Ediciones:

Seguir en Discover

reportajes

¿Resurgirá la almadraba en Sancti Petri?: el poblado del Concert Music y el Club Náutico quiere volver a ser lo que fue

Manolo Baro, antiguo vecino, y María Dolores Jiménez, de la junta directiva, repasan el pasado y presente de este enclave de Chiclana, donde se prevé la vuelta de esta industria que marcó su vida hasta 1971

  • Manolo Baro y María Dolores Jiménez, tío y sobrina muy vinculados al poblado de Sancti Petri. -

Los rincones del antiguo poblado de Sancti Petri están llenos de huellas de los que algún día crecieron entre almadraberos. La pesca del atún marcaba el ritmo. “Ese niño de allí soy yo”, dice un hombre señalando uno de los cuadros que decora el restaurante de la Asociación de Pescadores Caño Chanarro. Se llama Manolo Baro, de 69 años, y no hay detalle de este enclave chiclanero que se le escape. Con una memoria envidiable, el que fuera vecino del pintoresco poblado marinero recuerda la escena de la obra.

“Dicen que en la foto estamos esperando para desembarcar los atunes. Pero es falso, eso está sacado de una foto que nos hicieron el día que entró un marrajo monstruoso que se coló dentro de la red y mató a unos 200 atunes”, dice sentado en un lugar con solera. En esa imagen solo tenía 9 años, los mismos con los que merodeaba por este inmueble que hoy pisa. Hace más de medio siglo se utilizaba para fabrica a mano y guardar la red de los pescadores. “Las hacía el cura Emilio con su familia, que les decían los cordeleros”, señala.

Este es uno de los numerosos datos que Manolo comparte con lavozdelsur.es en una tarde cualquiera en la que ya no hay masificación al haber acabado el Concert Music Festival. El chiclanero va reconstruyendo aquel pueblo que fue su hogar durante 17 años de su vida. “Aquí nací yo”, dice mientras recorre lo que queda. El escenario de los conciertos aún en pie, varias personas echando el rato en distintas asociaciones y una iglesia donde se siguen celebrando bodas y comuniones.

  • Detalle del cuadro que decora el restaurante de la Asociación de pescadores Caño Chamarro.
  • -

Su padre fue uno de los trabajadores que vivieron la época de esplendor de la zona y que trabajó en la construcción del muelle. Primero fue listero, y después, encargado del economato. Por entonces, vivían en casas de lata, hasta que se empezaron a colocar los cimientos de las primeras viviendas en el año 1946. Por entonces, el Consorcio Nacional Almadrabero ya llevaba con la actividad de la almadraba desde 1929 y contrataba a mecánicos, albañiles, pintores y otros perfiles. Todas las familias convivían en este poblado con unos cien vecinos todo el año, que se incrementaba en temporada de verano. Llegaban almadraberos de Ayamonte, Isla Cristina, Málaga o Estepona.

“Eramos como una familia. Yo comía en tu casa y tu desayunabas en la mía”, comenta Manolo, que vivía en una casa con tres dormitorios y un patio. “Teníamos de todo”, añade. Era un pequeño pueblo con sus servicios básicos, con colegio, plaza de abastos, cine y hasta un club donde se jugaba al dominó, al billar y a las damas. “Mi padre era un artista en el dominó, ganaba concursos”, dice.

El paseo por Sancti Petri reaviva multitud de recuerdos en su cabeza. Dice que cuando se cansaba en el colegio, pedía permiso para ir al baño y se escapaba a ver a los barcos cargados de pescado. “Cuando estaba harto me venía aquí con los almadraberos, aquí se reparaban las embarcaciones con daños”, dice señalando una explanada. También cuenta cómo disfrutaba pescando con su padre. “Un día me corté con la punta de una bayoneta y me dio con aceite de atún, que era con lo que nos curábamos, mejor que el yodo”, comenta.

  • Manolo y María Dolores, durante la entrevista.
  • -
  • Fachada de una de las casas del poblado.
  • -

A los 17 años, Manolo y el resto de vecinos del poblado fueron obligados a marcharse de sus casas. A mediados de los años 1970 la pesca del atún comenzó a escasear y el Consorcio Nacional Almadrabero acabó cerrando sus puertas en 1973, siendo los terrenos adquiridos por la empresa Sancti Petri S.A. por 85 millones de pesetas. “Eso hay que explicarlo muy bien, que nos echaron a todos, no nos fuimos por voluntad propia ninguna”, sostiene Manolo, que cuenta que el Ayuntamiento estaba informado del destino del pueblo y reservó zonas para las familias.

