La noche en la que Aníbal González volvió a la Plaza de España de Sevilla
Engranajes Culturales, la empresa creada por Sergio Raya y Óscar Hernández en plena crisis de 2009, ha hecho del patrimonio hispalense un escenario. Con 'Camino al 29' abren su particular cuenta atrás hacia el centenario de la Exposición Iberoamericana de 1929
Aníbal González lleva unos años contemplando la Plaza de España desde su pedestal. La pasada noche, sin embargo, parece dispuesto a contar su versión de la historia. Frente a su estatua se concentra un numeroso grupo de personas. Unos buscan sitio; otros observan con curiosidad. Hay móviles preparados para fotografiar y conversaciones que se apagan cuando comienza la representación. A unos metros, la monumental plaza que el arquitecto imaginó hace más de un siglo sirve de decorado. Aunque llamarla decorado quizá sea quedarse corto. Aquí el escenario es Sevilla, el abrazo entre dos mundos.
La noche cae sobre el Parque de María Luisa y la ciudad cambia de tiempo durante noventa minutos. Hace fresco. Bendito sea en pleno mes de agosto. Es el estreno de Camino al29, la nueva propuesta de Engranajes Culturales, una visita teatralizada que recupera a tres personajes para recorrer la historia del parque y de la Plaza de España: Aníbal González,Gustavo Adolfo Bécquer y Ana Joaquina Aguilar García, nodriza de María de las Mercedes, bisabuela de Felipe VI. No hay telón. Tampoco butacas. Los visitantes se desplazan detrás de los personajes mientras el parque continúa con su vida habitual. Paseantes y turistas se cruzan con una comitiva que parece haber encontrado una puerta hacia otra Sevilla. De vez en cuando alguien se detiene, mira y trata de comprender por qué un personaje de otro siglo habla ante un grupo en mitad de una glorieta.
Ese juego entre pasado y presente resume bastante bien lo que llevan haciendo Sergio Raya y Óscar Hernández desde hace diecisiete años. Mucho antes de conseguir que Aníbal González volviera a hablar ante la Plaza de España tuvieron que enfrentarse a un personaje bastante menos romántico: el IVA.
Dos humanistas frente a una crisis
La historia de Engranajes Culturales comienza lejos de los focos y de las representaciones. Raya y Hernández se conocieron mientras cursaban el Máster de Gestión Cultural de la Universidad de Sevilla. Al terminar, comenzaron a plantearse la posibilidad de crear su propia empresa. “Empezamos un poco a pensar en montar algo, en crear nuestra propia empresa”, recuerda Óscar Hernández. Una amiga que trabajaba entonces en la OTRI de la Universidad de Sevilla -que hoy es el Secretariado de Transferencia del Conocimiento y Emprendimiento (STCE)-, les habló del impulso que se estaba dando a la creación de empresas relacionadas con las humanidades. La oportunidad parecía encajar con aquello que estaban buscando y decidieron presentar un proyecto a un concurso de iniciativas empresariales de la propia universidad.
Sergio Raya (izquierda) y Óscar Hernández (derecha), fundadores de Engranajes Culturales, en la Plaza de España de Sevilla.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Perdieron. O, al menos, no ganaron aquella primera vez. La diferencia resulta importante porque los dos volvieron a intentarlo. Un año después regresaron al mismo concurso y esta vez sí consiguieron hacerse con él. Aquella insistencia acabaría siendo una especie de anticipo de lo que necesitarían para sacar adelante una empresa cultural que nacía, además, en un momento especialmente complicado. Era 2009.
La crisis económica iniciada el año anterior golpeaba con fuerza y emprender no parecía una actividad particularmente aconsejable. Hacerlo desde las humanidades añadía unas cuantas dificultades. “En ese momento, con la crisis de 2008, tuvimos bastantes problemas”, reconoce Hernández. A la situación económica se añadía algo mucho más elemental. Sergio y Óscar tenían formación cultural, pero nadie les había enseñado necesariamente a gestionar una empresa. “Al principio, en cierto modo, fue un poco locura, porque tanto Sergio como yo, de letras puras, no sabíamos realmente ni qué era el IVA, ni cómo darse de alta”, recuerda.
