Las máquinas de demolición ya están en la fábrica de botellas de Jerez: ahora sí, adiós a 130 años de historia
Maquinaria pesada de una empresa especializada en derribos ya ha sido introducida en el recinto de la antigua factoría, primer paso de una operación que transformará por completo el entorno de El Pelirón y La Vid
Maquinaria pesada de demolición, de la empresa navarra Erri Berri, en las instalaciones de la fábrica de botellas de Jerez. -
El entorno urbano de las jerezanas barriadas de ElPelirón y La Vid está a punto de empezar a cambiar de forma radical. Más de un siglo después de que se levantara la fábrica de botellas, maquinaria pesada ya ha entrado en su recinto y todo apunta a que el derribo de las antiguas instalaciones de Vicasa-Saint Gobain comenzará en los próximos días, si no en cuestión de horas.
Durante la tarde de este lunes, maquinaria de demolición de Erri Berri, empresa especializada en el desmantelamiento de instalaciones industriales con sede en Navarra, ha sido descargada en el interior de la parcela, señal inequívoca de que los trabajos, que previsiblemente se desarrollarán por fases, comenzarán en breve.
El objetivo es desmontar y demoler las construcciones existentes y avanzar en la limpieza y descontaminación de los suelos de una enorme bolsa de terreno que durante décadas ha estado ocupada por las naves de lo que antaño fue una de las industrias auxiliares del vino más prósperas de Jerez.
Erri Berri no es una empresa desconocida en la ciudad. De hecho, en los últimos tiempos ha participado en las demoliciones de la nave de Milar Suinve, en la avenida Adolfo Suárez, para posibilitar la construcción del nuevo establecimiento de McDonald's frente a la rotonda de la Bandera de España, así como también la demolición del esqueleto del antiguo Palacio de Congresos que quedó a medio construir junto al Hospital de Jerez.
112.340 metros cuadrados para un nuevo barrio
La demolición de las antiguas instalaciones de la fábrica de botellas se producirá después del anuncio, meses atrás, de la compra de los terrenos por parte del Grupo Inmobiliario Delta, filial de Keops Corporación Empresarial, vinculada al empresario Leonardo Sánchez-Heredero. La operación urbanística, una de las mayores de las últimas décadas en Jerez, afecta a 112.340 metros cuadrados con aprovechamiento y abre la puerta a la creación de un nuevo barrio entre las avenidas de Arcos y Alunados.
Maquinaria de demolición en las instalaciones de la fábrica de botellas de Jerez.
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MANU GARCÍA
El planeamiento permite vivienda libre y protegida, además de equipamientos, espacios libres y más de 800 plazas de aparcamiento en viales públicos. Al respecto, Adelante Andalucía ya ha solicitado que el 50% de las nuevas viviendas que se edifiquen en estos terrenos sean protegidas, pero lo cierto es que la nueva propiedad todavía no ha presentado públicamente el proyecto definitivo que determinará la fisonomía de la enorme parcela.
La empresa anunció que su estudio de arquitectura estaba trabajando en un master plan y que la intención era tener definido el proyecto urbanístico antes de finalizar 2027, para comenzar en 2028 las obras de reurbanización y edificación.
¿El final de las chimeneas?
El inicio inminente del derribo de las naves de la fábrica de botellas devuelve además al primer plano una cuestión que durante el pasado verano provocó un intenso debate, el del futuro de las tres grandes chimeneas que durante décadas han dibujado el perfil de esta zona de Jerez.
La nueva propiedad anunció en agosto que su intención era dejar el solar completamente "limpio", una vez se lleven a cabo los trabajos de demolición. Aquella declaración fue interpretada como el final de las tres chimeneas, aunque el Ayuntamiento de Jerez matizó posteriormente que el primer proyecto de demolición no las incluía y que se encargaría un estudio técnico para determinar su estado, su posible conservación y las alternativas para integrarlas en el futuro desarrollo.
Las chimeneas de la fábrica de botellas de Jerez.
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MANU GARCIA
Las chimeneas, construidas en los años sesenta y reforzadas en 1970 según el Ayuntamiento, se convirtieron así en el último símbolo visible de una historia industrial iniciada a finales del siglo XIX. En 2021 el Pleno municipal había aprobado solicitar su protección, aunque la catalogación nunca llegó a materializarse.