“Unos escogimos la barriada de Fuenteamarga y otros, la zona del campo de fútbol. Otros emigraron a Cataluña. La familia de los cordeleros se fue a Bilbao, menos Emilio, que se hizo cura”, explica el chiclanero. Ya sin actividad, el poblado quedó abandonado hasta que en 1979 el Ministerio de Defensa expropió los terrenos por 158 millones de pesetas y lo utilizó como lugar de entrenamiento militar. Algo que desató críticas hasta que terminó en 1993.

  • Estado del poblado de Sancti Petri antes del derribo de las viviendas.
  • -

Los últimos pasos los dio la sociedad Pesquerías de Chiclana que ganó una licencia para reactivar la almadraba en 2003; sin embargo, el proyecto quedó suspendido años más tarde. Misma idea que ha vuelto a resurgir para dar vida a una futura actividad como la de antaño. “Yo soy de los que cree que no se va a llegar a poner. Ojalá esté equivocado porque sería muy bueno para Chiclana. Para Sancti Petri no, porque no queda nada. Y siempre que el atún se quedara aquí. Pero para montar una almadraba hacen falta muchas cosas. Anclas, flota de barcos y, lo principal de todo, mano de obra. ¿Dónde encontramos hoy 150 personas especializadas? Lo veo complicado”, expresa.

La aprobación del Real Decreto 362/2026, de 29 de abril, introduce modificaciones significativas en la regulación de la pesquería de atún rojo en el Atlántico Oriental y el Mediterráneo. Este nuevo marco legal, que actualiza el Real Decreto 46/2019, de 8 de febrero, abre por primera vez la puerta al restablecimiento de esta almadraba.

Una respuesta al incremento de la masa de atunes y al Plan de Recuperación de la especie, así como al Plan de Explotación, que han llevado a un aumento en el número de toneladas asignadas a España por la Iccat (Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico). Concretamente, al municipio chiclanero se le asignarán una cuota inicial de 50 toneladas que se podrán acumular al año siguente, lo que significaría un total de 100 toneladas disponibles. El último año en que se caló la almadraba, en 1971, la captura aproximada ascendió a mil piezas de atún.

  • Uno de los rincones de Sancti Petri, donde se monta el escenario del Concert Music Festival.
  • -

Aunque la futura almadraba tiene previsto su regreso oficial y el calamento de sus redes en 2027, tras aprobarse el marco normativo que le asigna cuota de atún rojo, nadie volverá a vivir allí.

Las casas fueron derrumbadas en julio de 2008. Una demolición que ejecutó la Demarcación de Costas tras más de tres décadas sin vida. “No tenían por qué haberse tirado porque ninguna estaba en ruina. Trajeron unas máquinas y tiraron todos los techos y dejaron las casas rellenas de los escombros de los techos”, recuerda Manolo. Tan solo quedaron en pie las viviendas situadas en el perímetro.

La vida de Manolo cambió por completo desde 1974. El Consorcio Nacional Almadrabero pagó sus estudios en El Puerto y, cuando acabó bachillerato se formó como mecánico en San Fernando. Ya como residente en Chiclana, trabajó en Renault, Seat y 25 años en Airbus hasta que se jubiló. En todo este tiempo, nunca se ha desvinculado de Sancti Petri. “Yo vengo prácticamente todos los días”, dice. Y muchas veces lo hace junto a su sobrina, con la que comparte la afición de los barcos de recreo.

El Club Naútico de Sancti Petri

María Dolores Jiménez, de 47 años, aunque no vivió allí, también conoce el poblado como la palma de su mano. La chiclanera fue una de esas chiquillas que jugaban con la pelota en un descampado lleno de escombros. “Esto era mi patio de recreo. Me colaba por todas las casas”, dice María Dolores.

