Opinión

El disfraz feminista de la foto institucional

Estamos solas porque los intereses y los egos pesan más que los derechos de las mujeres. Mientras ellos firman declaraciones de escaparate, a nosotras nos toca seguir hablando aunque nos amenacen para que callemos

  • Víctimas de trata, las esclavas del siglo XXI. -

El pasado 23 de septiembre, PP, PSOE y Adelante Izquierda Gaditana firmaron en el Ayuntamiento de Cádiz una declaración institucional contra la explotación sexual y la trata. Cádiz Abolicionista lleva años defendiendo una política que proteja de verdad a las mujeres prostituidas y ataque la demanda que sostiene el negocio. Por eso la leí. Y la volví a leer.

Cuando llevas años partiéndote la cara por una cuestión, no te conformas con el titular, la foto y las palabras bonitas. Y esta declaración tiene algo que me preocupa más que su insuficiencia: lo que dice de nuestra política municipal. Cuando decimos que las feministas nos sentimos huérfanas, no hablamos de papeletas; hablamos de escuchar discursos teóricamente feministas para encontrarnos después con documentos donde el feminismo se evapora.

Aquí hay que hablar con nombres y apellidos de quien en nombres de sus partidos y suyos propios, firmaron. Maite González (portavoz del Partido Popular de Cádiz) y a Óscar Torres (portavoz del Partido Socialista) les hemos escuchado proclamarse feministas y en concreto abolicionistas. A Maite, además, en numerosas ocasiones. Y el PSOE presume de ello en otros ámbitos. Y más tras el caso Abalos , este mismo 18 de mayo de 2026 presentaron en el senado unas medidas contra la demanda de la prostitucion. No es que nosotras esperáramos nada de ellos; es que son ellos los que van dando lecciones de feminismo. Son ellos los que se ponen el traje cuando les interesa para quedar bien ante el movimiento feminista y luego, a la hora de hacer política real, se lo quitan, firman documentos vacíos y le dan la espalda a las víctimas.

Sí, he dicho traje. Porque estoy harta de los disfraces. Por eso la pregunta es inevitable: ¿qué hacemos con quienes se apropian de nuestro discurso para la foto y después nos dejan tiradas en el papel?

No discuto si pueden o no considerarse feministas; eso tendrán que explicarlo ellos. Lo que afirmo es simple: yo no encuentro en este texto la abolición que les he escuchado pregonar. Una política abolicionista no puede limitarse a rechazar la trata. Tiene que proteger de forma integral a las mujeres, garantizar alternativas reales y señalar sin ambages a quienes compran sexo, a quienes se lucran y a las condiciones socioeconómicas que atan a una mujer a la prostitución por falta de salidas. Y ahí el texto se estrella.

Donde el texto se estrella

La declaración elude la prostitución como mercado específico, omite la demanda y carece de itinerarios de salida. No es un capricho mío; es analizado en múltiples informes en la lucha contra el crimen organizado que supone la explotación sexual. 

Porque no todas las mujeres en prostitución son identificadas formalmente como víctimas de trata. Si las instituciones montan toda la respuesta sobre las redes detectadas, ¿qué pasa con la mujer que quiere salir y no tiene empleo, ingresos o red? ¿Tiene que esperar a que un juez certifique que hay una trama detrás para que la administración se mueva? Yo creo que no.

Tampoco hay una sola línea sobre la demanda. Es muy fácil clamar contra la explotación y callar ante los hombres que pagan por cuerpos ajenos. Y lo peor es que la demanda no nace en el club; se cultiva mucho antes. Hoy nuestros hijos e hijas tienen un móvil en la mano desde críos, consumiendo una pornografía que hipersexualiza a las mujeres y normaliza que el cuerpo femenino es una mercancía.

La prevención tiene que empezar en las aulas, en las familias, en la educación afectivo-sexual y en el freno a la pornografía. No podemos pedir a las niñas que se protejan mientras enseñamos a los niños que las mujeres están disponibles para el consumo. Eso también es política pública. La libertad no se proclama; se construye.

La tercera firmante: Lorena Garrón, nunca me ha generado dudas. No comparto su postura, pero sé cuál es y no se disfraza. Han impuesto su marco: un enfoque asistencial de trata que esquiva el debate sobre la prostitución como mercado y que por supuesto no persigue la demanda. Parece que la declaración ha sido redactada a medida para que la firme Adelante Izquierda Gaditana. 

