No despreciemos lo que dijo José María Aznar en la conferencia organizada por la Fundación Cajasol en Sevilla el pasado 5 de octubre, recién convocadas las elecciones generales para el 29 de noviembre. Ninguna risa. El expresidente del Gobierno de España aseguró que si Pedro Sánchez logra formar Gobierno tras el 29N, el sistema constitucional y la monarquía parlamentaria se terminarían.
La cuestión del modelo de Estado es un mar de fondo con sus volcanes en los distintos territorios nacionales e identitarios. Bajo el volcán nacionalista y monárquico español, mucho más abajo de la capa freática que inunda de violenta confrontación política el interior de la M30 madrileña, un magma de lava incandescente espera siempre la fractura superficial para expresar su agresividad ígnea.
Ocurrió contra la consecuencia política y electoral del 15M, Podemos, contra sus liderazgos naturales, Pablo Iglesias e Irene Montero, a los que cercaron su casa con los niños dentro durante meses, y contra los líderes del procés catalán a los que encarcelaron o provocaron su exilio voluntario (huida) consecuencia del “a por ellos” tras el discurso ultra de Felipe VI proclamado 3 de octubre de 2017.
Aznar promueve lo contrario de lo que pide que temamos. Si el 29N gana el tándem PP/Vox el proceso de adsorción (sí, con d) de las capacidades políticas de las autonomías sobre la superficie de la Constitución del 78 y su penetración centralista se acelerará. El España es Madrid es el corolario del credo de la derecha españolista y la ultraderecha neofascista heredera del franquismo. Un corolario que implica mano de hierro desde el centro contra todo lo que se mueva en favor de derechos sociales, de género, ecológicos y territoriales. Contra todo lo que se mueva en favor de la democracia real.
En la línea aznarista, las primeras autonomías que liquidarán sus competencias de motu propio serán las del PP. Ya lo están haciendo desentendiéndose cuando hay emergencias (Dana, incendios...) o temas de estado que les competen (migración, vivienda…), degradando todas sus capacidades políticas, privatizando todo lo público y canalizando el expolio de sus territorios hacia inversores extranjeros o banca, las más de las veces con domicilio social en Madrid.
Si gana el PP/Vox, la presión extractiva colonial se incrementará buscando la anulación de la capacidad política de las administraciones territoriales. Ya lo hizo Rajoy aplicando ferozmente el techo de gasto, pactado con el PSOE tras la reforma del 135 de la Constitución. El jefe de los obispos, monseñor Argüello, habla ya abiertamente de cambiar el artículo 2 de la Constitución.
Aznar está anticipando lo que va a venir queramos o no, porque España no es una unidad de destino en lo universal, si no una construcción monárquica para el expolio de las clases populares vivan donde vivan, por eso es tan importante la capacidad política de los territorios.
Contra la intención del expolio centralista, que asocia concentración de poder y degradación de derechos, las comunidades que van a presentar más capacidad de resistencia serán aquellas que tengan fuerzas soberanistas representativas y/o cuya población tenga gran conciencia de ser pueblos culturales y políticos.
Aún así, ninguna comunidad cultural, ningún pueblo del estado plurinacional que es realmente España, podrá afrontar el expolio que se viene encima con un gobierno PP/Vox sin coordinar la lucha con otros pueblos y sin una visión de transformación del estado compartida para aumentar y blindar su carácter democrático.
Las elecciones del 29N abren el escenario con el tema de la vivienda y el cuerpo presente de Maricarmen, en confrontación con la crisis migratoria de Ceuta, que Felipe VI, tomando partido por la derecha, querrá impulsar en su visita a Ceuta y Melilla el 13 y 14 de octubre.
Ante la hipótesis de que PP y Vox pudieran obtener una mayoría suficiente para formar gobierno tras las elecciones generales del 29N, debemos estar preparados para afrontar ese escenario político. Tanto si ocurre como si no, habremos de saber que la agenda de avance en derechos debe estar cruzada con la liquidación de estado profundo antidemocrático.
Para ello es imprescindible una visión (con)federalista del estado que permita buscar alianzas entre los pueblos que lo componen para zafarse los expolios coloniales que el capitalismo ejecuta concentrando los poderes económicos, políticos y judiciales en un punto central.
Si ocurre, como es altísimamente probable, que PP/Vox gobiernen al servicio de oligopolios, transnacionales y fondos dominados desde EEUU, el frente republicano plurinacional, con traducción electoral o no, se presentará como la herramienta estratégica disponible para afrontar el neofascismo. Esto es lo que ve Aznar.
