Las manos que fabrican la Navidad en San Fernando: el belenismo tiene relevo generacional
Ángel Pouso, de 12 años, es uno de los 19 participantes del curso de iniciación a este arte que mantiene vivo la Asociación de Belenistas El Redentor en un taller junto al Mercado Central
El almacén de una antigua pescadería se ha convertido en los últimos días en un taller repleto de materiales, cutters y botes de cola blanca. Allí donde el mozo introducía el género, ahora hay personas de distintas edades creando desde cero el símbolo que indica que es Navidad en los hogares.
Junto al mercado central de abastos de San Fernando, en la calle Hermanos Laulhé, se fabrican belenes hasta el 9 de noviembre. Es el tiempo que dura el curso de iniciación al belenismo organizado por la Asociación de Belenistas El Redentor en su nueva sede. Donde había un cocedero de marisco, hoy está la secretaría de esta entidad fundada en 1993 que agrupa a casi un centenar de socios. Una de las 15 asociaciones que coexisten en la provincia de Cádiz, la que más tiene de España y la única de Andalucía con una federación propia.
Entre planchas de poliespán y piezas que van tomando forma está José Luis, encargado de impartir el curso. El gaditano corta el corcho en una máquina de hilo para crear arcos de ladrillo. "La repetición es lo que te lleva a la perfección. Todos los días haces lo mismo hasta que llega un momento que dominas la técnica", dice sin levantar la vista.
En su caso, la afición no llegó de su familia. José Luis se considera un belenista "tardío", pero apasionado de una tradición profundamente arraigada a La Isla.
José Luis es el encargado de impartir el curso en la calle Hermanos Laulhé.
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JUAN CARLOS TORO
"Empecé viéndolo en la calle, con 40 años. Yo no empecé, como todo el mundo, con los belenes en sus casas. El primer Belén que hice me dio hasta vergüenza. Era de escayola", cuenta a lavozdelsur.es. Desde entonces, entró en la asociación y ya no ha salido de ella, llegando a estar en la junta directiva.
Estos días se esmera para acercar las técnicas básicas del arte belenista a nuevos aficionados, enseñar pequeños trucos y recursos prácticos y ofrecer herramientas para realizar sus propios montajes en casa. Entre los inscritos hay quienes lo descubren por primera vez, quienes ya dominan el arte o jóvenes promesas.
Un total de 19 personas trabajan con los materiales mientras Rafael Carrillo, presidente de la asociación, comenta que "tenemos en lista de espera a 11 y estamos barajando dar un segundo curso". Este isleño de 59 años se acerca a cada obra para ver cómo se empiezan a distinguir los pesebres.
Aunque todas utilizan materiales y técnicas similares, el resultado nunca es idéntico. Cada persona termina dándole su toque.
Rafael Carrillo, presidente de la Asociacion de Belenistas El Redentor.
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JUAN CARLOS TORO
"Cada uno utiliza una forma de cortar las piedras y de colocarlas. Después, cuando se terminan, dices: este Belén es de este belenista. Al final se impregna la técnica de cada belenista", expresa.
Una tradición que pasa de abuelos a padres y nietos
Su afición por el belenismo sí le viene de familia. Rafael ha crecido viendo a sus padres pintar figuras o montar decorados desde meses antes de la época navideña. En 2004, se apuntó a la asociación motivado por la que fue presidenta, Margarita Doneto, y ha podido vivir de cerca su historia.
"Como todo en la vida, esto va por etapa, por ciclo. Aquí en San Fernando siempre ha estado en auge, pero hay que reconocer que hubo un tiempo que no teníamos a nadie para dar los cursillos. Pero los hemos impartido en los colegios y en asociaciones", comenta el presidente mientras muestra una actividad formativa que ha servido históricamente para mantener viva la formación y atraer a nuevos integrantes.
Lo habitual es que el gusto por los belenes nazca en el seno familiar: de abuelos a padres y de padres a nietos. Sin embargo, no es tan frecuente encontrar a menores. Este año, por primera vez en la historia de este curso, se ha sumado un adolescente.
Un padre y un hijo compartiendo mesa
Ángel Pouso, a sus 12 años, disfruta aprendiendo junto a los artesanos de esta nueva experiencia, también para él. "Desde pequeñito veía a mi padre hacerlo y, pues, por ejemplo, yo antes no montaba Belén, pero ponía uno de Playmobil. Mi padre ha hecho belenes a mi madre, a mi tía, a mi abuela", dice.
