Hugo recibió 75 puntos de sutura tras caerse en un pabellón de Cádiz y un año después sigue exigiendo respuestas
La familia, que pide una indemnización al Ayuntamiento gaditano, busca que se reconozcan las consecuencias que el accidente ha tenido en la vida del menor, que ya ni quiere jugar al fútbol
Hugo Pozo, de seis años entonces, acababa de jugar un campeonato de futbol sala en el pabellón Francisco Blanca de Cádiz, y se encontraba en el vestuario. En las duchas, su hermano quiso darle un abrazo para consolarlo por el mal resultado. Pero el pequeño resbaló y cayó, con la mala suerte de que lo hizo encima de una poceta de ducha mal instalada. El pequeño se hizo un corte en el glúteo y tuvieron que operarlo de urgencia. Le dieron 75 puntos de sutura.
Han pasado ya más de 14 meses desde el accidente que sufrió el jerezano Hugo Pozo, en julio de 2025, pero el tiempo no ha conseguido borrar las consecuencias de aquel episodio. El menor, que acaba de cumplir siete años, continúa necesitando atención psicológica y, según explica su padre, DavidPozo, vive con un miedo constante a que cualquier golpe o roce pueda volver a abrirle la herida.
Para la familia, el accidente no terminó el día en que Hugo recibió el alta médica. Las secuelas siguen presentes en su comportamiento, en sus rutinas y en la forma en la que afronta actividades tan habituales para cualquier niño como jugar, correr o participar en una actividad deportiva. “Le ha cambiado la vida al 100%”, resume su padre, en conversación con lavozdelsur.es.
Un accidente durante un campeonato
El accidente se produjo durante un campeonato deportivo celebrado en el pabellón Francisco Blanca de Cádiz. Hugo se encontraba allí cuando su hermano fue a darle un abrazo después de perder un partido. En ese momento, el pequeño se resbaló y sufrió la grave herida.
El padre recuerda aquellos momentos como una situación de enorme angustia, especialmente por las condiciones en las que, según denuncia, se encontraba el recinto donde se desarrollaba la competición.
“Allí no había ni ambulancia”, asegura. DavidPozo también sostiene que el pabellón no contaba con un botiquín adecuado para atender una emergencia de esas características. “Lo que había era un paquete de algodón”, afirma, en referencia a los medios disponibles en el lugar.
Hugo Pozo, de siete años, sufrió un grave corte tras caerse en un pabellón de Cádiz.
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José Maria Reyna
Ante la gravedad de la situación, tuvo que intervenir un padre que se encontraba en el recinto, según el relato de David. La familia considera especialmente preocupante que el accidente se produjera en el marco de un campeonato internacional, donde se concentraban numerosos menores y participantes y donde, a su juicio, debería haber existido un dispositivo sanitario preparado para responder ante cualquier emergencia.
David explica que, después de lo ocurrido, la situación ha cambiado. Este año, sí se ha dispuesto de una ambulancia en los pabellón durante la celebración de campeonatos. Para la familia, esa medida llega después de una experiencia que ha dejado una profunda huella en Hugo y que, sostienen, podría haberse afrontado de otra manera si hubiera existido una atención sanitaria inmediata en el recinto.
El miedo permanece más de un año después
Aunque los médicos han explicado a la familia que sería necesario un golpe muy fuerte para que la herida volviera a abrirse, Hugo continúa reaccionando con temor ante cualquier incidente. Su padre asegura que el niño tiene miedo prácticamente a darle un golpe, por leve que sea.
Cada vez que se tropieza, recibe un pequeño impacto o siente alguna molestia, pide a sus padres que le hagan una fotografía para comprobar que la cicatriz no se ha abierto.
Hugo sigue teniendo miedo a darse un golpe y que se le abra de nuevo la herida
Ese comportamiento se ha convertido en una reacción habitual. La familia intenta tranquilizarlo y explicarle que la herida está cerrada, pero el miedo sigue apareciendo en situaciones cotidianas.
