Contra la agonía del mercado de abastos de El Puerto: "El que quiera un puesto en la Plaza lo va a tener muy fácil"
Una visita a La Concepción, días después del anuncio del Ayuntamiento de su futura reforma, que los pocos comerciantes que aún resisten en el histórico edificio reciben con escepticismo tras años de promesas. El alcalde Germán Beardo confía, antes que en la rehabilitación, en un cambio de ordenanza que pretende revivir las instalaciones
Uno de los pasillos del Mercado de La Concepción, de El Puerto, con numerosos puestos cerrados. -
Hay una frase que, quienes trabajan a diario en el Mercado de La Concepción, de El Puerto de Santa María, escuchan con frecuencia cuando alguien cruza sus puertas: "Qué pena de Plaza". Javier Noriega, carnicero del puesto número 3, asegura que la oye prácticamente a diario.
No es difícil entender por qué. La estampa, a las doce del mediodía del último martes del verano, es bastante triste: multitud de persianas bajadas, puestos vacíos y pasillos en los que apenas hay clientes. Desde luego, una imagen muy alejada de aquel espacio bullicioso que los comerciantes recuerdan de hace décadas. Por ello, el gobierno municipal ha iniciado un plan para revitalizar las instalaciones, tanto en el plano puramente físico, del inmueble, como a la hora de actualizar la ordenanza municipal. "El que quiera un puesto en la Plaza lo va a tener muy fácil", ha asegurado el alcalde, Germán Beardo, en el transcurso de una entrevista que lavozdelsur.es publica íntegramente este fin de semana.
La visita a la plaza por parte de lavozdelsur.es se produce después de que el Ayuntamiento haya anunciado la adjudicación, al arquitecto Francisco Javier Pérez de Eulate Vargas, de la redacción del proyecto básico y de ejecución para la reforma integral del Mercado. El histórico edificio, construido en 1873 y con 1.629 metros cuadrados de superficie presenta, según el Consistorio, distintas patologías que deben ser subsanadas.
Exterior del histórico edificio del Mercado de La Concepción.
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MANU GARCÍA
Pero entre los comerciantes, la noticia se recibe con más escepticismo que esperanza. Todos los consultados por este medio coinciden en que llevan demasiados años escuchando hablar de reformas. Y casi siempre, además, cuando se acercan las elecciones municipales. Coincidencia o no, para las próximas quedan apenas ocho meses.
"Nos han vendido humo", afirma tajante Javier Noriega, que lleva más de 25 años trabajando en la plaza y una década con su propio puesto. José Manuel Cía, también profesional de la carne, del vecino puesto 29, directamente dice que no se cree el anuncio. Tiene 44 años y se ha criado entre estos puestos. "Hasta que no vea aquí un papel, un documento que firmemos, o vea una primera piedra que hagan, no nos creemos nada", señala.
El único puesto de verduras que actualmente aguanta en el mercado, al fondo de un pasillo con puestos cerrados.
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MANU GARCÍA
De 47 fruterías a una
Solo hay que darse un paseo por la plaza para comprobar el declive por el que pasa. Entre puestos vacíos y algunos pocos que anuncian que están de vacaciones, apenas hay una quincena abiertos. Es significativa la poca presencia de pescado en una ciudad con puerto de mar, como también lo es que sólo exista a día de hoy un puesto de fruta.
Kike es quien mantiene abierta esta última frutería. Lleva medio siglo en el mercado y lo resume con una cifra que explica por sí sola hasta dónde ha llegado la situación: "De 47 puestos de fruta que había en el Mercado Central, el único que queda soy yo". De hecho, la planta alta, dedicada antaño a la fruta, lleva décadas cerrada. Kike, de todas maneras, declina hacer declaraciones. "No me hagas hablar, si digo lo que pienso me van a echar de la plaza", afirma mientras despacha un kilo de patatas.
Una media docena de carnicerías y puestos de recova, más otro puesto –que en realidad ocupa dos– dedicado a los encurtidos, los aceites, las especias y las conservas– es lo que está abierto a la hora que visitamos un mercado que fue mandada construir por el Ayuntamiento en 1873, utilizando material procedente del derribo del antiguo Convento de San Antonio de los Franciscanos Descalzos.
