Cuando uno va por primera vez a un circuito de carreras, como el que tiene la provincia de Cádiz en Jerez, una de esas cosas que impresionan es el ruido de los motores. Se te mete dentro si estás en alguna de esas salidas de las curvas en que se acelera hacia una recta. Es parte del espectáculo. Las noches en el Golfo de Cádiz también tienen ese rugido que se te mete dentro. Quien vive cerca de algunos puntos de la costa sabe bien qué es ese ruido que puntualmente procede del mar. No es que te vaya a despertar en mitad de la noche. Pero que a lo lejos, no muy lejos, de repente, si pones la oreja, lo vas a sentir. Impresiona incluso en vídeo. Es la escandalera, el descaro.
Los narcotraficantes y sus cooperadores -esto es, los que realizan el avituallamiento de combustible y víveres a las lanchas o a otras embarcaciones con cargamentos, los llamados petaqueros- se pavonean delante de la Guardia Civil. En las fotos y vídeos que acompañan este artículo se puede comprender el estado de situación: en la práctica, se pavonean de los agentes. No solo pasan a toda velocidad, a velocidades que difícilmente la acción del Estado puede salir corriendo detrás con alguna posibilidad real de alcanzarles. También pasan lentamente tras el cargamento, lo cual per se resulta también desafiante.
Estas imágenes son de los pasados meses, de la acción de Guardia Civil en entornos como el caño de Sancti Petri. Correr detrás de los narcos puede costarte la vida. Es lo que pasó en Huelva. En plena persecución, perdieron la vida dos guardias civiles este pasado mes de mayo. También en Huelva, donde la Fiscalía avisa de que ya las organizaciones se están estableciendo, porque hay hasta más incautaciones de combustible que en Cádiz. En esa misma Huelva donde un triple crimen reventaba Isla Cristina hace unas semanas. La costa Sur, ya en general, es un lugar peligroso. Ya es Sur hasta Murcia, donde se están escandalizando, hay que decirlo, con imágenes que se están dando de narcolanchas llegando a la costa en lo que no es más que el pan de cada día en las comarcas más cercanas al Estrecho.
Esta es la imagen que se da tras el desmantelamiento de OCON-Sur. La misma imagen de lo que ocurría antes, claro. Imágenes que tampoco dejaron de darse cuando existía esta unidad. Pero sí que volvió lo mismo que provocó que en 2018 se considerara necesario unificar todo bajo un mismo mando: la sensación de impunidad, de incumplimiento de la ley. Los testimonios de guardias civiles, de los colectivos AUGC (Asociación Unificada de Guardias civiles) y Jucil (Asociación Profesional Justicia Guardia Civil), dos de los que representan a los agentes en el Consejo del cuerpo, y a los que no se les llama sindicatos -como sí pasa en Policía Nacional- por una cuestión legal. Victoriano García y Agustín Domínguez, ambos agentes de larga trayectoria en Cádiz, uno de AUGC y otro de Jucil, coinciden sobre todo en una idea: la estructura con la que hoy se combate el narcotráfico sigue teniendo carencias enormes.
García sostiene que el asesinato de dos agentes en Barbate fue un punto de inflexión, pero fundamentalmente para la sociedad. Hay que recordar que aquello fue lo más importante que ocurrió tras el desmantelamiento de OCON. Las imágenes de los dos guardias civiles asesinados impactaron porque cualquiera pudo verlas y entender hasta dónde podía llegar el desafío de los narcotraficantes. Dentro de la estructura, sin embargo, asegura que poco ha variado. “Desde el punto de vista estructural no ha cambiado absolutamente nada”. Continúan, dice, las carencias de efectivos y de medios, mientras determinados puestos tienen que cubrir áreas demasiado amplias con recursos muy limitados.
La realidad para los agentes es que los recursos marítimos son finitos y la costa es muy grande e imprevisible. “Si tenemos una embarcación en Sanlúcar, no estamos cubriendo la zona de Barbate o Tarifa; si tenemos cubierta Tarifa o Barbate, no cubrimos el Guadalquivir”. No entra en cifras operativas, pero la conclusión de AUGC es directa: “No hay medios suficientes”.
Jucil dibuja una escena parecida desde otro extremo. Domínguez cuestiona que determinados refuerzos puedan presentarse como tales cuando el material tiene décadas de antigüedad. Cita como ejemplo una embarcación trasladada a Murcia y presentada como mejora que, según explica, tiene casi tres décadas. Ha sido a raíz de esas imágenes de las pasadas semanas. Su previsión es que acabará pasando más tiempo averiada que funcionando. Algo que ya ha pasado en más de una ocasión con el material disponible en Andalucía.
