Durante los primeros años de extensión organizativa y teórica del andalucismo, entre 1915 y 1923, sucede en paralelo una crisis de la vivienda en Andalucía. Estudiada por numerosos autores y autoras, las conclusiones atestiguan que ésta fue efecto, fundamentalmente, de las migraciones interiores de los espacios rurales a las grandes urbes conformadas a finales del XIX y primera mitad del XX. En pocas décadas, las ciudades andaluzas incrementaron el número de sus habitantes, con la consiguiente masificación y autoconstrucción de edificaciones o chabolas, infraviviendas, en condiciones miserables. Se crean los suburbios obreros en el extrarradio. El hacinamiento provocaba graves problemas de salubridad e higiene conocidos por las élites económicas de las ciudades y de la administración.
Las autoridades públicas aprobaron en 1911 la Ley de Casas Baratas con la finalidad de “proporcionar a las familias poco acomodadas, el disfrute de sus domicilios, moralidad, higiene, seguridad, economía, comodidad, hábitos de cultura y medios para que lleguen a tener casa propia”, con escaso éxito. Todo ello a pesar incluso de regalar suelo público a iniciativas privadas que desearan construir viviendas.
Blas Infante manifiesta soluciones y construye un mensaje diferente a los existentes en ese momento con respecto a la vivienda.
La primera referencia la encontramos en su participación en el Congreso Internacional Georgista de Ronda de 1913. Él sabe cómo en Alemania, ante el incremento del precio de los alquileres, está consiguiendo que algunos ayuntamientos compren terrenos en los suburbios de las ciudades o, en otros casos, apliquen un tributo sobre esos solares sin edificar, “impidiendo de este modo la especulación privada (…) en consonancia con el valor debido a la situación, haciendo justicia de esta suerte al interés público en general” (Impuesto Único, junio/julio 1913, p.13).
Blas Infante, militante del georgismo y de la Liga Georgista, tiene en cuenta estos argumentos para redactar su capítulo de Ideal Andaluz “El sistema fisiocrático en su aplicación al suelo de la ciudad”, en 1915. En ese punto, considera por iguales la situación del campo y de la ciudad, y defiende medidas integrales para acabar con una de las causas de la “miseria fisiológica y productora de nuestro estado decadente” (Ideal Andaluz, 1915, p. 195). En ese mismo apartado equipara el suelo del campo con los solares abandonados de las ciudades y, por tanto, frente a contextos de especulación, caben las mismas medidas:
“La especulación manteniendo fuera de uso los terrenos edificables, determina el famoso precio de los alquileres, los cuales llegan en Sevilla a ser más altos que en ninguna otra ciudad de España. En esta ciudad existen familias de las clases media y obrera que se ven en la dura necesidad de comer o de tener habitación” (Ideal Andaluz, 1915, p. 196).
Además, Infante denuncia el lamentable estado de miseria de estas familias: locales inmundos, “guaridas de miseria y muerte”, hacinamiento, … o viviendo al aire libre en chabolas. Para la bajada del precio de los alquileres propone la intervención pública por medio de la expropiación de esos solares para “quienes quisiere edificarlas” con viviendas habitables.
En 1918, Blas Infante solicita que los diputados en Cortes Generales sean conscientes del grave problema andaluz y exige una reforma tributaria sobre los solares sin edificar: “resolver la cuestión agobiadora de las viviendas, no solo con respecto a la clase proletaria, sino también con relación a la clase media, la cual habla de su martirio con la elocuencia de un cobarde y trágico silencio” (Revista Andalucía, junio 1918, p.11-12).
El tercer testimonio lo constituye el manuscrito alojado y analizado en la web de la Fundación Blas Infante (www.fundacionblasinfante.es). Se trata del discurso pronunciado en el sevillano Salón Imperial de la Cámara de Inquilinos -colectivo de arrendadores para la defensa de sus intereses- el 27 de mayo de 1923. Según él, existen soluciones, pero el problema está en los poderes responsables de ejecutarlas. Falta el “Poder Social”, con mayúsculas, un poder que no sea obstáculo, sino medio para realizar los fines sociales: “Pobre Andalucía, sin tierras en el Campo, y en las ciudades sin habitación”. Y añade: “esos Poderes, no pueden responderos de otro modo”. Además, Infante ensalza y anima a continuar la labor de las asociaciones y colectivos, para buscar soluciones “más o menos radicales” y resolver los “hondos” problemas de Sevilla y Andalucía.
No podemos olvidar la adscripción del andalucismo a las corrientes higienistas del momento. En los escritos andalucistas aparecen alusiones al mismo cuando se demandan casas dignas para mejorar la higiene ambiental y urbana. Entienden la enfermedad no solo como un problema individual, sino también una cuestión social, política y del medio.
En definitiva, Blas Infante convierte la lucha por una vivienda digna en una reclamación más para la mejora de las condiciones de vida de la clase obrera, junto a otras reivindicaciones de orden social, laboral, educativo y de salud pública.
