Adiós a los amagos, bienvenidos al año electoral

2021 ha estado lleno de cantos de sirena sobre un posible adelanto electoral en Andalucía. Finalmente, no ha ocurrido, aunque nadie nos libra de acudir a las urnas en 2022. Hacemos un resumen de todo lo que ha pasado durante este año.

Espadas y Moreno Bonilla, en un acto reciente.
Espadas y Moreno Bonilla, en un acto reciente.

Se acabó el cuento. El año 2021 podría ser recordado en la política andaluza como el cuento del lobo y las ovejas. Aquel año en el que las elecciones anticipadas estaban al caer cada mes, y, sin embargo, nunca llegaron. Doce meses en los que se ha repetido la sensación de que sólo faltaba un poco más para que Moreno Bonilla, presidente de la Junta, apretara el botón del adelanto. En 2022 no habrá otra opción. No hubo carnaval, ni Semana Santa, ni ferias, pero nadie nos libró de la política.

En enero, con unas pocas dosis de vacunas puestas, las familias que estaban repartidas por distintas provincias sólo se podían reunir si todos los miembros se sacaban el forfait y quedaban en Sierra Nevada. La capacidad económica se erigía como condicionante del aval de los expertos. Fueron meses de conocer a Enrique – cocinero de Canal Sur –, mientras hacíamos tiempo esperando que Moreno Bonilla anunciara nuevas medidas.

El Ejecutivo de PP y Ciudadanos acaparaba los focos. Decidía restricciones y flexibilizaba las mismas (los expertos, claro). La oposición prácticamente estaba pintada y tenía poco que hacer. Además, la vacunación empezaba a funcionar y las dosis se medían en "culillos". Moreno Bonilla y su equipo marcaba los tiempos de la política andaluza sin problemas, con paz interna y con el principal partido de la oposición aún noqueado por el resultado de 2018.

Aunque la gestión de la pandemia y la vacunación no era tarea sencilla, políticamente el Gobierno, sobre todo el Partido Popular, vivía una luna de miel. De vez en cuando, Vox exigía algo o Unidas Podemos por Andalucía, que por entonces aún era Adelante Andalucía recriminaba ciertos hábitos a una gestión inclinada hacia la derecha, nada que comprometiera al Gobierno.

Hablamos de política. Muchas veces es más complicado atajar las disputas internas que las acusaciones externas. Y cuando llegó marzo, la política nacional saltó por los aires. Desde Murcia. Sí, Murcia. Ciudadanos y PSOE presentaron mociones de censura en el Ayuntamiento de Murcia y en la Asamblea de la Región Murcia. Isabel Díaz Ayuso, acto seguido en la Comunidad de Madrid, echó a su socio Ignacio Aguado del Gobierno pregonando que le iba a hacer lo mismo.

Andalucía era paz y tranquilidad, buen rollo, complicidad y colaboración entre PP y Ciudadanos por lo que esa misma tarde, de forma urgente en el Parlamento de Andalucía, Moreno Bonilla y Juan Marín convocaron a los medios para decir que aquí no pasaba nada y que la estabilidad por bandera. A los tres días, Fran Hervías cambiaba a Ciudadanos por el Partido Popular.

A partir de aquel momento, Vox empezó a reclamar elecciones anticipadas y a acusar a los naranjas de no ser fiables, aunque tres meses antes hubiera aprobado el presupuesto de todo un año juntos. Si Ciudadanos hubiera decidido no ser fiable, se tendría que haber lanzado en los brazos de un socio al que criticaba todos los días y cuyas caras reconocibles estaban más pendientes de posicionarse para relevar a Susana Díaz que de aprovechar la coyuntura.

En abril, entre las críticas al Gobierno por la falta de vacunas, llegó una de esas bajadas de impuestos que porcentualmente beneficia más cuanto mayor sea tu renta. Vox se apuntó el tanto y a la coalición le permitió vender la estabilidad desestabilizada con la moción de Murcia. Por poco tiempo, eso sí. Una semana más tarde, Ayuso arrasaba en Madrid, Ciudadanos desaparecía, y Vox volvía a empujar para que en Andalucía se diera la misma jugada.

La misma semana en la que Ayuso triunfó, Susana Díaz aceptaba adelantar las primarias en el Partido Socialista andaluz para ser candidato de la Junta. Juan Espadas, alcalde de Sevilla, se erigía como el mayor rival. El PSOE recuperaba el foco mediático que llevaba tres años sin tener. En ese instante también comenzaron los mensajes motivadores que Díaz alternaba en sus camisetas para mostrarse fuerte. Por detrás, militantes susanistas abrazaban de buen grado el espadismo. Al otro lado del espectro político, Vox nombraba a su tercer portavoz de la legislatura. Todos comenzaban a prepararse para las urnas.

La positive energy no sirvió. Díaz perdió claramente las primarias y se abrió un nuevo tiempo en el PSOE andaluz con el Efecto Espadas. El principal partido de la oposición se rearmaba días después de la primera gran derrota parlamentaria de Moreno Bonilla. Se votaba el primer trámite de la ley de suelo. El PSOE, ausente, ni siquiera había presentado enmienda a la totalidad. Sí lo hizo Unidas Podemos. Acabaron rechazando el texto con la abstención de Vox, que había retirado su apoyo al Gobierno para siempre, como siempre y como no termina ocurriendo nunca, porque la Junta se había ofrecido a acoger a menores no acompañados tras la crisis con Marruecos y la apertura de la frontera de Melilla.