Años de medidas concretas 

Nosotras no hemos venido a hacernos la foto. Llevamos años proponiendo medidas concretas en el Ayuntamiento —como la Red de Municipios Libres de Trata—, organizando congresos, escuelas críticas, formaciones y pateando la calle. Por eso irrita tanto ver que una propuesta nacida del movimiento feminista se diluye en una sesión de cartón piedra donde las organizaciones de pie de obra sobran.

En nuestro informe planteamos diez medidas concretas: plan municipal específico, itinerarios de salida, atajar la demanda, formación a profesionales, protocolo local, prevención educativa, participación feminista, diagnóstico real y evaluación. No nos limitamos a decir que "no nos gusta"; aportamos soluciones.

Y llegados a este punto, hay que decirlo sin rodejos. Si el feminismo es, por definición, abolicionista, un documento institucional que esquiva el abolicionismo y obvia el mercado de la prostitución simplemente no es feminista. No nos vale con que le pongan una capa de barniz morado a una declaración de mínimos para quedar bien ante la galería. Las palabras vacías no salvan a nadie.

Entre tanto ego institucional y tanta disputa por la medalla, lo esencial —las mujeres prostituidas— desaparece. Una mujer en la acera o en un piso no necesita a un político posando de perfil feminista; necesita que, cuando tenga poder de decisión, la política esté a la altura.

Ahí radica la desconfianza. No nos sentimos huérfanas de criterio, sino desubicadas ante la incoherencia de quienes firman lo contrario de lo que pregonan. Y quizá haya algo que explique mejor que cualquier pleno por qué tantas feministas nos sentimos solas. Hoy vuelvo a ser amenazada por hablar. Una denuncia por llamar fascista a un político. Una pintada bajo mi casa. Bloqueos. Silencios.

Y lo más inquietante no es solo quien amenaza, sino el entorno. Una asociación está bloqueada y nadie dice nada. Una plataforma señalada en una pared y silencio absoluto. Una mujer amenazada por señalar incoherencias y la callada por respuesta.

Ese silencio también es política. Nos preguntamos por qué estamos solas. Estamos solas porque los intereses y los egos pesan más que los derechos de las mujeres. Mientras ellos firman declaraciones de escaparate, a nosotras nos toca seguir hablando aunque nos amenacen para que callemos.

Hoy sigo hablando. Mañana, no lo sé. Pero de momento, aquí estoy.

El pasado 23 de septiembre, PP, PSOE y Adelante Izquierda Gaditana firmaron en el Ayuntamiento de Cádiz una declaración institucional contra la explotación sexual y la trata. Cádiz Abolicionista lleva años defendiendo una política que proteja de verdad a las mujeres prostituidas y ataque la demanda que sostiene el negocio. Por eso la leí. Y la volví a leer.

Cuando llevas años partiéndote la cara por una cuestión, no te conformas con el titular, la foto y las palabras bonitas. Y esta declaración tiene algo que me preocupa más que su insuficiencia: lo que dice de nuestra política municipal. Cuando decimos que las feministas nos sentimos huérfanas, no hablamos de papeletas; hablamos de escuchar discursos teóricamente feministas para encontrarnos después con documentos donde el feminismo se evapora.

Aquí hay que hablar con nombres y apellidos de quien en nombres de sus partidos y suyos propios, firmaron. Maite González (portavoz del Partido Popular de Cádiz) y a Óscar Torres (portavoz del Partido Socialista) les hemos escuchado proclamarse feministas y en concreto abolicionistas. A Maite, además, en numerosas ocasiones. Y el PSOE presume de ello en otros ámbitos. Y más tras el caso Abalos , este mismo 18 de mayo de 2026 presentaron en el senado unas medidas contra la demanda de la prostitucion. No es que nosotras esperáramos nada de ellos; es que son ellos los que van dando lecciones de feminismo. Son ellos los que se ponen el traje cuando les interesa para quedar bien ante el movimiento feminista y luego, a la hora de hacer política real, se lo quitan, firman documentos vacíos y le dan la espalda a las víctimas.

Sí, he dicho traje. Porque estoy harta de los disfraces. Por eso la pregunta es inevitable: ¿qué hacemos con quienes se apropian de nuestro discurso para la foto y después nos dejan tiradas en el papel?

