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El mensaje de la madre de Kira, víctima mortal de la violencia escolar, antes del inicio del curso

María José López cuestiona los sistemas de actuación ante el acoso y reclama que se intervenga desde el primer episodio de violencia, sin esperar a que exista reiteración para proteger a las víctimas

  • Una mochila y un móvil. "Esto es todo lo que me quedó de mi hija Kira cuando decidió quitarse la vida", ha señalado María José López.

Miles de niños comenzarán esta semana el curso escolar en España. Para algunos, la vuelta a las aulas supondrá también enfrentarse a situaciones de insultos, desprecios, aislamiento o agresiones por parte de otros compañeros. Entre quienes reclaman una mayor respuesta ante estas situaciones se encuentra María José López, que perdió a su hija Kira hace algo más de cinco años, después de que la menor se quitara la vida antes de acudir al colegio el 19 de mayo de 2021.

A las puertas de un nuevo curso, María José ha querido compartir una reflexión sobre el acoso escolar y sus consecuencias. "Esto es todo lo que me quedó de mi hija Kira cuando decidió quitarse la vida antes de ir al colegio aquel 19 de mayo de 2021: su mochila, aún con sus cosas dentro, y el móvil desde el que me envió su WhatsApp de despedida aquella mañana". Desde entonces, explica, lleva más de cinco años reclamando medidas para evitar que otros menores atraviesen una situación similar.

"Desde entonces llevo más de cinco años luchando para que ningún otro niño o niña tenga que pasar por lo que pasó mi hija, para que sus mochilas no se llenen de tanto sufrimiento, miedo y desesperación que no puedan cargarlas más, pero de nada ha servido porque no han hecho más que sumarse vidas rotas para siempre a la lista", señala en su mensaje.

Críticas a las medidas contra el acoso escolar

La madre de Kira también pone el foco en las medidas anunciadas ante el comienzo del curso. En su reflexión menciona que la Consejería de Educación de Andalucía ha anunciado un endurecimiento de las medidas contra el acoso escolar y que el agresor tendrá que cambiar de centro, aunque únicamente "si se acredita que hubo acoso escolar" y dependiendo de la situación del agresor.

También cuestiona la guía de protocolos publicada por el Ministerio de Educación, al considerar que, además de ser "voluntaria", deja fuera situaciones de violencia que no encajen en las categorías de "acoso escolar y ciberacoso". En su escrito cita entre ellas "violencias ejercidas por adultos del centro, agresiones sexuales o situaciones de odio y discriminación que exigen una actuación inmediata".

Su principal crítica se dirige a que la respuesta pueda quedar condicionada a la existencia de una reiteración de las conductas. "Porque lo único que consiguen estas medidas es perpetuar la situación de siempre. Siguen reduciendo todo a "acoso escolar", esa etiqueta que exige reiteración". A su juicio, esa exigencia puede provocar que determinadas situaciones de violencia se prolonguen antes de que se adopten medidas.

"Y al exigir reiteración estamos normalizando las violencias en las escuelas hasta que alguien, desde un despacho, decida que la víctima ya ha sufrido lo suficiente como para merecer que se le ponga nombre", continúa. María José López sostiene que, mientras se espera a acreditar esa reiteración, una víctima puede seguir expuesta a insultos, humillaciones, aislamiento, amenazas o agresiones.

Una reclamación antes de volver a las aulas

La madre de Kira también cuestiona la actuación de los centros cuando se producen estos episodios. "Mientras tanto, el agresor sigue ahí. Mientras tanto, el centro puede suavizarlo, archivarlo o convertirlo en "conflicto entre iguales" por imagen, por presión o por comodidad". Su mensaje reclama una respuesta que no dependa únicamente de que una situación pueda ser definida formalmente como acoso escolar.

"No hay trabajo real. No hay ganas de solucionarlo. No se escucha a las víctimas", afirma. López considera que resulta más sencillo "normalizar el concepto de acoso escolar y evitar hablar de violencias que obligan a actuar desde el primer momento" y critica que las familias reciban cada septiembre mensajes de seguridad que, según su experiencia, no siempre se traducen en una protección efectiva para los menores.

En su reflexión, María José recuerda que ya no tiene a su hija y que únicamente conserva su mochila y el mensaje de despedida que recibió aquella mañana. "Yo ya no tengo a mi hija. Solo me quedan su mochila y ese mensaje de despedida". Desde esa experiencia, reclama que la respuesta ante la violencia escolar no tenga que esperar a que el daño se prolongue.

"Y cada vez que veo estos titulares siento la misma indignación, frustración y rabia, además de una certeza: mientras sigan exigiendo reiteración para actuar, seguirán dejando que las víctimas sufran, seguiremos incumpliendo las indicaciones de la Unesco para actuar ante cualquier tipo de violencia (y no solo acoso escolar) que pueda producirse en los centros escolares, vulnerando los derechos de los menores. Seguiremos destruyendo vidas y perdiendo a nuestros hijos".