La planta alta del mercado, cerrada desde hace años.
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MANU GARCÍA
A lo largo de su historia ha experimentado reformas, remodelaciones y cambios de uso, pero conserva elementos de su configuración original, destacando una pequeña capilla con una imagen de la Inmaculada Concepción.
Sin embargo, como señalan los comerciantes, ya apenas hay recuerdos de cuándo se remodeló profundamente la Plaza de Abastos portuense.
Proyectos que quedaron en el limbo
De hecho, ya hubo un proyecto redactado en 2018 por el arquitecto Manuel María Fernández Prada y entregado al Ayuntamiento en 2019. La intención inicial era ejecutar la actuación mediante inversión pública entre 2019 y 2020. Aquello no llegó a materializarse. En 2018, además, los comerciantes habían votado a favor de la reforma en una asamblea.
Miguel Hernández, presidente de los comerciantes del mercado, en su puesto.
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MANU GARCÍA
Por eso ahora, el nuevo anuncio de una próxima remodelación es acogido con escepticismo y mucho cabreo. Miguel Hernández, presidente de la Asociación de Comerciantes del Mercado de Abastos, tiene 56 años y lleva 42 trabajando en la plaza. Señala a lavozdelsur.es que incluso hace alrededor de ocho años se realizaron catas y se llegaron a presupuestar trabajos que finalmente no se ejecutaron. "Cada cuatro años es cuando se habla de reformas", sostiene, en relación a los períodos electorales.
José Manuel Cía recuerda incluso que durante años se estudió la posibilidad de trasladar el mercado a otro emplazamiento, en el entorno de la Bodega Cuesta, antes de que esa opción quedara descartada. Sin embargo, muchos en la plaza no verían mal un traslado porque, aseguran, el gran problema que detectan desde hace años está relacionado con la accesibilidad al mercado.
El aparcamiento, una de las principales reivindicaciones
Los comerciantes consideran que acudir al centro a hacer una compra resulta complicado, especialmente para una clientela que en buena parte es mayor y que puede necesitar cargar con bolsas y productos.
Alonso, en la churrería que tantos años regentara su madre Charo.
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MANU GARCÍA
A pesar de que el autobús para junto a una de las puertas, Alonso, hijo de Charo, la históricachurrera de la Plaza, señala desde su puesto que "el principal problema aquí es la falta de aparcamiento".
Isabel, de los puestos 48 y 49, coincide. Ella misma reconoce las dificultades para aparcar cuando acude a trabajar y cree que, para una persona mayor, cargar con la compra y desplazarse hasta el mercado puede hacerle desistir de la idea de acercarse hasta el centro. Otros comerciantes ponen incluso ejemplos de otros mercados de la provincia que cuentan con aparcamientos en sus inmediaciones o bajo el propio edificio. Javier Cía cita los de Chiclana, San Fernando o Jerez.
A esta falta de aparcamiento se unen otros dos factores que también son comunes en otras localidades. De un lado, el de la comodidad de los centros comerciales, y de otro, la cada vez menos presencia de vecinos en los centros históricos. "Antes en una casa antigua había seis familias viviendo, pero ahora... Todas las casas están vacías", lamenta desde su puesto Reina, tercera generación de pescaderos en la Plaza.
El único puesto que vende encurtidos, conservas y aceites en el mercado.
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MANU GARCÍA
Bajón tras un buen verano
Como ya está dicho, la visita a La Concepción se produce el último día de un verano que en el mercado califican de "bueno". La explicación la dan los turistas que multiplican la población de El Puerto durante los meses estivales y que, durante sus estancias en la localidad, aprovechan para comprar en la Plaza.
"El verano ha estado bien", señala Reina. También Javier reconoce que no ha sido un mal verano. Alonso también explica que vende muchísimos más churros en verano que en invierno. Los meses de julio y agosto permiten "que la gente vaya picando. Unos compran churros, otros pescado, otros fruta o carne...". Pero cuando llega septiembre y se van los visitantes, vuelven de nuevo las vacas flacas. En invierno, comenta, vende "un 70% menos que en verano".
