Humor para intelectuales

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Humor para intelectuales

15-04-2018 / 12:12 h.

Hay muchas modas y parece que, a todo tren, muchos, si nos quedamos atrás en alguna vanguardia parecemos neardentales. No se puede criticar a ningún humorista ultra moderno porque entonces estás alienado y te embruteces como con el fútbol... Como con ese Soma de la novela de Aldous Huxley, Un Mundo Feliz. Es decir, eres un necio que entregado a lo emocional no comprende lo que significa la libertad de expresión...

Aceptar cualquier tipo de humor sobre cualquier cosa si lo dice un tipo de humorista, de los que se llevan ahora, es obligatorio o eres un reaccionario. Evidentemente si lo hacen estos modernos, que es lo mismo que hacía Arévalo con mariquitas y gangosos, tienen patente de corso. Porque en sus formas y en su lenguaje están amparados por un libertinaje modernista de, repito, gustos y modelos de gente que va de nueva en todo pero no son más que un clon de un clon. Porque cuando se alude a un discapacitado para hacer reír, la creatividad desaparece. No entienden que meterse con una persona para sacar una sonrisa es una mezquindad. Claro, pero si el que lo hace lo dispone todo con una camiseta chula, unas zapatillas aun más guapas y una gafas de pasta se lo perdonamos todo. Y si ya te instruyen de cine alternativo, entre chiste y chiste, ya hay que mondarse.

Y no es que Arévalo o todos los anteriores me cayeran mejor, sino que los nuevos, estos monologuistas que se pasan de frenada, son lo mismo pero con otro disfraz. Aun más hortera, si cabe, que ya es difícil. Voy a decirlo muy alto y muy claro: no sé si tengo los conocimientos jurídicos como para afirmar ésto pero me dan ganas de prohibir que alguien hiciera humor a costa de nadie que no puede defenderse por sí solo. Sí , amigos, ganas de prohibir. Nadie estamos exentos de haberlo hecho en determinadas épocas de inmadurez o frustración, pero ganarse la vida de esta manera y defenderlo en una radio o en algún foro como libertad de expresión me da ardores. Sin ninguna intención de remediarlo o mejorar como personas insisten en esta fórmula que ya creíamos haber superado. Me parece nauseabundo. Dan alas a que se les limite la libertad por no saber utilizarla.

El otro día, por la radio, Ignatius Farray y el guaperas de Quequé, se regalaron y disfrutaron a costa de la palabra autismo. El problema es que muchos de estos niños no pueden ni defenderse o dar una réplica. Y en muchos casos ni entender el chiste para intelectuales de la nueva ola del humor donde se les humilla a costa de un público sin entrañas. Creo que detrás de todo esto hay una sociedad que demanda carnaza y aunque Umberto Eco dijera que criticar lo moderno es un síntoma de fascismo, no creo que se refiriera a estos payasos y sus posibilidades. También hablaba mucho del intrusismo.

Por ética, por bondad, por querer que el cinismo no esté instalado en ningún ámbito. Para todas esas personas que no pueden defenderse sea cual sea su problema escribo estas líneas. Y sobre todo porque creo que, a veces, cada vez más, por desgracia, las leyes son las que hacen cambiar la sociedad y no al contrario. A mí no me hacéis gracia, porque sois unos cobardes disfrazados de negro con un vacío absoluto en el alma. Con menos fondo que un dedal aunque seáis muy cultos y apliquéis esa condescendencia en vuestro humor recalcitrante. Tenéis muy poca sustancia.