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donde pongo la vida

Héroes y heroínas

Dejemos de remolonear que el mundo necesita de toda nuestra creatividad para encontrar la salida

  • Héroes y heroínas de andar por casa. -

Desde el comienzo de los tiempos, el ser humano se ha enfrentado a lo desconocido, principalmente, con miedo, con reverencia o con audacia. Y ha utilizado magia, ciencia, intuición…o dispositivos móviles, en esa búsqueda de razones para lo que quizás, siempre vaya a ser inexplicable.

En esa búsqueda constante y en el modo de afrontarla se ha forjado una épica sobre los héroes cotidianos, abandonados por los dioses, que, sin embargo, aceptan un destino de desafíos, constantes pruebas que requieren de ingenio y valentía, éxitos relativos y fracasos duraderos. Prometeo, Perseo, Hércules…, seres especiales, incansables, capaces de resistirse a los cantos de las sirenas por una idea de bien común que hoy creemos desaparecida.

Resumidamente, es el mito del viaje del héroe de Campbell, que la literatura y el cine se han encargado de explotar hasta la saciedad, introduciendo a esos seres emparentados con los dioses en la aburrida existencia cotidiana como la prueba definitiva. El héroe ya no necesita descender de un dios, sino que puede ser un oficinista mediocre, convencido de que su misión es salvar al mundo porque una pócima, un anillo mágico o unos libros de caballería así se lo han anunciado. Este componente añadido no solo ha hecho que cualquier persona pueda sentirse identificada de algún modo, sino que ha dotado a ese viaje lleno de aventuras de elementos terrenales, de modo que lo fantástico y lo corriente se conjugan sin complejos; en ocasiones, rozando lo absurdo. 

En la actualidad, hemos comenzado a saber que también existieron heroínas que lo intentaron muchas veces y solo unas pocas lo consiguieron, relegadas a esperar mientras tejían y destejían sus labores, daban de comer a las gallinas y, por supuesto, cuidaban de los hijos.

El mundo en el que vivimos es cada vez más inexplicable, hemos llegado a la luna sin resolver el problema del hambre, fabricamos necesidades y despreciamos las que surgen de modo natural, creemos lo que leemos, aunque contradiga lo que vivimos y, ante un nivel insoportable de injusticias, hemos logrado hacer como si no pasara nada. 

En esta tesitura, se puede llegar a pensar que somos héroes o heroínas cuando sorteamos este desastre y cumplimos nuestras obligaciones; no se nos puede pedir más. Es un alivio saberlo, salvo porque nuestra inteligencia nos dicta que conformarse no es vivir y, si la existencia tiene un sentido, no es el de dejarse llevar.

Así que dejemos de remolonear que el mundo necesita de toda nuestra creatividad para encontrar la salida. 

Desde el comienzo de los tiempos, el ser humano se ha enfrentado a lo desconocido, principalmente, con miedo, con reverencia o con audacia. Y ha utilizado magia, ciencia, intuición…o dispositivos móviles, en esa búsqueda de razones para lo que quizás, siempre vaya a ser inexplicable.

En esa búsqueda constante y en el modo de afrontarla se ha forjado una épica sobre los héroes cotidianos, abandonados por los dioses, que, sin embargo, aceptan un destino de desafíos, constantes pruebas que requieren de ingenio y valentía, éxitos relativos y fracasos duraderos. Prometeo, Perseo, Hércules…, seres especiales, incansables, capaces de resistirse a los cantos de las sirenas por una idea de bien común que hoy creemos desaparecida.

Resumidamente, es el mito del viaje del héroe de Campbell, que la literatura y el cine se han encargado de explotar hasta la saciedad, introduciendo a esos seres emparentados con los dioses en la aburrida existencia cotidiana como la prueba definitiva. El héroe ya no necesita descender de un dios, sino que puede ser un oficinista mediocre, convencido de que su misión es salvar al mundo porque una pócima, un anillo mágico o unos libros de caballería así se lo han anunciado. Este componente añadido no solo ha hecho que cualquier persona pueda sentirse identificada de algún modo, sino que ha dotado a ese viaje lleno de aventuras de elementos terrenales, de modo que lo fantástico y lo corriente se conjugan sin complejos; en ocasiones, rozando lo absurdo. 

En la actualidad, hemos comenzado a saber que también existieron heroínas que lo intentaron muchas veces y solo unas pocas lo consiguieron, relegadas a esperar mientras tejían y destejían sus labores, daban de comer a las gallinas y, por supuesto, cuidaban de los hijos.

El mundo en el que vivimos es cada vez más inexplicable, hemos llegado a la luna sin resolver el problema del hambre, fabricamos necesidades y despreciamos las que surgen de modo natural, creemos lo que leemos, aunque contradiga lo que vivimos y, ante un nivel insoportable de injusticias, hemos logrado hacer como si no pasara nada. 

En esta tesitura, se puede llegar a pensar que somos héroes o heroínas cuando sorteamos este desastre y cumplimos nuestras obligaciones; no se nos puede pedir más. Es un alivio saberlo, salvo porque nuestra inteligencia nos dicta que conformarse no es vivir y, si la existencia tiene un sentido, no es el de dejarse llevar.

Así que dejemos de remolonear que el mundo necesita de toda nuestra creatividad para encontrar la salida. 

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