David explica que su hijo está siendo atendido por Salud Mental. Sin embargo, considera que el proceso está siendo largo y que el menor todavía no ha podido recuperar la normalidad. El padre describe a Hugo como un niño que necesita sentirse protegido y saber en todo momento dónde están sus padres.
Ya no quiere jugar al fútbol
Una de las consecuencias más visibles del accidente es el cambio en la relación de Hugo con el deporte. Antes del suceso, el fútbol formaba parte de su vida, pero ahora ya no quiere jugar. La actividad que antes podía asociar con diversión y compañerismo ha quedado vinculada a una experiencia traumática.
En el colegio, cuando participa en alguna actividad o juega con sus compañeros, necesita comprobar que su madre está cerca. David explica que, si recibe un golpe durante el juego, aunque sea leve, puede comenzar a llorar y pedir de forma insistente que le hagan fotografías.
La familia intenta que el niño recupere poco a poco la confianza, pero reconoce que no es sencillo. Hugo tiene que enfrentarse no solo al recuerdo de la herida, sino también al temor de que vuelva a ocurrir algo parecido.
Hugo Pozo, tras la entrevista con este periódico.
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José Maria Reyna
Atención psicológica y gastos para la familia
Hugo recibe atención psicológica a través de la Seguridad Social, pero sus padres también han decidido recurrir a un profesional privado para reforzar el tratamiento. David explica que lleva al niño a estas sesiones aproximadamente dos veces al mes.
El coste de esta atención privada se sitúa, según indica, entre 150 y 170 euros mensuales. Para la familia, se trata de un gasto añadido que deben asumir mientras el menor continúa intentando superar las consecuencias emocionales del accidente.
David considera que el tratamiento es necesario porque el problema no se limita a una cicatriz física. La herida ha dejado también un miedo persistente que afecta a la forma en la que Hugo se relaciona con el entorno. El niño necesita comprobar que está bien, que sus padres están cerca y que cualquier golpe no tendrá consecuencias graves.
Una reclamación sin respuesta, según el padre
Además de reclamar mejoras en la seguridad y la atención sanitaria en este tipo de eventos, la familia mantiene una reclamación relacionada con los daños sufridos por Hugo, por lo que reclama una cuantiosa indemnización al Ayuntamiento de Cádiz.
El padre critica que desde el Consistorio se haya manifestado públicamente que la institución se encontraba a disposición de la familia, pero sostiene que esas palabras no se han traducido en una ayuda efectiva ni en una respuesta formal a la reclamación.
Hugo y David, tras atender a lavozdelsur.es.
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José Maria Reyna
El Ayuntamiento de Cádiz, consultado por lavozdelsur.es, asegura que la reclamación sigue tramitándose, y que la familia tendrá respuesta lo antes posible.
Para la familia, la reclamación no se refiere únicamente a una compensación económica. También busca que se reconozcan las consecuencias que el accidente ha tenido en la vida del menor y los gastos que está generando su recuperación.
El padre quiere intervenir en el pleno municipal
Ante la falta de una respuesta que considere suficiente, David Pozo tiene previsto solicitar la palabra en un próximo pleno del Ayuntamiento de Cádiz. Su intención es explicar personalmente lo ocurrido, detallar las consecuencias que el accidente ha tenido para su hijo y pedir responsabilidades.
“Cuando alguien tiene la responsabilidad también tiene que dar la cara”, defiende. El padre quiere que los responsables municipales conozcan de primera mano cómo ha evolucionado Hugo desde el accidente y qué dificultades sigue teniendo en su vida cotidiana.
Su objetivo, explica, es obtener explicaciones y conseguir que se adopten medidas para evitar que otros menores puedan encontrarse en una situación similar. “Que no vuelva a ocurrir a ningún niño” es una de sus principales peticiones.
