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Rachid B, el músico marroquí que hipnotizó a España en su idioma: "La idea de retorno es un síndrome crónico para un inmigrante"

El artista natural de Asilah ofrecerá un concierto el próximo viernes 28 de agosto a las 21.30 horas en el Teatro La Gotera de Lazotea de Jerez

  • Rachid B, en una actuación. -

Acaba de aparcar el coche y está a punto de subir a casa con las bolsas de la compra. Algo totalmente cotidiano que Rachid Bahri lleva haciendo en España desde hace 27 años en el barrio de Hortaleza de Madrid. Este músico y pintor marroquí conocido como Rachid B aterrizó por amor “y por otras cosas” en 1999 y, desde entonces, ha forjado un camino donde el arte ha tenido un gran peso. Tanto, que a sus 50 años ha grabado un disco y el próximo viernes 28 de agosto, a las 21.30 horas, lo presentará en el jardín del Teatro La Gotera de Lazotea de Jerez, en la calle Molino de Viento, 7. “No es mi primera vez en Andalucía pero sí en Jerez”, dice este artista natural de Asilah, ciudad costera de Marruecos que lleva siempre en el corazón.

Su proyecto se titula El Ghorba, palabra árabe que engloba a esa nostalgia y sentimiento de exilio que se siente cuando se emigra. Una propuesta muy personal que se atreve a combinar la música de fusión magrebí con las raíces del raï y el gnawa y los matices del jazz, funk y la electrónica. Rachid ofrece un viaje sonoro profundo producido por David Rodríguez, referente del pop independiente español por crear con La Bien Querida y La Estrella de David. Sus temas le hipnotizaron a pesar de estar cantados en un idioma que puede resultar lejano. Y, curiosamente, fue una grata sorpresa.

  • El productor David Rodríguez con Rachid B, en una imagen de su Instagram.

No deja de ser llamativo que El Ghorba, compuesto íntegramente en darija, el dialecto árabe marroquí, se haya colado en las listas de los mejores discos nacionales de 2025 creadas por críticos de ABC o Rockdelux. Que un cantautor marroquí – a priori desconocido- haya producido uno de los álbumes del año en España y en su lengua natal es algo que no ocurre todos los días. Rachid, sin pretenderlo, ha hecho su pequeña revolución en la música independiente, hasta el punto en que su proyecto ha sido calificado como “disco de culto” por Los Prieto Flores, publicistas e institución de la cultura en Madrid. “Ha sido todo una fantasía”, expresa el músico. 

Pregunta. ¿Echa de menos su tierra? ¿por qué se fue de allí?

Respuesta. Conocía ya a una persona española, que es mi pareja actual y, además, vine con un visado para hacer una exposición colectiva de pintura. A partir de ahí me quedé en Madrid con mi pareja porque ella es de aquí. Tenía 25 años.

P. ¿Cómo fue llegar a otro país e integrarse en él?

R. La palabra integrarme no me gusta, porque me recuerda un poco a una pieza de un coche. Más bien adaptarme. Me costó muchísimo porque yo venía de un pueblo pequeño costero y abierto al Atlántico. Y de repente una ciudad tan grande en la que no hay mar. Lo echaba mucho de menos. Y me abrumó un poco todo eso. Pero al final, con el tiempo, tuve que aprender las reglas del juego y adaptarme, no quedaba otra.

P. ¿Y empezó a trabajar?

R. Hice de todo, de camarero, de pastelero, en construcción de obras, de compinche, en cocina, de todo. Y también tuve suerte de tocar con algún grupillo que otro en fiestas y cumpleaños. Algunas veces he tocado también en la calle, pero no por dinero, sino por otras cosas.

P. Además, eres mediador social para Cruz Roja en el aeropuerto de Madrid-Barajas. ¿Qué tipo de situaciones te encuentras?

R. Trabajamos en proyectos de refugiados. Te encuentras con personas que vienen con ilusión de estar en otro país, buscar otras oportunidades. Nuestro trabajo es guiarles y explicarles también la otra realidad, que no va a ser una cosa fácil, sino realmente es mucho más complicado de lo que parece. Les acompañamos en el proceso.

P. Imagino que llega gente de todo el mundo.

R. Hay muchas nacionalidades, pero ahora estamos trabajando con más del colectivo latino. La última oleada que ha habido es de Venezuela por razones humanitarias. También vienen de África Subsahariana y del norte de Marruecos. Ahora se exige un poquito más de paciencia, de idiomas, de todo y hay que estar muy bien preparado.