La confesión sirve para medir la distancia recorrida. El apoyo de los Centros Andaluces de Emprendimiento (CADE) y del entonces Proyecto Lunar, destinado a impulsar empresas creativo-culturales, les ayudó durante aquella primera etapa. Después llegaron los proyectos, las dificultades propias de cualquier negocio y muchas horas de trabajo. “Poco a poco, con constancia y trabajo, lo fuimos resolviendo”, resume Hernández. Así comenzaron a funcionar estos engranujas.
Dos perfiles que terminaron encajando
También había algo en la formación de sus fundadores que acabaría definiendo la empresa. Sergio Raya procedía de Historia del Arte y tenía experiencia en el ámbito audiovisual. Óscar Hernández, por su parte, había estudiado Filología Inglesa, pero durante sus años de formación había realizado numerosos cursos de teatro. Uno tenía una mirada especialmente vinculada al patrimonio y la imagen; el otro había incorporado las artes escénicas a su trayectoria. “Sergio y yo creamos un buen equipo”, señala Hernández.
De aquella combinación fue surgiendo una manera particular de entender la divulgación cultural. El patrimonio proporcionaría la materia prima, pero no necesariamente el formato. “A la hora de crear nuestros productos siempre tienen una base de interpretación del patrimonio, pero lo unimos a diferentes disciplinas artísticas como el teatro, la música o la danza”, explica. Ese cruce terminó convirtiéndose en su sello.
Engranajes Culturales plantea su trabajo alrededor de la interpretación, divulgación, comunicación y animación del patrimonio material, inmaterial y natural, con la intención de acercar el legado histórico, artístico y literario a públicos diversos. La teoría puede parecer compleja. En el Parque de María Luisa se entiende bastante mejor. Consiste, sencillamente, en hacer que la historia vuelva a ocurrir delante del espectador.
El arquitecto tiene algo que explicar
Volvamos al nuevo proyecto. El Aníbal González de Camino al 29 conoce bien la plaza que tiene detrás. También sus problemas. El público escucha mientras el personaje recupera las polémicas que acompañaron la construcción de la Plaza de España. Porque los monumentos que terminan convertidos en símbolos suelen perder por el camino las dificultades de su nacimiento.
Junto a la estatua de Aníbal González, representando a este visionario clave del regionalismo andaluz.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Hubo incrementos de presupuesto, controversias y discrepancias. La visita aborda también el conflicto con Vicente Traver alrededor del diseño de la fuente central e introduce recuerdos y anécdotas personales del arquitecto. La ventaja de contarlo aquí resulta evidente. Basta mirar alrededor. No hay que imaginar la Plaza de España porque está detrás del personaje. El visitante puede levantar la vista, localizar un detalle, observar una construcción que probablemente haya visto decenas de veces y descubrir que aquello que parecía simplemente ornamental contiene una historia.
El grupo vuelve a ponerse en movimiento. La representación continúa mientras el parque impone su propio ritmo. Aquí no se apagan las luces entre una escena y otra. La transición consiste en caminar.
Bécquer sale al encuentro
Entonces aparece Gustavo Adolfo Bécquer. El patrimonio arquitectónico cede espacio a la literatura y el recorrido se detiene en los 52 bustos de literatos que forman parte del conjunto. San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús o Miguel de Cervantes aparecen en un relato que termina acercándose inevitablemente al propio poeta romántico y a la historia de su conocida glorieta en el Parque de María Luisa.
La figura de Bécquer es otra de las protagonistas de la visita.
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FERNANDO VÁZQUEZ
El público vuelve a escuchar. Algunos conocen las historias; otros descubren por primera vez detalles que estaban delante de ellos. Esa es una de las paradojas del patrimonio cotidiano: cuanto más familiar resulta un espacio, más fácil es dejar de observarlo. Engranajes Culturales juega precisamente con esa circunstancia. No pretende descubrir al sevillano que existe la Plaza de España o el Parque de María Luisa. Pretende conseguir que vuelva a mirarlos. Y para ello necesita también recuperar personajes que han quedado mucho más alejados de la memoria popular. Es el caso de Ana Joaquina Aguilar García.
La mujer que recuerda el nacimiento del parque
Fue nodriza de María de las Mercedes, esposa de Alfonso XII, y en Camino al 29 se convierte en la voz que permite viajar hacia los orígenes del parque. En 1893, la infanta María Luisa cedió a Sevilla buena parte de los jardines del Palacio de San Telmo. Aquel gesto está en el origen del espacio que posteriormente transformaría el paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier y que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes pulmones verdes de la ciudad.
