Ediciones:

Seguir en Discover

entrevistas

Luis García Montero: "No puede haber una justicia sometida a los intereses de los poderosos"

El escritor reflexiona en Cádiz sobre memoria, democracia, justicia, redes sociales y literatura durante la presentación de su nueva novela, 'La mejor edad'

  • Luis García Montero, posando con su nueva novela en Cádiz. -

El escritor Luis García Montero ha presentado este lunes en la Fundación Cajasol de Cádiz su nueva novela, La mejor edad, dentro del ciclo La Actualidad en la Azotea, acompañado por Ana Rodríguez-Tenorio. En un encuentro en el que ha abordado los principales asuntos de su nuevo libro, el autor ha reflexionado para lavozdelsur.es sobre el paso del tiempo, la memoria, la justicia, la evolución de la sociedad española, la polarización política, las redes sociales y el papel de la literatura en la vida pública. "Estoy encantado de estar en Cádiz", ha señalado García Montero, que ha recordado que ya había tenido la oportunidad de presentar allí otros libros y de participar en presentaciones de obras de amigos.

El título de la novela parte de una pregunta que se repite en un bar entre camareros, trabajadores y clientes: "Cuál es la mejor edad, el momento en el que uno es feliz". Esa cuestión sirve como punto de partida para un ejercicio de memoria y para una interpretación de los recuerdos y de la historia. La trama reúne en ese establecimiento a un viejo juez que se ha quedado viudo y que, en uno de los cajones de su casa encuentra las primeras sentencias que dictó en 1974 y 1975, en los últimos años del franquismo. Una de ellas le conmueve especialmente porque considera que condenó "sin pruebas ni seguridad" a un muchacho. A partir de ese momento decide localizarlo para conocer qué ha sido de él y comprobar si aquella decisión tuvo consecuencias en su vida.

  • El escritor, firmado uno de sus libros en la Fundación Cajasol.
  •  

"Son conversaciones entre el juez y el muchacho que fue sentenciado, que hablan de los 50 años de los recuerdos, desde mitad de los años 70 hasta la actualidad", ha explicado el escritor. La historia permite así recorrer distintos momentos de la vida de ambos personajes y, al mismo tiempo, plantear una reflexión sobre cómo cambia la interpretación del pasado a medida que transcurren los años.

Para García Montero, el tiempo constituye uno de los elementos fundamentales de la obra, pero también una cuestión que ha adquirido una importancia especial en una sociedad marcada por la velocidad. "El tiempo no es una mercancía de usar y tirar. Ahora que vivimos con tanta prisa y que todo parece que es cuestión del instante, de lo inmediato, de las coyunturas que implican respuestas rápidas, me gusta más reivindicar el tiempo propio de la literatura, que es el tiempo de la meditación, de la calma", ha afirmado.

Su propia relación con el pasado también ha cambiado con los años. García Montero ha explicado que ha intentado comprender con perspectiva la historia que ha vivido y sus diferentes contextos, pero sin convertirse en alguien que rechace sistemáticamente los cambios generacionales. "He ido creciendo, por una parte intentando con perspectiva conocer la historia que he vivido, los distintos contextos históricos, y después la de no convertirme en un viejo cascarrabias, sino ir comprendiendo cómo las cosas cambian a lo largo del tiempo", ha señalado. Al mismo tiempo, ha defendido la necesidad de no caer "en la superstición de las novedades", porque, a su juicio, no todo lo nuevo es necesariamente mejor y existen valores y elementos que merecen ser conservados. Esa tensión entre comprender los cambios y mantener determinados principios forma parte también de la personalidad del protagonista de la novela y de su relación con sus hijos y sus nietos.

  • Luis García Montero, con la plaza de San Antonio de fondo.
  •  

El autor ha insistido además en la necesidad de separar la experiencia personal de la creación literaria. "Aprendí como poeta que es importante no confundir la confesión biográfica con la literatura. Yo creo que una cosa es el yo biográfico y otra cosa es el yo literario", ha explicado. En la novela, ese yo literario se multiplica a través de personajes que hablan desde distintas experiencias, tiempos y perspectivas. A partir de ahí, García Montero ha situado los cuidados como uno de los asuntos centrales de la obra. "Lo que he intentado a la hora de hablar de la vida es subrayar mucho la importancia de los cuidados", ha afirmado. Esa reflexión aparece vinculada a las relaciones amorosas y a la transformación de la sociedad española, que el escritor interpreta también como una transformación de la educación sentimental. "Pensar en la evolución de la democracia no es sólo pensar en que los españoles teníamos derecho a votar cada cuatro años", ha señalado, sino también en los cambios producidos en las relaciones entre hombres y mujeres.