  • Rachid es mediador social en proyectos de Cruz Roja.

P. Su disco, El Ghorba, se presenta como un viaje sonoro introspectivo que explora el sentimiento de extranjería o exilio. ¿Ese sentimiento sigue estando pese al tiempo que lleva en España?

R. Es un síndrome crónico para un inmigrante. Eso no tiene cura. Es una cosa que nos persigue todo el tiempo. La idea del retorno. Es como una película hacia atrás, todo el rato con la parte de la memoria, la infancia, la juventud, los amigos, la familia, la memoria olfativa, lo que tiene que ver con los gustos.

P. Se siente identificado con todas las personas que emigran o que desean hacerlo. Recientemente, entre 70.000 y 80.000 personas cruzaron la frontera desde Marruecos en apenas 48 horas. ¿Cómo vive esta crisis migratoria?

R. Bueno, realmente, como es un disco biográfico, soy uno de los colectivos que están dentro de este mundo de la inmigración. El disco es un mensaje para compartir una pequeña biografía de un tipo que ha venido de Marruecos y está describiendo su situación después de 25 años. Es un trayecto muy largo estar fuera del país. No quiero cuadrarlo como si representara a un colectivo, es más bien mi movida personal. No lo extrapolo a nivel político, aunque todos los mensajes al final tienen un punto político, queramos o no.

P. ¿Por qué le dio por la música? ¿Había cantado antes?

R. La música estaba siempre en mi casa y en mi país. Me he nutrido de mi ciudad y de mi familia. A mi padre le gustaba mucho escuchar todo tipo de música marroquí y de Egipto y Argelia. Y mi madre es percusionista, como hobby. Ella se juntaba con la familia y la amigas para tocar las tardes de verano. Me acuerdo cuando me compró mi primer darbuka, típico en las tiendas artesanales de Marruecos. Fue en el nacimiento de Mahoma, cuando se montaban mercadillos para comprar regalos a los niños. Empecé a tocarlo con siete años y cantaba en el barrio. Como veníamos de familias muy humildes y austeras, con los botes de pintura para las barcas que tiraban los marineros fabricábamos instrumentos de percusión. Cuando llegaba el verano nos poníamos a buscar pulpos en la roca, o bichos, o pescar, o jugar la pelota, era un mundo muy creativo para un niño. También había más peligro, pero bueno, yo te cuento la parte bonita de mi infancia.

  • El músico, en una imagen de promoción.

P. ¿No es un atrevimiento cantar en darija en España?

R. Para mí no tiene ningún sentido hacer un disco en otro idioma que no es el tuyo si quieres transmitir lo que sientes. Es una reivindicación también para la cultura. No es que no me guste cantar en castellano, pero es una obra que expresa los sentimientos de una persona que está fuera de su país lo suyo es hacerlo en tu propio idioma.

P. ¿Cómo conecta con un público que a priori lo desconoce?

R. Es un punto misterioso, es un proyecto honesto. El público que va a venir a verme será curioso y estará más abierto a escuchar una obra aunque no la entienda. Puede que esté buscando otras guías de llegar a ella a través del sonido, la voz, o la manera de expresar. Yo no soy un autor al uso, que canta en francés o en inglés. Es un idioma muy desconocido, no creo que se entienda lo que comento, pero es una puesta en escena muy especial.

  • Rachid B, en una fotografía promocional.

P. ¿Ha seguido desarrollando su faceta de pintor?

R. He hecho algunas exposiciones, pero lo he enfocado como hobby. Algunas obras he vendido. La gente ve tu perfil, tiene curiosidad, y te llama. Pero la pintura siempre está. En Asilah se celebra un festival (Festival Cultural Internacional) donde hay talleres de pintura gratuitos. Todos los niños de mi generación pintamos.

P. ¿Esperaba poder llegar a hacer una gira de conciertos?

R. No. Es abrumador, la verdad. No entendía el por qué, al hacerlo en tu propio idioma es muchísimo más complicado. Me sorprendió que España sea un país con un público tan abierto y que pueda tener curiosidad por ver a un autor así. Muy agradecido y muy sorprendido.