Su reflexión termina con una pregunta dirigida a quienes tienen capacidad para cambiar la respuesta ante estas situaciones: "¿Cuántas víctimas más tienen que morir para que lo entiendan y se deje de dar espacio al maltrato? Y añade: "Ese debe ser el punto de partida, no cuando el daño ya está hecho y la mochila resulta demasiado pesada".

Miles de niños comenzarán esta semana el curso escolar en España. Para algunos, la vuelta a las aulas supondrá también enfrentarse a situaciones de insultos, desprecios, aislamiento o agresiones por parte de otros compañeros. Entre quienes reclaman una mayor respuesta ante estas situaciones se encuentra María José López, que perdió a su hija Kira hace algo más de cinco años, después de que la menor se quitara la vida antes de acudir al colegio el 19 de mayo de 2021.

A las puertas de un nuevo curso, María José ha querido compartir una reflexión sobre el acoso escolar y sus consecuencias. "Esto es todo lo que me quedó de mi hija Kira cuando decidió quitarse la vida antes de ir al colegio aquel 19 de mayo de 2021: su mochila, aún con sus cosas dentro, y el móvil desde el que me envió su WhatsApp de despedida aquella mañana". Desde entonces, explica, lleva más de cinco años reclamando medidas para evitar que otros menores atraviesen una situación similar.

"Desde entonces llevo más de cinco años luchando para que ningún otro niño o niña tenga que pasar por lo que pasó mi hija, para que sus mochilas no se llenen de tanto sufrimiento, miedo y desesperación que no puedan cargarlas más, pero de nada ha servido porque no han hecho más que sumarse vidas rotas para siempre a la lista", señala en su mensaje.

Críticas a las medidas contra el acoso escolar

La madre de Kira también pone el foco en las medidas anunciadas ante el comienzo del curso. En su reflexión menciona que la Consejería de Educación de Andalucía ha anunciado un endurecimiento de las medidas contra el acoso escolar y que el agresor tendrá que cambiar de centro, aunque únicamente "si se acredita que hubo acoso escolar" y dependiendo de la situación del agresor.

También cuestiona la guía de protocolos publicada por el Ministerio de Educación, al considerar que, además de ser "voluntaria", deja fuera situaciones de violencia que no encajen en las categorías de "acoso escolar y ciberacoso". En su escrito cita entre ellas "violencias ejercidas por adultos del centro, agresiones sexuales o situaciones de odio y discriminación que exigen una actuación inmediata".

Su principal crítica se dirige a que la respuesta pueda quedar condicionada a la existencia de una reiteración de las conductas. "Porque lo único que consiguen estas medidas es perpetuar la situación de siempre. Siguen reduciendo todo a "acoso escolar", esa etiqueta que exige reiteración". A su juicio, esa exigencia puede provocar que determinadas situaciones de violencia se prolonguen antes de que se adopten medidas.

"Y al exigir reiteración estamos normalizando las violencias en las escuelas hasta que alguien, desde un despacho, decida que la víctima ya ha sufrido lo suficiente como para merecer que se le ponga nombre", continúa. María José López sostiene que, mientras se espera a acreditar esa reiteración, una víctima puede seguir expuesta a insultos, humillaciones, aislamiento, amenazas o agresiones.

Una reclamación antes de volver a las aulas

La madre de Kira también cuestiona la actuación de los centros cuando se producen estos episodios. "Mientras tanto, el agresor sigue ahí. Mientras tanto, el centro puede suavizarlo, archivarlo o convertirlo en "conflicto entre iguales" por imagen, por presión o por comodidad". Su mensaje reclama una respuesta que no dependa únicamente de que una situación pueda ser definida formalmente como acoso escolar.

"No hay trabajo real. No hay ganas de solucionarlo. No se escucha a las víctimas", afirma. López considera que resulta más sencillo "normalizar el concepto de acoso escolar y evitar hablar de violencias que obligan a actuar desde el primer momento" y critica que las familias reciban cada septiembre mensajes de seguridad que, según su experiencia, no siempre se traducen en una protección efectiva para los menores.

En su reflexión, María José recuerda que ya no tiene a su hija y que únicamente conserva su mochila y el mensaje de despedida que recibió aquella mañana. "Yo ya no tengo a mi hija. Solo me quedan su mochila y ese mensaje de despedida". Desde esa experiencia, reclama que la respuesta ante la violencia escolar no tenga que esperar a que el daño se prolongue.

"Y cada vez que veo estos titulares siento la misma indignación, frustración y rabia, además de una certeza: mientras sigan exigiendo reiteración para actuar, seguirán dejando que las víctimas sufran, seguiremos incumpliendo las indicaciones de la Unesco para actuar ante cualquier tipo de violencia (y no solo acoso escolar) que pueda producirse en los centros escolares, vulnerando los derechos de los menores. Seguiremos destruyendo vidas y perdiendo a nuestros hijos".

Su reflexión termina con una pregunta dirigida a quienes tienen capacidad para cambiar la respuesta ante estas situaciones: "¿Cuántas víctimas más tienen que morir para que lo entiendan y se deje de dar espacio al maltrato? Y añade: "Ese debe ser el punto de partida, no cuando el daño ya está hecho y la mochila resulta demasiado pesada".

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