ciudadanos decidan en las urnas.

Ahora nos toca a los medios y a los tertulianos actuar con responsabilidad, dejando a un lado las hipótesis que no aportan nada y centrándonos en trasladar los programas electorales. Explicar a los ciudadanos qué propone cada partido y qué soluciones ofrece para sus problemas. Informar, dar elementos de juicio y permitir que cada español pueda decidir libremente. Para que así sea, son los partidos políticos los que deben estar a la altura con propuestas, lejos de la crispación.

Esta llamada a las urnas no va de la estrategia de Sánchez ni de su jefe de gabinete de turno. Ni de si tiene un as en la manga. Va de un país que debe recuperar el rumbo que nunca debió de perder.

Y, por cierto, aunque he intentado no caer en meterme en la cabeza de Sánchez, mientras escribo este artículo se me ha encendido una lucecita. Quizás este adelanto electoral también le haya servido para coger con el pie cambiado a su propio partido y reforzar su posición como candidato, teniendo en cuenta el daño que ha hecho al PSOE y la rebelión interna que nunca ha terminado de producirse. Quizás porque, en estos años, todo aquel que le ha tosido ha acabado fuera.

Ahí queda.

Mientras tanto, centrémonos en lo importante que es acudir a las urnas. 

Desde que Pedro Sánchez anunció el pasado viernes que se tomaba el fin de semana para reflexionar, después de la derrota de sus decretos de vivienda y con un país sumido en el más absoluto caos, con una escalada de precios imparable, no he parado de escuchar todo tipo de análisis.

En las tertulias, en los corrillos políticos, entre analistas y expertos, en los medios de comunicación, en la calle… Un joven comentaba esta misma mañana en una copistería de la ciudad, nada más conocer la convocatoria electoral, mientras esperaba sus fotocopias, que no era de extrañar que Pedro Sánchez se estuviera guardando un as en la manga… Lo que todos pensamos.

Después de un fin de semana intentando adivinar qué hará Sánchez, si convocará elecciones, si este es el momento más oportuno, si le beneficia, si, como decía este chico, tiene un as en la manga… Desde primera hora de la mañana ya tenemos la respuesta: habrá elecciones el próximo 29 de noviembre.

La mejor noticia con la que podía levantarse hoy España, si hacemos un recopilatorio de todo lo que hemos visto y que no podemos normalizar en una democracia como la nuestra.

¡Ya era hora!

En este artículo no voy a caer en hacer cábalas cuando hablamos de un presidente que es capaz de recomendarnos una playlist cuando el país atraviesa una de las mayores crisis de Estado. Aún no salgo de mi asombro.

Este fin de semana, y esta misma mañana, en todas las conversaciones me he esforzado en defender lo que me dicta el sentido común, lejos del ruido: no le quedaba más remedio que convocar. España está sumida en un auténtico desgobierno y esto no da más de sí desde hace mucho, mucho tiempo.

¿Es el mejor momento para Sánchez? Probablemente sí. Seguro que no va a encontrar otro igual, teniendo en cuenta todo lo que le queda por venir. Los alcaldes del PSOE estarán dando palmas.

Por eso, hoy no quiero escribir sobre si ha sido una sorpresa. Para sorpresas, las que nos encontramos y con las que nos despertamos cada día, con un presidente que ha traspasado demasiadas líneas rojas de nuestra democracia.

En esta convocatoria el país se juega algo tan importante y trabajado durante la Transición como es nuestra democracia. Y creo que estamos mirando el asunto desde el lugar equivocado.

Esto no va de hacer la quiniela de Sánchez. No va de su oportunidad. Va de poner a los españoles en el centro, defender nuestra democracia y dar soluciones a los problemas, en lugar de generarlos.

Es imposible meterse en la cabeza de una persona como Pedro Sánchez. Ya lo hemos comprobado. Pero tampoco tengo ningún interés en hacerlo.