 

Las entradas para asistir al concierto de Rachid B en el Teatro La Gotera de Lazotea se pueden adquirir por un coste de 15 euros en la web de entradium.com o a través de reservas en el teléfono 614 330 883.

Acaba de aparcar el coche y está a punto de subir a casa con las bolsas de la compra. Algo totalmente cotidiano que Rachid Bahri lleva haciendo en España desde hace 27 años en el barrio de Hortaleza de Madrid. Este músico y pintor marroquí conocido como Rachid B aterrizó por amor “y por otras cosas” en 1999 y, desde entonces, ha forjado un camino donde el arte ha tenido un gran peso. Tanto, que a sus 50 años ha grabado un disco y el próximo viernes 28 de agosto, a las 21.30 horas, lo presentará en el jardín del Teatro La Gotera de Lazotea de Jerez, en la calle Molino de Viento, 7. “No es mi primera vez en Andalucía pero sí en Jerez”, dice este artista natural de Asilah, ciudad costera de Marruecos que lleva siempre en el corazón.

Su proyecto se titula El Ghorba, palabra árabe que engloba a esa nostalgia y sentimiento de exilio que se siente cuando se emigra. Una propuesta muy personal que se atreve a combinar la música de fusión magrebí con las raíces del raï y el gnawa y los matices del jazz, funk y la electrónica. Rachid ofrece un viaje sonoro profundo producido por David Rodríguez, referente del pop independiente español por crear con La Bien Querida y La Estrella de David. Sus temas le hipnotizaron a pesar de estar cantados en un idioma que puede resultar lejano. Y, curiosamente, fue una grata sorpresa.

  • El productor David Rodríguez con Rachid B, en una imagen de su Instagram.

No deja de ser llamativo que El Ghorba, compuesto íntegramente en darija, el dialecto árabe marroquí, se haya colado en las listas de los mejores discos nacionales de 2025 creadas por críticos de ABC o Rockdelux. Que un cantautor marroquí – a priori desconocido- haya producido uno de los álbumes del año en España y en su lengua natal es algo que no ocurre todos los días. Rachid, sin pretenderlo, ha hecho su pequeña revolución en la música independiente, hasta el punto en que su proyecto ha sido calificado como “disco de culto” por Los Prieto Flores, publicistas e institución de la cultura en Madrid. “Ha sido todo una fantasía”, expresa el músico. 

Pregunta. ¿Echa de menos su tierra? ¿por qué se fue de allí?

Respuesta. Conocía ya a una persona española, que es mi pareja actual y, además, vine con un visado para hacer una exposición colectiva de pintura. A partir de ahí me quedé en Madrid con mi pareja porque ella es de aquí. Tenía 25 años.

P. ¿Cómo fue llegar a otro país e integrarse en él?

R. La palabra integrarme no me gusta, porque me recuerda un poco a una pieza de un coche. Más bien adaptarme. Me costó muchísimo porque yo venía de un pueblo pequeño costero y abierto al Atlántico. Y de repente una ciudad tan grande en la que no hay mar. Lo echaba mucho de menos. Y me abrumó un poco todo eso. Pero al final, con el tiempo, tuve que aprender las reglas del juego y adaptarme, no quedaba otra.

P. ¿Y empezó a trabajar?

R. Hice de todo, de camarero, de pastelero, en construcción de obras, de compinche, en cocina, de todo. Y también tuve suerte de tocar con algún grupillo que otro en fiestas y cumpleaños. Algunas veces he tocado también en la calle, pero no por dinero, sino por otras cosas.

P. Además, eres mediador social para Cruz Roja en el aeropuerto de Madrid-Barajas. ¿Qué tipo de situaciones te encuentras?

R. Trabajamos en proyectos de refugiados. Te encuentras con personas que vienen con ilusión de estar en otro país, buscar otras oportunidades. Nuestro trabajo es guiarles y explicarles también la otra realidad, que no va a ser una cosa fácil, sino realmente es mucho más complicado de lo que parece. Les acompañamos en el proceso.

P. Imagino que llega gente de todo el mundo.

R. Hay muchas nacionalidades, pero ahora estamos trabajando con más del colectivo latino. La última oleada que ha habido es de Venezuela por razones humanitarias. También vienen de África Subsahariana y del norte de Marruecos. Ahora se exige un poquito más de paciencia, de idiomas, de todo y hay que estar muy bien preparado.

