Entre las curiosidades que esconde Jerez se encuentra una chimenea gigante situada en la Plaza Alfonso Sánchez, un enclave que para buena parte de los jerezanos resulta prácticamente desconocido. El espacio se ubica entre las calles Larga y Caracuel, en pleno centro de la ciudad.
Su origen se remonta al momento en que el alumbrado urbano, hasta entonces basado en el gas, comenzó a sustituirse por la electricidad. El cambio arrancó a finales del siglo XIX, cuando la ciudad emprendió una transformación que marcaría su paisaje urbano durante más de un siglo.
En 1892, la sociedad que conformaba la Compañía Nueva Eléctrica necesitó un emplazamiento para instalar la máquina de vapor que generaría la electricidad destinada al alumbrado particular. La elección recayó en un local de la calle Caracuel, para el que ha resultado imprescindible levantar una torre-chimenea que canalizara los humos de la central térmica.
Un proyecto que tardó 17 años en completarse
El encargo de esta construcción recayó en el arquitecto jerezano Francisco Hernández Rubio, cuyo proyecto no culminó hasta el año 1909. El edificio al que pertenecía esta chimenea era conocido popularmente como "la fábrica de la luz", según recoge el catálogo de elementos singulares del planeamiento urbanístico municipal.
La estructura tiene una altura de 50 metros, una dimensión considerable para la época que la convirtió en un referente visual del entorno. Su construcción se enmarcó en el proceso, lento y progresivo, mediante el cual Jerez fue sustituyendo el alumbrado de gas por el eléctrico a lo largo de las primeras décadas del siglo XX.
Un símbolo industrial que ha resistido al paso del tiempo
Tras quedar en desuso una vez superada su función original, la chimenea se ha mantenido en pie como testimonio de aquel proceso de electrificación urbana. Su conservación ha permitido que hoy figure entre los elementos protegidos del patrimonio arquitectónico e industrial de la ciudad.
La Plaza Alfonso Sánchez conserva así, casi de forma anónima para el paseante habitual, una pieza que resume una etapa clave de la modernización de Jerez, cuando la ciudad dejó atrás el alumbrado de gas para adentrarse en la era de la electricidad.
Entre las curiosidades que esconde Jerez se encuentra una chimenea gigante situada en la Plaza Alfonso Sánchez, un enclave que para buena parte de los jerezanos resulta prácticamente desconocido. El espacio se ubica entre las calles Larga y Caracuel, en pleno centro de la ciudad.
Su origen se remonta al momento en que el alumbrado urbano, hasta entonces basado en el gas, comenzó a sustituirse por la electricidad. El cambio arrancó a finales del siglo XIX, cuando la ciudad emprendió una transformación que marcaría su paisaje urbano durante más de un siglo.
En 1892, la sociedad que conformaba la Compañía Nueva Eléctrica necesitó un emplazamiento para instalar la máquina de vapor que generaría la electricidad destinada al alumbrado particular. La elección recayó en un local de la calle Caracuel, para el que ha resultado imprescindible levantar una torre-chimenea que canalizara los humos de la central térmica.
Un proyecto que tardó 17 años en completarse
El encargo de esta construcción recayó en el arquitecto jerezano Francisco Hernández Rubio, cuyo proyecto no culminó hasta el año 1909. El edificio al que pertenecía esta chimenea era conocido popularmente como "la fábrica de la luz", según recoge el catálogo de elementos singulares del planeamiento urbanístico municipal.
La estructura tiene una altura de 50 metros, una dimensión considerable para la época que la convirtió en un referente visual del entorno. Su construcción se enmarcó en el proceso, lento y progresivo, mediante el cual Jerez fue sustituyendo el alumbrado de gas por el eléctrico a lo largo de las primeras décadas del siglo XX.
Un símbolo industrial que ha resistido al paso del tiempo
Tras quedar en desuso una vez superada su función original, la chimenea se ha mantenido en pie como testimonio de aquel proceso de electrificación urbana. Su conservación ha permitido que hoy figure entre los elementos protegidos del patrimonio arquitectónico e industrial de la ciudad.
La Plaza Alfonso Sánchez conserva así, casi de forma anónima para el paseante habitual, una pieza que resume una etapa clave de la modernización de Jerez, cuando la ciudad dejó atrás el alumbrado de gas para adentrarse en la era de la electricidad.
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