Pero las fechas no caminan solas. Por eso la representación recurre también a los recuerdos personales. Ana Joaquina conduce al público hasta el relato del noviazgo entre la joven María de las Mercedes y Alfonso XII, con el templete neoárabe de la Isleta de los Patos como uno de los escenarios de aquella historia. De pronto, un espacio monumental adquiere escala humana. Y ahí aparece una de las claves del trabajo de Engranajes: utilizar pequeñas historias para explicar procesos históricos mucho mayores. Porque Camino al 29 habla de personajes, pero sobre todo habla de la transformación de Sevilla. El propio título del proyecto contiene una pista. La Exposición Iberoamericana de Sevilla abrió sus puertas en 1929, pero aquel no era el plan inicial. “En realidad, la Exposición Iberoamericana se iba a celebrar en 1926, porque no tenía mucho sentido hacerla coincidir con la Internacional de Barcelona, que era en el 29”, explica Sergio Raya.
Sin embargo, llegaron los problemas. La falta de financiación y dificultades de distinta naturaleza fueron retrasando el proyecto hasta provocar precisamente aquello que inicialmente se pretendía evitar: que la cita sevillana coincidiera en 1929 con la exposición de Barcelona. La historia que interesa a Sergio y a Óscar está precisamente ahí. No tanto en la exposición terminada como en todo aquello que Sevilla tuvo que atravesar hasta conseguir celebrarla.
“En esta visita lo que contamos es precisamente todo ese arduo camino que fue la transformación urbana, tanto del puerto como de la ciudad, como del Parque de María Luisa, con todos los problemas, con todas las historias que hubo en torno a la Exposición Iberoamericana”, señala Raya. Por eso se llama Camino al 29. La fecha es el destino, no necesariamente la protagonista. Antes de que llegaran las inauguraciones, los pabellones y las celebraciones hubo años de obras, problemas económicos, decisiones políticas y profundas transformaciones urbanas. La Sevilla de 1929 tuvo que construirse antes de poder exhibirse.
Desconocida para la inmensa mayoría, Ana Joaquina Aguilar.
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FERNANDO VÁZQUEZ
El centenario empieza tres años antes
Ahora el calendario vuelve a acercarse a aquella fecha. En 2029 se cumplirá el centenario de la Exposición Iberoamericana y Engranajes Culturales ha decidido comenzar ya a recorrer el camino. “Queremos ir poco a poco”, explica Óscar Hernández. La primera propuesta se concentra precisamente en explicar cómo surgió la idea de la exposición y qué ocurrió durante los años anteriores a su celebración.
Pero habrá más. “En el 29 realizaremos más actividades, más visitas”, adelanta Sergio Raya. El centenario no será, además, la única mirada hacia el pasado reciente que prepara la empresa. Trabajan también en una programación especial sobre la Generación del 27, que incluirá propuestas vinculadas con Luis Cernuda.
“Vamos a hacer también visitas teatralizadas relacionadas con Cernuda, con su obra Ocnos de Sevilla, y también actividades familiares, en fin, de todo tipo”, explica Raya. Según el socio fundador, esa programación se hará pública aproximadamente entre octubre y noviembre. El calendario comienza así a llenarse de fechas históricas, pero detrás permanece la misma idea que pusieron en marcha aquellos dos estudiantes del máster: utilizar diferentes lenguajes artísticos para contar el patrimonio.
Hay otra historia menos visible detrás de todo esto. Cuando Sergio Raya y Óscar Hernández comenzaron, Engranajes Culturales eran ellos dos. Hoy la situación es diferente. “En principio éramos solo dos personas, pero hoy en día tenemos una plantilla fija en oficina, que somos ya un grupo de ocho personas”, explica Hernández. A esos ocho trabajadores se suma una estructura variable formada por actores, músicos, guías, intérpretes y otros profesionales que intervienen en función de las necesidades de cada proyecto. “Poco a poco hemos ido creciendo y creando una infraestructura empresarial”, añade.
La frase quizá tenga menos romanticismo que la aparición de Bécquer entre los árboles del Parque de María Luisa, pero explica buena parte de lo ocurrido durante estos diecisiete años. Engranajes dejó de ser únicamente la idea de dos recién titulados para convertirse en una empresa cultural con estructura propia. Y aquella aparente debilidad inicial —proceder de las humanidades sin demasiados conocimientos empresariales— terminó siendo también el punto desde el que construyeron su identidad. Sabían qué querían contar. Tuvieron que aprender cómo convertirlo en una empresa.