Durante el verano cambiamos alfa por delta, Moreno Bonilla se reúne con Pedro Sánchez por primera vez en la legislatura, Adelante Andalucía se refunda y Fran Carrillo (Cs) saca una bandera de España al revés y arrugada en el Parlamento durante el debate de una PNL. Aún estaba Susana Díaz y, según Carrillo, haber votado a favor le hubiera hecho ganar las primarias. Unos meses antes ya había ocupado las redes por afirmar que “la gente está hasta los cojones de nosotros”, es decir, ellos, los políticos. En julio lo relevaron como portavoz adjunto en Ciudadanos y unos meses más tarde perdió las primarias contra Juan Marín.

Durante ese mes también se volvió a hablar de elecciones anticipadas. La ruptura entre Ciudadanos y Partido Popular en el Ayuntamiento de Granada devolvieron a San Telmo de prensa las preguntas sobre la estabilidad de la coalición. Esto es sede de Gobierno y aquí no se habla de los partidos o, al menos, así lo evadía Elías Bendodo.

Septiembre fue el mes de la alianza con Ximo Puig. Nos enteramos de que los andaluces perdemos 4 millones de euros al día por estar infrafinanciados y que falta dinero. A la vez, se presumía de gestión y superávit. La cumbre entre Puig y Moreno propició otras alianzas que señalaban la densidad de población y no los habitantes. Cada uno barriendo para casa. Entramos en 2022 y seguimos en el mismo punto y con los mismos problemas. El borrador del nuevo sistema no convence a la Junta.

Llegó la negociación de los presupuestos, “sería una irresponsabilidad decir que no”, repetían desde el Gobierno. Al final todos dijeron que no y el Gobierno se quedó sin presupuestos. Vox estaba ya obcecado con el adelanto. Espadas parecía que tenía interés, “no lo dejan desde Madrid”, insistían en el PP. No sabemos si realmente no lo dejaron, lo que sí sabemos es que 8.000 sanitarios fueron a la calle el 31 de octubre. El PSOE cogió el toro por los cuernos en una negociación que se prolongó hasta finales de noviembre.

Una semana antes de la votación, cuando aún había opciones, salió a la palestra un audio de Juan Marín afirmando que no les interesaba aprobar los presupuestos en año electoral. La negociación saltó por los aires. Juan Marín era (y es) el vicepresidente, pero la culpa era del resto. De nuevo en San Telmo preguntas sobre el adelanto. “Tenemos voluntad de acabar la legislatura”, reiteraban.

Este episodio supuso un coste político evidente, sin embargo, el auténtico coste estaba en la calle porque, con los titulares sobre el despido de los 8.000 sanitarios, la gente empezó a palpar que la sanidad pública andaluza ya no funcionaba tan bien.

Puedes bajarles los impuestos a los ricos, puedes acelerar macrourbanizaciones a pie de playa, pero ¡ay!, la sanidad. ¡Ay! como haya que entrar en Salud Responde y no se pueda pedir cita. Ahí no son simples titulares, ahí está la necesidad real de la gente. Y eso sí desgasta a los gobiernos. Que se lo pregunte a Susana Díaz.

La oposición tomaba posiciones. El PSOE ya tenía un candidato consolidado, Unidas Podemos aprovecha el 4D para pedir un frente amplio y seguir la estela de Yolanda Díaz, Macarena Olona daba pregones en plazas andaluzas para exigir entrar en el próximo, Teresa Rodríguez reforzaba la marca Adelante Andalucía, Más País y AndalucíaxSí se abrazaban bajo el paraguas de Andaluces Levantaos y plataformas provinciales en Jaén y Huelva empezaban a asomar la cabeza.

Entre tanto, ya se veían las primeras entrevistas de Moreno Bonilla en las que reconocía que no había margen en la legislatura si se bloqueaba el Parlamento. Bendodo resucitaba la pinza para fortalecer el relato. Sin embargo, el Gobierno ha aprobado en estos meses, salvo los presupuestos, todo lo que se ha propuesto. Incluida la ley de suelo – con la abstención del PSOE –, la Agencia Trade – con el apoyo de PSOE y UP –, y un macrodecreto de simplificación administrativa gracias al ‘sí’ de Vox una semana después de que la ultraderecha dijera que no apoyaría más al Gobierno. Algo a lo que ya nos hemos acostumbrado en la legislatura.

Con esto ya estaría el año liquidado. Pero no. En Castilla y León (coalición de Partido Popular y Ciudadanos), se les ocurre anticipar elecciones. Ruptura por discrepancias personales y nueva crisis en Andalucía, de nuevo a explicar que la relación en el sur es magnífica y que vivimos en un “oasis de estabilidad”.

En 2022 se acaban las piruetas discursivas y la búsqueda de salvoconductos. Sabemos que hay elecciones y que todo lo que se diga desde este instante forma parte de la campaña. El PP acaba el año retrocediendo por primera vez en las encuestas y en la izquierda comienza a haber acuerdos, aunque sean desde diferentes marcas. Ciudadanos se descompone y Vox teme acusar el desgaste. Hay año nuevo y hay partido.

Sobre el autor:

Emilio Cabrera

Periodista.

… saber más sobre el autor

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído