La familia que transformó una antigua vinagrera en ruinas en La Embajada de Chiclana: "No es solo un bar"
Antonio Amado y su familia rehabilitaron esta antigua finca en plena calle Arroyuelo para convertirla en un establecimiento con encanto donde fundir gastronomía, enología y el arte en el centro del municipio
La Embajada, en una antigua vinagrera de Chiclana. -
Unos chicharrones, una copa de fino y un patio con encanto. No hace falta mucho más para empaparse de la esencia de Chiclana. Saborear un trocito de este municipio es posible en un rincón con encanto donde la gastronomía se funde con el arte y la cultura.
La Embajada es el bar familiar de Antonio Amado Aragón, chiclanero de 31 años formado en hostelería que se encarga de que todo funcione en la extensa barra, los salones y el patio del inmueble situado en el número 14 de la calle Arroyuelo. Justo donde antaño se encontraba la antigua vinagrera de la bodega Primitivo Collantes.
Antonio propone tapas tradicionales y productos locales.
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JUAN CARLOS TORO
Junto a su padre y su hermana, Antonio e Irene Amado, abrieron este establecimiento en mayo de 2019 con una filosofía muy marcada que se refleja en su nombre. “Cuando tú viajas a un sitio y te hace falta algo, tiras de La Embajada. Vimos que aquí faltaba un sitio típico con sus productos”, comenta Antonio, que se sumó a este proyecto creado tras un bache. “La empresa de mi padre cerró y, como no podía estar sin trabajo y yo había estudiado esto, pues nos aventuramos”, dice mientras se adentra en un enclave con historia.
Plato de bacalao confitado con pisto y ali oli gratinado.
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JUAN CARLOS TORO
La familia decidió rescatar las dependencias de la histórica bodega que llevaba en ruinas en torno a tres décadas. Se pusieron manos a la obra y dieron una nueva vida al local, que antes de ser testigo de la elaboración del vinagre, había albergado la casa cuartel de la Guardia Civil y funcionó como vivienda el siglo pasado. Ahora pisan los camareros el mismo suelo que los agentes. “Tuvimos que reformarlo, pero intentamos respetar su arquitectura, no modernizando sino recuperando toda su esencia, como los cantos rodados que había debajo del hormigón. También pintamos las paredes y descubrimos los pilares de la zona de la barra”, detalla.
Guiso del día de garbanzos con rabo de toro.
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JUAN CARLOS TORO
Así, rehabilitaron este edificio permitiendo que vecinos y visitantes pudieran conocerlo por dentro más allá de degustar la cocina. La familia lleva siete años mostrando las entrañas del casco bodeguero a todo aquel que busca una opción tradicional dentro de la oferta hostelera del centro. Y no solo se queda en los fogones, sino que llenan de cultura sus rincones.
De las paredes cuelgan obras de pintores locales y en el patio hay un escenario desde el que los artistas amenizan las veladas. “La intención no era abrir solo un bar, sino ofrecer una zona cultural donde la gente vea lo auténtico de aquí”, explica Antonio, que comenta que tienen a disposición de la ciudadanía un salón con pantalla y equipo de sonido donde se pueden presentar libros o dar ponencias. “Aquí ha venido gente que ha viajado por el mundo y ha contado sus experiencias”, añade.
Antonio Amado, al frente del bar La Embajada en Chiclana.
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JUAN CARLOS TORO
La Embajada presenta exposiciones cada mes según las solicitudes de los pintores que desean decorar el lugar. Cuentan con hasta un consejero de arte que organiza las fechas.
Pero el establecimiento no solo quiere entrar por los ojos sino también por las bocas. En sus mesas, los Amado preparan platos con productos de kilómetro cero. En la barra priman las tapas y en salón y patio, la carta. “Vamos mucho al mercado de abastos, que está justo a la espalda de la bodega”, comenta Antonio, que también surte el almacén con productos como los quesos artesanos, la butifarra o la longaniza y verduras. En su lista no falta el chicharrón especial.
Una tabla de embutidos.
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JUAN CARLOS TORO
Sus platos estrella son el rabo de toro a la andaluza, y la carrillada al Pedro Ximénez, pero también hay cabida para el atún rojo de almadraba, el bacalao o el pulpo. Apuestan por recetas tradicionales, abacería de embutidos, ensaladas, ensaladillas y revueltos. Destacando las clásicas tortillitas de camarones, las croquetas caseras, las tostas y la tempura de verduras. En carnes aparecen el secreto ibérico, el Albondigón y la berza chiclanera. Además, los postres son de elaboración propia. La torta Sor Chiclana es una de las insignias, inspirado en los dulces de las monjas agustinas recoletas.
Exterior de La Embajada, en la calle Arroyuelo.