Cuando Sevilla deja de ser paisaje
La noche continúa avanzando. El público vuelve a caminar por el Parque de María Luisa detrás de personajes que, naturalmente, ya no deberían estar allí. Esa es precisamente la gracia. La ruta tiene una duración aproximada de noventa minutos y limita cada grupo a 25 participantes, buscando mantener la cercanía entre intérpretes y espectadores. Tras el estreno, están previstas nuevas sesiones durante septiembre.
Sergio y Óscar, fundadores, con los actores que encarnan a los personajes históricos en la Plaza de España de Sevilla.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Mientras tanto, alrededor sigue existiendo otra Sevilla. La de quienes corren por el parque, la del festival Icónica (con sus defensores y detractores), la de quienes pasean, la de los turistas que fotografían la Plaza de España y la de quienes atraviesan estos jardines sin saber que a pocos metros Bécquer está hablando de literatura o Aníbal González vuelve a explicar los problemas de su gran obra. Las dos ciudades conviven durante unos minutos. Una pertenece al presente. La otra también, aunque venga disfrazada de pasado.
Casi un centenar de personas acudieron a esta primera cita de Camino al 29, propuesta de Engranajes Culturales en Sevilla.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Quizá ahí esté el verdadero propósito de estas visitas: recordar que el patrimonio no es únicamente aquello que se conserva, sino también aquello que todavía puede ser contado. Diecisiete años después de que Sergio Raya y Óscar Hernández decidieran crear una empresa cultural en mitad de una crisis económica, Engranajes Culturales sigue buscando nuevas maneras de hacerlo. Aníbal González, Bécquer y Ana Joaquina todavía tienen varias noches por delante para volver a pasear por Sevilla. Tras el estreno, Camino al 29 continuará los días 10, 19 y 26 de septiembre a las 21.00 horas, con recorridos de 90 minutos y grupos de un máximo de 25 personas. El punto de partida volverá a ser la estatua de Aníbal González, frente a la Plaza de España.
El público termina marchándose. La plaza permanece. Y el arquitecto regresa a su pedestal. Al menos, hasta la próxima noche.
Aníbal González lleva unos años contemplando la Plaza de España desde su pedestal. La pasada noche, sin embargo, parece dispuesto a contar su versión de la historia. Frente a su estatua se concentra un numeroso grupo de personas. Unos buscan sitio; otros observan con curiosidad. Hay móviles preparados para fotografiar y conversaciones que se apagan cuando comienza la representación. A unos metros, la monumental plaza que el arquitecto imaginó hace más de un siglo sirve de decorado. Aunque llamarla decorado quizá sea quedarse corto. Aquí el escenario es Sevilla, el abrazo entre dos mundos.
La noche cae sobre el Parque de María Luisa y la ciudad cambia de tiempo durante noventa minutos. Hace fresco. Bendito sea en pleno mes de agosto. Es el estreno de Camino al29, la nueva propuesta de Engranajes Culturales, una visita teatralizada que recupera a tres personajes para recorrer la historia del parque y de la Plaza de España: Aníbal González,Gustavo Adolfo Bécquer y Ana Joaquina Aguilar García, nodriza de María de las Mercedes, bisabuela de Felipe VI. No hay telón. Tampoco butacas. Los visitantes se desplazan detrás de los personajes mientras el parque continúa con su vida habitual. Paseantes y turistas se cruzan con una comitiva que parece haber encontrado una puerta hacia otra Sevilla. De vez en cuando alguien se detiene, mira y trata de comprender por qué un personaje de otro siglo habla ante un grupo en mitad de una glorieta.
Ese juego entre pasado y presente resume bastante bien lo que llevan haciendo Sergio Raya y Óscar Hernández desde hace diecisiete años. Mucho antes de conseguir que Aníbal González volviera a hablar ante la Plaza de España tuvieron que enfrentarse a un personaje bastante menos romántico: el IVA.
