El rodaje de Netflix en Zahara, una historia de amor: "Que vuelvan. Yo ya veo dragones volando en el Castillo"

Centenares de actores extra entre los vecinos, multitud de contratos y ser escenario de una de las series más esperadas: el cine lleva la alegría a un pueblo que los productores conocieron por sus medidas contra el covid. "Nos pidieron mantener el pelo después de grabar. Llevamos semanas sin pelarnos"

Operarios zahareños en el equipo de Localizaciones, en pleno tajo.
Operarios zahareños en el equipo de Localizaciones, en pleno tajo. ESTEBAN

Cuenta Netflix en lo poco que se sabe de Feria que el pueblo odia a las protagonistas, Ana Tomeno y Carla Campra, hijas de un matrimonio acusado de la muerte de 23 personas. Llegará a finales de año. Pero detrás de la pantalla, la historia ha sido bien diferente. Porque Zahara de la Sierra es ahora ese pueblo que se llama Feria, y fue una casualidad, digamos, la que hizo que Zahara fuera el elegido.

En los meses de desescalada, el alcalde, Santiago Galván, recibía un mail. Era mayo. Todo estaba parado. Poco se sabía de que el verano finalmente recuperaría un poco de pulso en un pueblo turístico como éste. En el mensaje se identificaban como el equipo de una serie para Netflix. "Pensaba que era broma. Llamé en un momento al teléfono que aparecía. Se sorprendieron de que les llamara un minuto después el alcalde". A Zahara la conocieron por la presencia en medios internacionales como la CNN de su campaña contra el covid, con controles de carretera estrictos en todas las entradas y salidas. "Habían visto el pueblo y dijeron que aquí es donde querían grabar". Las series de Netflix pueden llegar a 180 países, por lo que la visibilidad en el mundo es enorme. Y hay ejemplos claros de la ficción española como Élite y La Casa de Papel que han trascendido lo nacional, por lo que las miras, desde el estreno, estarán en ese turismo por la visibilidad de Zahara.

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Santiago Palmero contempla las vistas de la Sierra desde el pueblo.   ESTEBAN
Un momento de las labores de reacondicionamiento de la casa de las protagonistas en la serie, un bar de Zahara.
Un momento de las labores de reacondicionamiento de la casa de las protagonistas en la serie, un bar de Zahara.   ESTEBAN

Este martes, el pueblo guarda una imagen algo más tranquila. Ha sido un mes intenso de rodaje que ya acaba. Una buena parte del pueblo ha sido extra, uno de esos personajes sin frase que pasean por el fondo de la pantalla. Vestidos de años 90, porque por el pueblo incluso se ha visto un camión que recrea los de Canal Sur para conexiones en la época cuando el logotipo era un sol. Una recreación que llegó incluso a un bar del pueblo transformado en farmacia de la época donde algún turista despistado las últimas semanas llegó a acudir con su tarjeta en la mano para sacar medicinas. 

Una de las tiendas es de la confitería Las Marinetas, pero la broma en el pueblo es que ahora es El Perla, porque así la han llamado en la serie. "Han cogido un poco de cachondeo", cuenta María José, propietaria. Se lo alquilaron un día y lo arreglaron por fuera, solamente. Una imagen de paso que le ha venido bien, aunque le ha dado pena ser de las pocas que no ha llegado a ser extra. Porque la alegría ha llegado al pueblo, con más gasto entre los propios vecinos contratados. Oficialmente, han sido 30 contratos de alta por dos meses, pero muchos proveedores han sido locales, y luego se han dado otras contrataciones más básicas de unas horas: "Un día hicieron falta más de 200 extras. En figurantes se gastaron 30.000 euros solo para esas escenas", indica Galván. Así, todo fluye. 

En un Covirán, uno de los pocos establecimientos de mandados en Zahara, han vendido miles de botellas de agua. "Por lo menos 10.000". Cada día, leche, fruta, hortalizas. "Nos llamaban de antemano", indica el propietario, David Sarmiento. "Teníamos que estar preparados". Además de lo que va en el set, está lo que consume el centenar de personas que han desembarcado por el rodaje. Hamburguesas, atún... "Pero ahora vendo más chuletón cada semana entre la gente del pueblo, y mucho más ibérico". La gran cadena económica. "Se nota muchísimo". También le llamaron a él mismo para salir pero no fue posible. "Tenía que estar tres días de las tres de la tarde a la madrugada. No me daba tiempo".

