Opinión

El día después

Las encuestas permiten ser optimista ante el 29 de noviembre; lo inquietante es lo que la derecha reaccionaria pueda hacer después

  • El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, durante una intervención en el Congreso.

No le temo al domingo 29 de noviembre. No tengo miedo de que los resultados sean malos para las fuerzas democráticas y buenos para la derecha neofascista. Doy por hecho que los demócratas ganaremos en las urnas, porque existe un rechazo mayoritario a la vuelta a los años oscuros. Y lo sé porque siempre los demócratas hemos ganado en las urnas, tanto en el siglo XIX como en el XX y el XXI. Esto es así: cada vez que la ciudadanía tuvo que elegir entre democracia y autocracia, eligió democracia. Doy por sentado que ganaremos, pero lo que temo es el día después, visto cómo se las gastan las fuerzas reaccionarias tanto en la prensa como en los partidos y en la judicatura. Mírese a Feijóo, a un Marchena o a un Calama , a un Peinado, ya, o a una Isabel Díaz Ayuso. Viendo que se avecina un ciclo electoral desde la izquierda, estos son capaces de cualquier cosa…

Mi optimismo no es un acto de fe; se apoya en datos. El barómetro del CIS publicado hoy, el primero tras la convocatoria electoral, otorga al PSOE el 34 % de los votos, frente al 22,2 % del PP y el 17,1 % de Vox: casi doce puntos de ventaja socialista. Las encuestas privadas dibujan otro país. Sitúan al PP en torno al 32 % y al PSOE alrededor del 26 %, y conceden a PP y Vox una mayoría cercana a los 200 escaños. Entre ambas fotografías hay más de diecisiete puntos de distancia en la diferencia entre los dos grandes partidos. Alguien se equivoca, y mucho.

Esta película ya la hemos visto. En julio de 2023 casi todas las privadas daban por hecha la mayoría absoluta de la derecha. GAD3 regalaba al PP 150 escaños; Sigma Dos, entre 145 y 150. Se quedó en 136, y PP y Vox sumaron 169, lejos de los 176. El CIS de Tezanos, al que se acusó de cocinar los datos por encargo, estuvo entre los institutos que más se acercaron al resultado: clavó el voto socialista y, sobre todo, acertó lo esencial, que la derecha no sumaba. Es cierto que se equivocó de ganador y se pasó con Sumar, pero el relato de las privadas se estrelló contra el dato de las urnas.

No pretendo que el CIS vaya a acertar ahora una ventaja de doce puntos. Su anomalía de hoy está justo donde falló hace tres años: en el PP. Pero en las tripas de la encuesta hay indicios que van más allá de la cocina. El 78,2 % de los encuestados dice que votará con seguridad, tres puntos más que en septiembre, y entre quienes votaron socialista en 2023 la cifra sube al 89 %, mientras baja entre los votantes del PP (85,3 %) y de Vox (84,5 %). Hay además un 17,3 % de indecisos, y conviene recordar que en 2023 la remontada socialista se produjo en los últimos días y escapó a casi todas las encuestas. La primera preocupación de los españoles ya no es la inmigración, el terreno de la ultraderecha, sino la vivienda (29,9 %), que es un problema de derechos y de desigualdad, es decir, una agenda progresista.

Hay, por último, algo en lo que el CIS y las privadas coinciden: Vox crece y el PP se desangra hacia su derecha. Paradójicamente, esa es la mejor noticia para el bloque democrático, porque cuanto más se parece la derecha a Vox, más nítidamente se presenta el 29 de noviembre como lo que es: una elección entre democracia y regresión. Y ante esa disyuntiva, como en 2023, la ciudadanía sabe elegir.Por eso lo más preocupante no es el 29 de noviembre, sino el día y los meses posteriores. Han envenenado tanto el clima político que ya solo les queda el uso directo de la violencia bruta. Eso es lo que me da miedo: verla legitimada al calor de la estupidez de Vito Quiles y su proclama de cacería contra los rojos.

Ojalá la minúscula derecha liberal, ilustrada y democrática española aprenda la lección: quien se acerca tanto al monstruo acaba devorado por él. Ante esta deriva caben dos posibilidades. La primera, que la derecha repiense críticamente esas amistades peligrosas y cambie el rumbo; espero que parte de las inteligencias de la CEOE y del Ibex 35 lo vea y fuerce un giro democrático y liberal. Pero mucho me temo que los Garamendi y compañía insistan, o callen ante las soflamas golpistas de los Aznar  del mundo. Entonces habrá que resistir, y eso, desde luego, se hace mucho mejor desde el Gobierno. que desde las catacumbas de la oposición.

