Opinión

Mal de muchos...

Todo esto, dicho por gente que aspira, en su optimista imaginario donde todavía tiene cabida el sueño español, a hacerse con varias viviendas y vivir de la renta

  • La acampada por la vivienda en las Setas de la plaza de la Encarnación de Sevilla, en imágenes. -

De pequeños, en el cole, a todos y todas nos gustaba sacar buenas notas. Había quienes se esforzaban más, quienes eran más listas o, directamente, quienes nunca aprobaban. Recuerdo que estos últimos sentían una especie de alivio vacuo cuando, en un examen concreto, suspendía más gente de la cuenta. Obvio, sin darse cuenta de que esto no arreglaría su propia realidad, pero bueno, lo sobrellevaban mejor. Creo que sería por aquella época cuando escuché por primera vez eso de "mal de muchos, consuelo de tontos" de boca de alguna profesora.

Hoy, décadas después, podemos seguir aplicándolo cada día. De lo de Maricarmen ya se ha dicho prácticamente todo, se ha investigado e, incluso, se ha revertido parcialmente la situación ante la presión popular. Lo que a mí me sigue sorprendiendo tantos años después es que parece que esos niños y niñas que se consolaban con el suspenso del compañero de pupitre, ni pasaron nunca por el psicólogo, ni hicieron un ejercicio para dejar de lado tan absurdo pensamiento.

Si lo de Maricarmen es desgarrador, no solo porque trata una problemática ya totalmente insostenible, sino por las características concretas del caso y la palpable ternura de la mujer, igual o más duras me parecen las reacciones tan viscerales y ridículas de buena parte de la población. Si bien en Sol, la esperanza ante las movilizaciones de la gente -mucha de ella, joven-, se consigan o no los objetivos, ha copado el grueso de la realidad de este problema, no han cesado los lamentables comentarios de esos niños que hoy son ya bastante adultos. Adultos que, por otro lado, parece que solo aparecen por Internet en publicaciones de ciertos medios.

"Es que vivía por quinientos euros en un sitio privilegiado, donde los alquileres hoy son cuatro veces superiores". "Si la gente joven no puede tener una casa, ¿por qué va a tener ella el privilegio de vivir ahí? -esta me encanta, pues revisten su maldad e ignorancia de una supuesta preocupación por la juventud-. Incluso, la de "se beneficiaba de una ley franquista y ha perdido la casa con una ley socialista" -esta es buenísima, de las que dan hasta pereza rebatir-. Todo esto, dicho por gente que aspira, en su optimista imaginario donde todavía tiene cabida el sueño español, a hacerse con varias viviendas y vivir de la renta. ¡Vivir de la renta! Lo que en ocasiones se llama "tengo un piso alquilado que se paga solo", pero que realmente se está pagando con el sudor del de enfrente, como decía la chirigota del Selu.

En definitiva, una controversia que es difícil hacer ver a estas personas que, casualmente y como se suele decir feamente por aquí, "no tienen ni mierda en las tripas". El desahucio de Maricarmen lo ven como esa justicia ante el depredador mercado inmobiliario, que nunca debió ser mercado, al igual que a esos niños, hoy crecidos, no se les borraba la sonrisa si el de al lado también tenía que ir a septiembre.

De pequeños, en el cole, a todos y todas nos gustaba sacar buenas notas. Había quienes se esforzaban más, quienes eran más listas o, directamente, quienes nunca aprobaban. Recuerdo que estos últimos sentían una especie de alivio vacuo cuando, en un examen concreto, suspendía más gente de la cuenta. Obvio, sin darse cuenta de que esto no arreglaría su propia realidad, pero bueno, lo sobrellevaban mejor. Creo que sería por aquella época cuando escuché por primera vez eso de "mal de muchos, consuelo de tontos" de boca de alguna profesora.

Hoy, décadas después, podemos seguir aplicándolo cada día. De lo de Maricarmen ya se ha dicho prácticamente todo, se ha investigado e, incluso, se ha revertido parcialmente la situación ante la presión popular. Lo que a mí me sigue sorprendiendo tantos años después es que parece que esos niños y niñas que se consolaban con el suspenso del compañero de pupitre, ni pasaron nunca por el psicólogo, ni hicieron un ejercicio para dejar de lado tan absurdo pensamiento.

Si lo de Maricarmen es desgarrador, no solo porque trata una problemática ya totalmente insostenible, sino por las características concretas del caso y la palpable ternura de la mujer, igual o más duras me parecen las reacciones tan viscerales y ridículas de buena parte de la población. Si bien en Sol, la esperanza ante las movilizaciones de la gente -mucha de ella, joven-, se consigan o no los objetivos, ha copado el grueso de la realidad de este problema, no han cesado los lamentables comentarios de esos niños que hoy son ya bastante adultos. Adultos que, por otro lado, parece que solo aparecen por Internet en publicaciones de ciertos medios.

"Es que vivía por quinientos euros en un sitio privilegiado, donde los alquileres hoy son cuatro veces superiores". "Si la gente joven no puede tener una casa, ¿por qué va a tener ella el privilegio de vivir ahí? -esta me encanta, pues revisten su maldad e ignorancia de una supuesta preocupación por la juventud-. Incluso, la de "se beneficiaba de una ley franquista y ha perdido la casa con una ley socialista" -esta es buenísima, de las que dan hasta pereza rebatir-. Todo esto, dicho por gente que aspira, en su optimista imaginario donde todavía tiene cabida el sueño español, a hacerse con varias viviendas y vivir de la renta. ¡Vivir de la renta! Lo que en ocasiones se llama "tengo un piso alquilado que se paga solo", pero que realmente se está pagando con el sudor del de enfrente, como decía la chirigota del Selu.

En definitiva, una controversia que es difícil hacer ver a estas personas que, casualmente y como se suele decir feamente por aquí, "no tienen ni mierda en las tripas". El desahucio de Maricarmen lo ven como esa justicia ante el depredador mercado inmobiliario, que nunca debió ser mercado, al igual que a esos niños, hoy crecidos, no se les borraba la sonrisa si el de al lado también tenía que ir a septiembre.

Comentarios