José Ignacio García, líder de Adelante Andalucía, en El Perro Verde, a preguntas de Manu Sánchez, fue muy claro: "Yo lo que quiero es que no gobierne la derecha, lo tengo clarísimo. Y además te digo: yo creo que es lo que va a pasar. Aquí le vamos a hacer un “Lula” a esta gente, se lo vamos a hacer". (En referencia a la histórica remontada protagonizada por Lula en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, impulsada por los jóvenes y la lucha contra el algoritmo). "Y además, yo creo" —continúa José Ignacio— "que los votos determinantes van a ser los escaños de las diputadas y los diputados de Adelante Andalucía. Ahora, cuando lleguemos allí y estén allí, nuestras compañeras les van a decir: 'Chch, tate, ahora vamos a negociar'. Vamos a negociar cosas para la clase trabajadora; vamos a ser valientes en vivienda y vamos a pararle los pies a los fondos de inversión; vamos a poner un contrato indefinido en condiciones para la vivienda. Vamos a hablar de trenes, de cercanías, del tren para que se mueva la gente trabajadora. Y vamos a condicionar desde Andalucía. Y eso es un escenario nuevo".
No me sorprendió su posición, que se ha mantenido coherente desde sus inicios, pero sí la claridad con que la expresó y dijo que en España le íbamos a hacer un "Lula" a la derecha. Yo creo también que las fuerzas progresistas y de izquierda en España van a ganar las elecciones. Y creo igualmente que José Ignacio no lo dice porque estemos en campaña; lo dice de corazón y con convencimiento.
"Le vamos a hacer un Lula a esta gente" es una expresión muy clara de que piensa, quiere y desea que el PSOE gane las elecciones —es obvio que es el único con posibilidades— y necesite a todo el conjunto de la izquierda alternativa —la soberanista y la federal— para propiciar un gobierno que pueda tener un férreo control por parte de un Parlamento de izquierdas. Y que dicho gobierno tenga que negociar con todas las fuerzas políticas que puedan apoyar una investidura de Pedro Sánchez, incluida, por supuesto, Adelante Andalucía, a cambio de que esa interlocución sea beneficiosa para Andalucía.
Otras fuerzas de izquierda alternativa piensan que, además de la negociación parlamentaria, es útil incorporarse a un eventual gobierno con el PSOE. Adelante Andalucía descarta dicha opción por considerar más útil condicionar desde el Parlamento y la negociación bilateral, al modo de Bildu o ERC.
Nada que objetar a ambas estrategias, que, en el fondo, no son incompatibles; más bien son necesarias, ambas, para "hacerle un Lula a la derecha" y seguir trabajando en lo que muchas ya han teorizado sobre el "bloque histórico" gramsciano en España.
Hasta ahí comprendo, e incluso podría compartir, la posición actual de Adelante Andalucía. Sin embargo, desde mi punto de vista, adolece de una incoherencia táctica que tiene que ver con el Senado.
Si se quiere propiciar un gobierno —vamos a llamarlo progresista, para entendernos— con el que poder negociar de manera importante y fuerte los intereses de Andalucía, lo lógico es que Adelante Andalucía pusiera todo de su parte para que ese gobierno y ese Congreso no se encontraran con un muro en el Senado, que evidentemente perjudicaría los intereses de Andalucía. Vemos que hay una pugna muy importante de la derecha y la ultraderecha por controlar los tres quintos del Senado, porque eso conllevaría un control extremo de los órganos de gobierno del poder judicial y del Tribunal Constitucional, además de permitir tomar iniciativas políticas, retrasar la aprobación de leyes, etcétera.
En el Congreso, Adelante Andalucía puede contribuir a la mayoría parlamentaria obteniendo representación propia. En el Senado, en cambio, la pregunta es: ¿qué posibilidades reales tienen las candidaturas de Adelante Andalucía de conseguir escaños en cada provincia andaluza? Y, de no ser así, ¿qué efecto puede tener su presencia en el reparto entre las distintas fuerzas de derecha e izquierda que compiten: la coalición PP-VOX y Senado de Progreso (PSOE + Frente Amplio)?
Planteo una pregunta sobre la coherencia entre los fines y los medios: si se aspira a que un futuro gobierno progresista pueda gobernar y negociar con garantías, también importa quién tendrá la mayoría en el Senado y qué fuerzas podrán obtener representación.