No le temo al domingo 29 de noviembre. No tengo miedo de que los resultados sean malos para las fuerzas democráticas y buenos para la derecha neofascista. Doy por hecho que los demócratas ganaremos en las urnas, porque existe un rechazo mayoritario a la vuelta a los años oscuros. Y lo sé porque siempre los demócratas hemos ganado en las urnas, tanto en el siglo XIX como en el XX y el XXI. Esto es así: cada vez que la ciudadanía tuvo que elegir entre democracia y autocracia, eligió democracia. Doy por sentado que ganaremos, pero lo que temo es el día después, visto cómo se las gastan las fuerzas reaccionarias tanto en la prensa como en los partidos y en la judicatura. Mírese a Feijóo, a un Marchena o a un Calama , a un Peinado, ya, o a una Isabel Díaz Ayuso. Viendo que se avecina un ciclo electoral desde la izquierda, estos son capaces de cualquier cosa…

Mi optimismo no es un acto de fe; se apoya en datos. El barómetro del CIS publicado hoy, el primero tras la convocatoria electoral, otorga al PSOE el 34 % de los votos, frente al 22,2 % del PP y el 17,1 % de Vox: casi doce puntos de ventaja socialista. Las encuestas privadas dibujan otro país. Sitúan al PP en torno al 32 % y al PSOE alrededor del 26 %, y conceden a PP y Vox una mayoría cercana a los 200 escaños. Entre ambas fotografías hay más de diecisiete puntos de distancia en la diferencia entre los dos grandes partidos. Alguien se equivoca, y mucho.

Esta película ya la hemos visto. En julio de 2023 casi todas las privadas daban por hecha la mayoría absoluta de la derecha. GAD3 regalaba al PP 150 escaños; Sigma Dos, entre 145 y 150. Se quedó en 136, y PP y Vox sumaron 169, lejos de los 176. El CIS de Tezanos, al que se acusó de cocinar los datos por encargo, estuvo entre los institutos que más se acercaron al resultado: clavó el voto socialista y, sobre todo, acertó lo esencial, que la derecha no sumaba. Es cierto que se equivocó de ganador y se pasó con Sumar, pero el relato de las privadas se estrelló contra el dato de las urnas.

No pretendo que el CIS vaya a acertar ahora una ventaja de doce puntos. Su anomalía de hoy está justo donde falló hace tres años: en el PP. Pero en las tripas de la encuesta hay indicios que van más allá de la cocina. El 78,2 % de los encuestados dice que votará con seguridad, tres puntos más que en septiembre, y entre quienes votaron socialista en 2023 la cifra sube al 89 %, mientras baja entre los votantes del PP (85,3 %) y de Vox (84,5 %). Hay además un 17,3 % de indecisos, y conviene recordar que en 2023 la remontada socialista se produjo en los últimos días y escapó a casi todas las encuestas. La primera preocupación de los españoles ya no es la inmigración, el terreno de la ultraderecha, sino la vivienda (29,9 %), que es un problema de derechos y de desigualdad, es decir, una agenda progresista.

Hay, por último, algo en lo que el CIS y las privadas coinciden: Vox crece y el PP se desangra hacia su derecha. Paradójicamente, esa es la mejor noticia para el bloque democrático, porque cuanto más se parece la derecha a Vox, más nítidamente se presenta el 29 de noviembre como lo que es: una elección entre democracia y regresión. Y ante esa disyuntiva, como en 2023, la ciudadanía sabe elegir.Por eso lo más preocupante no es el 29 de noviembre, sino el día y los meses posteriores. Han envenenado tanto el clima político que ya solo les queda el uso directo de la violencia bruta. Eso es lo que me da miedo: verla legitimada al calor de la estupidez de Vito Quiles y su proclama de cacería contra los rojos.

Ojalá la minúscula derecha liberal, ilustrada y democrática española aprenda la lección: quien se acerca tanto al monstruo acaba devorado por él. Ante esta deriva caben dos posibilidades. La primera, que la derecha repiense críticamente esas amistades peligrosas y cambie el rumbo; espero que parte de las inteligencias de la CEOE y del Ibex 35 lo vea y fuerce un giro democrático y liberal. Pero mucho me temo que los Garamendi y compañía insistan, o callen ante las soflamas golpistas de los Aznar  del mundo. Entonces habrá que resistir, y eso, desde luego, se hace mucho mejor desde el Gobierno. que desde las catacumbas de la oposición.

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