Dos humanistas frente a una crisis
La historia de Engranajes Culturales comienza lejos de los focos y de las representaciones. Raya y Hernández se conocieron mientras cursaban el Máster de Gestión Cultural de la Universidad de Sevilla. Al terminar, comenzaron a plantearse la posibilidad de crear su propia empresa. “Empezamos un poco a pensar en montar algo, en crear nuestra propia empresa”, recuerda Óscar Hernández. Una amiga que trabajaba entonces en la OTRI de la Universidad de Sevilla -que hoy es el Secretariado de Transferencia del Conocimiento y Emprendimiento (STCE)-, les habló del impulso que se estaba dando a la creación de empresas relacionadas con las humanidades. La oportunidad parecía encajar con aquello que estaban buscando y decidieron presentar un proyecto a un concurso de iniciativas empresariales de la propia universidad.
Sergio Raya (izquierda) y Óscar Hernández (derecha), fundadores de Engranajes Culturales, en la Plaza de España de Sevilla.
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Perdieron. O, al menos, no ganaron aquella primera vez. La diferencia resulta importante porque los dos volvieron a intentarlo. Un año después regresaron al mismo concurso y esta vez sí consiguieron hacerse con él. Aquella insistencia acabaría siendo una especie de anticipo de lo que necesitarían para sacar adelante una empresa cultural que nacía, además, en un momento especialmente complicado. Era 2009.
La crisis económica iniciada el año anterior golpeaba con fuerza y emprender no parecía una actividad particularmente aconsejable. Hacerlo desde las humanidades añadía unas cuantas dificultades. “En ese momento, con la crisis de 2008, tuvimos bastantes problemas”, reconoce Hernández. A la situación económica se añadía algo mucho más elemental. Sergio y Óscar tenían formación cultural, pero nadie les había enseñado necesariamente a gestionar una empresa. “Al principio, en cierto modo, fue un poco locura, porque tanto Sergio como yo, de letras puras, no sabíamos realmente ni qué era el IVA, ni cómo darse de alta”, recuerda.
La confesión sirve para medir la distancia recorrida. El apoyo de los Centros Andaluces de Emprendimiento (CADE) y del entonces Proyecto Lunar, destinado a impulsar empresas creativo-culturales, les ayudó durante aquella primera etapa. Después llegaron los proyectos, las dificultades propias de cualquier negocio y muchas horas de trabajo. “Poco a poco, con constancia y trabajo, lo fuimos resolviendo”, resume Hernández. Así comenzaron a funcionar estos engranujas.
Dos perfiles que terminaron encajando
También había algo en la formación de sus fundadores que acabaría definiendo la empresa. Sergio Raya procedía de Historia del Arte y tenía experiencia en el ámbito audiovisual. Óscar Hernández, por su parte, había estudiado Filología Inglesa, pero durante sus años de formación había realizado numerosos cursos de teatro. Uno tenía una mirada especialmente vinculada al patrimonio y la imagen; el otro había incorporado las artes escénicas a su trayectoria. “Sergio y yo creamos un buen equipo”, señala Hernández.
De aquella combinación fue surgiendo una manera particular de entender la divulgación cultural. El patrimonio proporcionaría la materia prima, pero no necesariamente el formato. “A la hora de crear nuestros productos siempre tienen una base de interpretación del patrimonio, pero lo unimos a diferentes disciplinas artísticas como el teatro, la música o la danza”, explica. Ese cruce terminó convirtiéndose en su sello.
Engranajes Culturales plantea su trabajo alrededor de la interpretación, divulgación, comunicación y animación del patrimonio material, inmaterial y natural, con la intención de acercar el legado histórico, artístico y literario a públicos diversos. La teoría puede parecer compleja. En el Parque de María Luisa se entiende bastante mejor. Consiste, sencillamente, en hacer que la historia vuelva a ocurrir delante del espectador.
El arquitecto tiene algo que explicar
Volvamos al nuevo proyecto. El Aníbal González de Camino al 29 conoce bien la plaza que tiene detrás. También sus problemas. El público escucha mientras el personaje recupera las polémicas que acompañaron la construcción de la Plaza de España. Porque los monumentos que terminan convertidos en símbolos suelen perder por el camino las dificultades de su nacimiento.