Ahora, a la espera de una resolución definitiva sobre su futuro, lo que está claro es que el resto de las instalaciones encaran su último capítulo y su derribo marcará una nueva época para el urbanismo jerezano.
El entorno urbano de las jerezanas barriadas de ElPelirón y La Vid está a punto de empezar a cambiar de forma radical. Más de un siglo después de que se levantara la fábrica de botellas, maquinaria pesada ya ha entrado en su recinto y todo apunta a que el derribo de las antiguas instalaciones de Vicasa-Saint Gobain comenzará en los próximos días, si no en cuestión de horas.
Durante la tarde de este lunes, maquinaria de demolición de Erri Berri, empresa especializada en el desmantelamiento de instalaciones industriales con sede en Navarra, ha sido descargada en el interior de la parcela, señal inequívoca de que los trabajos, que previsiblemente se desarrollarán por fases, comenzarán en breve.
El objetivo es desmontar y demoler las construcciones existentes y avanzar en la limpieza y descontaminación de los suelos de una enorme bolsa de terreno que durante décadas ha estado ocupada por las naves de lo que antaño fue una de las industrias auxiliares del vino más prósperas de Jerez.
Erri Berri no es una empresa desconocida en la ciudad. De hecho, en los últimos tiempos ha participado en las demoliciones de la nave de Milar Suinve, en la avenida Adolfo Suárez, para posibilitar la construcción del nuevo establecimiento de McDonald's frente a la rotonda de la Bandera de España, así como también la demolición del esqueleto del antiguo Palacio de Congresos que quedó a medio construir junto al Hospital de Jerez.
112.340 metros cuadrados para un nuevo barrio
La demolición de las antiguas instalaciones de la fábrica de botellas se producirá después del anuncio, meses atrás, de la compra de los terrenos por parte del Grupo Inmobiliario Delta, filial de Keops Corporación Empresarial, vinculada al empresario Leonardo Sánchez-Heredero. La operación urbanística, una de las mayores de las últimas décadas en Jerez, afecta a 112.340 metros cuadrados con aprovechamiento y abre la puerta a la creación de un nuevo barrio entre las avenidas de Arcos y Alunados.
Maquinaria de demolición en las instalaciones de la fábrica de botellas de Jerez.
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MANU GARCÍA
El planeamiento permite vivienda libre y protegida, además de equipamientos, espacios libres y más de 800 plazas de aparcamiento en viales públicos. Al respecto, Adelante Andalucía ya ha solicitado que el 50% de las nuevas viviendas que se edifiquen en estos terrenos sean protegidas, pero lo cierto es que la nueva propiedad todavía no ha presentado públicamente el proyecto definitivo que determinará la fisonomía de la enorme parcela.
La empresa anunció que su estudio de arquitectura estaba trabajando en un master plan y que la intención era tener definido el proyecto urbanístico antes de finalizar 2027, para comenzar en 2028 las obras de reurbanización y edificación.
¿El final de las chimeneas?
El inicio inminente del derribo de las naves de la fábrica de botellas devuelve además al primer plano una cuestión que durante el pasado verano provocó un intenso debate, el del futuro de las tres grandes chimeneas que durante décadas han dibujado el perfil de esta zona de Jerez.
La nueva propiedad anunció en agosto que su intención era dejar el solar completamente "limpio", una vez se lleven a cabo los trabajos de demolición. Aquella declaración fue interpretada como el final de las tres chimeneas, aunque el Ayuntamiento de Jerez matizó posteriormente que el primer proyecto de demolición no las incluía y que se encargaría un estudio técnico para determinar su estado, su posible conservación y las alternativas para integrarlas en el futuro desarrollo.
Las chimeneas de la fábrica de botellas de Jerez.
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MANU GARCIA
Las chimeneas, construidas en los años sesenta y reforzadas en 1970 según el Ayuntamiento, se convirtieron así en el último símbolo visible de una historia industrial iniciada a finales del siglo XIX. En 2021 el Pleno municipal había aprobado solicitar su protección, aunque la catalogación nunca llegó a materializarse.
Ahora, a la espera de una resolución definitiva sobre su futuro, lo que está claro es que el resto de las instalaciones encaran su último capítulo y su derribo marcará una nueva época para el urbanismo jerezano.
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