Durante los primeros años de extensión organizativa y teórica del andalucismo, entre 1915 y 1923, sucede en paralelo una crisis de la vivienda en Andalucía. Estudiada por numerosos autores y autoras, las conclusiones atestiguan que ésta fue efecto, fundamentalmente, de las migraciones interiores de los espacios rurales a las grandes urbes conformadas a finales del XIX y primera mitad del XX. En pocas décadas, las ciudades andaluzas incrementaron el número de sus habitantes, con la consiguiente masificación y autoconstrucción de edificaciones o chabolas, infraviviendas, en condiciones miserables. Se crean los suburbios obreros en el extrarradio. El hacinamiento provocaba graves problemas de salubridad e higiene conocidos por las élites económicas de las ciudades y de la administración.
Las autoridades públicas aprobaron en 1911 la Ley de Casas Baratas con la finalidad de “proporcionar a las familias poco acomodadas, el disfrute de sus domicilios, moralidad, higiene, seguridad, economía, comodidad, hábitos de cultura y medios para que lleguen a tener casa propia”, con escaso éxito. Todo ello a pesar incluso de regalar suelo público a iniciativas privadas que desearan construir viviendas.
Blas Infante manifiesta soluciones y construye un mensaje diferente a los existentes en ese momento con respecto a la vivienda.
La primera referencia la encontramos en su participación en el Congreso Internacional Georgista de Ronda de 1913. Él sabe cómo en Alemania, ante el incremento del precio de los alquileres, está consiguiendo que algunos ayuntamientos compren terrenos en los suburbios de las ciudades o, en otros casos, apliquen un tributo sobre esos solares sin edificar, “impidiendo de este modo la especulación privada (…) en consonancia con el valor debido a la situación, haciendo justicia de esta suerte al interés público en general” (Impuesto Único, junio/julio 1913, p.13).
Blas Infante, militante del georgismo y de la Liga Georgista, tiene en cuenta estos argumentos para redactar su capítulo de Ideal Andaluz “El sistema fisiocrático en su aplicación al suelo de la ciudad”, en 1915. En ese punto, considera por iguales la situación del campo y de la ciudad, y defiende medidas integrales para acabar con una de las causas de la “miseria fisiológica y productora de nuestro estado decadente” (Ideal Andaluz, 1915, p. 195). En ese mismo apartado equipara el suelo del campo con los solares abandonados de las ciudades y, por tanto, frente a contextos de especulación, caben las mismas medidas:
“La especulación manteniendo fuera de uso los terrenos edificables, determina el famoso precio de los alquileres, los cuales llegan en Sevilla a ser más altos que en ninguna otra ciudad de España. En esta ciudad existen familias de las clases media y obrera que se ven en la dura necesidad de comer o de tener habitación” (Ideal Andaluz, 1915, p. 196).
Además, Infante denuncia el lamentable estado de miseria de estas familias: locales inmundos, “guaridas de miseria y muerte”, hacinamiento, … o viviendo al aire libre en chabolas. Para la bajada del precio de los alquileres propone la intervención pública por medio de la expropiación de esos solares para “quienes quisiere edificarlas” con viviendas habitables.
En 1918, Blas Infante solicita que los diputados en Cortes Generales sean conscientes del grave problema andaluz y exige una reforma tributaria sobre los solares sin edificar: “resolver la cuestión agobiadora de las viviendas, no solo con respecto a la clase proletaria, sino también con relación a la clase media, la cual habla de su martirio con la elocuencia de un cobarde y trágico silencio” (Revista Andalucía, junio 1918, p.11-12).
El tercer testimonio lo constituye el manuscrito alojado y analizado en la web de la Fundación Blas Infante (www.fundacionblasinfante.es). Se trata del discurso pronunciado en el sevillano Salón Imperial de la Cámara de Inquilinos -colectivo de arrendadores para la defensa de sus intereses- el 27 de mayo de 1923. Según él, existen soluciones, pero el problema está en los poderes responsables de ejecutarlas. Falta el “Poder Social”, con mayúsculas, un poder que no sea obstáculo, sino medio para realizar los fines sociales: “Pobre Andalucía, sin tierras en el Campo, y en las ciudades sin habitación”. Y añade: “esos Poderes, no pueden responderos de otro modo”. Además, Infante ensalza y anima a continuar la labor de las asociaciones y colectivos, para buscar soluciones “más o menos radicales” y resolver los “hondos” problemas de Sevilla y Andalucía.
No podemos olvidar la adscripción del andalucismo a las corrientes higienistas del momento. En los escritos andalucistas aparecen alusiones al mismo cuando se demandan casas dignas para mejorar la higiene ambiental y urbana. Entienden la enfermedad no solo como un problema individual, sino también una cuestión social, política y del medio.
En definitiva, Blas Infante convierte la lucha por una vivienda digna en una reclamación más para la mejora de las condiciones de vida de la clase obrera, junto a otras reivindicaciones de orden social, laboral, educativo y de salud pública.
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