Reina también da por hecho que hasta que no se acerquen las navidades llegará un periodo más complicado. "Esta fecha es muy mala", explica.
"Aquí no se cabía"
Una Plaza de Abastos poco atractiva hace que lleguen menos clientes. Y por eso se lamentan tantos en el Mercado de La Concepción.
Desolador aspecto de otro pasillo del mercado, con numerosas persianas bajadas.
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MANU GARCÍA
Alonso recuerda de niño una Plaza en la que llegó a haber "cuatro puestos de churros" y que hace 25 ó 30 años, especialmente los viernes y sábados, "ni por la Plaza ni por la calle Larga se podía andar". Miguel Hernández también recuerda los buenos tiempos en los que "aquí no se cabía". Después, dice, el descenso fue progresivo. "Poquito a poco, poquito a poco, ha ido esto a menos".
Por eso, para los comerciantes la reforma física es necesaria, pero no suficiente. Quieren recuperar puestos, atraer nuevos negocios, mejorar los accesos y conseguir que el mercado vuelva a tener vida.
La nueva ordenanza municipal aprobada este mes pretende precisamente facilitar ese proceso. El Ayuntamiento asegura que permitirá agilizar la adjudicación de los puestos vacantes, incorporar nuevas actividades y autorizar la apertura en horario de tarde. También establece concesiones de 25 años con posibilidad de prórroga y un régimen de ocupación temporal de los puestos vacíos.
Marta, clienta habitual.
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MANU GARCÍA
Entre quienes siguen comprando allí también existe preocupación. Marta es clienta habitual y conoce por su nombre a buena parte de los vendedores. Defiende "el valor de la compra directa y del trato personal", pero considera que el mercado necesita mucho más, "no solamente arreglar esto y adecentarlo". También pide "promocionar el mercado y poner en valor lo que representa" para la ciudad.
En este sentido, menciona la Plaza de Abastos de Jerez, que su hermana, arquitecta urbanista y paisajista, visitó durante una estancia en la provincia y "quedó impresionada por su rehabilitación".
Y mientras llegan noticias del Ayuntamiento, en el mercado saben que toca afrontar el otoño como buenamente se pueda hasta que llegue la Navidad y, de nuevo, las buenas ventas. La Concepción lleva 153 años en el corazón de El Puerto. Falta por ver cuántos más podrán aguantar sus comerciantes en las actuales condiciones.
Respuesta municipal: "Vayamos a lo básico"
Germán Beardo, preguntado por esta reforma y la problemática de las instalaciones en la entrevista con lavozdelsur.es, rechaza que lo del mercado sea un problema de ladrillo. "Con el mercado hay una cosa que es más determinante que el simple arreglo de una infraestructura, porque la infraestructura no es algo a rehabilitar, no es un espacio que se esté cayendo", sostiene el alcalde de El Puerto, que sitúa el origen de la decadencia en la ausencia de relevo: "El problema del mercado es que desde que yo nací no había adjudicaciones nuevas, no se han licitado los puestos". De ahí la espiral conocida en casi todos los mercados andaluces: "Cada vez ha habido menos gente; y cuando hay menos gente hay menos oferta, por lo tanto la gente no va".
Su comparación es la avenida de Ejército. "Tiene tanto bullicio y tantas actividades económicas porque hay muchas ofertas y hay una gran concentración, por ejemplo, de zapaterías; por lo tanto, la gente sabe que si va a la avenida de Ejército puede comprar", argumenta. Y para el mercado de abastos aplica la misma lógica: "Si tú consigues que tenga una gran oferta de carnicería, pescadería, frutería, verduras, todo lo concerniente al ámbito de la comida, pues seguramente mucha más gente vaya a adquirir sus productos allí". La advertencia, dice, la tiene cerca, en los centros comerciales del entorno —fuera del término, matiza— "en los que no hay prácticamente tiendas y a esos centros no va nadie". Su conclusión es una pregunta: "¿Para qué quiero un pedazo de mercado de último modelo si lo que hay son dos pescaderías?".