La respuesta es clara: ni Adelante Andalucía ni ninguna otra fuerza política de menor implantación tiene la más remota posibilidad de obtener un senador en ninguna provincia andaluza (en Cádiz, por ejemplo, harán falta 300.000 votos). Todos esos votos no servirán para nada práctico. El acuerdo PP-VOX para el Senado hace que la única candidatura capaz de competir para lograr tres senadores en algunas provincias (Cádiz, Sevilla, Málaga y Córdoba, que son clave) sea la candidatura de "Senado de Progreso" (PSOE + Frente Amplio). Para eso, los eventuales votos al Senado que irían a Adelante Andalucía sí se convertirían en decisivos si fueran a "Senado de Progreso".
Es legítimo que Adelante Andalucía quiera presentarse a las elecciones y defender su proyecto en todos los espacios institucionales. No se trata de cuestionar ese derecho ni de atribuir al partido una intención distinta de la que expresa. La cuestión es más concreta: si la prioridad estratégica es facilitar un gobierno progresista y tener capacidad para negociar con él, ¿qué papel desempeñan las candidaturas al Senado en ese objetivo? Resulta razonable preguntarse si la concurrencia de Adelante Andalucía al Senado ayuda al objetivo declarado de lograr una mayoría progresista y de izquierdas, ganar las elecciones y "hacer un Lula" también en la Cámara Alta, o si, por el contrario, puede dificultar que otras candidaturas progresistas alcancen esos senadores en disputa con la derecha.
Ante la imposibilidad de que Adelante Andalucía obtenga ningún senador, entiendo que lo más coherente por su parte —al menos tácticamente— con esa posición de querer negociar con el eventual gobierno progresista sería facilitar que hubiera el mayor número de senadores por parte del PSOE y del Frente Amplio, que son quienes tienen opción real de obtenerlos, aunque sea difícil y de manera muy competitiva frente al bloque de la derecha y la ultraderecha.
Entonces, creo necesario —y me atrevo a pedirles que lo hagan— que Adelante Andalucía retire las candidaturas al Senado. Lo planteo desde el reconocimiento al gran trabajo que están haciendo, desde el afecto que tengo a muchas de sus integrantes y desde el máximo respeto a lo que puedan decidir finalmente.
Creo que sería una contribución clara y coherente con la idea de que están dispuestos a todo con tal de que en Andalucía y en España "le hagamos un Lula a la derecha".
José Ignacio García, líder de Adelante Andalucía, en El Perro Verde, a preguntas de Manu Sánchez, fue muy claro: "Yo lo que quiero es que no gobierne la derecha, lo tengo clarísimo. Y además te digo: yo creo que es lo que va a pasar. Aquí le vamos a hacer un “Lula” a esta gente, se lo vamos a hacer". (En referencia a la histórica remontada protagonizada por Lula en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, impulsada por los jóvenes y la lucha contra el algoritmo). "Y además, yo creo" —continúa José Ignacio— "que los votos determinantes van a ser los escaños de las diputadas y los diputados de Adelante Andalucía. Ahora, cuando lleguemos allí y estén allí, nuestras compañeras les van a decir: 'Chch, tate, ahora vamos a negociar'. Vamos a negociar cosas para la clase trabajadora; vamos a ser valientes en vivienda y vamos a pararle los pies a los fondos de inversión; vamos a poner un contrato indefinido en condiciones para la vivienda. Vamos a hablar de trenes, de cercanías, del tren para que se mueva la gente trabajadora. Y vamos a condicionar desde Andalucía. Y eso es un escenario nuevo".
No me sorprendió su posición, que se ha mantenido coherente desde sus inicios, pero sí la claridad con que la expresó y dijo que en España le íbamos a hacer un "Lula" a la derecha. Yo creo también que las fuerzas progresistas y de izquierda en España van a ganar las elecciones. Y creo igualmente que José Ignacio no lo dice porque estemos en campaña; lo dice de corazón y con convencimiento.
"Le vamos a hacer un Lula a esta gente" es una expresión muy clara de que piensa, quiere y desea que el PSOE gane las elecciones —es obvio que es el único con posibilidades— y necesite a todo el conjunto de la izquierda alternativa —la soberanista y la federal— para propiciar un gobierno que pueda tener un férreo control por parte de un Parlamento de izquierdas. Y que dicho gobierno tenga que negociar con todas las fuerzas políticas que puedan apoyar una investidura de Pedro Sánchez, incluida, por supuesto, Adelante Andalucía, a cambio de que esa interlocución sea beneficiosa para Andalucía.
