desde mi trastero

Yo que tú convocaba, forastero

Frente al bloqueo parlamentario, unas elecciones podrían abrir una oportunidad para defender la vivienda y frenar el retroceso democrático

  • Pedro Sánchez este viernes en el Congreso.

Se consumó la tragedia para cientos de miles de personas  que en este país viven de alquiler. La derecha catalana liderada por el exiliado Puigdemont, al que pronto veremos  pasear de nuevo por la Cataluña de sus intereses inmobiliarios, ha dicho que no a los dos decretos, el que  todos pensaban que podrían apoyar sin que se les rompieran las costuras de sus intereses ocultos y también contra el que  ya todos intuían una línea roja que nunca traspasarían. 

Y es que como tantas veces oí decir a mi abuelo la cabra  siempre tira al monte, en este caso el monte de la especulación inmobiliaria con todo lo que ellos conlleva de  injusticia social y atropello de derechos reconocidos en nuestra Constitución, esa misma en la que se escudan tantas veces la derecha nacional y la extrema derecha para encubrir  sus debilidades democráticas que no son pocas allí donde  gobiernan en solitario o coaligados. 

La derrota parlamentaria de los decretos de vivienda abre la  posibilidad de que Sánchez ponga fin a la angustia existencial permanente de Núñez Feijoo convocando elecciones que  permitan que por fin los señoritos vuelvan a sus cortijos y a sus monterías, sus niños a sus universidades en el extranjero y sus señoras a sus mesas de cuestación que fue el papel al  que las relegó el régimen que tanto añoran. Ya es hora de que  uno pueda pasear por las calles de Madrid sin que vayas  tropezando con descerebrados que han hecho de su ignorancia histórica el mejor caldo de cultivo de sus apetitos facistoides.

Decía Sánchez en la mañana de ayer, ante la perspectiva  más que cierta de la derrota de parlamentaria, que había  llegado la hora de la verdad y a mí eso me traía a la mente aquella canción de Paco Ibáñez, basada en un poema de Gabriel Celaya, que lleva por título “España en marcha” y que  bien podría representar el ánimo y el deseo de cientos de  miles de españoles que también piensan aquello de “¡A la  calle! Que ya es hora de pasearnos acuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.” 

La izquierda de este país necesita convertirse en lo que se ha dado en llamar la izquierda valiente, esa misma izquierda  que ha sido capaz en otros países europeos de hacer frente y  ganar a la extrema derecha porque lo peor que podría pasar es que el desánimo nos llevara a creer en lo inevitable de un retroceso democrático. 

En los tiempos que corren es necesario dar respuesta reales a las necesidades más perentorias de los más  desfavorecidos socialmente y como estamos viendo en estos  días la vivienda es quizás la más inmediata de todas ellas. Y ha quedado claro que la actual configuración parlamentaria  no permite aprobar las medidas necesarias para dar esas  respuestas, la de la vivienda y otras igualmente imprescindibles si queremos salvaguardar los valores constitucionales que en su día acordamos. Por ello no hay  que tener miedo a una convocatoria electoral que podría convertirse en el punto de inflexión de la aparente  derechización que está viviendo una parte de la sociedad española.

Se consumó la tragedia para cientos de miles de personas  que en este país viven de alquiler. La derecha catalana liderada por el exiliado Puigdemont, al que pronto veremos  pasear de nuevo por la Cataluña de sus intereses inmobiliarios, ha dicho que no a los dos decretos, el que  todos pensaban que podrían apoyar sin que se les rompieran las costuras de sus intereses ocultos y también contra el que  ya todos intuían una línea roja que nunca traspasarían. 

Y es que como tantas veces oí decir a mi abuelo la cabra  siempre tira al monte, en este caso el monte de la especulación inmobiliaria con todo lo que ellos conlleva de  injusticia social y atropello de derechos reconocidos en nuestra Constitución, esa misma en la que se escudan tantas veces la derecha nacional y la extrema derecha para encubrir  sus debilidades democráticas que no son pocas allí donde  gobiernan en solitario o coaligados. 

La derrota parlamentaria de los decretos de vivienda abre la  posibilidad de que Sánchez ponga fin a la angustia existencial permanente de Núñez Feijoo convocando elecciones que  permitan que por fin los señoritos vuelvan a sus cortijos y a sus monterías, sus niños a sus universidades en el extranjero y sus señoras a sus mesas de cuestación que fue el papel al  que las relegó el régimen que tanto añoran. Ya es hora de que  uno pueda pasear por las calles de Madrid sin que vayas  tropezando con descerebrados que han hecho de su ignorancia histórica el mejor caldo de cultivo de sus apetitos facistoides.

Decía Sánchez en la mañana de ayer, ante la perspectiva  más que cierta de la derrota de parlamentaria, que había  llegado la hora de la verdad y a mí eso me traía a la mente aquella canción de Paco Ibáñez, basada en un poema de Gabriel Celaya, que lleva por título “España en marcha” y que  bien podría representar el ánimo y el deseo de cientos de  miles de españoles que también piensan aquello de “¡A la  calle! Que ya es hora de pasearnos acuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.” 

La izquierda de este país necesita convertirse en lo que se ha dado en llamar la izquierda valiente, esa misma izquierda  que ha sido capaz en otros países europeos de hacer frente y  ganar a la extrema derecha porque lo peor que podría pasar es que el desánimo nos llevara a creer en lo inevitable de un retroceso democrático. 

En los tiempos que corren es necesario dar respuesta reales a las necesidades más perentorias de los más  desfavorecidos socialmente y como estamos viendo en estos  días la vivienda es quizás la más inmediata de todas ellas. Y ha quedado claro que la actual configuración parlamentaria  no permite aprobar las medidas necesarias para dar esas  respuestas, la de la vivienda y otras igualmente imprescindibles si queremos salvaguardar los valores constitucionales que en su día acordamos. Por ello no hay  que tener miedo a una convocatoria electoral que podría convertirse en el punto de inflexión de la aparente  derechización que está viviendo una parte de la sociedad española.

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