  • María Dolores Jiménez, en el puerto deportivo.
  • -

Su padre Agustín Jiménez y su tío Manolo Baro entraron en la Junta Directiva del Club Náutico de Sancti Petri, fundado en 1975. Ahora, es ella la que está al frente. De algún modo, el club siguió llenando de barcos la Bahía, aunque con otros fines. Además, contribuyó a la mejora del muelle y a la construcción de los primeros pantalanes.

“A Agustín y a mí se nos hundió el barco y decidimos poner solución. Un día vi un reportaje de fabricación de los pantalanes en Noruega y pensé que podíamos traerlo aquí y lo hice”, comenta Manolo. “En el 84 empezó el auge del club, y ha sido el que ha mantenido el resto del pueblo y ha hecho que venga toda la industria que se está montando ahora”, añade.

Desde 1992, el club convive con la ahora Agencia Pública de Puertos de Andalucía (APPA), antigua EPPA, dependiente de la Junta, que trabaja de manera conjunta con el Ayuntamiento y el club para coordinar los usos náuticos, deportivos y de ocio.

  • La chiclanera amarra su barco de recreo en el pantalán.
  • -

Actualmente, el club náutico cuenta con 600 socios, que se suman a los cerca de 300 barcos que gestiona APPA en el puerto deportivo. “Antes no había nada de recreo, pero empezaron a hacer regatas, concursos de pesca y a dar clases”, indica María Dolores que, como ella dice, “ he echado los dientes aquí”.

En su álbum no faltan las fotos con los barcos de recreo de su padre, gran aficionado a la pesca recreativa hasta que falleció en 2016. Con él compartía esas navegaciones que partían del histórico poblado. “Era carpintero y su primer barco lo construyó en mi casa cuando yo tenía dos años. El tiburón 3 se llamaba”, comenta la chiclanera que hoy disfruta de su propio barco.

En los meses de verano, confiesa que le resulta más complicado llegar hasta el pantalán. Desde que el Concert Music Festival aterrizó en 2018, en el poblado no cabe un alfiler y las bolsas de aparcamiento, aunque sean amplias, rebosan. “Nos pasamos el verano mirando si hay concierto, porque si hay, no podemos entrar. Es beneficioso, pero molesta y la convivencia a veces es un poco complicada”, dice.

Este festival que se extiende durante el periodo estival se ha convertido en otra seña de identidad de un enclave que parece que está apunto de recuperar otro de sus buques insignia. El atún. La vida allí ya es otra historia. Un puñado de momentos que ni Manolo ni su familia olvidarán.

Los rincones del antiguo poblado de Sancti Petri están llenos de huellas de los que algún día crecieron entre almadraberos. La pesca del atún marcaba el ritmo. “Ese niño de allí soy yo”, dice un hombre señalando uno de los cuadros que decora el restaurante de la Asociación de Pescadores Caño Chanarro. Se llama Manolo Baro, de 69 años, y no hay detalle de este enclave chiclanero que se le escape. Con una memoria envidiable, el que fuera vecino del pintoresco poblado marinero recuerda la escena de la obra.

“Dicen que en la foto estamos esperando para desembarcar los atunes. Pero es falso, eso está sacado de una foto que nos hicieron el día que entró un marrajo monstruoso que se coló dentro de la red y mató a unos 200 atunes”, dice sentado en un lugar con solera. En esa imagen solo tenía 9 años, los mismos con los que merodeaba por este inmueble que hoy pisa. Hace más de medio siglo se utilizaba para fabrica a mano y guardar la red de los pescadores. “Las hacía el cura Emilio con su familia, que les decían los cordeleros”, señala.

Este es uno de los numerosos datos que Manolo comparte con lavozdelsur.es en una tarde cualquiera en la que ya no hay masificación al haber acabado el Concert Music Festival. El chiclanero va reconstruyendo aquel pueblo que fue su hogar durante 17 años de su vida. “Aquí nací yo”, dice mientras recorre lo que queda. El escenario de los conciertos aún en pie, varias personas echando el rato en distintas asociaciones y una iglesia donde se siguen celebrando bodas y comuniones.