"Las relaciones amorosas no intentan el autoritarismo o la superioridad de una identidad contra otra, sino que se basan en la igualdad, en el respeto", ha defendido García Montero, para quien esa evolución debe analizarse junto a un individualismo consciente de la vulnerabilidad. "Convivir significa respetar al otro, porque todos necesitamos cuidar y ser cuidados", ha añadido. Esa misma idea conduce en la novela hacia la reflexión sobre la justicia, que permite al escritor establecer un contraste entre la justicia autoritaria del final del franquismo y la que posteriormente se convirtió, a su juicio, en una de las raíces de la democracia.

"Me sentí muy orgulloso de ser español"

García Montero ha recordado en este punto una experiencia que vivió en Chile mientras iba a pronunciar una conferencia sobre Rafael Alberti en la Fundación Pablo Neruda. Aquella mañana conoció por la prensa que un juez español había conseguido detener en Reino Unido a Augusto Pinochet, en referencia a Baltasar Garzón. "Me sentí muy orgulloso de ser español y sentí lo que había cambiado en este país, desde el autoritarismo franquista hasta una justicia que creía en el derecho y que promovía la detención de Pinochet", ha relatado. "No puede haber una justicia sometida a los intereses de los poderosos, sino que la justicia democrática es la base de los cuidados a la hora de convivir y de respetarnos en los derechos y en los deberes", ha defendido.

  • García Montero, con Ana Rodríguez-Tenorio en el acto.
  •  

La relación entre literatura y sociedad es otro tema interesante a tratar con el granadino. García Montero ha rechazado que un escritor pueda considerarse ajeno a lo que ocurre a su alrededor y ha recordado que su propia formación literaria estuvo vinculada desde el principio a autores marcados por la historia. Descubrió la poesía de Federico García Lorca, fusilado en Granada 22 años antes de su nacimiento, estudió posteriormente a Antonio Machado, fallecido en el exilio, y dedicó su tesis doctoral a Rafael Alberti, precisamente cuando el poeta regresaba a España después de casi cuatro décadas de exilio. "Yo creo que la literatura, desde que yo la he estudiado, y no hablo ya de la Generación del 27 o de la literatura antifranquista, podemos hablar de Jovellanos, de Gonzalo de Berceo, de Garcilaso, siempre ha estado muy comprometida con la sociedad", ha afirmado. A su juicio, la historia no se limita a las batallas y las fechas, sino que también se refleja en la intimidad, en las relaciones personales y en la forma en que las personas construyen sus identidades.

De Donald Trump y el rey de Marruecos

Desde esa perspectiva, el escritor ha defendido su compromiso con la sociedad actual y con los derechos humanos. Ha asegurado que, cuando ejerce una responsabilidad pública, lo hace desde una posición contraria al autoritarismo, la violencia y la guerra y desde el respeto a los derechos humanos. En ese contexto se ha referido a situaciones como las ocurridas en Ceuta y ha reivindicado la necesidad de defender las relaciones internacionales y la paz. También ha expresado públicamente su oposición a determinadas actuaciones y dirigentes internacionales. "No me importa criticar públicamente estrategias que tienen que ver con personajes como Donald Trump", ha señalado, al tiempo que ha expresado su posición contra el Gobierno de Benjamin Netanyahu y ha cuestionado el comportamiento del rey de Marruecos. "A mí lo de Ceuta me ha parecido muy triste. Lo mismo que estoy muy orgulloso de la España que metió en la cárcel a Pinochet, estoy muy orgulloso de la España que defiende las relaciones internacionales, la paz, que está en contra del genocidio".

  • García Montero, firmando ejemplares de su libro.
  •  

La polarización política y el deterioro de la conversación pública han sido otro de los asuntos abordados en la charla. "La sustitución de argumentos por insultos, el convertir las opiniones en dogmas, el parecer que el otro es una amenaza" constituye, según García Montero, una de las situaciones más preocupantes del momento. El escritor ha advertido de que sus consecuencias pueden prolongarse en el tiempo y afectar al prestigio de las instituciones, la política, la justicia, el periodismo y la propia participación ciudadana.

"La cultura nace de la interpretación del otro", ha defendido, porque comprender al otro implica asumir que "tener una opinión no es estar en posesión de la verdad", sino aceptar los matices, el conflicto y los ejercicios de conciencia. En ese escenario, ha alertado también de la sustitución de la información por el impacto y de los argumentos por contenidos diseñados para generar ruido. "A largo plazo el descrédito del Estado, de lo público, de la política, de la justicia, del periodismo y la sustitución por el partidismo, el pseudoperiodismo y los bulos. Todo eso es un peligro muy a largo plazo para la democracia", ha afirmado.