Ahora quiere continuar. "Me llamó la atención porque está guay, veo que me gusta mucho y el año que viene haré más, hasta que ya todo el mundo de mi familia tenga un Belén mío", comenta mientras enseña una pared de ladrillos.
Los participantes, durante el curso de belenismo.
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JUAN CARLOS TORO
El curso finalizará el próximo 9 de noviembre.
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JUAN CARLOS TORO
El joven explica que no conoce a otros compañeros que compartan esta pasión. Algo que no ha impedido que se haya animado a empaparse de lo que le gusta. "De momento, es difícil entre comillas. Es complicado, pero yo creo que me está saliendo bien", reconoce.
A su lado, su padre Ángel Pouso, de 48 años, no le quita ojo. Incluso detecta habilidades en las que el pequeño empieza a superarle. "Aquí hay tallaje de piedra que él tiene hecho mejor que el mío. Tiene buena percepción", asegura, con la esperanza de que continúe con la tradición en el futuro.
En su caso, se sumergió en este mundo en 2017, cuando conoció esta asociación, y desde entonces, ha llegado a construir belenes de grandes dimensiones que posteriormente ha donado. "Me llevé cinco meses haciendo uno que llevé al colegio Juan Sebastián Elcano", comenta.
Toñi descubre el belenismo
Muy cerca, Toñi Pérez permanece concentrada en su maqueta. Esta isleña de 63 años participa por primera vez en un curso de estas características. "Y espero que no sea la última. La verdad es que estoy muy contenta", dice.
Toñi Pérez coloca los ladrillos de los arcos.
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JUAN CARLOS TORO
La Navidad es precisamente lo que la ha traído hasta este taller. "Empiezo porque me gusta muchísimo. Una hermana mía me habló de la asociación y me interesó", explica la mujer, que ya había participado anteriormente en actividades de otras asociaciones.
"Desde el mes de mayo empiezo a hacer manualidades para decorar mi casa", confiesa. Para ella, cualquier persona puede apuntarse a este curso independientemente de su talento. "Primero le tiene que gustar, y luego tener paciencia y prestar atención a las explicaciones que nos dan", añade.
Presidiendo uno de los extremos de la mesa, José Luis Expósito está cortando poliespán. El más veterano de la mesa tiene 83 años y forma parte de la directiva de la asociación. Comenta que suele acercarse a los cursos para echar una mano.
"Yo empecé como ellos", dice mirando a los participantes. En su caso, los deberes navideños van muy adelantados. "El Belén de este año ya lo tengo hecho en mi casa", dice este isleño que ha visto cómo el belenismo ha ido evolucionando.
José Luis Expósito, de la junta directiva de la asociación.
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JUAN CARLOS TORO
Los participantes, concentrados en sus obras.
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JUAN CARLOS TORO
Aunque el trabajo artesano continúa siendo indispensable, en los últimos dos años se ha incorporado el uso de la tecnología 3D. "Ha llegado para quedarse porque abarata los costes", comenta Rafael mientras sostiene una columna del Belén municipal, todavía en proceso de construcción y bajo un estricto secreto de sumario.
Hasta que se desvele, la asociación impartirá paralelamente cursos dedicados a los adornos navideños, especialmente a las bolas y al árbol de Navidad.
Un nuevo espacio en el Mercado de Abastos
Además de este taller, el Ayuntamiento está habilitando una nueva zona expositiva en la antigua pescadería del Mercado Central. Las obras comenzaron hace un mes y cuentan con una inversión municipal cercana a los 80.000 euros para recuperar 493,35 metros cuadrados.
El espacio se convertirá en una zona cultural y expositiva dedicada al belenismo, con más de 70 metros lineales destinados a la instalación de belenes y composiciones artísticas.
José Luis enseña trucos para montar los belenes.
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JUAN CARLOS TORO
Foto grupal de los belenistas que participan en la formación.
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JUAN CARLOS TORO
El proyecto contempla además la renovación de instalaciones, la mejora de los accesos, nuevos aseos, medidas de seguridad y protección contra incendios y actuaciones destinadas a garantizar la accesibilidad universal.
La intención es que el nuevo espacio pueda albergar tanto exposiciones permanentes como muestras temporales y diferentes recorridos a lo largo del año. De esta manera, quedará a disposición de la ciudadanía y de quienes visiten San Fernando parte del patrimonio belenista que El Redentor ha acumulado durante décadas.
Un lugar para preservar, enseñar y divulgar una tradición vinculada al patrimonio cultural de San Fernando, con recorrido artístico y proyección nacional. Mientras ese nuevo espacio toma forma, en el antiguo almacén de la pescadería la transformación ya ha comenzado. Entre corcho, pintura y cola blanca, la Navidad se construye estos días a mano.