  • Detalle del cuadro que decora el restaurante de la Asociación de pescadores Caño Chamarro.
  • -

Su padre fue uno de los trabajadores que vivieron la época de esplendor de la zona y que trabajó en la construcción del muelle. Primero fue listero, y después, encargado del economato. Por entonces, vivían en casas de lata, hasta que se empezaron a colocar los cimientos de las primeras viviendas en el año 1946. Por entonces, el Consorcio Nacional Almadrabero ya llevaba con la actividad de la almadraba desde 1929 y contrataba a mecánicos, albañiles, pintores y otros perfiles. Todas las familias convivían en este poblado con unos cien vecinos todo el año, que se incrementaba en temporada de verano. Llegaban almadraberos de Ayamonte, Isla Cristina, Málaga o Estepona.

“Eramos como una familia. Yo comía en tu casa y tu desayunabas en la mía”, comenta Manolo, que vivía en una casa con tres dormitorios y un patio. “Teníamos de todo”, añade. Era un pequeño pueblo con sus servicios básicos, con colegio, plaza de abastos, cine y hasta un club donde se jugaba al dominó, al billar y a las damas. “Mi padre era un artista en el dominó, ganaba concursos”, dice.

El paseo por Sancti Petri reaviva multitud de recuerdos en su cabeza. Dice que cuando se cansaba en el colegio, pedía permiso para ir al baño y se escapaba a ver a los barcos cargados de pescado. “Cuando estaba harto me venía aquí con los almadraberos, aquí se reparaban las embarcaciones con daños”, dice señalando una explanada. También cuenta cómo disfrutaba pescando con su padre. “Un día me corté con la punta de una bayoneta y me dio con aceite de atún, que era con lo que nos curábamos, mejor que el yodo”, comenta.

  • Manolo y María Dolores, durante la entrevista.
  • -
  • Fachada de una de las casas del poblado.
  • -

A los 17 años, Manolo y el resto de vecinos del poblado fueron obligados a marcharse de sus casas. A mediados de los años 1970 la pesca del atún comenzó a escasear y el Consorcio Nacional Almadrabero acabó cerrando sus puertas en 1973, siendo los terrenos adquiridos por la empresa Sancti Petri S.A. por 85 millones de pesetas. “Eso hay que explicarlo muy bien, que nos echaron a todos, no nos fuimos por voluntad propia ninguna”, sostiene Manolo, que cuenta que el Ayuntamiento estaba informado del destino del pueblo y reservó zonas para las familias.

“Unos escogimos la barriada de Fuenteamarga y otros, la zona del campo de fútbol. Otros emigraron a Cataluña. La familia de los cordeleros se fue a Bilbao, menos Emilio, que se hizo cura”, explica el chiclanero. Ya sin actividad, el poblado quedó abandonado hasta que en 1979 el Ministerio de Defensa expropió los terrenos por 158 millones de pesetas y lo utilizó como lugar de entrenamiento militar. Algo que desató críticas hasta que terminó en 1993.

  • Estado del poblado de Sancti Petri antes del derribo de las viviendas.
  • -

Los últimos pasos los dio la sociedad Pesquerías de Chiclana que ganó una licencia para reactivar la almadraba en 2003; sin embargo, el proyecto quedó suspendido años más tarde. Misma idea que ha vuelto a resurgir para dar vida a una futura actividad como la de antaño. “Yo soy de los que cree que no se va a llegar a poner. Ojalá esté equivocado porque sería muy bueno para Chiclana. Para Sancti Petri no, porque no queda nada. Y siempre que el atún se quedara aquí. Pero para montar una almadraba hacen falta muchas cosas. Anclas, flota de barcos y, lo principal de todo, mano de obra. ¿Dónde encontramos hoy 150 personas especializadas? Lo veo complicado”, expresa.

La aprobación del Real Decreto 362/2026, de 29 de abril, introduce modificaciones significativas en la regulación de la pesquería de atún rojo en el Atlántico Oriental y el Mediterráneo. Este nuevo marco legal, que actualiza el Real Decreto 46/2019, de 8 de febrero, abre por primera vez la puerta al restablecimiento de esta almadraba.

Una respuesta al incremento de la masa de atunes y al Plan de Recuperación de la especie, así como al Plan de Explotación, que han llevado a un aumento en el número de toneladas asignadas a España por la Iccat (Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico). Concretamente, al municipio chiclanero se le asignarán una cuota inicial de 50 toneladas que se podrán acumular al año siguente, lo que significaría un total de 100 toneladas disponibles. El último año en que se caló la almadraba, en 1971, la captura aproximada ascendió a mil piezas de atún.