Quiero meterme en la cabeza de los españoles. Quiero preguntarme qué necesita España. Quiero ejercer el análisis desde la responsabilidad que requiere el momento que vivimos. Y eso pasa por dejar de preguntarnos en las tertulias qué le conviene a Pedro Sánchez y centrarnos en analizar qué necesita España.

Si un Gobierno llega al final de una legislatura sin Presupuestos, con una enorme debilidad parlamentaria y dependiendo permanentemente del chantaje de sus socios, hay un problema de gobernabilidad y también de honestidad.

Si hemos normalizado que la amnistía y los pactos con quienes quisieron romper la integridad territorial de España sean el precio para mantenerse en el poder, hay un problema político y de valores morales de extrema gravedad.

Si los escándalos de corrupción se acumulan, las investigaciones judiciales alcanzan al entorno más próximo del presidente y algunas causas apuntan incluso a la presunta existencia de una organización criminal, ya no estamos solo ante un problema de confianza. Estamos ante un problema de principios, de honestidad, de credibilidad y, por supuesto, de respeto a las instituciones.

Si tenemos un problema de vivienda que sigue sin resolverse y una escalada de precios que afecta a las familias, necesitamos soluciones, no utilizar la vivienda como arma política.

Si Ceuta está sometida a una situación de extrema gravedad que afecta a nuestras fronteras, nuestra seguridad y nuestra integridad territorial, estamos ante una cuestión de Estado.

Y si la sociedad está cada vez más enfrentada, necesitamos menos polarización y más soluciones.

Lo que mal empieza, mal acaba

Esta legislatura comenzó con el chantaje de los independentistas para sacar adelante una ley de amnistía. A partir de ahí, hemos ido normalizando anomalías impropias de una democracia.

Escuchaba también esta mañana decir que, desgraciadamente, la corrupción ya no pasa factura en unas elecciones. No me resigno a que sea así. Por eso, es tan importante informar con rigor cuando se habla de corrupción y defender a los periodistas de investigación en lugar de atacarlos.

Es de un escándalo mayúsculo que la jueza Beatriz Biedma, que instruyó la causa contra el hermano del presidente, haya sido objeto presuntamente de una presión y una persecución imposible de asumir en un Estado de Derecho, hasta el punto de que se han denunciado métodos que recuerdan a una persecución al más puro estilo mafioso.

Cada día nos levantamos con una noticia peor. Y lo verdaderamente preocupante es que nos estamos acostumbrando. No hay que olvidar como empezó todo para entender la urgencia de unas elecciones: Pedro Sánchez llegó al Gobierno en 2018 mediante una moción de censura a Mariano Rajoy para combatir precisamente la corrupción. Quien defendió aquella moción fue su ministro José Luis Ábalos. Hoy en la cárcel.

Esta legislatura se estaba convirtiendo en un auténtico calvario. Por eso, es una buena noticia que los ciudadanos decidan en las urnas.

Ahora nos toca a los medios y a los tertulianos actuar con responsabilidad, dejando a un lado las hipótesis que no aportan nada y centrándonos en trasladar los programas electorales. Explicar a los ciudadanos qué propone cada partido y qué soluciones ofrece para sus problemas. Informar, dar elementos de juicio y permitir que cada español pueda decidir libremente. Para que así sea, son los partidos políticos los que deben estar a la altura con propuestas, lejos de la crispación.

Esta llamada a las urnas no va de la estrategia de Sánchez ni de su jefe de gabinete de turno. Ni de si tiene un as en la manga. Va de un país que debe recuperar el rumbo que nunca debió de perder.

Y, por cierto, aunque he intentado no caer en meterme en la cabeza de Sánchez, mientras escribo este artículo se me ha encendido una lucecita. Quizás este adelanto electoral también le haya servido para coger con el pie cambiado a su propio partido y reforzar su posición como candidato, teniendo en cuenta el daño que ha hecho al PSOE y la rebelión interna que nunca ha terminado de producirse. Quizás porque, en estos años, todo aquel que le ha tosido ha acabado fuera.

Ahí queda.

Mientras tanto, centrémonos en lo importante que es acudir a las urnas. 

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