Manuel Barber y Jesús Galván, los héroes de la grúa, como ya son conocidos por muchos, se han convertido en símbolo de una protesta que ha marcado las últimas semanas en la Bahía de Cádiz. Los dos soldadores, vinculados a la Coordinadora de Trabajadores del Metal, aprovecharon su salida de sede judicial, donde han acudido a declarar, para lanzar un mensaje de continuidad en su pulso contra las condiciones laborales que denuncian desde hace años.
A las puertas de los juzgados, ambos trasladaron un mensaje dirigido a quienes han respaldado su protesta desde que iniciaron su encierro sobre una grúa del astillero de Navantia. Jesús Galván subrayó: "Nos bajaron antes de ayer de la grúa, pero aquí somos dos más a pie de calle y continuamos en la lucha, más fuertes que nunca. Muchas gracias a compañeras y compañeros por el apoyo que nos habéis dado", insistiendo así en que el desalojo no supone el final de sus reclamaciones.
La comparecencia concluyó además con una proclama conjunta que resume el eje de su denuncia. Los dos trabajadores gritaron al unísono: "Hacer sindicalismo no es delito. Delito es la existencia de listas negras", una declaración que refuerza el argumento que sostienen desde el inicio de su protesta: la existencia de vetos laborales que, según denuncian, les habrían impedido trabajar durante seis años en el sector naval de la Bahía de Cádiz.
Una protesta que pasa de la grúa a los tribunales
El caso ha adquirido una fuerte dimensión pública tras los 28 días que ambos permanecieron encaramados a una grúa en las instalaciones de Navantia en San Fernando. Su protesta finalizó con una intervención de la Policía Nacional ejecutada tras una orden judicial motivada por los riesgos derivados de su permanencia en altura, después de que la empresa pública advirtiera de las implicaciones de seguridad de aquella acción.
Tras ser desalojados, ambos acudieron al día siguiente a dependencias policiales de la comisaría de San Fernando, donde fueron informados de la apertura de una causa judicial por presuntos delitos de desorden público, coacciones y daños a la propiedad. El procedimiento abre ahora una nueva etapa para los dos soldadores, que deberán afrontar el proceso judicial mientras mantienen su actividad reivindicativa.
Pese a este escenario, los trabajadores insisten en que no darán un paso atrás. Lejos de interpretar su salida de la grúa como una derrota, presentan esta nueva fase como una continuación de su batalla por denunciar las prácticas que aseguran haber sufrido. La protesta, que comenzó suspendida a decenas de metros de altura, se traslada ahora al terreno judicial sin que Jesús y Manuel hayan rebajado un ápice su determinación.
Manuel Barber y Jesús Galván, los héroes de la grúa, como ya son conocidos por muchos, se han convertido en símbolo de una protesta que ha marcado las últimas semanas en la Bahía de Cádiz. Los dos soldadores, vinculados a la Coordinadora de Trabajadores del Metal, aprovecharon su salida de sede judicial, donde han acudido a declarar, para lanzar un mensaje de continuidad en su pulso contra las condiciones laborales que denuncian desde hace años.
A las puertas de los juzgados, ambos trasladaron un mensaje dirigido a quienes han respaldado su protesta desde que iniciaron su encierro sobre una grúa del astillero de Navantia. Jesús Galván subrayó: "Nos bajaron antes de ayer de la grúa, pero aquí somos dos más a pie de calle y continuamos en la lucha, más fuertes que nunca. Muchas gracias a compañeras y compañeros por el apoyo que nos habéis dado", insistiendo así en que el desalojo no supone el final de sus reclamaciones.
La comparecencia concluyó además con una proclama conjunta que resume el eje de su denuncia. Los dos trabajadores gritaron al unísono: "Hacer sindicalismo no es delito. Delito es la existencia de listas negras", una declaración que refuerza el argumento que sostienen desde el inicio de su protesta: la existencia de vetos laborales que, según denuncian, les habrían impedido trabajar durante seis años en el sector naval de la Bahía de Cádiz.
Una protesta que pasa de la grúa a los tribunales
El caso ha adquirido una fuerte dimensión pública tras los 28 días que ambos permanecieron encaramados a una grúa en las instalaciones de Navantia en San Fernando. Su protesta finalizó con una intervención de la Policía Nacional ejecutada tras una orden judicial motivada por los riesgos derivados de su permanencia en altura, después de que la empresa pública advirtiera de las implicaciones de seguridad de aquella acción.
Tras ser desalojados, ambos acudieron al día siguiente a dependencias policiales de la comisaría de San Fernando, donde fueron informados de la apertura de una causa judicial por presuntos delitos de desorden público, coacciones y daños a la propiedad. El procedimiento abre ahora una nueva etapa para los dos soldadores, que deberán afrontar el proceso judicial mientras mantienen su actividad reivindicativa.
Pese a este escenario, los trabajadores insisten en que no darán un paso atrás. Lejos de interpretar su salida de la grúa como una derrota, presentan esta nueva fase como una continuación de su batalla por denunciar las prácticas que aseguran haber sufrido. La protesta, que comenzó suspendida a decenas de metros de altura, se traslada ahora al terreno judicial sin que Jesús y Manuel hayan rebajado un ápice su determinación.
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