No discuto si pueden o no considerarse feministas; eso tendrán que explicarlo ellos. Lo que afirmo es simple: yo no encuentro en este texto la abolición que les he escuchado pregonar. Una política abolicionista no puede limitarse a rechazar la trata. Tiene que proteger de forma integral a las mujeres, garantizar alternativas reales y señalar sin ambages a quienes compran sexo, a quienes se lucran y a las condiciones socioeconómicas que atan a una mujer a la prostitución por falta de salidas. Y ahí el texto se estrella.

Donde el texto se estrella

La declaración elude la prostitución como mercado específico, omite la demanda y carece de itinerarios de salida. No es un capricho mío; es analizado en múltiples informes en la lucha contra el crimen organizado que supone la explotación sexual. 

Porque no todas las mujeres en prostitución son identificadas formalmente como víctimas de trata. Si las instituciones montan toda la respuesta sobre las redes detectadas, ¿qué pasa con la mujer que quiere salir y no tiene empleo, ingresos o red? ¿Tiene que esperar a que un juez certifique que hay una trama detrás para que la administración se mueva? Yo creo que no.

Tampoco hay una sola línea sobre la demanda. Es muy fácil clamar contra la explotación y callar ante los hombres que pagan por cuerpos ajenos. Y lo peor es que la demanda no nace en el club; se cultiva mucho antes. Hoy nuestros hijos e hijas tienen un móvil en la mano desde críos, consumiendo una pornografía que hipersexualiza a las mujeres y normaliza que el cuerpo femenino es una mercancía.

La prevención tiene que empezar en las aulas, en las familias, en la educación afectivo-sexual y en el freno a la pornografía. No podemos pedir a las niñas que se protejan mientras enseñamos a los niños que las mujeres están disponibles para el consumo. Eso también es política pública. La libertad no se proclama; se construye.

La tercera firmante: Lorena Garrón, nunca me ha generado dudas. No comparto su postura, pero sé cuál es y no se disfraza. Han impuesto su marco: un enfoque asistencial de trata que esquiva el debate sobre la prostitución como mercado y que por supuesto no persigue la demanda. Parece que la declaración ha sido redactada a medida para que la firme Adelante Izquierda Gaditana. 

Años de medidas concretas 

Nosotras no hemos venido a hacernos la foto. Llevamos años proponiendo medidas concretas en el Ayuntamiento —como la Red de Municipios Libres de Trata—, organizando congresos, escuelas críticas, formaciones y pateando la calle. Por eso irrita tanto ver que una propuesta nacida del movimiento feminista se diluye en una sesión de cartón piedra donde las organizaciones de pie de obra sobran.

En nuestro informe planteamos diez medidas concretas: plan municipal específico, itinerarios de salida, atajar la demanda, formación a profesionales, protocolo local, prevención educativa, participación feminista, diagnóstico real y evaluación. No nos limitamos a decir que "no nos gusta"; aportamos soluciones.

Y llegados a este punto, hay que decirlo sin rodejos. Si el feminismo es, por definición, abolicionista, un documento institucional que esquiva el abolicionismo y obvia el mercado de la prostitución simplemente no es feminista. No nos vale con que le pongan una capa de barniz morado a una declaración de mínimos para quedar bien ante la galería. Las palabras vacías no salvan a nadie.

Entre tanto ego institucional y tanta disputa por la medalla, lo esencial —las mujeres prostituidas— desaparece. Una mujer en la acera o en un piso no necesita a un político posando de perfil feminista; necesita que, cuando tenga poder de decisión, la política esté a la altura.

Ahí radica la desconfianza. No nos sentimos huérfanas de criterio, sino desubicadas ante la incoherencia de quienes firman lo contrario de lo que pregonan. Y quizá haya algo que explique mejor que cualquier pleno por qué tantas feministas nos sentimos solas. Hoy vuelvo a ser amenazada por hablar. Una denuncia por llamar fascista a un político. Una pintada bajo mi casa. Bloqueos. Silencios.

Y lo más inquietante no es solo quien amenaza, sino el entorno. Una asociación está bloqueada y nadie dice nada. Una plataforma señalada en una pared y silencio absoluto. Una mujer amenazada por señalar incoherencias y la callada por respuesta.

Ese silencio también es política. Nos preguntamos por qué estamos solas. Estamos solas porque los intereses y los egos pesan más que los derechos de las mujeres. Mientras ellos firman declaraciones de escaparate, a nosotras nos toca seguir hablando aunque nos amenacen para que callemos.

Hoy sigo hablando. Mañana, no lo sé. Pero de momento, aquí estoy.

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