La fuente elaborada por el equipo de arte, en pleno desmontaje.
La fuente elaborada por el equipo de arte, en pleno desmontaje.      ESTEBAN

Similar es la experiencia de Antonio Orellana, propietario de El Pinsapo, un bar restaurante en pleno centro. "He estado de extra y de vigilante, mi pareja trabaja en el catering, y ha repercutido mucho en los negocios. El pueblo estaba muerto con los cierres", en noviembre, enero y febrero. Sus planos son de segundos, paseando por la calle, "si es que salgo al final". "Ha venido mucha gente a desayunar, a comer... Desde que llegaron se ha notado la alegría, porque además los fines de semana no tienen catering y han gastado". 

No se animó a ser secundario Santiago Palmero, porque está jubilado. "Me pedían darme de alta y eso, con la pensión y esas cosas... No vaya a tener problemas", cuenta. Es un amante del cine que pasea por la calle. Preguntado por otras películas que le gustaría haber visto rodadas en Zahara, donde ya se rodó en su día Curro Jiménez, "Los Tarantos, o La Pícara Molinera", recuerda, es "de las modernas, El Niño con el pijama de rayas; y de las antiguas", de las que a él le gustan más, "Ciudadano Kane, por ejemplo". Ve al pueblo con alegría, con gente. "A este pueblo le gustan las películas".

El cruce entre actores y actrices, personal del rodaje y vecinos de Zahara, e incluso de algunos pueblos de alrededor, ha obligado a pruebas covid diarias de antígenos, las del palito en la nariz. Por esas han pasado por ejemplo Otman Lukach Belkat, marroquí de nacimiento pero con dos décadas viviendo en el pueblo, un zahareño más. Es propietario de una tienda de electrónica. "Ha sido una experiencia ser figurante". Y se sintió bien. "Nervioso al principio, pero me lo pusieron fácil". Fue enfermero. "Me dejaban hacer", asegura. "Cuando suena Acción te metes en el papel, como cuando haces el clac con la camilla", ríe. Sonia Gómez tampoco es de Zahara, pero ya es una más. De hecho, ser figurante le ha ayudado a conocer a gran parte del pueblo. "Llevo unos meses y ya me ha dado tiempo a salir en una serie". También de secundaria, formaba parte de un corrillo de vecinas cuando pasaba "algo muy fuerte. Y comentábamos lo que veíamos, mira esa chica cómo va". Nada de hablar del tiempo o de cómo quedó el Madrid. "Te metes en el papel", y eso que los rodajes son de horas interminables, con mucho tiempo entre escena y escena. 

Camiones en una de las entradas del pueblo, este martes.
Camiones en una de las entradas del pueblo, este martes.   ESTEBAN
Santiago Galván, alcalde de Zahara.
Santiago Galván, alcalde de Zahara.   ESTEBAN

Tuvieron tiempo para compartir algún momento con los protagonistas. Algunos de ellos se acercaban a preguntar cómo estaban o si habían comido. A uno de los actores, que sale también en la serie Toy Boy, le recordaban marcando pectorales. "Eso ya no lo tengo, nos decía, que eso fue para la otra serie". Una de esas cosas que se quedan en la ficción y que Zahara va descubriendo personalmente. Una fuente, por ejemplo, que desmontan ya los responsables de arte, no era más que una estructura con porexpán pintada y recubierta con aislantes para hacer una cuenca de agua, una pila. Junto a los profesionales de Arte y Localizaciones, los que vienen de fuera, los del mundo del cine, están un buen número de empleados locales que tienen el resto del año otras profesiones. José Manuel García es un joven que trabaja en mantenimiento de carreteras con cierta frecuencia. "Nos dedicamos a preparar, a despejar por ejemplo una casa, para que luego entren ellos. Tenemos fontaneros, carpinteros... Estábamos parados y el alcalde habló con nosotros", indica.