Una preocupación que ha extendido a las redes sociales, sobre las que ha defendido una mirada que tenga en cuenta tanto sus posibilidades como sus riesgos. "Hay que valorar sus ventajas pero también ser vigilantes con los peligros", ha señalado. A su juicio, estos espacios, que comenzaron como ámbitos de información y conocimiento, han terminado favoreciendo dinámicas en las que "la información es sustituida por el insulto, donde la objetividad es sustituida por el impacto y donde la gente se acostumbra a decir lo que piensa sin pensar lo que dice". García Montero ha cuestionado además una cultura en la que un titular capaz de provocar odio, desprecio o protesta puede imponerse a una información detallada y objetiva. También ha advertido sobre la difusión de bulos y otros contenidos dirigidos a los jóvenes y ha criticado que determinados poderes económicos utilicen el concepto de libertad para oponerse a cualquier intento de ordenar las relaciones en las redes.

El universo del Instituto Cervantes

El escritor hace un balance de sus ocho años al frente del Instituto Cervantes y con la mirada puesta en su futuro académico. García Montero ha explicado que prevé jubilarse como catedrático de la Universidad de Granada en el curso 2027-2028, después de haber desarrollado una carrera universitaria desde 1981, y ha considerado un privilegio haber dirigido durante ocho años una institución especialmente vinculada a su condición de filólogo y escritor.

  • Detalle de una de las dedicatorias del escritor granadino.
  •  

"Me alegro poder haber ayudado a configurar una conciencia de lo que significa la comunidad hispánica", ha señalado, recordando que el español cuenta con más de 530 millones de hablantes nativos. También ha defendido el papel de la cultura en la promoción de la democracia, la igualdad, el diálogo entre identidades y la oposición a los imperialismos, así como la convivencia entre las diferentes lenguas de España. "El catalán, el euskera, el gallego no son amenazas para el español, sino hermanos en la existencia de una comunidad", ha afirmado.

García Montero ha destacado que los presupuestos del Instituto Cervantes siguen siendo "muy, muy humildes" en comparación con instituciones como el British Council, la Alianza Francesa o el Goethe, aunque se ha mostrado satisfecho por haber contribuido durante su etapa a aumentar los recursos destinados a la divulgación del español en el mundo.

El escritor Luis García Montero ha presentado este lunes en la Fundación Cajasol de Cádiz su nueva novela, La mejor edad, dentro del ciclo La Actualidad en la Azotea, acompañado por Ana Rodríguez-Tenorio. En un encuentro en el que ha abordado los principales asuntos de su nuevo libro, el autor ha reflexionado para lavozdelsur.es sobre el paso del tiempo, la memoria, la justicia, la evolución de la sociedad española, la polarización política, las redes sociales y el papel de la literatura en la vida pública. "Estoy encantado de estar en Cádiz", ha señalado García Montero, que ha recordado que ya había tenido la oportunidad de presentar allí otros libros y de participar en presentaciones de obras de amigos.

El título de la novela parte de una pregunta que se repite en un bar entre camareros, trabajadores y clientes: "Cuál es la mejor edad, el momento en el que uno es feliz". Esa cuestión sirve como punto de partida para un ejercicio de memoria y para una interpretación de los recuerdos y de la historia. La trama reúne en ese establecimiento a un viejo juez que se ha quedado viudo y que, en uno de los cajones de su casa encuentra las primeras sentencias que dictó en 1974 y 1975, en los últimos años del franquismo. Una de ellas le conmueve especialmente porque considera que condenó "sin pruebas ni seguridad" a un muchacho. A partir de ese momento decide localizarlo para conocer qué ha sido de él y comprobar si aquella decisión tuvo consecuencias en su vida.

  • El escritor, firmado uno de sus libros en la Fundación Cajasol.
  •  

"Son conversaciones entre el juez y el muchacho que fue sentenciado, que hablan de los 50 años de los recuerdos, desde mitad de los años 70 hasta la actualidad", ha explicado el escritor. La historia permite así recorrer distintos momentos de la vida de ambos personajes y, al mismo tiempo, plantear una reflexión sobre cómo cambia la interpretación del pasado a medida que transcurren los años.