No despreciemos lo que dijo José María Aznar en la conferencia organizada por la Fundación Cajasol en Sevilla el pasado 5 de octubre, recién convocadas las elecciones generales para el 29 de noviembre. Ninguna risa. El expresidente del Gobierno de España aseguró que si Pedro Sánchez logra formar Gobierno tras el 29N, el sistema constitucional y la monarquía parlamentaria se terminarían.
La cuestión del modelo de Estado es un mar de fondo con sus volcanes en los distintos territorios nacionales e identitarios. Bajo el volcán nacionalista y monárquico español, mucho más abajo de la capa freática que inunda de violenta confrontación política el interior de la M30 madrileña, un magma de lava incandescente espera siempre la fractura superficial para expresar su agresividad ígnea.
Ocurrió contra la consecuencia política y electoral del 15M, Podemos, contra sus liderazgos naturales, Pablo Iglesias e Irene Montero, a los que cercaron su casa con los niños dentro durante meses, y contra los líderes del procés catalán a los que encarcelaron o provocaron su exilio voluntario (huida) consecuencia del “a por ellos” tras el discurso ultra de Felipe VI proclamado 3 de octubre de 2017.
Aznar promueve lo contrario de lo que pide que temamos. Si el 29N gana el tándem PP/Vox el proceso de adsorción (sí, con d) de las capacidades políticas de las autonomías sobre la superficie de la Constitución del 78 y su penetración centralista se acelerará. El España es Madrid es el corolario del credo de la derecha españolista y la ultraderecha neofascista heredera del franquismo. Un corolario que implica mano de hierro desde el centro contra todo lo que se mueva en favor de derechos sociales, de género, ecológicos y territoriales. Contra todo lo que se mueva en favor de la democracia real.
En la línea aznarista, las primeras autonomías que liquidarán sus competencias de motu propio serán las del PP. Ya lo están haciendo desentendiéndose cuando hay emergencias (Dana, incendios...) o temas de estado que les competen (migración, vivienda…), degradando todas sus capacidades políticas, privatizando todo lo público y canalizando el expolio de sus territorios hacia inversores extranjeros o banca, las más de las veces con domicilio social en Madrid.
Si gana el PP/Vox, la presión extractiva colonial se incrementará buscando la anulación de la capacidad política de las administraciones territoriales. Ya lo hizo Rajoy aplicando ferozmente el techo de gasto, pactado con el PSOE tras la reforma del 135 de la Constitución. El jefe de los obispos, monseñor Argüello, habla ya abiertamente de cambiar el artículo 2 de la Constitución.
Aznar está anticipando lo que va a venir queramos o no, porque España no es una unidad de destino en lo universal, si no una construcción monárquica para el expolio de las clases populares vivan donde vivan, por eso es tan importante la capacidad política de los territorios.
Contra la intención del expolio centralista, que asocia concentración de poder y degradación de derechos, las comunidades que van a presentar más capacidad de resistencia serán aquellas que tengan fuerzas soberanistas representativas y/o cuya población tenga gran conciencia de ser pueblos culturales y políticos.
Aún así, ninguna comunidad cultural, ningún pueblo del estado plurinacional que es realmente España, podrá afrontar el expolio que se viene encima con un gobierno PP/Vox sin coordinar la lucha con otros pueblos y sin una visión de transformación del estado compartida para aumentar y blindar su carácter democrático.
Las elecciones del 29N abren el escenario con el tema de la vivienda y el cuerpo presente de Maricarmen, en confrontación con la crisis migratoria de Ceuta, que Felipe VI, tomando partido por la derecha, querrá impulsar en su visita a Ceuta y Melilla el 13 y 14 de octubre.
Ante la hipótesis de que PP y Vox pudieran obtener una mayoría suficiente para formar gobierno tras las elecciones generales del 29N, debemos estar preparados para afrontar ese escenario político. Tanto si ocurre como si no, habremos de saber que la agenda de avance en derechos debe estar cruzada con la liquidación de estado profundo antidemocrático.
Para ello es imprescindible una visión (con)federalista del estado que permita buscar alianzas entre los pueblos que lo componen para zafarse los expolios coloniales que el capitalismo ejecuta concentrando los poderes económicos, políticos y judiciales en un punto central.
Si ocurre, como es altísimamente probable, que PP/Vox gobiernen al servicio de oligopolios, transnacionales y fondos dominados desde EEUU, el frente republicano plurinacional, con traducción electoral o no, se presentará como la herramienta estratégica disponible para afrontar el neofascismo. Esto es lo que ve Aznar.
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