La cuadrilla de cuatro personas trabaja sin parar, pero sin presiones, realmente, porque les pedían trabajos que podían cumplir, fruto de una buena organización. "Ha sido bonito, son jornadas largas, de hasta 10 horas, pero que se pagan muy bien. Procuran más que esté bien antes de que con prisas. Nos entendemos muy bien. Ojalá vuelvan", cuentan. Adolfo Atienza es otro de los miembros de la cuadrilla. "Son dos meses y unos días más", porque fueron los primeros contratados allá por enero. Este martes trabajan en la reposición de un bar que fue alquilado durante días. "Estamos antes y después de que pasen los de Arte. Pintamos por ejemplo la fachada, o quitamos y ponemos macetas". Ya las películas no las verán igual.

Ana, una de las contratadas para el rodaje.
Ana, una de las contratadas para el rodaje.   ESTEBAN
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David Sarmiento, en su Covirán, lugar frecuentado por los miembros del rodaje.   ESTEBAN

Otra de la que ha estado en bambalinas es Ana Benítez Menacho, en limpieza. Ella es del  grupo de teatro del pueblo, pero no ha podido comptabilizar ser secundaria con su trabajo directo para la producción. "Ha sido un mes y tres días. Está el sueldecito bien. Ha sido bonito trabajar con ellos. Los actores se han portado muy bien conmigo, me han mirado muy bien". Ese trabajo para Zahara de la Sierra ha sido además "un distraimiento de la pandemia", tras muchos meses de incertidumbres y temores.

Esos temores los han vivido en turismo y hostelería. Zahara, por definición, es una ciudad que se expone, por eso de que buena parte del pueblo vive de cara al turismo. Olga Galván es una de las propietarias de Los Tadeos, un alojamiento rural con una cocina muy apreciada en toda la Sierra. En su hotel se alojan 17 personas, en 17 habitaciones individuales. También han aprovechado para que muchos puedan alquilar por el mes completo sus viviendas turísticas. Parte del equipo ha tenido que dormir en la vecina Ronda, con mayor capacidad hotelera. En Los Tadeos hay profesionales que están detrás de la pantalla y no delante. "Ha sido bastante positivo, una gran inyección en estos meses que son flojitos".

El desmontaje de los elementos usados en las escenas.
El desmontaje de los elementos usados en las escenas.      ESTEBAN
Dos ancianos en las calles de Zahara, este martes.
Dos ancianos en las calles de Zahara, este martes.   ESTEBAN

Han sido dos meses los del alojamiento. Por eso, han estado como en casa los de Arte y Decoración. Los desayunos empezaban a las seis y media de la mañana, para cuadrar con las largas jornadas del equipo. Iban incluso a rodar en Los Tadeos, aunque finalmente hubo un cambio de planes. "Estamos muy a gusto con ellos. Trabajo y disfruto. Charlamos, te cuentan cosas que no te imaginas. Que han trabajado en Gladiator, o en Juego de Tronos. Son muy buenos. Han comido aquí también actores, productores, directores...".

El pueblo ha pedido permiso a Netflix para emitir la serie en un salón de actos o al aire libre cuando se estrene.  "La tendremos que ver varias veces. La primera no se podrá entender nada con las risas de vernos todos, nos vamos a hartar de reír. La segunda pediremos silencio". Él también. "Me lo pidieron. Salgo desde una ventana. Sin frase, sí, sin frase, aunque alguno sé que algo ha hablado". Una de esas cuestiones secundarias de Netflix en Zahara es que "nadie se pela. Vamos a ir todos estos días. Porque cuando nos elegían nos pedían que no nos pelásemos, que el pelo igual". Probablemente por si hace falta retomar alguna escena a última hora. "Pero yo voy mañana mismo, que se acaba ya el rodaje, aunque estoy deseando que vuelvan". 

Eso sí, ya tienen planes. Les ha llegado alguna posibilidad más de rodaje a medio plazo, quizás algo que no tome el pueblo como hasta ahora. Aunque Galván tiene claro que la gran exposición que puede suponer la serie, si se confirma como éxito -y es que es una serie de los creadores de otro exitazo como Élite- y los planos de este pueblo blanco generan un boom de turistas. "Yo se lo he dicho a los directores. Yo veo, como en Juego de Tronos, a dragones volando en el Castillo. ¿No te lo imaginas? Yo ya sí". 

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