Junto a la estatua de Aníbal González, representando a este visionario clave del regionalismo andaluz.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Hubo incrementos de presupuesto, controversias y discrepancias. La visita aborda también el conflicto con Vicente Traver alrededor del diseño de la fuente central e introduce recuerdos y anécdotas personales del arquitecto. La ventaja de contarlo aquí resulta evidente. Basta mirar alrededor. No hay que imaginar la Plaza de España porque está detrás del personaje. El visitante puede levantar la vista, localizar un detalle, observar una construcción que probablemente haya visto decenas de veces y descubrir que aquello que parecía simplemente ornamental contiene una historia.
El grupo vuelve a ponerse en movimiento. La representación continúa mientras el parque impone su propio ritmo. Aquí no se apagan las luces entre una escena y otra. La transición consiste en caminar.
Bécquer sale al encuentro
Entonces aparece Gustavo Adolfo Bécquer. El patrimonio arquitectónico cede espacio a la literatura y el recorrido se detiene en los 52 bustos de literatos que forman parte del conjunto. San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús o Miguel de Cervantes aparecen en un relato que termina acercándose inevitablemente al propio poeta romántico y a la historia de su conocida glorieta en el Parque de María Luisa.
La figura de Bécquer es otra de las protagonistas de la visita.
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FERNANDO VÁZQUEZ
El público vuelve a escuchar. Algunos conocen las historias; otros descubren por primera vez detalles que estaban delante de ellos. Esa es una de las paradojas del patrimonio cotidiano: cuanto más familiar resulta un espacio, más fácil es dejar de observarlo. Engranajes Culturales juega precisamente con esa circunstancia. No pretende descubrir al sevillano que existe la Plaza de España o el Parque de María Luisa. Pretende conseguir que vuelva a mirarlos. Y para ello necesita también recuperar personajes que han quedado mucho más alejados de la memoria popular. Es el caso de Ana Joaquina Aguilar García.
La mujer que recuerda el nacimiento del parque
Fue nodriza de María de las Mercedes, esposa de Alfonso XII, y en Camino al 29 se convierte en la voz que permite viajar hacia los orígenes del parque. En 1893, la infanta María Luisa cedió a Sevilla buena parte de los jardines del Palacio de San Telmo. Aquel gesto está en el origen del espacio que posteriormente transformaría el paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier y que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes pulmones verdes de la ciudad.
Pero las fechas no caminan solas. Por eso la representación recurre también a los recuerdos personales. Ana Joaquina conduce al público hasta el relato del noviazgo entre la joven María de las Mercedes y Alfonso XII, con el templete neoárabe de la Isleta de los Patos como uno de los escenarios de aquella historia. De pronto, un espacio monumental adquiere escala humana. Y ahí aparece una de las claves del trabajo de Engranajes: utilizar pequeñas historias para explicar procesos históricos mucho mayores. Porque Camino al 29 habla de personajes, pero sobre todo habla de la transformación de Sevilla. El propio título del proyecto contiene una pista. La Exposición Iberoamericana de Sevilla abrió sus puertas en 1929, pero aquel no era el plan inicial. “En realidad, la Exposición Iberoamericana se iba a celebrar en 1926, porque no tenía mucho sentido hacerla coincidir con la Internacional de Barcelona, que era en el 29”, explica Sergio Raya.
Sin embargo, llegaron los problemas. La falta de financiación y dificultades de distinta naturaleza fueron retrasando el proyecto hasta provocar precisamente aquello que inicialmente se pretendía evitar: que la cita sevillana coincidiera en 1929 con la exposición de Barcelona. La historia que interesa a Sergio y a Óscar está precisamente ahí. No tanto en la exposición terminada como en todo aquello que Sevilla tuvo que atravesar hasta conseguir celebrarla.
“En esta visita lo que contamos es precisamente todo ese arduo camino que fue la transformación urbana, tanto del puerto como de la ciudad, como del Parque de María Luisa, con todos los problemas, con todas las historias que hubo en torno a la Exposición Iberoamericana”, señala Raya. Por eso se llama Camino al 29. La fecha es el destino, no necesariamente la protagonista. Antes de que llegaran las inauguraciones, los pabellones y las celebraciones hubo años de obras, problemas económicos, decisiones políticas y profundas transformaciones urbanas. La Sevilla de 1929 tuvo que construirse antes de poder exhibirse.
Desconocida para la inmensa mayoría, Ana Joaquina Aguilar.
