sabor del sur

El Cristina está de vuelta: renovado por dentro, el de siempre por fuera

El emblemático bar jerezano reabre tras una reforma que lo moderniza, pero mantiene el mismo ambiente y espíritu que lo caracteriza desde hace más de 80 años

  • La plantilla del Bar Cristina, tras la reapertura. -

Vuelve a oler a café recién hecho junto al Nazareno. Ya se sirven tostadas por las mañanas, olorosos al mediodía y tapas a la hora de comer. El Bar Cristina, uno de los santo y seña de la hostelería jerezana, está de vuelta.

Después de cerca de mes y medio cerrado por reformas, el histórico bar de la Alameda Cristina volvió a abrir sus puertas este pasado viernes y lo ha hecho rodeado de buena parte de quienes, durante años, han convertido sus mesas y su barra en una extensión de la vida diaria del centro de Jerez.

  • Nuevo interior del local.
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  • Andrés Vivero, sirviendo las primeras cervezas tras la reapertura del Cristina.
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Entre los clientes habituales que quisieron acompañar al establecimiento en su vuelta a la actividad había numerosos amigos y cofrades, especialmente vinculados a la Hermandad de Jesús Nazareno, cuya Capilla de San Juan de Letrán se encuentra pared con pared con el Cristina.

La reforma, que ha consistido en la renovación del interior y de una puesta a punto de la terraza, supone ahora un nuevo capítulo en la larga trayectoria del Cristina. Fue fundado en 1942 por Julio Delgado y, desde entonces, ha vivido buena parte de la historia reciente de la ciudad desde su privilegiada ubicación, a las puertas del centro histórico. Andrés Vivero, actual responsable del establecimiento, comenzó a trabajar allí hace casi medio siglo y asumió las riendas del negocio en el año 2000, cuando Delgado se jubiló.

  • Detalle de la decoración del local.
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  • Ambiente en la terraza del Cristina, este pasado viernes tras su reapertura.
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  • Clientes en el remozado Cristina.
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Durante estos más de 80 años, el bar se ha ganado una clientela fiel y heterogénea. Trabajadores de los bancos y oficinas de la zona, taxistas, vecinos del centro, aficionados al flamenco, periodistas, artistas y cofrades han compartido un espacio que también ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y en el que los desayunos y sus tapas –sobre todo los caracoles, cuando llega la temporada– se han convertido en una de sus señas de identidad que, por otra parte, no serían nada sin el buen ambiente y la familiaridad que se respira entre sus paredes. 

Vuelve a oler a café recién hecho junto al Nazareno. Ya se sirven tostadas por las mañanas, olorosos al mediodía y tapas a la hora de comer. El Bar Cristina, uno de los santo y seña de la hostelería jerezana, está de vuelta.

Después de cerca de mes y medio cerrado por reformas, el histórico bar de la Alameda Cristina volvió a abrir sus puertas este pasado viernes y lo ha hecho rodeado de buena parte de quienes, durante años, han convertido sus mesas y su barra en una extensión de la vida diaria del centro de Jerez.

  • Nuevo interior del local.
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  • Andrés Vivero, sirviendo las primeras cervezas tras la reapertura del Cristina.
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Entre los clientes habituales que quisieron acompañar al establecimiento en su vuelta a la actividad había numerosos amigos y cofrades, especialmente vinculados a la Hermandad de Jesús Nazareno, cuya Capilla de San Juan de Letrán se encuentra pared con pared con el Cristina.

La reforma, que ha consistido en la renovación del interior y de una puesta a punto de la terraza, supone ahora un nuevo capítulo en la larga trayectoria del Cristina. Fue fundado en 1942 por Julio Delgado y, desde entonces, ha vivido buena parte de la historia reciente de la ciudad desde su privilegiada ubicación, a las puertas del centro histórico. Andrés Vivero, actual responsable del establecimiento, comenzó a trabajar allí hace casi medio siglo y asumió las riendas del negocio en el año 2000, cuando Delgado se jubiló.

  • Detalle de la decoración del local.
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  • Ambiente en la terraza del Cristina, este pasado viernes tras su reapertura.
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  • Clientes en el remozado Cristina.
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Durante estos más de 80 años, el bar se ha ganado una clientela fiel y heterogénea. Trabajadores de los bancos y oficinas de la zona, taxistas, vecinos del centro, aficionados al flamenco, periodistas, artistas y cofrades han compartido un espacio que también ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y en el que los desayunos y sus tapas –sobre todo los caracoles, cuando llega la temporada– se han convertido en una de sus señas de identidad que, por otra parte, no serían nada sin el buen ambiente y la familiaridad que se respira entre sus paredes. 

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