Otras fuerzas de izquierda alternativa piensan que, además de la negociación parlamentaria, es útil incorporarse a un eventual gobierno con el PSOE. Adelante Andalucía descarta dicha opción por considerar más útil condicionar desde el Parlamento y la negociación bilateral, al modo de Bildu o ERC.
Nada que objetar a ambas estrategias, que, en el fondo, no son incompatibles; más bien son necesarias, ambas, para "hacerle un Lula a la derecha" y seguir trabajando en lo que muchas ya han teorizado sobre el "bloque histórico" gramsciano en España.
Hasta ahí comprendo, e incluso podría compartir, la posición actual de Adelante Andalucía. Sin embargo, desde mi punto de vista, adolece de una incoherencia táctica que tiene que ver con el Senado.
Si se quiere propiciar un gobierno —vamos a llamarlo progresista, para entendernos— con el que poder negociar de manera importante y fuerte los intereses de Andalucía, lo lógico es que Adelante Andalucía pusiera todo de su parte para que ese gobierno y ese Congreso no se encontraran con un muro en el Senado, que evidentemente perjudicaría los intereses de Andalucía. Vemos que hay una pugna muy importante de la derecha y la ultraderecha por controlar los tres quintos del Senado, porque eso conllevaría un control extremo de los órganos de gobierno del poder judicial y del Tribunal Constitucional, además de permitir tomar iniciativas políticas, retrasar la aprobación de leyes, etcétera.
En el Congreso, Adelante Andalucía puede contribuir a la mayoría parlamentaria obteniendo representación propia. En el Senado, en cambio, la pregunta es: ¿qué posibilidades reales tienen las candidaturas de Adelante Andalucía de conseguir escaños en cada provincia andaluza? Y, de no ser así, ¿qué efecto puede tener su presencia en el reparto entre las distintas fuerzas de derecha e izquierda que compiten: la coalición PP-VOX y Senado de Progreso (PSOE + Frente Amplio)?
Planteo una pregunta sobre la coherencia entre los fines y los medios: si se aspira a que un futuro gobierno progresista pueda gobernar y negociar con garantías, también importa quién tendrá la mayoría en el Senado y qué fuerzas podrán obtener representación.
La respuesta es clara: ni Adelante Andalucía ni ninguna otra fuerza política de menor implantación tiene la más remota posibilidad de obtener un senador en ninguna provincia andaluza (en Cádiz, por ejemplo, harán falta 300.000 votos). Todos esos votos no servirán para nada práctico. El acuerdo PP-VOX para el Senado hace que la única candidatura capaz de competir para lograr tres senadores en algunas provincias (Cádiz, Sevilla, Málaga y Córdoba, que son clave) sea la candidatura de "Senado de Progreso" (PSOE + Frente Amplio). Para eso, los eventuales votos al Senado que irían a Adelante Andalucía sí se convertirían en decisivos si fueran a "Senado de Progreso".
Es legítimo que Adelante Andalucía quiera presentarse a las elecciones y defender su proyecto en todos los espacios institucionales. No se trata de cuestionar ese derecho ni de atribuir al partido una intención distinta de la que expresa. La cuestión es más concreta: si la prioridad estratégica es facilitar un gobierno progresista y tener capacidad para negociar con él, ¿qué papel desempeñan las candidaturas al Senado en ese objetivo? Resulta razonable preguntarse si la concurrencia de Adelante Andalucía al Senado ayuda al objetivo declarado de lograr una mayoría progresista y de izquierdas, ganar las elecciones y "hacer un Lula" también en la Cámara Alta, o si, por el contrario, puede dificultar que otras candidaturas progresistas alcancen esos senadores en disputa con la derecha.
Ante la imposibilidad de que Adelante Andalucía obtenga ningún senador, entiendo que lo más coherente por su parte —al menos tácticamente— con esa posición de querer negociar con el eventual gobierno progresista sería facilitar que hubiera el mayor número de senadores por parte del PSOE y del Frente Amplio, que son quienes tienen opción real de obtenerlos, aunque sea difícil y de manera muy competitiva frente al bloque de la derecha y la ultraderecha.
Entonces, creo necesario —y me atrevo a pedirles que lo hagan— que Adelante Andalucía retire las candidaturas al Senado. Lo planteo desde el reconocimiento al gran trabajo que están haciendo, desde el afecto que tengo a muchas de sus integrantes y desde el máximo respeto a lo que puedan decidir finalmente.
Creo que sería una contribución clara y coherente con la idea de que están dispuestos a todo con tal de que en Andalucía y en España "le hagamos un Lula a la derecha".
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