David insiste en que la familia no quiere que el caso quede en el olvido. Reclama una respuesta sobre los daños sufridos, una explicación sobre las condiciones de seguridad del recinto y un compromiso para que los campeonatos y actividades infantiles cuenten con los medios sanitarios necesarios.
Hugo Pozo, de seis años entonces, acababa de jugar un campeonato de futbol sala en el pabellón Francisco Blanca de Cádiz, y se encontraba en el vestuario. En las duchas, su hermano quiso darle un abrazo para consolarlo por el mal resultado. Pero el pequeño resbaló y cayó, con la mala suerte de que lo hizo encima de una poceta de ducha mal instalada. El pequeño se hizo un corte en el glúteo y tuvieron que operarlo de urgencia. Le dieron 75 puntos de sutura.
Han pasado ya más de 14 meses desde el accidente que sufrió el jerezano Hugo Pozo, en julio de 2025, pero el tiempo no ha conseguido borrar las consecuencias de aquel episodio. El menor, que acaba de cumplir siete años, continúa necesitando atención psicológica y, según explica su padre, DavidPozo, vive con un miedo constante a que cualquier golpe o roce pueda volver a abrirle la herida.
Para la familia, el accidente no terminó el día en que Hugo recibió el alta médica. Las secuelas siguen presentes en su comportamiento, en sus rutinas y en la forma en la que afronta actividades tan habituales para cualquier niño como jugar, correr o participar en una actividad deportiva. “Le ha cambiado la vida al 100%”, resume su padre, en conversación con lavozdelsur.es.
Un accidente durante un campeonato
El accidente se produjo durante un campeonato deportivo celebrado en el pabellón Francisco Blanca de Cádiz. Hugo se encontraba allí cuando su hermano fue a darle un abrazo después de perder un partido. En ese momento, el pequeño se resbaló y sufrió la grave herida.
El padre recuerda aquellos momentos como una situación de enorme angustia, especialmente por las condiciones en las que, según denuncia, se encontraba el recinto donde se desarrollaba la competición.
“Allí no había ni ambulancia”, asegura. DavidPozo también sostiene que el pabellón no contaba con un botiquín adecuado para atender una emergencia de esas características. “Lo que había era un paquete de algodón”, afirma, en referencia a los medios disponibles en el lugar.
Hugo Pozo, de siete años, sufrió un grave corte tras caerse en un pabellón de Cádiz.
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José Maria Reyna
Ante la gravedad de la situación, tuvo que intervenir un padre que se encontraba en el recinto, según el relato de David. La familia considera especialmente preocupante que el accidente se produjera en el marco de un campeonato internacional, donde se concentraban numerosos menores y participantes y donde, a su juicio, debería haber existido un dispositivo sanitario preparado para responder ante cualquier emergencia.
David explica que, después de lo ocurrido, la situación ha cambiado. Este año, sí se ha dispuesto de una ambulancia en los pabellón durante la celebración de campeonatos. Para la familia, esa medida llega después de una experiencia que ha dejado una profunda huella en Hugo y que, sostienen, podría haberse afrontado de otra manera si hubiera existido una atención sanitaria inmediata en el recinto.
El miedo permanece más de un año después
Aunque los médicos han explicado a la familia que sería necesario un golpe muy fuerte para que la herida volviera a abrirse, Hugo continúa reaccionando con temor ante cualquier incidente. Su padre asegura que el niño tiene miedo prácticamente a darle un golpe, por leve que sea.
Cada vez que se tropieza, recibe un pequeño impacto o siente alguna molestia, pide a sus padres que le hagan una fotografía para comprobar que la cicatriz no se ha abierto.
Hugo sigue teniendo miedo a darse un golpe y que se le abra de nuevo la herida
Ese comportamiento se ha convertido en una reacción habitual. La familia intenta tranquilizarlo y explicarle que la herida está cerrada, pero el miedo sigue apareciendo en situaciones cotidianas.