El almacén de una antigua pescadería se ha convertido en los últimos días en un taller repleto de materiales, cutters y botes de cola blanca. Allí donde el mozo introducía el género, ahora hay personas de distintas edades creando desde cero el símbolo que indica que es Navidad en los hogares.
Junto al mercado central de abastos de San Fernando, en la calle Hermanos Laulhé, se fabrican belenes hasta el 9 de noviembre. Es el tiempo que dura el curso de iniciación al belenismo organizado por la Asociación de Belenistas El Redentor en su nueva sede. Donde había un cocedero de marisco, hoy está la secretaría de esta entidad fundada en 1993 que agrupa a casi un centenar de socios. Una de las 15 asociaciones que coexisten en la provincia de Cádiz, la que más tiene de España y la única de Andalucía con una federación propia.
Entre planchas de poliespán y piezas que van tomando forma está José Luis, encargado de impartir el curso. El gaditano corta el corcho en una máquina de hilo para crear arcos de ladrillo. "La repetición es lo que te lleva a la perfección. Todos los días haces lo mismo hasta que llega un momento que dominas la técnica", dice sin levantar la vista.
En su caso, la afición no llegó de su familia. José Luis se considera un belenista "tardío", pero apasionado de una tradición profundamente arraigada a La Isla.
José Luis es el encargado de impartir el curso en la calle Hermanos Laulhé.
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JUAN CARLOS TORO
"Empecé viéndolo en la calle, con 40 años. Yo no empecé, como todo el mundo, con los belenes en sus casas. El primer Belén que hice me dio hasta vergüenza. Era de escayola", cuenta a lavozdelsur.es. Desde entonces, entró en la asociación y ya no ha salido de ella, llegando a estar en la junta directiva.
Estos días se esmera para acercar las técnicas básicas del arte belenista a nuevos aficionados, enseñar pequeños trucos y recursos prácticos y ofrecer herramientas para realizar sus propios montajes en casa. Entre los inscritos hay quienes lo descubren por primera vez, quienes ya dominan el arte o jóvenes promesas.
Un total de 19 personas trabajan con los materiales mientras Rafael Carrillo, presidente de la asociación, comenta que "tenemos en lista de espera a 11 y estamos barajando dar un segundo curso". Este isleño de 59 años se acerca a cada obra para ver cómo se empiezan a distinguir los pesebres.
Aunque todas utilizan materiales y técnicas similares, el resultado nunca es idéntico. Cada persona termina dándole su toque.
Rafael Carrillo, presidente de la Asociacion de Belenistas El Redentor.
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JUAN CARLOS TORO
"Cada uno utiliza una forma de cortar las piedras y de colocarlas. Después, cuando se terminan, dices: este Belén es de este belenista. Al final se impregna la técnica de cada belenista", expresa.
Una tradición que pasa de abuelos a padres y nietos
Su afición por el belenismo sí le viene de familia. Rafael ha crecido viendo a sus padres pintar figuras o montar decorados desde meses antes de la época navideña. En 2004, se apuntó a la asociación motivado por la que fue presidenta, Margarita Doneto, y ha podido vivir de cerca su historia.
"Como todo en la vida, esto va por etapa, por ciclo. Aquí en San Fernando siempre ha estado en auge, pero hay que reconocer que hubo un tiempo que no teníamos a nadie para dar los cursillos. Pero los hemos impartido en los colegios y en asociaciones", comenta el presidente mientras muestra una actividad formativa que ha servido históricamente para mantener viva la formación y atraer a nuevos integrantes.
Lo habitual es que el gusto por los belenes nazca en el seno familiar: de abuelos a padres y de padres a nietos. Sin embargo, no es tan frecuente encontrar a menores. Este año, por primera vez en la historia de este curso, se ha sumado un adolescente.
Un padre y un hijo compartiendo mesa
Ángel Pouso, a sus 12 años, disfruta aprendiendo junto a los artesanos de esta nueva experiencia, también para él. "Desde pequeñito veía a mi padre hacerlo y, pues, por ejemplo, yo antes no montaba Belén, pero ponía uno de Playmobil. Mi padre ha hecho belenes a mi madre, a mi tía, a mi abuela", dice.
Ahora quiere continuar. "Me llamó la atención porque está guay, veo que me gusta mucho y el año que viene haré más, hasta que ya todo el mundo de mi familia tenga un Belén mío", comenta mientras enseña una pared de ladrillos.