"¿Para qué quiero un pedazo de mercado de último modelo si lo que hay son dos pescaderías?"
De ahí el orden de prioridades que defiende el máximo responsable del gobierno local: "Primero vamos a llenarlo de pescaderías, de carnicerías, de verdulerías, de fruterías, y después veremos". El Ayuntamiento ha aprobado una ordenanza "mucho más ágil, mucho más sencilla, en la que tú vas a poder entrar en la plataforma, vas a poder reservar el puesto durante equis tiempo y vas a poder abrirlo al día siguiente". Así espera tener "una Plaza con más oferta, una Plaza por lo tanto más viva, y a partir de ahí mejorar la infraestructura". Ya ha contratado la redacción del proyecto, sin cifra todavía sobre la mesa, pero con una premisa explícita: "Que no sea nada grandilocuente".
Beardo recuerda el proyecto de "seis millones y pico de euros que no tenían" que heredó en 2019 —etapa de PSOE con IU—, con gimnasio en la planta alta, y lo descarta sin contemplaciones: "Era implanteable; ni ellos lo hubieran podido hacer ni nosotros lo hubiéramos podido hacer". Hoy, admite, "sí podríamos hacerlo", pero prefiere "atacar el principal problema, que es que sea un mercado competitivo en cuanto al número de oferta". Lo que anuncia es "una adecuación de un mercado más interactivo, más estético y con mejores soluciones de infraestructura", y de coste aún por determinar: "Seguramente, evidentemente, no va a ser seis millones de euros".
Sobre la fórmula que ha salvado a los mercados de Madrid, Lisboa o Málaga —convertirlos en espacios gastronómicos y turísticos—, el alcalde no cierra la puerta, pero la deja para el final. "¿Por qué no? Pero vayamos a lo básico", responde. Para tomar "una caña con un pincho", sostiene, "está la calle Misericordia, por ejemplo, o la Ribera"; si el mercado recupera la función de venta, "no habrá que buscar dinamizaciones alternativas", y si no, "buscaremos en la zona de arriba, fundamentalmente, otros espacios de dinamización que ayuden a la gestión del mercado". Primero, insiste, hay que averiguar "cuánta gente quiere poner un puesto de mercado, cuánta gente quiere dedicarse a la actividad de la carnicería, de la pescadería". Y ahí recalca el mensaje: "Todo el que quiera lo va a tener muy fácil".
Hay una frase que, quienes trabajan a diario en el Mercado de La Concepción, de El Puerto de Santa María, escuchan con frecuencia cuando alguien cruza sus puertas: "Qué pena de Plaza". Javier Noriega, carnicero del puesto número 3, asegura que la oye prácticamente a diario.
No es difícil entender por qué. La estampa, a las doce del mediodía del último martes del verano, es bastante triste: multitud de persianas bajadas, puestos vacíos y pasillos en los que apenas hay clientes. Desde luego, una imagen muy alejada de aquel espacio bullicioso que los comerciantes recuerdan de hace décadas. Por ello, el gobierno municipal ha iniciado un plan para revitalizar las instalaciones, tanto en el plano puramente físico, del inmueble, como a la hora de actualizar la ordenanza municipal. "El que quiera un puesto en la Plaza lo va a tener muy fácil", ha asegurado el alcalde, Germán Beardo, en el transcurso de una entrevista que lavozdelsur.es publica íntegramente este fin de semana.
La visita a la plaza por parte de lavozdelsur.es se produce después de que el Ayuntamiento haya anunciado la adjudicación, al arquitecto Francisco Javier Pérez de Eulate Vargas, de la redacción del proyecto básico y de ejecución para la reforma integral del Mercado. El histórico edificio, construido en 1873 y con 1.629 metros cuadrados de superficie presenta, según el Consistorio, distintas patologías que deben ser subsanadas.
Exterior del histórico edificio del Mercado de La Concepción.
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MANU GARCÍA
Pero entre los comerciantes, la noticia se recibe con más escepticismo que esperanza. Todos los consultados por este medio coinciden en que llevan demasiados años escuchando hablar de reformas. Y casi siempre, además, cuando se acercan las elecciones municipales. Coincidencia o no, para las próximas quedan apenas ocho meses.