Para García Montero, el tiempo constituye uno de los elementos fundamentales de la obra, pero también una cuestión que ha adquirido una importancia especial en una sociedad marcada por la velocidad. "El tiempo no es una mercancía de usar y tirar. Ahora que vivimos con tanta prisa y que todo parece que es cuestión del instante, de lo inmediato, de las coyunturas que implican respuestas rápidas, me gusta más reivindicar el tiempo propio de la literatura, que es el tiempo de la meditación, de la calma", ha afirmado.

Su propia relación con el pasado también ha cambiado con los años. García Montero ha explicado que ha intentado comprender con perspectiva la historia que ha vivido y sus diferentes contextos, pero sin convertirse en alguien que rechace sistemáticamente los cambios generacionales. "He ido creciendo, por una parte intentando con perspectiva conocer la historia que he vivido, los distintos contextos históricos, y después la de no convertirme en un viejo cascarrabias, sino ir comprendiendo cómo las cosas cambian a lo largo del tiempo", ha señalado. Al mismo tiempo, ha defendido la necesidad de no caer "en la superstición de las novedades", porque, a su juicio, no todo lo nuevo es necesariamente mejor y existen valores y elementos que merecen ser conservados. Esa tensión entre comprender los cambios y mantener determinados principios forma parte también de la personalidad del protagonista de la novela y de su relación con sus hijos y sus nietos.

  • Luis García Montero, con la plaza de San Antonio de fondo.
  •  

El autor ha insistido además en la necesidad de separar la experiencia personal de la creación literaria. "Aprendí como poeta que es importante no confundir la confesión biográfica con la literatura. Yo creo que una cosa es el yo biográfico y otra cosa es el yo literario", ha explicado. En la novela, ese yo literario se multiplica a través de personajes que hablan desde distintas experiencias, tiempos y perspectivas. A partir de ahí, García Montero ha situado los cuidados como uno de los asuntos centrales de la obra. "Lo que he intentado a la hora de hablar de la vida es subrayar mucho la importancia de los cuidados", ha afirmado. Esa reflexión aparece vinculada a las relaciones amorosas y a la transformación de la sociedad española, que el escritor interpreta también como una transformación de la educación sentimental. "Pensar en la evolución de la democracia no es sólo pensar en que los españoles teníamos derecho a votar cada cuatro años", ha señalado, sino también en los cambios producidos en las relaciones entre hombres y mujeres.

"Las relaciones amorosas no intentan el autoritarismo o la superioridad de una identidad contra otra, sino que se basan en la igualdad, en el respeto", ha defendido García Montero, para quien esa evolución debe analizarse junto a un individualismo consciente de la vulnerabilidad. "Convivir significa respetar al otro, porque todos necesitamos cuidar y ser cuidados", ha añadido. Esa misma idea conduce en la novela hacia la reflexión sobre la justicia, que permite al escritor establecer un contraste entre la justicia autoritaria del final del franquismo y la que posteriormente se convirtió, a su juicio, en una de las raíces de la democracia.

"Me sentí muy orgulloso de ser español"

García Montero ha recordado en este punto una experiencia que vivió en Chile mientras iba a pronunciar una conferencia sobre Rafael Alberti en la Fundación Pablo Neruda. Aquella mañana conoció por la prensa que un juez español había conseguido detener en Reino Unido a Augusto Pinochet, en referencia a Baltasar Garzón. "Me sentí muy orgulloso de ser español y sentí lo que había cambiado en este país, desde el autoritarismo franquista hasta una justicia que creía en el derecho y que promovía la detención de Pinochet", ha relatado. "No puede haber una justicia sometida a los intereses de los poderosos, sino que la justicia democrática es la base de los cuidados a la hora de convivir y de respetarnos en los derechos y en los deberes", ha defendido.

  • García Montero, con Ana Rodríguez-Tenorio en el acto.
  •  

La relación entre literatura y sociedad es otro tema interesante a tratar con el granadino. García Montero ha rechazado que un escritor pueda considerarse ajeno a lo que ocurre a su alrededor y ha recordado que su propia formación literaria estuvo vinculada desde el principio a autores marcados por la historia. Descubrió la poesía de Federico García Lorca, fusilado en Granada 22 años antes de su nacimiento, estudió posteriormente a Antonio Machado, fallecido en el exilio, y dedicó su tesis doctoral a Rafael Alberti, precisamente cuando el poeta regresaba a España después de casi cuatro décadas de exilio. "Yo creo que la literatura, desde que yo la he estudiado, y no hablo ya de la Generación del 27 o de la literatura antifranquista, podemos hablar de Jovellanos, de Gonzalo de Berceo, de Garcilaso, siempre ha estado muy comprometida con la sociedad", ha afirmado. A su juicio, la historia no se limita a las batallas y las fechas, sino que también se refleja en la intimidad, en las relaciones personales y en la forma en que las personas construyen sus identidades.