  • Uno de los rincones de Sancti Petri, donde se monta el escenario del Concert Music Festival.
  • -

Aunque la futura almadraba tiene previsto su regreso oficial y el calamento de sus redes en 2027, tras aprobarse el marco normativo que le asigna cuota de atún rojo, nadie volverá a vivir allí.

Las casas fueron derrumbadas en julio de 2008. Una demolición que ejecutó la Demarcación de Costas tras más de tres décadas sin vida. “No tenían por qué haberse tirado porque ninguna estaba en ruina. Trajeron unas máquinas y tiraron todos los techos y dejaron las casas rellenas de los escombros de los techos”, recuerda Manolo. Tan solo quedaron en pie las viviendas situadas en el perímetro.

La vida de Manolo cambió por completo desde 1974. El Consorcio Nacional Almadrabero pagó sus estudios en El Puerto y, cuando acabó bachillerato se formó como mecánico en San Fernando. Ya como residente en Chiclana, trabajó en Renault, Seat y 25 años en Airbus hasta que se jubiló. En todo este tiempo, nunca se ha desvinculado de Sancti Petri. “Yo vengo prácticamente todos los días”, dice. Y muchas veces lo hace junto a su sobrina, con la que comparte la afición de los barcos de recreo.

El Club Naútico de Sancti Petri

María Dolores Jiménez, de 47 años, aunque no vivió allí, también conoce el poblado como la palma de su mano. La chiclanera fue una de esas chiquillas que jugaban con la pelota en un descampado lleno de escombros. “Esto era mi patio de recreo. Me colaba por todas las casas”, dice María Dolores.

  • María Dolores Jiménez, en el puerto deportivo.
  • -

Su padre Agustín Jiménez y su tío Manolo Baro entraron en la Junta Directiva del Club Náutico de Sancti Petri, fundado en 1975. Ahora, es ella la que está al frente. De algún modo, el club siguió llenando de barcos la Bahía, aunque con otros fines. Además, contribuyó a la mejora del muelle y a la construcción de los primeros pantalanes.

“A Agustín y a mí se nos hundió el barco y decidimos poner solución. Un día vi un reportaje de fabricación de los pantalanes en Noruega y pensé que podíamos traerlo aquí y lo hice”, comenta Manolo. “En el 84 empezó el auge del club, y ha sido el que ha mantenido el resto del pueblo y ha hecho que venga toda la industria que se está montando ahora”, añade.

Desde 1992, el club convive con la ahora Agencia Pública de Puertos de Andalucía (APPA), antigua EPPA, dependiente de la Junta, que trabaja de manera conjunta con el Ayuntamiento y el club para coordinar los usos náuticos, deportivos y de ocio.

  • La chiclanera amarra su barco de recreo en el pantalán.
  • -

Actualmente, el club náutico cuenta con 600 socios, que se suman a los cerca de 300 barcos que gestiona APPA en el puerto deportivo. “Antes no había nada de recreo, pero empezaron a hacer regatas, concursos de pesca y a dar clases”, indica María Dolores que, como ella dice, “ he echado los dientes aquí”.

En su álbum no faltan las fotos con los barcos de recreo de su padre, gran aficionado a la pesca recreativa hasta que falleció en 2016. Con él compartía esas navegaciones que partían del histórico poblado. “Era carpintero y su primer barco lo construyó en mi casa cuando yo tenía dos años. El tiburón 3 se llamaba”, comenta la chiclanera que hoy disfruta de su propio barco.

En los meses de verano, confiesa que le resulta más complicado llegar hasta el pantalán. Desde que el Concert Music Festival aterrizó en 2018, en el poblado no cabe un alfiler y las bolsas de aparcamiento, aunque sean amplias, rebosan. “Nos pasamos el verano mirando si hay concierto, porque si hay, no podemos entrar. Es beneficioso, pero molesta y la convivencia a veces es un poco complicada”, dice.

Este festival que se extiende durante el periodo estival se ha convertido en otra seña de identidad de un enclave que parece que está apunto de recuperar otro de sus buques insignia. El atún. La vida allí ya es otra historia. Un puñado de momentos que ni Manolo ni su familia olvidarán.

COMENTARIOS