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JUAN CARLOS TORO
Otra de las paradas de La Embajada es su colmado, donde, haciendo justicia a su nombre, pone en valor productos locales y de la provincia gaditana. Desde vinos de las bodegas chiclaneras hasta mieles y sal. Antonio y su familia continúa dando mimo a este lugar que presume de su tierra y la da a conocer.
Unos chicharrones, una copa de fino y un patio con encanto. No hace falta mucho más para empaparse de la esencia de Chiclana. Saborear un trocito de este municipio es posible en un rincón con encanto donde la gastronomía se funde con el arte y la cultura.
La Embajada es el bar familiar de Antonio Amado Aragón, chiclanero de 31 años formado en hostelería que se encarga de que todo funcione en la extensa barra, los salones y el patio del inmueble situado en el número 14 de la calle Arroyuelo. Justo donde antaño se encontraba la antigua vinagrera de la bodega Primitivo Collantes.
Antonio propone tapas tradicionales y productos locales.
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JUAN CARLOS TORO
Junto a su padre y su hermana, Antonio e Irene Amado, abrieron este establecimiento en mayo de 2019 con una filosofía muy marcada que se refleja en su nombre. “Cuando tú viajas a un sitio y te hace falta algo, tiras de La Embajada. Vimos que aquí faltaba un sitio típico con sus productos”, comenta Antonio, que se sumó a este proyecto creado tras un bache. “La empresa de mi padre cerró y, como no podía estar sin trabajo y yo había estudiado esto, pues nos aventuramos”, dice mientras se adentra en un enclave con historia.
Plato de bacalao confitado con pisto y ali oli gratinado.
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JUAN CARLOS TORO
La familia decidió rescatar las dependencias de la histórica bodega que llevaba en ruinas en torno a tres décadas. Se pusieron manos a la obra y dieron una nueva vida al local, que antes de ser testigo de la elaboración del vinagre, había albergado la casa cuartel de la Guardia Civil y funcionó como vivienda el siglo pasado. Ahora pisan los camareros el mismo suelo que los agentes. “Tuvimos que reformarlo, pero intentamos respetar su arquitectura, no modernizando sino recuperando toda su esencia, como los cantos rodados que había debajo del hormigón. También pintamos las paredes y descubrimos los pilares de la zona de la barra”, detalla.
Guiso del día de garbanzos con rabo de toro.
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JUAN CARLOS TORO
Así, rehabilitaron este edificio permitiendo que vecinos y visitantes pudieran conocerlo por dentro más allá de degustar la cocina. La familia lleva siete años mostrando las entrañas del casco bodeguero a todo aquel que busca una opción tradicional dentro de la oferta hostelera del centro. Y no solo se queda en los fogones, sino que llenan de cultura sus rincones.
De las paredes cuelgan obras de pintores locales y en el patio hay un escenario desde el que los artistas amenizan las veladas. “La intención no era abrir solo un bar, sino ofrecer una zona cultural donde la gente vea lo auténtico de aquí”, explica Antonio, que comenta que tienen a disposición de la ciudadanía un salón con pantalla y equipo de sonido donde se pueden presentar libros o dar ponencias. “Aquí ha venido gente que ha viajado por el mundo y ha contado sus experiencias”, añade.
Antonio Amado, al frente del bar La Embajada en Chiclana.
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JUAN CARLOS TORO
La Embajada presenta exposiciones cada mes según las solicitudes de los pintores que desean decorar el lugar. Cuentan con hasta un consejero de arte que organiza las fechas.
Pero el establecimiento no solo quiere entrar por los ojos sino también por las bocas. En sus mesas, los Amado preparan platos con productos de kilómetro cero. En la barra priman las tapas y en salón y patio, la carta. “Vamos mucho al mercado de abastos, que está justo a la espalda de la bodega”, comenta Antonio, que también surte el almacén con productos como los quesos artesanos, la butifarra o la longaniza y verduras. En su lista no falta el chicharrón especial.
Una tabla de embutidos.
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JUAN CARLOS TORO
Sus platos estrella son el rabo de toro a la andaluza, y la carrillada al Pedro Ximénez, pero también hay cabida para el atún rojo de almadraba, el bacalao o el pulpo. Apuestan por recetas tradicionales, abacería de embutidos, ensaladas, ensaladillas y revueltos. Destacando las clásicas tortillitas de camarones, las croquetas caseras, las tostas y la tempura de verduras. En carnes aparecen el secreto ibérico, el Albondigón y la berza chiclanera. Además, los postres son de elaboración propia. La torta Sor Chiclana es una de las insignias, inspirado en los dulces de las monjas agustinas recoletas.
Exterior de La Embajada, en la calle Arroyuelo.
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JUAN CARLOS TORO
Otra de las paradas de La Embajada es su colmado, donde, haciendo justicia a su nombre, pone en valor productos locales y de la provincia gaditana. Desde vinos de las bodegas chiclaneras hasta mieles y sal. Antonio y su familia continúa dando mimo a este lugar que presume de su tierra y la da a conocer.
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