la rotonda

Lo que cuesta Jerez... a poco más de seis meses de las municipales

Con las generales tapándolo todo, la pregunta que decidirá las municipales seguirá siendo la de siempre: si mi ciudad está mejor o peor que hace cuatro años. En Jerez, los servicios cuestan de media casi un 30% más que en 2022

  • Rabanito Fest, este pasado sábado, en la Alameda Vieja, sufragado por el Ayuntamiento de Jerez bajo la Capital Española de la Gastronomía 2026. -

El adelanto de las generales al 29 de noviembre lo ha tapado todo, como esas lonas de obra que cubren una fachada que nadie sabe cuándo se va a rehabilitar. Pero detrás de la lona sigue estando el edificio. A la vuelta de Reyes, con las nuevas Cortes ya constituidas, arrancará la recta final de los mandatos municipales y, con ella, una pelea encarnizada entre los partidos por el poder local y provincial, decisivos a la postre para configurar la base de los nuevos ciclos electorales. Apenas un semestre. En política, una eternidad. En la vida de una ciudad, un suspiro.

Desgraciadamente, llegará el día en que vuelvan los proyectos políticos a largo plazo, con visión de futuro, con luces largas, pero entretanto, hay que conformarse con esta sucesión de saltos de mata para ir ganando tiempo al tiempo, demostrando que la vida de muchos políticos es ese álbum de fotos y esos titulares vacíos que van de elección en elección.

El ciudadano medio llegará a esa cita aturdido por tanto ruido, desolado por tanta tragedia y asqueado de tanto reel y tanto tuit. Hablar mucho para decir y hacer tan poco. Y, sin embargo, cuando se acerque a la urna solo se hará una pregunta, la más vieja y la más honesta de todas: si su ciudad está mejor o peor que hace cuatro años. No si se ha transformado, porque ninguna ciudad se transforma en un mandato, y eso lo sabe cualquiera que haya visto pasar alcaldes por cualquier consistorio. Le bastará con saber si ha tenido visos de hacerlo, si ha progresado o si ha empeorado en todo lo que mide la calidad de vida de un municipio.

La vivienda y la salud son de la Junta. Las comunicaciones, sobre todo, del Estado. Pesarán, claro, pero se medirán menos que lo que se ve desde la ventana o en la puerta de casa: la calle limpia o sucia, la tranquilidad al volver a casa de noche, la calidad del empleo, el mantenimiento urbano y el de los colegios, la ayuda a domicilio, el autobús que pasa o no pasa, la cultura, de la biblioteca de barrio al gran equipamiento, y el control del gasto público y de los contratos. Los favores, las gratificaciones, las componendas. Todo eso es cien por cien municipal. Ahí no hay a quién pasarle la pelota.

Alain Corbin y Hervé Mazurel nos recuerdan en su Historia de las sensibilidades (Acantilado, 2026) que también la manera de sentir tiene historia: lo que una época tolera, lo que le irrita, lo que de pronto le resulta insoportable. Corbin ya lo había demostrado con el olfato en El perfume o el miasma: hubo un tiempo en que el hedor de las calles era paisaje y otro en que se convirtió en escándalo. Cada época tiene su umbral.

El umbral de la nuestra lo marca el tertuliano. Opina de trenes por la mañana, de aranceles al mediodía y de virología por la noche, con la misma seguridad y la misma falta de rubor. Me viene a la cabeza Clint Eastwood, con la placa de Harry Callahan, cuando sentencia que las opiniones son como los culos: todo el mundo tiene uno. El problema no es tenerlo, sino que de tanto enseñarlo hemos dejado de mirar lo que no se opina, lo que se mide.

Y lo que se mide, sobre todo, es el ticket y el bordillo, el rebaje, el alcorque, los papeles por el suelo, los contenedores a reventar, los parques abandonados. La gasolina, los huevos, el café, la papelera hasta arriba sin vaciar... La inflación y los problemas de las ciudades no despiertan en los platós la pasión de la última polémica, pero es lo que decide si uno llega o no a fin de mes y cómo vive su día a día. Y una ciudad, aunque se nos olvide, también hace la compra y sale diariamente a la calle.

Cuánto han subido los servicios municipales de Jerez desde 2022

Lo cuentan los propios informes del Ayuntamiento de Jerez, por poner el ejemplo de un ayuntamiento de una gran ciudad en Andalucía, sobre el coste efectivo de sus servicios, esos que cada año se remiten a Hacienda y que casi nadie lee. Entre 2022 y 2025, atender a las personas en riesgo de exclusión o vulnerables —sin contar Comujesa y la ayuda a domicilio— ha pasado de 38,3 a 57,2 millones de euros, un 49% más. La Policía Local, de 24 a 34,9 millones, un 45% más. El alumbrado público se ha encarecido un 47%; la limpieza viaria, un 21%; la cultura, un 25%; el mantenimiento de los colegios, un 12%. Y todo eso, en solo tres ejercicios.

No tiene por qué ser un escándalo este subidón de costes —una media de casi el 30% en conjunto en apenas tres años— para el contribuyente jerezano. Una parte del argumento será el incremento de la luz, de los salarios y la subida del precio de la vida; otra, quizá discutible por algunos, que hay más inversión para más atención y mejores servicios. Pero la pregunta del vecino es más simple y más cruel: si pago más, ¿recibo más? Y la respuesta no está en los informes, sino en las aceras.

Jerez afronta lo que viene sin presupuesto previsto para 2027 y con la misma incertidumbre que el resto del mundo. Las amenazas son las mismas: el cambio climático, la inteligencia artificial, una geopolítica que aumenta la desigualdad. Lo que no es igual es el punto de partida, que aquí es peor. Cuando la tormenta es de todos, no se libra el que tiene mejor paraguas, sino el que no tenía ya el tejado roto.

Así que, de aquí a mayo, oiremos muchas opiniones. Ya sabemos a qué se parecen. Los datos, en cambio, son como las aceras: se ven, se pisan y, cuando están reventadas, te caes y te estampas contra la dura realidad del suelo.

El adelanto de las generales al 29 de noviembre lo ha tapado todo, como esas lonas de obra que cubren una fachada que nadie sabe cuándo se va a rehabilitar. Pero detrás de la lona sigue estando el edificio. A la vuelta de Reyes, con las nuevas Cortes ya constituidas, arrancará la recta final de los mandatos municipales y, con ella, una pelea encarnizada entre los partidos por el poder local y provincial, decisivos a la postre para configurar la base de los nuevos ciclos electorales. Apenas un semestre. En política, una eternidad. En la vida de una ciudad, un suspiro.

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