"Nos han vendido humo", afirma tajante Javier Noriega, que lleva más de 25 años trabajando en la plaza y una década con su propio puesto. José Manuel Cía, también profesional de la carne, del vecino puesto 29, directamente dice que no se cree el anuncio. Tiene 44 años y se ha criado entre estos puestos. "Hasta que no vea aquí un papel, un documento que firmemos, o vea una primera piedra que hagan, no nos creemos nada", señala.
El único puesto de verduras que actualmente aguanta en el mercado, al fondo de un pasillo con puestos cerrados.
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MANU GARCÍA
De 47 fruterías a una
Solo hay que darse un paseo por la plaza para comprobar el declive por el que pasa. Entre puestos vacíos y algunos pocos que anuncian que están de vacaciones, apenas hay una quincena abiertos. Es significativa la poca presencia de pescado en una ciudad con puerto de mar, como también lo es que sólo exista a día de hoy un puesto de fruta.
Kike es quien mantiene abierta esta última frutería. Lleva medio siglo en el mercado y lo resume con una cifra que explica por sí sola hasta dónde ha llegado la situación: "De 47 puestos de fruta que había en el Mercado Central, el único que queda soy yo". De hecho, la planta alta, dedicada antaño a la fruta, lleva décadas cerrada. Kike, de todas maneras, declina hacer declaraciones. "No me hagas hablar, si digo lo que pienso me van a echar de la plaza", afirma mientras despacha un kilo de patatas.
Una media docena de carnicerías y puestos de recova, más otro puesto –que en realidad ocupa dos– dedicado a los encurtidos, los aceites, las especias y las conservas– es lo que está abierto a la hora que visitamos un mercado que fue mandada construir por el Ayuntamiento en 1873, utilizando material procedente del derribo del antiguo Convento de San Antonio de los Franciscanos Descalzos.
La planta alta del mercado, cerrada desde hace años.
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MANU GARCÍA
A lo largo de su historia ha experimentado reformas, remodelaciones y cambios de uso, pero conserva elementos de su configuración original, destacando una pequeña capilla con una imagen de la Inmaculada Concepción.
Sin embargo, como señalan los comerciantes, ya apenas hay recuerdos de cuándo se remodeló profundamente la Plaza de Abastos portuense.
Proyectos que quedaron en el limbo
De hecho, ya hubo un proyecto redactado en 2018 por el arquitecto Manuel María Fernández Prada y entregado al Ayuntamiento en 2019. La intención inicial era ejecutar la actuación mediante inversión pública entre 2019 y 2020. Aquello no llegó a materializarse. En 2018, además, los comerciantes habían votado a favor de la reforma en una asamblea.
Miguel Hernández, presidente de los comerciantes del mercado, en su puesto.
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MANU GARCÍA
Por eso ahora, el nuevo anuncio de una próxima remodelación es acogido con escepticismo y mucho cabreo. Miguel Hernández, presidente de la Asociación de Comerciantes del Mercado de Abastos, tiene 56 años y lleva 42 trabajando en la plaza. Señala a lavozdelsur.es que incluso hace alrededor de ocho años se realizaron catas y se llegaron a presupuestar trabajos que finalmente no se ejecutaron. "Cada cuatro años es cuando se habla de reformas", sostiene, en relación a los períodos electorales.
José Manuel Cía recuerda incluso que durante años se estudió la posibilidad de trasladar el mercado a otro emplazamiento, en el entorno de la Bodega Cuesta, antes de que esa opción quedara descartada. Sin embargo, muchos en la plaza no verían mal un traslado porque, aseguran, el gran problema que detectan desde hace años está relacionado con la accesibilidad al mercado.
El aparcamiento, una de las principales reivindicaciones
Los comerciantes consideran que acudir al centro a hacer una compra resulta complicado, especialmente para una clientela que en buena parte es mayor y que puede necesitar cargar con bolsas y productos.
Alonso, en la churrería que tantos años regentara su madre Charo.
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MANU GARCÍA
A pesar de que el autobús para junto a una de las puertas, Alonso, hijo de Charo, la históricachurrera de la Plaza, señala desde su puesto que "el principal problema aquí es la falta de aparcamiento".