El Sur tras OCON-Sur
La desaparición de OCON-Sur dejó un hueco. Pudo ser política, pudo responder a razones operativas, pero la explicación no convence a ninguna de las asociaciones. Sí tiene clara la valoración del resultado para AUGC: “Desde el punto de vista operativo, para nosotros sí que fue un paso atrás”. Añade además un dato que, contado desde dentro de la Guardia Civil, resulta especialmente significativo: según sostiene, narcotraficantes llegaron a celebrar que la unidad fuera disuelta, como dijo el general Contreras, ex jefe de Guardia Civil en Andalucía, que ahora jubilado se ha decidido a denunciar el desmantelamiento de la unidad especializada. "Aunque es sencillo hablar cuando ya no ejerces el mando, a lo mejor hubiera que haber levantado la voz en el momento en que se produjo la disolución, ¿no?".
Jucil, además, pide directamente recuperar aquella filosofía, tenga o no tenga el mismo nombre. “Creo que al final sí lo van a reactivar, sea con otro nombre o sea con el mismo”, señala Domínguez. OCON-Sur tenía agentes dedicados exclusivamente al narcotráfico. Las unidades que ahora trabajan contra la delincuencia organizada tienen que repartir esfuerzos entre tráfico de drogas, armas, estafas, prostitución y otros delitos. “Lo que nosotros venimos reclamando es que haya un grupo que se dedique solo y exclusivamente al narcotráfico”.
La petición alcanza incluso a los juzgados. Jucil sostiene que esa misma especialización debería trasladarse a la Administración de Justicia para evitar demoras y hacer más fluidas las investigaciones. AUGC, por su parte, señala precisamente la saturación judicial como otra de las piezas que alimentan la sensación de impunidad. “Los juzgados están saturados de causas contra el narcotráfico”, sostiene García, que habla de procedimientos que se alargan y de consecuencias que pueden acabar beneficiando a los investigados.
Pero la impunidad tiene una imagen mucho más sencilla. “Nos saludan con la mano, mofándose de nosotros”, señalan los agentes. "Eso lo he vivido yo, personalmente, no me lo han contado", indica Victoriano García. En una ocasión presenció en pleno verano cómo se realizaba el aprovisionamiento de combustible a una narcolancha mientras un ciudadano que estaba allí de vacaciones se acercaba sorprendido por lo que los agentes tenían que soportar. Esa desfachatez coincide con algo más preocupante: el salto en la capacidad de las organizaciones criminales. AUGC habla de un crecimiento “exponencial” de los alijos, de las armas y de la propia estructura de las mafias. “Ese salto ha sido brutal”. García sostiene que el nivel alcanzado es superior a todo lo que habían visto durante sus años de servicio y vincula parte de esa evolución a organizaciones internacionales más violentas y al creciente peso de la cocaína.

- La incautación a los petaqueros en San Fernando.
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Domínguez describe la misma escalada desde el riesgo que afrontan los agentes. “Las agresiones no solo son más, sino que son más violentas”. Habla de narcotraficantes cada vez mejor preparados y de la aparición de armas de guerra, incluidos subfusiles. La consecuencia es que una intervención que hace años podía tener unas características determinadas puede situar hoy al guardia civil delante de una organización con más medios, más dinero y mayor capacidad de violencia.
Las barreras físicas planteadas para determinados ríos tampoco son, por sí mismas, una solución mágica. Jucil las considera útiles, pero solo si detrás existe vigilancia. “Si pones una barrera, tienes que saber que la van a sabotear”. Sin personal para protegerla o reaccionar, insiste Domínguez, puede terminar sirviendo de poco. Es la misma lógica que aplica a una futura reedición de OCON Sur: cambiar el organigrama sin poner medios no arregla el problema.
Ambas asociaciones mayoritarias, AUGC y Jucil, describen al teniente coronel Oliva como un mando próximo a sus agentes, alejado del perfil de “oficial de despacho” y con una trayectoria “intachable” en lo profesional. “No creo que haya en España un guardia civil que sepa más de narcotráfico que él”, añade Domínguez. "Es una persona muy íntegra, una persona que está al pie del cañón con los guardias que están en su unidad", sostiene AUGC. Actualmente, Oliva sigue investigado pero no por vínculos con el narcotráfico, porque aquella investigación decayó. Será juzgado por presuntamente haberse tratado de enterar de la investigación interna. Por tanto, a día de hoy, Oliva sigue siendo inocente hasta que se demostrase lo contrario, y ni siquiera debe mantenerse mácula alguna sobre su honestidad peleando contra los 'malos'.
Sea como fuere, tras aquella investigación inicial que luego quedó en nada se sacó a Oliva de OCON, y OCON dejaría finalmente de existir. Los agentes que estaban con él, iban en parte amarrados a su carisma personal. Sin él, no querrían seguir voluntariamente en aquella unidad que tantas noches les quitaban de sus familias. Las asociaciones recuerdan que eran agentes voluntarios, experimentados y preparados para aquella tarea. Pero acabó fallando el apoyo institucional, porque hoy está diluida esa batalla. Mientras se discute si recuperar aquellas siglas o inventar otras nuevas, en el agua sigue sonando el mismo ruido. El de la impunidad. La misma que provocó que se formase OCON.
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