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donde pongo la vida

Tiempos que se fueron

La Feria del Caballo se ha convertido en el reflejo de la vida que llevamos, se ha adaptado a cómo se organizan las celebraciones en la actualidad

  • Un coche de caballos, paseando por el Real de la Feria de Jerez. -

Jerez vive estos días su Feria del Caballo y, al mismo tiempo que se celebra, podemos leer análisis, comparativas y opiniones que van de calificarla como “la mejor feria” a “una feria que ya no es lo que era”.

Dejando a un lado lo hiperbólico y lo extremista, me gustaría centrarme en el contexto en el que nace la Feria del Caballo (todas las fuentes consultadas coinciden en que fue en el siglo XIII con la conquista de la ciudad) y cómo se ha ido adaptando a los cambios sociales. No puede tener la misma dimensión, cualidades, normativa, etc. una celebración de este tipo en los años sesenta del pasado siglo, donde los eventos que el pueblo podía disfrutar eran escasos, que en la actualidad, donde la mayoría puede participar. Tampoco quedan al margen estas festividades de la capacidad de asombro que a lo largo de los años hemos ido perdiendo; a fuerza de anunciar continuamente la magia de esta o aquella fiesta, parece que ya no creemos en ella.

Casi en cualquier época del año hay espectáculos de todo tipo y, aunque no participemos en ellos, están muy próximos a nosotros; vivimos “un estrés de celebraciones”, de luces, de decibelios, de reuniones, de encuentros…, donde todo se magnifica y es imposible detenerse a contemplar, poner atención en los detalles, guardar memoria de lo vivido. Quizás sea esta la razón de que las ferias de antes nos parezcan mejores, sin olvidar el efecto nostálgico que resumía aquella sevillana: pasa la vida y no has notado que has vivido cuando pasa la vida.

Otro aspecto en el que merece la pena fijarse es en la internalización de la Feria del Caballo, que es buena para la imagen de la ciudad y para el turismo, pero contribuye a la masificación. Atender la actual demanda exige una capacidad organizativa y unos medios que no están a la altura de cualquier asociación o entidad y, donde antes se hacían cargo de gestionarla los propios integrantes, hoy –en la mayoría de los casos– se opta por la profesionalización. 

La Feria del Caballo se ha convertido en el reflejo de la vida que llevamos, se ha adaptado a cómo se organizan las celebraciones en la actualidad, así que habría que analizar la vida antes que la feria. Con calma. Sin perder de vista que esa pequeña ciudad que es durante una semana el parque González Hontoria, alberga la alegría y los sueños de cada persona que la visita.

¡Feliz Feria del Caballo 2026!

Jerez vive estos días su Feria del Caballo y, al mismo tiempo que se celebra, podemos leer análisis, comparativas y opiniones que van de calificarla como “la mejor feria” a “una feria que ya no es lo que era”.

Dejando a un lado lo hiperbólico y lo extremista, me gustaría centrarme en el contexto en el que nace la Feria del Caballo (todas las fuentes consultadas coinciden en que fue en el siglo XIII con la conquista de la ciudad) y cómo se ha ido adaptando a los cambios sociales. No puede tener la misma dimensión, cualidades, normativa, etc. una celebración de este tipo en los años sesenta del pasado siglo, donde los eventos que el pueblo podía disfrutar eran escasos, que en la actualidad, donde la mayoría puede participar. Tampoco quedan al margen estas festividades de la capacidad de asombro que a lo largo de los años hemos ido perdiendo; a fuerza de anunciar continuamente la magia de esta o aquella fiesta, parece que ya no creemos en ella.

Casi en cualquier época del año hay espectáculos de todo tipo y, aunque no participemos en ellos, están muy próximos a nosotros; vivimos “un estrés de celebraciones”, de luces, de decibelios, de reuniones, de encuentros…, donde todo se magnifica y es imposible detenerse a contemplar, poner atención en los detalles, guardar memoria de lo vivido. Quizás sea esta la razón de que las ferias de antes nos parezcan mejores, sin olvidar el efecto nostálgico que resumía aquella sevillana: pasa la vida y no has notado que has vivido cuando pasa la vida.

Otro aspecto en el que merece la pena fijarse es en la internalización de la Feria del Caballo, que es buena para la imagen de la ciudad y para el turismo, pero contribuye a la masificación. Atender la actual demanda exige una capacidad organizativa y unos medios que no están a la altura de cualquier asociación o entidad y, donde antes se hacían cargo de gestionarla los propios integrantes, hoy –en la mayoría de los casos– se opta por la profesionalización. 

La Feria del Caballo se ha convertido en el reflejo de la vida que llevamos, se ha adaptado a cómo se organizan las celebraciones en la actualidad, así que habría que analizar la vida antes que la feria. Con calma. Sin perder de vista que esa pequeña ciudad que es durante una semana el parque González Hontoria, alberga la alegría y los sueños de cada persona que la visita.

¡Feliz Feria del Caballo 2026!

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