Isabel, de los puestos 48 y 49, coincide. Ella misma reconoce las dificultades para aparcar cuando acude a trabajar y cree que, para una persona mayor, cargar con la compra y desplazarse hasta el mercado puede hacerle desistir de la idea de acercarse hasta el centro. Otros comerciantes ponen incluso ejemplos de otros mercados de la provincia que cuentan con aparcamientos en sus inmediaciones o bajo el propio edificio. Javier Cía cita los de Chiclana, San Fernando o Jerez.
A esta falta de aparcamiento se unen otros dos factores que también son comunes en otras localidades. De un lado, el de la comodidad de los centros comerciales, y de otro, la cada vez menos presencia de vecinos en los centros históricos. "Antes en una casa antigua había seis familias viviendo, pero ahora... Todas las casas están vacías", lamenta desde su puesto Reina, tercera generación de pescaderos en la Plaza.
El único puesto que vende encurtidos, conservas y aceites en el mercado.
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MANU GARCÍA
Bajón tras un buen verano
Como ya está dicho, la visita a La Concepción se produce el último día de un verano que en el mercado califican de "bueno". La explicación la dan los turistas que multiplican la población de El Puerto durante los meses estivales y que, durante sus estancias en la localidad, aprovechan para comprar en la Plaza.
"El verano ha estado bien", señala Reina. También Javier reconoce que no ha sido un mal verano. Alonso también explica que vende muchísimos más churros en verano que en invierno. Los meses de julio y agosto permiten "que la gente vaya picando. Unos compran churros, otros pescado, otros fruta o carne...". Pero cuando llega septiembre y se van los visitantes, vuelven de nuevo las vacas flacas. En invierno, comenta, vende "un 70% menos que en verano".
Reina también da por hecho que hasta que no se acerquen las navidades llegará un periodo más complicado. "Esta fecha es muy mala", explica.
"Aquí no se cabía"
Una Plaza de Abastos poco atractiva hace que lleguen menos clientes. Y por eso se lamentan tantos en el Mercado de La Concepción.
Desolador aspecto de otro pasillo del mercado, con numerosas persianas bajadas.
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MANU GARCÍA
Alonso recuerda de niño una Plaza en la que llegó a haber "cuatro puestos de churros" y que hace 25 ó 30 años, especialmente los viernes y sábados, "ni por la Plaza ni por la calle Larga se podía andar". Miguel Hernández también recuerda los buenos tiempos en los que "aquí no se cabía". Después, dice, el descenso fue progresivo. "Poquito a poco, poquito a poco, ha ido esto a menos".
Por eso, para los comerciantes la reforma física es necesaria, pero no suficiente. Quieren recuperar puestos, atraer nuevos negocios, mejorar los accesos y conseguir que el mercado vuelva a tener vida.
La nueva ordenanza municipal aprobada este mes pretende precisamente facilitar ese proceso. El Ayuntamiento asegura que permitirá agilizar la adjudicación de los puestos vacantes, incorporar nuevas actividades y autorizar la apertura en horario de tarde. También establece concesiones de 25 años con posibilidad de prórroga y un régimen de ocupación temporal de los puestos vacíos.
Marta, clienta habitual.
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MANU GARCÍA
Entre quienes siguen comprando allí también existe preocupación. Marta es clienta habitual y conoce por su nombre a buena parte de los vendedores. Defiende "el valor de la compra directa y del trato personal", pero considera que el mercado necesita mucho más, "no solamente arreglar esto y adecentarlo". También pide "promocionar el mercado y poner en valor lo que representa" para la ciudad.
En este sentido, menciona la Plaza de Abastos de Jerez, que su hermana, arquitecta urbanista y paisajista, visitó durante una estancia en la provincia y "quedó impresionada por su rehabilitación".
Y mientras llegan noticias del Ayuntamiento, en el mercado saben que toca afrontar el otoño como buenamente se pueda hasta que llegue la Navidad y, de nuevo, las buenas ventas. La Concepción lleva 153 años en el corazón de El Puerto. Falta por ver cuántos más podrán aguantar sus comerciantes en las actuales condiciones.