Los participantes, durante el curso de belenismo.
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JUAN CARLOS TORO
El curso finalizará el próximo 9 de noviembre.
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JUAN CARLOS TORO
El joven explica que no conoce a otros compañeros que compartan esta pasión. Algo que no ha impedido que se haya animado a empaparse de lo que le gusta. "De momento, es difícil entre comillas. Es complicado, pero yo creo que me está saliendo bien", reconoce.
A su lado, su padre Ángel Pouso, de 48 años, no le quita ojo. Incluso detecta habilidades en las que el pequeño empieza a superarle. "Aquí hay tallaje de piedra que él tiene hecho mejor que el mío. Tiene buena percepción", asegura, con la esperanza de que continúe con la tradición en el futuro.
En su caso, se sumergió en este mundo en 2017, cuando conoció esta asociación, y desde entonces, ha llegado a construir belenes de grandes dimensiones que posteriormente ha donado. "Me llevé cinco meses haciendo uno que llevé al colegio Juan Sebastián Elcano", comenta.
Toñi descubre el belenismo
Muy cerca, Toñi Pérez permanece concentrada en su maqueta. Esta isleña de 63 años participa por primera vez en un curso de estas características. "Y espero que no sea la última. La verdad es que estoy muy contenta", dice.
Toñi Pérez coloca los ladrillos de los arcos.
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JUAN CARLOS TORO
La Navidad es precisamente lo que la ha traído hasta este taller. "Empiezo porque me gusta muchísimo. Una hermana mía me habló de la asociación y me interesó", explica la mujer, que ya había participado anteriormente en actividades de otras asociaciones.
"Desde el mes de mayo empiezo a hacer manualidades para decorar mi casa", confiesa. Para ella, cualquier persona puede apuntarse a este curso independientemente de su talento. "Primero le tiene que gustar, y luego tener paciencia y prestar atención a las explicaciones que nos dan", añade.
Presidiendo uno de los extremos de la mesa, José Luis Expósito está cortando poliespán. El más veterano de la mesa tiene 83 años y forma parte de la directiva de la asociación. Comenta que suele acercarse a los cursos para echar una mano.
"Yo empecé como ellos", dice mirando a los participantes. En su caso, los deberes navideños van muy adelantados. "El Belén de este año ya lo tengo hecho en mi casa", dice este isleño que ha visto cómo el belenismo ha ido evolucionando.
José Luis Expósito, de la junta directiva de la asociación.
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JUAN CARLOS TORO
Los participantes, concentrados en sus obras.
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JUAN CARLOS TORO
Aunque el trabajo artesano continúa siendo indispensable, en los últimos dos años se ha incorporado el uso de la tecnología 3D. "Ha llegado para quedarse porque abarata los costes", comenta Rafael mientras sostiene una columna del Belén municipal, todavía en proceso de construcción y bajo un estricto secreto de sumario.
Hasta que se desvele, la asociación impartirá paralelamente cursos dedicados a los adornos navideños, especialmente a las bolas y al árbol de Navidad.
Un nuevo espacio en el Mercado de Abastos
Además de este taller, el Ayuntamiento está habilitando una nueva zona expositiva en la antigua pescadería del Mercado Central. Las obras comenzaron hace un mes y cuentan con una inversión municipal cercana a los 80.000 euros para recuperar 493,35 metros cuadrados.
El espacio se convertirá en una zona cultural y expositiva dedicada al belenismo, con más de 70 metros lineales destinados a la instalación de belenes y composiciones artísticas.
José Luis enseña trucos para montar los belenes.
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JUAN CARLOS TORO
Foto grupal de los belenistas que participan en la formación.
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JUAN CARLOS TORO
El proyecto contempla además la renovación de instalaciones, la mejora de los accesos, nuevos aseos, medidas de seguridad y protección contra incendios y actuaciones destinadas a garantizar la accesibilidad universal.
La intención es que el nuevo espacio pueda albergar tanto exposiciones permanentes como muestras temporales y diferentes recorridos a lo largo del año. De esta manera, quedará a disposición de la ciudadanía y de quienes visiten San Fernando parte del patrimonio belenista que El Redentor ha acumulado durante décadas.
Un lugar para preservar, enseñar y divulgar una tradición vinculada al patrimonio cultural de San Fernando, con recorrido artístico y proyección nacional. Mientras ese nuevo espacio toma forma, en el antiguo almacén de la pescadería la transformación ya ha comenzado. Entre corcho, pintura y cola blanca, la Navidad se construye estos días a mano.
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