De Donald Trump y el rey de Marruecos

Desde esa perspectiva, el escritor ha defendido su compromiso con la sociedad actual y con los derechos humanos. Ha asegurado que, cuando ejerce una responsabilidad pública, lo hace desde una posición contraria al autoritarismo, la violencia y la guerra y desde el respeto a los derechos humanos. En ese contexto se ha referido a situaciones como las ocurridas en Ceuta y ha reivindicado la necesidad de defender las relaciones internacionales y la paz. También ha expresado públicamente su oposición a determinadas actuaciones y dirigentes internacionales. "No me importa criticar públicamente estrategias que tienen que ver con personajes como Donald Trump", ha señalado, al tiempo que ha expresado su posición contra el Gobierno de Benjamin Netanyahu y ha cuestionado el comportamiento del rey de Marruecos. "A mí lo de Ceuta me ha parecido muy triste. Lo mismo que estoy muy orgulloso de la España que metió en la cárcel a Pinochet, estoy muy orgulloso de la España que defiende las relaciones internacionales, la paz, que está en contra del genocidio".

  • García Montero, firmando ejemplares de su libro.
  •  

La polarización política y el deterioro de la conversación pública han sido otro de los asuntos abordados en la charla. "La sustitución de argumentos por insultos, el convertir las opiniones en dogmas, el parecer que el otro es una amenaza" constituye, según García Montero, una de las situaciones más preocupantes del momento. El escritor ha advertido de que sus consecuencias pueden prolongarse en el tiempo y afectar al prestigio de las instituciones, la política, la justicia, el periodismo y la propia participación ciudadana.

"La cultura nace de la interpretación del otro", ha defendido, porque comprender al otro implica asumir que "tener una opinión no es estar en posesión de la verdad", sino aceptar los matices, el conflicto y los ejercicios de conciencia. En ese escenario, ha alertado también de la sustitución de la información por el impacto y de los argumentos por contenidos diseñados para generar ruido. "A largo plazo el descrédito del Estado, de lo público, de la política, de la justicia, del periodismo y la sustitución por el partidismo, el pseudoperiodismo y los bulos. Todo eso es un peligro muy a largo plazo para la democracia", ha afirmado.

Una preocupación que ha extendido a las redes sociales, sobre las que ha defendido una mirada que tenga en cuenta tanto sus posibilidades como sus riesgos. "Hay que valorar sus ventajas pero también ser vigilantes con los peligros", ha señalado. A su juicio, estos espacios, que comenzaron como ámbitos de información y conocimiento, han terminado favoreciendo dinámicas en las que "la información es sustituida por el insulto, donde la objetividad es sustituida por el impacto y donde la gente se acostumbra a decir lo que piensa sin pensar lo que dice". García Montero ha cuestionado además una cultura en la que un titular capaz de provocar odio, desprecio o protesta puede imponerse a una información detallada y objetiva. También ha advertido sobre la difusión de bulos y otros contenidos dirigidos a los jóvenes y ha criticado que determinados poderes económicos utilicen el concepto de libertad para oponerse a cualquier intento de ordenar las relaciones en las redes.

El universo del Instituto Cervantes

El escritor hace un balance de sus ocho años al frente del Instituto Cervantes y con la mirada puesta en su futuro académico. García Montero ha explicado que prevé jubilarse como catedrático de la Universidad de Granada en el curso 2027-2028, después de haber desarrollado una carrera universitaria desde 1981, y ha considerado un privilegio haber dirigido durante ocho años una institución especialmente vinculada a su condición de filólogo y escritor.

  • Detalle de una de las dedicatorias del escritor granadino.
  •  

"Me alegro poder haber ayudado a configurar una conciencia de lo que significa la comunidad hispánica", ha señalado, recordando que el español cuenta con más de 530 millones de hablantes nativos. También ha defendido el papel de la cultura en la promoción de la democracia, la igualdad, el diálogo entre identidades y la oposición a los imperialismos, así como la convivencia entre las diferentes lenguas de España. "El catalán, el euskera, el gallego no son amenazas para el español, sino hermanos en la existencia de una comunidad", ha afirmado.

García Montero ha destacado que los presupuestos del Instituto Cervantes siguen siendo "muy, muy humildes" en comparación con instituciones como el British Council, la Alianza Francesa o el Goethe, aunque se ha mostrado satisfecho por haber contribuido durante su etapa a aumentar los recursos destinados a la divulgación del español en el mundo.

COMENTARIOS