  • Rachid es mediador social en proyectos de Cruz Roja.

P. Su disco, El Ghorba, se presenta como un viaje sonoro introspectivo que explora el sentimiento de extranjería o exilio. ¿Ese sentimiento sigue estando pese al tiempo que lleva en España?

R. Es un síndrome crónico para un inmigrante. Eso no tiene cura. Es una cosa que nos persigue todo el tiempo. La idea del retorno. Es como una película hacia atrás, todo el rato con la parte de la memoria, la infancia, la juventud, los amigos, la familia, la memoria olfativa, lo que tiene que ver con los gustos.

P. Se siente identificado con todas las personas que emigran o que desean hacerlo. Recientemente, entre 70.000 y 80.000 personas cruzaron la frontera desde Marruecos en apenas 48 horas. ¿Cómo vive esta crisis migratoria?

R. Bueno, realmente, como es un disco biográfico, soy uno de los colectivos que están dentro de este mundo de la inmigración. El disco es un mensaje para compartir una pequeña biografía de un tipo que ha venido de Marruecos y está describiendo su situación después de 25 años. Es un trayecto muy largo estar fuera del país. No quiero cuadrarlo como si representara a un colectivo, es más bien mi movida personal. No lo extrapolo a nivel político, aunque todos los mensajes al final tienen un punto político, queramos o no.

P. ¿Por qué le dio por la música? ¿Había cantado antes?

R. La música estaba siempre en mi casa y en mi país. Me he nutrido de mi ciudad y de mi familia. A mi padre le gustaba mucho escuchar todo tipo de música marroquí y de Egipto y Argelia. Y mi madre es percusionista, como hobby. Ella se juntaba con la familia y la amigas para tocar las tardes de verano. Me acuerdo cuando me compró mi primer darbuka, típico en las tiendas artesanales de Marruecos. Fue en el nacimiento de Mahoma, cuando se montaban mercadillos para comprar regalos a los niños. Empecé a tocarlo con siete años y cantaba en el barrio. Como veníamos de familias muy humildes y austeras, con los botes de pintura para las barcas que tiraban los marineros fabricábamos instrumentos de percusión. Cuando llegaba el verano nos poníamos a buscar pulpos en la roca, o bichos, o pescar, o jugar la pelota, era un mundo muy creativo para un niño. También había más peligro, pero bueno, yo te cuento la parte bonita de mi infancia.

  • El músico, en una imagen de promoción.

P. ¿No es un atrevimiento cantar en darija en España?

R. Para mí no tiene ningún sentido hacer un disco en otro idioma que no es el tuyo si quieres transmitir lo que sientes. Es una reivindicación también para la cultura. No es que no me guste cantar en castellano, pero es una obra que expresa los sentimientos de una persona que está fuera de su país lo suyo es hacerlo en tu propio idioma.

P. ¿Cómo conecta con un público que a priori lo desconoce?

R. Es un punto misterioso, es un proyecto honesto. El público que va a venir a verme será curioso y estará más abierto a escuchar una obra aunque no la entienda. Puede que esté buscando otras guías de llegar a ella a través del sonido, la voz, o la manera de expresar. Yo no soy un autor al uso, que canta en francés o en inglés. Es un idioma muy desconocido, no creo que se entienda lo que comento, pero es una puesta en escena muy especial.

  • Rachid B, en una fotografía promocional.

P. ¿Ha seguido desarrollando su faceta de pintor?

R. He hecho algunas exposiciones, pero lo he enfocado como hobby. Algunas obras he vendido. La gente ve tu perfil, tiene curiosidad, y te llama. Pero la pintura siempre está. En Asilah se celebra un festival (Festival Cultural Internacional) donde hay talleres de pintura gratuitos. Todos los niños de mi generación pintamos.

P. ¿Esperaba poder llegar a hacer una gira de conciertos?

R. No. Es abrumador, la verdad. No entendía el por qué, al hacerlo en tu propio idioma es muchísimo más complicado. Me sorprendió que España sea un país con un público tan abierto y que pueda tener curiosidad por ver a un autor así. Muy agradecido y muy sorprendido.

 

Las entradas para asistir al concierto de Rachid B en el Teatro La Gotera de Lazotea se pueden adquirir por un coste de 15 euros en la web de entradium.com o a través de reservas en el teléfono 614 330 883.

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