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El centenario empieza tres años antes
Ahora el calendario vuelve a acercarse a aquella fecha. En 2029 se cumplirá el centenario de la Exposición Iberoamericana y Engranajes Culturales ha decidido comenzar ya a recorrer el camino. “Queremos ir poco a poco”, explica Óscar Hernández. La primera propuesta se concentra precisamente en explicar cómo surgió la idea de la exposición y qué ocurrió durante los años anteriores a su celebración.
Pero habrá más. “En el 29 realizaremos más actividades, más visitas”, adelanta Sergio Raya. El centenario no será, además, la única mirada hacia el pasado reciente que prepara la empresa. Trabajan también en una programación especial sobre la Generación del 27, que incluirá propuestas vinculadas con Luis Cernuda.
“Vamos a hacer también visitas teatralizadas relacionadas con Cernuda, con su obra Ocnos de Sevilla, y también actividades familiares, en fin, de todo tipo”, explica Raya. Según el socio fundador, esa programación se hará pública aproximadamente entre octubre y noviembre. El calendario comienza así a llenarse de fechas históricas, pero detrás permanece la misma idea que pusieron en marcha aquellos dos estudiantes del máster: utilizar diferentes lenguajes artísticos para contar el patrimonio.
Hay otra historia menos visible detrás de todo esto. Cuando Sergio Raya y Óscar Hernández comenzaron, Engranajes Culturales eran ellos dos. Hoy la situación es diferente. “En principio éramos solo dos personas, pero hoy en día tenemos una plantilla fija en oficina, que somos ya un grupo de ocho personas”, explica Hernández. A esos ocho trabajadores se suma una estructura variable formada por actores, músicos, guías, intérpretes y otros profesionales que intervienen en función de las necesidades de cada proyecto. “Poco a poco hemos ido creciendo y creando una infraestructura empresarial”, añade.
La frase quizá tenga menos romanticismo que la aparición de Bécquer entre los árboles del Parque de María Luisa, pero explica buena parte de lo ocurrido durante estos diecisiete años. Engranajes dejó de ser únicamente la idea de dos recién titulados para convertirse en una empresa cultural con estructura propia. Y aquella aparente debilidad inicial —proceder de las humanidades sin demasiados conocimientos empresariales— terminó siendo también el punto desde el que construyeron su identidad. Sabían qué querían contar. Tuvieron que aprender cómo convertirlo en una empresa.
Cuando Sevilla deja de ser paisaje
La noche continúa avanzando. El público vuelve a caminar por el Parque de María Luisa detrás de personajes que, naturalmente, ya no deberían estar allí. Esa es precisamente la gracia. La ruta tiene una duración aproximada de noventa minutos y limita cada grupo a 25 participantes, buscando mantener la cercanía entre intérpretes y espectadores. Tras el estreno, están previstas nuevas sesiones durante septiembre.
Sergio y Óscar, fundadores, con los actores que encarnan a los personajes históricos en la Plaza de España de Sevilla.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Mientras tanto, alrededor sigue existiendo otra Sevilla. La de quienes corren por el parque, la del festival Icónica (con sus defensores y detractores), la de quienes pasean, la de los turistas que fotografían la Plaza de España y la de quienes atraviesan estos jardines sin saber que a pocos metros Bécquer está hablando de literatura o Aníbal González vuelve a explicar los problemas de su gran obra. Las dos ciudades conviven durante unos minutos. Una pertenece al presente. La otra también, aunque venga disfrazada de pasado.
Casi un centenar de personas acudieron a esta primera cita de Camino al 29, propuesta de Engranajes Culturales en Sevilla.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Quizá ahí esté el verdadero propósito de estas visitas: recordar que el patrimonio no es únicamente aquello que se conserva, sino también aquello que todavía puede ser contado. Diecisiete años después de que Sergio Raya y Óscar Hernández decidieran crear una empresa cultural en mitad de una crisis económica, Engranajes Culturales sigue buscando nuevas maneras de hacerlo. Aníbal González, Bécquer y Ana Joaquina todavía tienen varias noches por delante para volver a pasear por Sevilla. Tras el estreno, Camino al 29 continuará los días 10, 19 y 26 de septiembre a las 21.00 horas, con recorridos de 90 minutos y grupos de un máximo de 25 personas. El punto de partida volverá a ser la estatua de Aníbal González, frente a la Plaza de España.
El público termina marchándose. La plaza permanece. Y el arquitecto regresa a su pedestal. Al menos, hasta la próxima noche.
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