Respuesta municipal: "Vayamos a lo básico"
Germán Beardo, preguntado por esta reforma y la problemática de las instalaciones en la entrevista con lavozdelsur.es, rechaza que lo del mercado sea un problema de ladrillo. "Con el mercado hay una cosa que es más determinante que el simple arreglo de una infraestructura, porque la infraestructura no es algo a rehabilitar, no es un espacio que se esté cayendo", sostiene el alcalde de El Puerto, que sitúa el origen de la decadencia en la ausencia de relevo: "El problema del mercado es que desde que yo nací no había adjudicaciones nuevas, no se han licitado los puestos". De ahí la espiral conocida en casi todos los mercados andaluces: "Cada vez ha habido menos gente; y cuando hay menos gente hay menos oferta, por lo tanto la gente no va".
Su comparación es la avenida de Ejército. "Tiene tanto bullicio y tantas actividades económicas porque hay muchas ofertas y hay una gran concentración, por ejemplo, de zapaterías; por lo tanto, la gente sabe que si va a la avenida de Ejército puede comprar", argumenta. Y para el mercado de abastos aplica la misma lógica: "Si tú consigues que tenga una gran oferta de carnicería, pescadería, frutería, verduras, todo lo concerniente al ámbito de la comida, pues seguramente mucha más gente vaya a adquirir sus productos allí". La advertencia, dice, la tiene cerca, en los centros comerciales del entorno —fuera del término, matiza— "en los que no hay prácticamente tiendas y a esos centros no va nadie". Su conclusión es una pregunta: "¿Para qué quiero un pedazo de mercado de último modelo si lo que hay son dos pescaderías?".
"¿Para qué quiero un pedazo de mercado de último modelo si lo que hay son dos pescaderías?"
De ahí el orden de prioridades que defiende el máximo responsable del gobierno local: "Primero vamos a llenarlo de pescaderías, de carnicerías, de verdulerías, de fruterías, y después veremos". El Ayuntamiento ha aprobado una ordenanza "mucho más ágil, mucho más sencilla, en la que tú vas a poder entrar en la plataforma, vas a poder reservar el puesto durante equis tiempo y vas a poder abrirlo al día siguiente". Así espera tener "una Plaza con más oferta, una Plaza por lo tanto más viva, y a partir de ahí mejorar la infraestructura". Ya ha contratado la redacción del proyecto, sin cifra todavía sobre la mesa, pero con una premisa explícita: "Que no sea nada grandilocuente".
Beardo recuerda el proyecto de "seis millones y pico de euros que no tenían" que heredó en 2019 —etapa de PSOE con IU—, con gimnasio en la planta alta, y lo descarta sin contemplaciones: "Era implanteable; ni ellos lo hubieran podido hacer ni nosotros lo hubiéramos podido hacer". Hoy, admite, "sí podríamos hacerlo", pero prefiere "atacar el principal problema, que es que sea un mercado competitivo en cuanto al número de oferta". Lo que anuncia es "una adecuación de un mercado más interactivo, más estético y con mejores soluciones de infraestructura", y de coste aún por determinar: "Seguramente, evidentemente, no va a ser seis millones de euros".
Sobre la fórmula que ha salvado a los mercados de Madrid, Lisboa o Málaga —convertirlos en espacios gastronómicos y turísticos—, el alcalde no cierra la puerta, pero la deja para el final. "¿Por qué no? Pero vayamos a lo básico", responde. Para tomar "una caña con un pincho", sostiene, "está la calle Misericordia, por ejemplo, o la Ribera"; si el mercado recupera la función de venta, "no habrá que buscar dinamizaciones alternativas", y si no, "buscaremos en la zona de arriba, fundamentalmente, otros espacios de dinamización que ayuden a la gestión del mercado". Primero, insiste, hay que averiguar "cuánta gente quiere poner un puesto de mercado, cuánta gente quiere dedicarse a la actividad de la carnicería, de la pescadería". Y ahí recalca el mensaje: "Todo el que quiera lo va a tener muy fácil".
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