David explica que su hijo está siendo atendido por Salud Mental. Sin embargo, considera que el proceso está siendo largo y que el menor todavía no ha podido recuperar la normalidad. El padre describe a Hugo como un niño que necesita sentirse protegido y saber en todo momento dónde están sus padres.
Ya no quiere jugar al fútbol
Una de las consecuencias más visibles del accidente es el cambio en la relación de Hugo con el deporte. Antes del suceso, el fútbol formaba parte de su vida, pero ahora ya no quiere jugar. La actividad que antes podía asociar con diversión y compañerismo ha quedado vinculada a una experiencia traumática.
En el colegio, cuando participa en alguna actividad o juega con sus compañeros, necesita comprobar que su madre está cerca. David explica que, si recibe un golpe durante el juego, aunque sea leve, puede comenzar a llorar y pedir de forma insistente que le hagan fotografías.
La familia intenta que el niño recupere poco a poco la confianza, pero reconoce que no es sencillo. Hugo tiene que enfrentarse no solo al recuerdo de la herida, sino también al temor de que vuelva a ocurrir algo parecido.
Hugo Pozo, tras la entrevista con este periódico.
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José Maria Reyna
Atención psicológica y gastos para la familia
Hugo recibe atención psicológica a través de la Seguridad Social, pero sus padres también han decidido recurrir a un profesional privado para reforzar el tratamiento. David explica que lleva al niño a estas sesiones aproximadamente dos veces al mes.
El coste de esta atención privada se sitúa, según indica, entre 150 y 170 euros mensuales. Para la familia, se trata de un gasto añadido que deben asumir mientras el menor continúa intentando superar las consecuencias emocionales del accidente.
David considera que el tratamiento es necesario porque el problema no se limita a una cicatriz física. La herida ha dejado también un miedo persistente que afecta a la forma en la que Hugo se relaciona con el entorno. El niño necesita comprobar que está bien, que sus padres están cerca y que cualquier golpe no tendrá consecuencias graves.
Una reclamación sin respuesta, según el padre
Además de reclamar mejoras en la seguridad y la atención sanitaria en este tipo de eventos, la familia mantiene una reclamación relacionada con los daños sufridos por Hugo, por lo que reclama una cuantiosa indemnización al Ayuntamiento de Cádiz.
El padre critica que desde el Consistorio se haya manifestado públicamente que la institución se encontraba a disposición de la familia, pero sostiene que esas palabras no se han traducido en una ayuda efectiva ni en una respuesta formal a la reclamación.
Hugo y David, tras atender a lavozdelsur.es.
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José Maria Reyna
El Ayuntamiento de Cádiz, consultado por lavozdelsur.es, asegura que la reclamación sigue tramitándose, y que la familia tendrá respuesta lo antes posible.
Para la familia, la reclamación no se refiere únicamente a una compensación económica. También busca que se reconozcan las consecuencias que el accidente ha tenido en la vida del menor y los gastos que está generando su recuperación.
El padre quiere intervenir en el pleno municipal
Ante la falta de una respuesta que considere suficiente, David Pozo tiene previsto solicitar la palabra en un próximo pleno del Ayuntamiento de Cádiz. Su intención es explicar personalmente lo ocurrido, detallar las consecuencias que el accidente ha tenido para su hijo y pedir responsabilidades.
“Cuando alguien tiene la responsabilidad también tiene que dar la cara”, defiende. El padre quiere que los responsables municipales conozcan de primera mano cómo ha evolucionado Hugo desde el accidente y qué dificultades sigue teniendo en su vida cotidiana.
Su objetivo, explica, es obtener explicaciones y conseguir que se adopten medidas para evitar que otros menores puedan encontrarse en una situación similar. “Que no vuelva a ocurrir a ningún niño” es una de sus principales peticiones.
David insiste en que la familia no quiere que el caso quede en el olvido. Reclama una respuesta sobre los daños sufridos, una explicación sobre las condiciones de seguridad del recinto y un compromiso para que los campeonatos y actividades infantiles cuenten con los medios sanitarios necesarios.
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