'Padre Coraje': "No sé cómo estoy vivo"

'Padre Coraje': "No sé cómo estoy vivo"

Francisco Holgado, con 71 años, emprende una marcha a pie hacia Madrid para tratar de evitar que el crimen de su hijo Juan prescriba el próximo 22 de noviembre, 20 años después. "Si me quedaba aquí no iba a conseguir nada. Estoy solo". 

El horrendo asesinato hizo añicos su familia, le ha costado miles de euros y sobre todo graves secuelas físicas y mentales: "He estado siete años en Salud Mental; con tratamiento psiquiátrico; me han hecho una ablación cardíaca...".

28-09-2015 / 19:05 h.
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Baja de una Ford Tourneo forrada de carteles que, más de 7.000 días después, siguen exigiendo Justicia. Francisco Holgado es una sombra bajo una gorra negra, solo iluminado por la camiseta blanca con la foto de su hijo Juan serigrafiada en el pecho. Son casi las siete de la mañana. Hay una superluna sobre la rotonda jerezana dedicada a la memoria de su primogénito. No pudo acudir a la inauguración hace cuatro años porque asistía su exmujer, Antonia Castro, con la que ha llegado a intercambiarse denuncias y órdenes de alejamiento. Pero allí ha citado a los medios antes del amanecer y allí está. Puntual.

Cruza hacia la glorieta y se postra ante el monolito situado a escasos metros de donde un 22 de noviembre de 1995 su hijo mayor, con apenas 26 años, recibió una treintena de cuchilladas mientras cubría el turno de noche en la gasolinera de Martín Ferrador. Un crimen que consternó a la ciudad y que no solo trascendió fronteras por su brutalidad, sino también por el arrojo del padre del muchacho asesinado en busca de los culpables a los que una desastrosa investigación policial no logró identificar -cuatro personas fueron juzgadas en dos ocasiones y absueltas otras tantas-. Francisco Holgado, Paco Holgado, el ‘Padre Coraje’, lo tiene tan presente como cuando le notificaron el horrendo asesinato. Ahora tiene 71 años y ha decidido quemar el “último cartucho” antes de que el delito prescriba dos décadas después sin que nadie haya pagado por la muerte de Juan. Se queda como ensimismado ante el memorial. Se vuelve emocionado y afirma entrecortado: “Es que un hijo es todo…”.


Juan Carlos Toro
Paco Holgado, en plena A-4.

A finales de los 90 se infiltró en los bajos fondos para arrancar la confesión de los asesinos sin que finalmente las grabaciones magnetofónicas tuvieran validez judicial; interrumpió partidos como un Xerez-Real Madrid saltando al césped del Estadio Chapín; fue detenido casi un día entero por hacer pintadas antes de otro partido; e incluso se tumbó en las vías del tren para bloquear durante 40 minutos el paso de un convoy con destino a Barcelona. “¿Usted como ha podido hacer esto?”, le preguntan periodistas argentinos en un homenaje de las madres de la plaza de Mayo. “Pues ya ven, he estado en casa de dos asesinos, delante de ellos. Lo he hecho, hay que ir sobre la marcha”. Su último grito para que la opinión pública no olvide a Juan antes de que el crimen quede definitivamente impune pasa por caminar 570 kilómetros hasta llegar a Madrid e ir recogiendo firmas en cada etapa del camino. “Si me quedaba aquí no iba a conseguir nada. Estoy solo. La gente se olvida cuando pasa un tiempo. ¿Ustedes me ven, no? Se queda uno solo”, asegura escondido bajo su gorra.

-¿Ha pensado alguna vez en arrojar la toalla? Las heridas abiertas desde aquella madrugada han sido muchas…
-Nunca he pensado en dejar el caso. Llevo spray y por donde vaya haré pintadas. Esto también es un homenaje a todas las personas víctimas de crímenes sin resolver. El que se quiera adherir a la marcha que me acompañe. He estado siete años en Salud Mental; he estado con tratamiento psiquiátrico, me han hecho una ablación cardíaca. Es imposible estar… No sé cómo estoy vivo. Porque me cuido mucho; no hay otra solución. He tenido 200 y pico de pulsaciones tomando el Trangorex y el Apocard; y ha estado con cardiólogos siete u ocho meses en la residencia. He tenido cientos de ingresos. He llegado a pasar momentos, con tratamientos, en los que me quedaba inmóvil, no podía andar. Hice un viaje a Francia y estuve en tres hospitales. Ahora físicamente estoy muy bien, me quitaron el Sintrom, pero claro (se señala la cabeza), esto es duro, es duro…


Juan Carlos Toro
El 'Padre Coraje', en la rotonda dedicada a su hijo Juan, minutos antes de partir a Madrid caminando.

Francisco Holgado se separó de su mujer hace ya unos trece años. El matrimonio no resistió la embestida del terrible crimen de su hijo y la familia se fracturó sin posibilidad de recomposición. Es fácil ver a Antonia en los plenos o en actos públicos, infatigable, de luto riguroso, clamando Justicia y que los asesinos de Juan paguen. O en el cementerio, colocando flores frescas en la tumba de Juan. Como Paco, sufre una enorme agonía al ver la contrarreloj que resta antes de la prescripción del delito. Pero ambos van por separado. “Le paso a mi ex mujer 900 euros todos los meses, me quedan otros 900 o por ahí para tirar yo”, explica el ‘Padre Coraje’, que antes de dedicarse “por entero a esto” era empleado de banca en Jerez.

“Lo lógico es que aunque estemos separados vayamos de la mano, que es nuestro hijo”

“Ella ha dicho que yo no quise saber nada más del caso, pero eso no es así. He estado siempre luchando pero si voy a una manifestación o una concentración y me va a dar una bronca… Nueve juicios que he tenido por no hacer nada, y aquí estoy que no he ido a la cárcel, por algo será”. No hay rencor. El objetivo sigue siendo el mismo: Justicia. “Lo lógico es que aunque estemos separados vayamos de la mano, que es nuestro hijo”. El asesinato y todo lo que vino detrás hizo añicos su familia, le ha acarreado graves problemas físicos y psicológicos, y le ha supuesto ingentes gastos en abogados, procuradores, desplazamientos, movilizaciones... "Cada vez que se movía un papel eran 900.000 pesetas", asegura. 

La marcha va a ser por etapas, “20 o 22 días”, hasta llegar a la capital de España, donde espera que alguien del Ministerio de Justicia le reciba. La caminata se acompaña de una furgoneta con una “caravanita que me han dejado para asearme y dormir”. Ha tenido que pagar de su bolsillo a los dos chóferes que harán mitad y mitad de recorrido. “Nadie ha querido venir, qué vamos a hacer; pero yo tengo que hacer lo que esté en mi mano para que esto no prescriba y se haga justicia, para que se haga una nueva revisión de las pruebas, que las hay y tienen que tener nombre. Porque los asesinos están en la calle”.

-¿Sigue teniendo claro quiénes son?

- Claro. Son los mismos.

 
 
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